viernes, 3 de diciembre de 2021

INDECISIÓN


 

INDECISIÓN

Cuando estoy indeciso me siento, imperturbable, en el banco de la esquina mirándome la punta de los zapatos.  Creo que pongo cara de póquer, o de idiota, que viene a ser lo mismo. Ensimismado y absorto me sumo en el vacío y floto entre la incertidumbre de la duda y el placer de no estar seguro de nada, solo de que “no estoy seguro”.

El vacío me lleva y me bambolea como si fuera una hoja de otoño en un vendaval inapropiado. Me mezo en las dudas y siento la misma sensación de gozo que cuando de niño me columpiaba en las barcazas que traían los chocheros y feriantes en las fiestas.

Me siento mejor dudando que en la plena certidumbre. La certidumbre habitual hace que me ponga en guardia, es propia de gente prepotente de verdades sólidas a las que la duda les produce un vértigo que no pueden soportar. Es propia de personas que no progresan. Son buenos militares, saben obedecer, y, sobre todo mandar, frecuentemente con actitudes prepotentes. Imparten sus verdades cristalizadas y con telarañas, o solidificadas sacadas de la mochila. En definitiva, útiles para formar rebaño, rebaño organizado. También son excelentes súbditos, así no necesitan pensar. Al mismo tiempo, algunos son aduladores, para recibir el parabién de quien los esclaviza; la palmada en el lomo. Es propio de mediocres, de aspirantes a dictadores y de no pocos políticos o aspirantes a serlo.

Como excepción, la duda, cual serpiente, ahoga a algunas personas pusilánimes o que están pasando momentos de crisis. Precisan comprensión, ayuda y toda nuestra atención.

Dicho esto.

¡Viva la duda!, Viva la incertidumbre. Nos da vida, nos estimula, nos hace pensar, estrujarnos el cerebro, discurrir, meternos por vericuetos excitantes en busca de respuestas. El chute de la duda nos hace estar más vivos.

La duda depende de nosotros, la incertidumbre la crea lo externo y hay que aceptarla y saber soportarla. Es la vida misma. La vida viva y responsable.

Ángel Cornago Sánchez

Fotografía propia

 

 

viernes, 5 de noviembre de 2021

ESPIRITUALIDAD

 


ESPIRITUALIDAD

 

En la vida ordinaria, estamos sumergidos en ruidos de artificio que no permiten que reflexionemos sobre nuestro propio mundo. Artefactos que nos estimulan de forma poderosa con mensajes frívolos, engañosos, burdos, sin contenido. Estamos en un momento histórico de crisis económica, pero fundamentalmente de valores. La cultura, el arte, la literatura, están en decadencia. La mayoría de los programas de las televisiones son patéticos. Se crean las condiciones que nos impiden crecer como personas.

Es una vorágine que nos arrastra sin ser conscientes muchas veces de a donde vamos. O que nos sume en el hastío y el aburrimiento.

Considero que es fundamental la reflexión, el silencio, el tiempo para mirarnos hacia dentro. En ese mundo interior se puede encontrar consuelo, paz, y cierta felicidad.

No estoy hablando de religión que lleva implícitas creencias que pertenecen a otro ámbito. Estoy hablando de espiritualidad, de cultivar ese mundo interior que todos tenemos y que casi nos pasa desapercibido.

Las condiciones son: dedicarle tiempo, silencio, soledad en un marco adecuado. He pasado días en monasterios: Santa María de Huerta, en La Oliva, en Silos. Estoy lejos de las creencias de esos monjes, pero tengo curiosidad por la forma de cultivar su espiritualidad.

Las condiciones que se crean en el monasterio son adecuadas. El marco es impresionante, con sus iglesias y claustros majestuosos; el silencio, escucharles cantar sus rezos… crea un ambiente especial, muy adecuado para alimentar la espiritualidad. Para permitirte pasar unos días, no te exigen nada, solo que no vayas de turismo, que tu objetivo sea alimentar tu espiritualidad, independientemente de la religión que profeses o aunque no seas creyente. Considero que se podría lograr lo mismo, en un monasterio budista.

Cuando hablamos de espiritualidad, no necesariamente hablamos de trascendencia religiosa. Ese es un aspecto personal respetable. pero defiendo, además como necesaria, la espiritualidad laica, que está en la reflexión personal, en la vida interior fomentando el humanismo, el respeto por la naturaleza, por los otros seres vivos, por las artes, por la responsabilidad como ciudadanos haciendo que nuestro mundo sea mejor, más justo, más humano, como un deber imperativo que fluye desde nuestra propia esencia, no porque lo mande ni lo predique nadie.

De ahí nace "la libertad": no dejarse manipular ni corromper por poderes que tratan que seamos manada y fácilmente manipulables, dependientes, poco pensantes. Debemos defender nuestra autonomía personal reflexiva; en definitiva ser libres y honrados intelectualmente, cada cual con sus valores, e implicarnos en que así sea nuestra sociedad.

 En nuestro mundo interior está nuestro equilibrio, y en él la paz y la dosis de felicidad que podamos conseguir.

Ángel Cornago Sánchez

Fotografía: monasterio de Silos

 

martes, 5 de octubre de 2021

DERECHOS. BREVE APROXIMACIÓN.

 

Derechos. Breve aproximación

 

Derechos son potestades que tenemos la facultad de disfrutar. Unos por el simple hecho de ser seres vivos, otros por pertenecer a la especie humana, y otros porque nos los hemos dado en forma de leyes como grupo social para organizar nuestra convivencia.

            Los derechos siempre llevan implícitas obligaciones. La primera, el respeto a los derechos que, como nosotros, tienen “los otros”. No podemos atribuirnos unos derechos que les negamos a los demás en las mismas circunstancias. Esto que parece tan obvio, no es infrecuente, solo hay que analizar el comportamiento de muchos próceres de la vida política.

            Son conceptos tan fundamentales y simples que el aceptarlos parece una obviedad, y negarlos una barbaridad. Analicen el comportamiento público de no pocos líderes, en lo que proclaman, incluso en lo que hacen, y verán reflejada la farsa en la que se mueven.

            Es momento de respetar el derecho a opinar y pensar diferente, que lleva aparejado el respeto al mismo derecho que tiene el contrario. Si el caso lo requiere, supone poner encima de la mesa las discrepancias y dialogar. Es el grado supremo de madurez y la grandeza de una sociedad democrática, a la que nunca debemos renunciar y debemos defender a toda costa.

            Tenemos derecho a no ser utilizados. Eso supone la obligación moral de los medios de comunicación de no levantar falsedades con intención de intoxicar. Supone la obligación moral de los políticos, de no mentir a sabiendas para vender su mercancía. Desgraciadamente, lo vemos a diario.

            Hay una responsabilidad sagrada por encima de todas. La de los educadores, de educar en la verdad. Los niños tienen el “derecho” de ser educados en verdades objetivas, y no en adoctrinamientos políticos ni religiosos para ser utilizados. Los educadores que lo hacen premeditadamente, traicionan su sagrada labor y debería estar penado judicialmente. Lo han hecho las dictaduras y se sigue haciendo. La educación se debe basar en valores, incluso más que en conocimientos.

Ángel Cornago Sánchez.

Fotografía propia. Pupitre en el que impartió sus clases Antonio Machado en Baeza. La fotografía es limitada porque había gente alrededor.



 

 

jueves, 9 de septiembre de 2021

COLOR DE PIEL


 

COLOR DE PIEL

 

 

La piel es el envoltorio, la cubierta del ser humano. No es un órgano inerte, sino que tiene sus funciones, independientes de su color. Además, todos tenemos los mismos órganos y el mismo código genético. En consecuencia, no hay justificación para una valoración diferente. Es un derecho inalienable, la no discriminación, el respeto a la dignidad que todos tenemos por el hecho de ser personas.

Es pues, una aberración conceptual, aunque frecuente, discriminar negativa o positivamente a personas o a grupos de población, por el color de su piel, raza, sexo, condición sexual, lugar de nacimiento, costumbres, cultura, nacionalidad, etc.

Lo que diferencia a cada ser humano individualmente, son sus valores: esa carga que hemos ido acumulando y que nos permite resolver nuestra vida, la interacción con los otros, con el medio ambiente, nuestros códigos éticos, etc. que, en este caso, serán individuales en cada cual. Somos seres singulares, aunque podemos coincidir en parte con otros.

Por esta singularidad, sí se nos puede valorar individualmente fuera del ámbito privado, y de hecho se nos valora y valoramos; nos gustan las opiniones, el comportamiento, la profesionalidad, etc. de determinadas personas, mientras no nos gustan los de otras. En esto no todos somos iguales, y dicha valoración en determinados aspectos nos la tenemos que ganar para bien y para mal. Todas las personas somos respetables, pero la valoración de nuestras opiniones, de nuestros actos, en el ámbito público, pueden ser objeto de ser valoradas por los demás.

Por eso, discriminar a una persona por su color de piel, raza, cultura, costumbres, lugar de nacimiento, condición sexual, etc., es irracional, inmoral y reprobable.

Discrepar en ideas, razonamientos, gustos y, hacerlo civilizadamente, es normal, yo diría que positivo, porque enriquece a nuestra sociedad, aunque, con frecuencia, suele aparecer el afán de dominio de “mesiánicos salvadores”, para estropearlo todo y, con frecuencia también, tahúres revestidos de ideales que utilizan solo los utilizan para alcanzar el poder y aprovecharse de él.

Ángel Cornago Sánchez.         Reservados derechos

Fotografía propia. Castillo de Frías. Burgos

 

viernes, 13 de agosto de 2021

VIDA, INCERTIDUMBRE Y CREENCIAS

 

VIDA, INCERTIDUMBRE, CREENCIAS

 

 

Vivir es complicado. Nuestra existencia se compone de momentos felices, de rutina, y también de momentos de preocupaciones, angustias, miedos, sufrimiento. Esos momentos negativos suelen ser consecuencia de incertidumbres, ya sea por preocupaciones de salud nuestra o de nuestros seres queridos, del porvenir, de seguridad, de necesidades económicas, de carencias, de afectos, sociales, etc. Yo diría que la vida está compuesta fundamentalmente de rutina, sin darle a la palabra un sentido necesariamente peyorativo, pues puede ser una rutina llevadera, a veces agradable, aunque también puede ser tediosa.

Hasta hace menos de cien años, la incertidumbre era mayor, sobre todo en el caso de la salud, pues enfermedades que hoy se curan con facilidad, llevaban a la muerte a numerosos niños con sufrimiento terrible para sus padres, y, enfermedades hoy banales, como una apendicitis o una neumonía y muchas más, amenazaban la vida y provocaban la muerte a muchos ciudadanos. Por tanto, se convivía con la “incertidumbre”.

Hoy en día con los logros de la medicina, en muchos lugares del mundo la esperanza de vida ha aumentado exponencialmente; los adelantos técnicos dan una imagen de que podemos controlar casi todo.

No es cierto; sigue existiendo la enfermedad y la muerte, los reveses de fortuna, las carencias materiales, las preocupaciones familiares, los problemas afectivos, y en no pocos lugares el hambre, la miseria, incluso la inseguridad.

Para esos momentos negativos, frecuentes en todas las vidas en algún momento y, a veces, en muchos momentos, cumplen un papel importante las creencias. Para afrontar tanta inseguridad, tanta desgracia, tanto miedo al futuro, el ser humano, desde que está en la tierra, en todas las culturas, en todas las razas, en todos los pueblos, ha adorado a sus divinidades, intentando que estas le protegieran, cambiaran su suerte, y buscando consuelo ante las adversidades. Es un mecanismo psicológico positivo que ha servido y sigue sirviendo, sin entrar a afirmar o negar si hay vida después de la muerte.

Pienso que todas las religiones, descalificando por aberrantes los fundamentalismos que han existido y existen, han jugado y juegan un papel de consuelo, para ese proceso tan duro y complicado a veces que es vivir. También, suelen defender códigos éticos (no digo dogmas ni creencias concretas) que, si se cumplen, hacen la convivencia más justa y llevadera. Las religiones durante la historia, se han utilizado de forma perversa como instrumento de poder, para dominar a la población. En este caso no se diferencia en nada del poder político teóricamente justo, con frecuencia ocupado por tahúres e incluso desalmados.  

Cualquier religión, o creencia merece respeto siempre que se ciña al ámbito individual del ser humano. Los estados deben ser laicos y respetar las creencias de cada cual.

Ángel Cornago Sánchez

Fotografía propia. El Ebro en Tudela

sábado, 24 de julio de 2021

FIESTAS DE TUDELA 2021 Y COVID

 

           FIESTAS 2021 Y COVID

 

Ha disminuido la presión del covid que durante el pasado año hasta la fecha nos ha tenido amedrentados y sometidos por su invisible y mortal amenaza. Esta civilización, omnipotente y soberbia del siglo veintiuno que estaba haciendo cábalas de conseguir la inmortalidad en unos lustros, en pocas semanas la pandemia nos bajó a la realidad. Hemos dejado por el camino muchas horas de encierro, de silencios, de precauciones, de mirar por las ventanas, y de tristeza por las noticias de personas fallecidas que conocíamos o teníamos lazos familiares o de amistad.

Lo peor ha pasado y hay que seguir adelante mirando al futuro, pero sacando lecciones de lo sucedido: somos vulnerables, a pesar de esas ínfulas de prepotencia que emanan de los poderes políticos y económicos. Fundamentalmente las personas jóvenes y de mediana edad, se han sentido invulnerables a esta plaga, mientras que los viejos hemos sido carne de cañón. Algunos hacen conjeturas de que esto ha podido ser una acción perversa de ingeniería social para disminuir la población del mundo. Los poderosos suelen ser malvados, pero me cuesta creer que puedan llegar a tanto.

Las fiestas de Tudela 2021 están ahí. Mis condolencias para los familiares de todos los que se han quedado por el camino. Mis mejores deseos para las tudelanas y tudelanos, para que vivan estas fechas con moderación y guardando las normas sanitarias que exijan las autoridades, y que todos volvamos a vivir, ya despreocupados, con alegría e ilusión, las fiestas de Santa Ana 2022.

Ángel Cornago Sánchez



jueves, 22 de julio de 2021

FIESTAS DE TUDELA. EL CHUPINAZO

 

Fiestas de Tudela

 

Las fiestas de Tudela también son un recuerdo que entra por el oído además de por la vista. El bullicio de la calle, el colorido blanco y rojo de las vestimentas, el desenfado espontáneo y ocurrente de mis paisanos, el sonido de las charangas, constituyen un espectáculo que contagia y arrastra a un estado de especial euforia. Es un ambiente de alegría desbordante que afecta a todos, desde los niños pequeños a las personas mayores. Pienso que es una catarsis colectiva sumamente sana, y que, junto con los actos de solidaridad en grupo, constituye una de las muestras más saludables de los humanos. Para mí todavía constituye un espectáculo salir a la calle en fiestas y observar la alegría desbordante de la gente; casi nunca me he marchado de las fiestas de mi pueblo, y la razón que aduzco, es que “¿donde lo voy a pasar mejor?”, aunque sólo esté de mero espectador.

El acto del chupinazo para inaugurar las fiestas constituye uno de esos momentos que me emocionan profundamente. La plaza se va llenando progresivamente, hasta estar hasta los topes unos minutos antes de las doce; los balcones engalanados con la bandera de Tudela, los pañuelos rojos en la mano, las vestimentas blancas, el ambiente festivo y expectante. Con las campanadas de las doce se produce el saludo del alcalde o del concejal de turno, con un desgarrado: “tudelanos, tudelanas,!viva Tudela¡,!viva Santa Ana¡”  seguido por los !vivas¡ de la muchedumbre, por el chupinazo y por una inmediata explosión de júbilo, griterío festivo y música. Ese momento me produce un escalofrío que recorre todo mi cuerpo y, a veces, confieso, que he tenido que esforzarme para no mostrar mi emoción. Cuando vivía fuera de Tudela, algún año he llegado unos minutos antes del chupinazo, he saludado a mis padres desde la calle y me he ido corriendo a la plaza para no perderme ese momento.

Ángel Cornago Sánchez

De mi libro "Arraigos, melindres y acedías". Eds. Trabe.

 

 

 

 

 

 

martes, 6 de julio de 2021

LA ERÓTICA DEL PODER, MÁS PODER

 

LA ERÓTICA DEL PODER, MÁS PODER

 

Algunos de los grandes poderosos económicos, grandes capitalistas del mundo, personas con nombres y apellidos, tienen tanto poder financiero que, ya más, no les motiva, pueden comprar casi todo, pero, ya no se sienten suficientemente omnipotentes, precisan buscar escalones superiores para experimentar otros registros que alimenten el concepto orgiástico de su supremacía.

Precisan dominar, manejar parcelas importantes de la vida de los ciudadanos. Les motiva influir sobre nuestra vida. Es un paso más allá en la erótica del poder. Buscan el manejo, sentir que pueden cambiar gobiernos, regímenes, costumbres, o instaurar su religión política particular disfrazada de lo que en cada momento les interesa.

Han percibido que pueden sentir todo su poderío dominando asociaciones, ideologías, otros grupos de poder económico, medios de comunicación, partidos políticos, incluso países y naciones. Los medios para conseguirlo no importan demasiado. Compran personas y grupos, simulando altruismos, ideas, y otras patrañas en sus manos. Es una omnipotencia especial que el dinero ya no les da. Compran a personajes siniestros, mediocres y con ellos a ideologías que maquillan de lo que les interesa.

Debemos ser conscientes de que estamos en “democracias manipuladas”. El poder no emerge del pueblo, como debería ser en una democracia no contaminada y que se precie, despende de estrategas sentados en sus despachos que nos alimentan con ideas, noticias, incluso espectáculos, que debemos consumir, para así manipularnos mejor, como los domadores en el circo con los leones. Incluso los partidos que defienden ideologías sociales progresistas son manejados por estos personajes disfrazados de progres.

El individualismo, la libertad está en serio peligro. Estamos siendo manipulados en costumbres, en consumos, en ideas.

La evolución en la vida de los ciudadanos en los últimos cincuenta años ha sido positiva. En los últimos lustros los partidos se fueron corrompiendo y la situación se ha ido degradando, con los medios de comunicación en manos de grupos interesados en ideologizar. La libertad y la libertad de pensamiento están en serio peligro.

Consuela que, algo tienen en común con todos nosotros estos poderosos y sus secuaces, que, a pesar de todo su poderío, un día también morirán, no podrán comprar su vida, si así fuera, solo moriríamos los ciudadanos de a pie.

 ¡Es un consuelo! Pero no suficiente. Debemos despertar.

 

Ángel Cornago Sánchez

Derechos reservados.

 

                                



 

lunes, 7 de junio de 2021

EL TARAZONICA (apunte costumbrista)

 

El tarazonica (apunte costumbrista)

 

El “tarazonica” era un tren entrañable, cotidiano, que formaba parte importante de la vida de la ciudad y de todos los pueblos situados en la cuenca del río Queiles. Fue el vehículo de los primeros viajes fuera de nuestro entorno de la mayoría de los habitantes de la zona y, sobre todo para mí, que prácticamente desde que nací iba con frecuencia a Los Fayos donde vivían mis abuelos y lugar de nacimiento de mi padre.

Era un tren sin aspiraciones, de trayecto corto; nacía en Tudela y moría en Tarazona, en total unos veintidós kilómetros que tardaba en hacer unas dos horas. Marchaba despacio, sin prisa; las horas de salida, de paso por las estaciones y las de llegada, siempre eran aproximadas y, en ningún caso, condicionaba las prisas del maquinista, del fogonero, ni del jefe de estación; todos ellos en las paradas charlaban un rato mientras los mozos de estación cargaban y descargaban mercancías de los vagones.

La máquina era de vapor, y los vagones de madera con bancos también de listones del mismo material, distribuidos transversalmente dándose la espalda con un pasillo en el centro. Las ventanillas se podían abrir hasta la mitad; a mí me gustaba siempre asomarme durante el viaje, aunque había que tener buen cuidado de no mirar hacia la máquina, pues en la marcha despedía briznas de carbonilla que se metían en los ojos. Yo no lo recuerdo, pero dicen que era tan lento que los pasajeros se bajaban a por uva a las viñas y volvían a coger el tren en marcha; de hecho era, y es todavía costumbre decir, “eres más lento que el tarazonica“, en memoria de aquel inolvidable tren que fue el primer contacto con el progreso de muchos tudelanos.

Los viajes que entonces hacía a Los Fayos ocupaban toda una mañana; había que madrugar y estar por lo menos media hora antes de la salida en la estación, (eran cosas de mi padre) para tener tiempo de coger el billete, que no era tal billete, sino un pequeño trozo de cartón rectangular duro, en el que en la misma taquilla habían impreso el trayecto; tenía un orificio en el centro y el revisor daba constancia de su trabajo perforándolo con un “crac” característico hecho con una pequeña tenacilla que llevaba en la mano. En los vagones los pasajeros iban con toda clase de equipajes: entonces era frecuente viajar con conejos y gallinas vivos, pues eran los presentes que los que vivían en  los pueblos llevaban a sus parientes de la ciudad, así que no era raro ir sentado y llevar al lado o debajo del asiento, un pollo o un conejo atado por las patas, y a veces metido en una cesta en la que habían cosido un saco para taparla y que los bichos pudieran respirar. Otros animales que servían para presentes o para el mercado y que solían llevar los viajeros eran, pichones, corderos, algún cerdito pequeño, e incluso alguna cabra. Las mujeres de los pueblos la mayoría vestidas de negro con pañuelo del mismo color en la cabeza, los hombres vestidos con traje de pana negra, con chaleco, camisa blanca o de rayas, con tirilla, a veces faja negra y alpargatas blancas o negras; todos cubrían la cabeza con boina que se solían ajustar en el cogote. Era la indumentaria de día de fiesta, la de día de trabajo era parecida pero mucho más usada, y los calcetines y las alpargatas en los hombres eran sustituidas por los piales y las abarcas.

En el tren iban con frecuencia una pareja de la guardia civil, que con el tren en marcha pasaba por los vagones de pasajeros mirando y remirando a todos, no sé si en busca de alguien, o impregnando todo de su autoridad. En aquel tiempo la guardia civil imponía un respeto rayano en el miedo; vivíamos en un estado policial donde además de los delitos comunes, estaban perseguidos los discrepantes políticos. Aunque niños, en aquel momento en que pasaba la pareja de civiles, como se les solía llamar, con su tricornio, sus grandes capas y el mosquetón, todo el mundo guardaba silencio influidos por su presencia, y el ambiente no volvía a recuperarse hasta minutos después de haber desaparecido del vagón y, sobre todo, si se les veía que se apeaban en alguna de las estaciones del trayecto. Ellos eran conscientes de su poder y, en general, se comportaban con chulería y prepotencia. Siempre ha sido y sigue siendo igual: a un imbécil con algo de poder se le agudiza su condición de imbécil y se muestra con prepotencia y bravuconearía; les suele suceder a mucha gente con uniforme, o con poder político, también en la actualidad.

Ángel Cornago Sánchez

Fotografía N. Salinas 

viernes, 21 de mayo de 2021

IDEALES Y PODER

 

IDEALES  Y PODER

La mayoría creemos en ideales, pero discrepamos en la forma de llevarlos a cabo, de liderarlos, incluso en matices. La competencia es la regla. Pero además somos envidiosos, egoístas, avariciosos, con ansia de poder, de dominio. En general, -aunque no siempre-, los que se acercan al poder son los más egoístas; también hay idealistas, pero suelen durar poco en la competencia porque no suelen soportar el navajeo habitual.

La mayoría acuden con intención de dominio y protagonismo. Utilizan los ideales como consigna, sin creer realmente en ellos ni tenerlos asumidos, aunque a veces, ni ellos mismos lo saben y los disfrazan de bien para la mayoría; algunos, incluso se sienten redentores; suelen ser los más despiadados y algunos llegan a defender la violencia; la historia ha mostrado y presenta suficientes ejemplos.

En muchos casos, el poder y los podercitos, están copados por personas incapaces, con pocos escrúpulos, que se valen de que la mayoría de los ciudadanos no estamos dispuestos a movernos en esas aguas turbulentas y contaminadas, no por incapacidad, sino porque no aceptamos el regate en corto, la mentira sistemática, decir y propalar slogans con el único fin de utilizarlos para sus fines de poder.

  En muchos momentos, y en muchos lugares, han dominado las personas más despiadadas y egoístas. La democracia es un sistema justo, pero enseguida es contaminada por tiburones para utilizarla en su provecho. Se apoderan de medios de comunicación y corrompen con planteamientos fraudulentos a personajes fácilmente manejables para ocupar los puestos. Para lo cual utilizan “mindundis”, personas de bajo nivel intelectual y moral, pero cegadas por el medro.

Hay mujeres y hombres con ideales que pueden ser utilizados circunstancialmente, pero, si no se dejan manejar, los descalifican y los apartan de la manera que sea, a veces incluso violenta.

Lo mejor de la sociedad son sus ciudadanos de a pie, la mayoría silenciosa, muchos de los cuales somos conscientes del juego, y, otros, se dejan engañar por las técnicas de marketing de los poderosos.

En las dictaduras es fácil identificar el objetivo a derrocar. En las democracias manipuladas es mucho más difícil. Todas lo están en más o menos medida. La nuestra es el prototipo de democracia muy manipulada, basada en gestos, estrategias de comunicación, intentos de copar todos los órganos de poder, medios de comunicación a su servicio, etc. El momento es grave

Ángel Cornago Sánchez

Fotografía propia.


 

 

 

jueves, 29 de abril de 2021

LA GENERACIÓN DEL CAMBIO

 

LA GENERACIÓN DEL CAMBIO

 

Mi generación, los que nacimos en la postguerra inmediata, vivimos no pocos años con carencias de todo tipo, con aleccionamientos religiosos y políticos fundamentalistas, con sistemas educativos represivos, pero llegamos a la juventud henchidos de ideales, para cambiar la sociedad a un sistema democrático, con justicia social, en que todos estuviéramos involucrados. En eso nos implicamos muchos de mi generación, cada cual en su ámbito con más o menos arrojo, aunque, no pocos de los que luego se subieron al carro del progresismo, vivían la situación con indiferencia.

Idealizamos la meta en la que nos habíamos comprometido. Con cierta ingenuidad creímos que iban a subir a la palestra líderes carismáticos, idealistas y honrados. Llegada la democracia aparecieron personas que habían aportado su trabajo y compromiso en aquel momento; muchos, dispuestos a recibir el “premio” que creían haberse merecido, no pocos de los cuales no volvieron nunca a trabajar aupados en puestos políticos de comunidades, ayuntamientos, etc. También muchos oportunistas, que habían estado agazapados en los momentos duros y, cuando no hubo peligro, asaltaron el poder con lustre de progresismo recién estrenado, en general como finalidad personal.

Hubo otros, que habían trabajado con compromiso contra la dictadura que, al llegar la democracia no soportaron el navajeo y los codazos en post del poder y, ante el cariz que tomaban los acontecimientos, con consecuencia, dejaron la actividad política y volvieron a sus puestos de trabajo; personas honradas e idealistas.

 Como consecuencia, no pocas personas oportunistas y astutas asaltaron ámbitos de poder; no pocos, sin formación, con poca, o con títulos conseguidos de muy dudosa manera, pero con mucha ambición, hicieron de la actividad política su medio de vida; pero una vida de privilegio y bien pagada. Ya no defendieron ideales, sino su estatus, siendo manada y estómagos agradecidos. Conociendo el percal, no es raro que hoy estén callados ante la deriva de sus ideales de entonces, unos por no poner en peligro su posición y, otros, además, porque tienen mucho que callar. Algunos, a los que todavía les queda la llama de entonces, se pronuncian con consecuencia.

Ángel Cornago Sánchez

Fotografía propia

Derechos reservados.

domingo, 11 de abril de 2021

EL PODER Y LOS ATAJOS

 EL PODER POLITICO Y LOS ATAJOS

 

 
El poder cambia al ser humano. No sé qué autor dijo que, para saber cómo es realmente una persona, hay que analizarla “ostentando poder”.

Es sabido que el poder se persigue y, es muy difícil, yo diría que imposible, que alguien llegue a tener cotas de poder importante y no las haya buscado de una u otra manera. Es lícito, siempre que el fin no sea el provecho material propio, sino los objetivos para los que ha sido creado ese poder y, siempre que, para conseguirlo, se respeten las normas éticas y democráticas correspondientes.

Quien opte y busque poder político, debe tener asumido que el poder sobre los ciudadanos es, fundamentalmente, una “función de servicio”, para buscar el mayor bien para todos, no solo para la mayoría. Debe tener un fuerte componente idealista. Ese mayor bien, en democracia, es el que los gobernados han decidido democráticamente y sin manipulaciones.

En las dictaduras ese bien lo decide el dictador y su grupo que, en una actitud de omnipotencia, se sienten “salvadores” y consideran que deben aplicar sus postulados a toda la población, por supuesto, estando ellos en la cúpula privilegiada y reprimiendo con métodos a veces violentos a quien discrepa. Son los dictadores de derechas y de izquierdas que, en un ejercicio de engañosa y patológica sublimación, se permiten todo, desde mentiras, manipulación, coacción, violencia, incluso el asesinato, con la excusa de que lo hacen por un bien supremo de sus gobernados. Ellos se colocan en la cúspide con su pequeño círculo de opresores que, a su vez, en sistema piramidal descendente crean una red clientelar para tener a la sociedad espiada y controlada.

También, hay partidos políticos en democracias que se creen ungidos de razón, de ética, de supremacía moral y, sintiéndose salvadores, se escudan para su praxis en el axioma de Maquiavelo: el fin justifica los medios. Fundándose en él, pasan por encima de principios, comenten injusticias, incluso llega un momento que caen en la “miseria moral”, en el “todo vale” para conseguir sus fines. Algunos van más allá y en una deriva de descomposición moral, recurren al engaño y a la manipulación grosera. Incluso grupos, apoyándose en psicópatas, han justificado y justifican la violencia. Intentan infiltrarse en sociedades democráticas de forma engañosa, pervirtiendo el lenguaje y las apariencias, incluso llamando a su sistema dictatorial, “democracia”, comprando medios de comunicación, y basando su discurso en estrategias de comunicación para engañar, literalmente, a los ciudadanos.

Estos movimientos aparecen a veces en sociedades explotadas por sistemas capitalistas salvajes, que son caldo de cultivo para caer en manos de dictadores, que vuelven a someterlos de manera distinta.

La democracia parlamentaria es el sistema más justo, con todos sus defectos y, por supuesto, con sus órganos de control independientes. Debe ser trasparente, con igualdad de oportunidades, con estímulo al mérito y a la iniciativa y con un importante componente social; no se puede dejar a nadie por el camino.

Los poderosos y aspirantes a tales sin principios, son el cáncer de las sociedades libres. El otro cáncer son los corruptos, los explotadores, los que utilizan la política para su propio beneficio.

Los ciudadanos somos los sufridores en manos de unos y de otros. No lo debemos permitir.

Ángel Cornago Sánchez. Derechos reservados

 Fotografía propia. Castillo de Calatrava la vieja

 


viernes, 26 de marzo de 2021

MUERTE DIGNA. Acercamiento al tema

 

MUERTE DIGNA

(Acercamiento al tema)

Estamos asistiendo en España, a una perversión interesada de conceptos en torno a la llamada “muerte digna”, creando confusión y etiquetando como tal a la eutanasia y el suicidio asistido, como si fuera la única forma digna de morir. Entra dentro de la estrategia perfectamente orquestada, diseñada e interesada, para conseguir réditos políticos, presentándose los gobernantes actuales y los partidos que la promueven, como redentores de una sociedad hasta ahora, al parecer, condenada a morir de mala manera. Es una utilización obscena en un momento de pandemia donde muchas personas han fallecido sin el mínimo calor de sus allegados y, probablemente, con los síntomas controlados por el buen hacer de los sanitarios, pero sin el calor humano de su familia; es decir, técnicamente bien atendidos, pero sin esos otros aspectos que hacen el morir más humano, más fácil y más en paz.

            Muchos políticos votaron en el congreso, mera comparsa, siguiendo las órdenes de sus partidos, sin estar informados de cómo es la asistencia y ha sido estos últimos años en el proceso de morir.

            Adelanto que estoy a favor de la eutanasia y el suicidio asistido, siempre que se hayan cumplido una serie de asistencias previas, alguna de las cuales, en nuestro medio, no están garantizadas.

            “Muerte digna”, es morir con los síntomas controlados, rodeado de nuestros seres queridos, en un ambiente de intimidad, y con las necesidades espirituales cubiertas, el que las precise.

            Premisa importante: la asistencia sanitaria, como institución, debe utilizar el mismo entusiasmo que para curar, en procurar a los ciudadanos una muerte con el mínimo sufrimiento posible. Es una asistencia que vamos a precisar todos, excepto los que fallezcan de muerte repentina. Debemos tener claro que no es una asistencia menor. El objetivo en todas las actuaciones, debe ser mejorar la calidad de vida el tiempo que reste, y la calidad de muerte.

            En la secuencia de actuaciones ante un paciente terminal, lo primero, una vez que está fidedignamente claro que no hay posibilidades ni de curación, ni de mantenimiento, es no alargar la vida con exploraciones y tratamientos que lo único que van a conseguir es más sufrimiento.

            Se está utilizando desde hace años la “sedación paliativa”, que consiste en poner medicaciones, analgésicos y sedantes, a las dosis necesarias para controlar los síntomas físicos y psicológicos, incluso aunque se pueda acortar la vida, aunque no como finalidad. También se utiliza la “sedación terminal”, en la fase final si los síntomas son refractarios o de difícil control, informando siempre al paciente. Ambas son actuaciones que se están haciendo en la “buena práctica clínica”, cuando la muerta está muy próxima.

             Otro aspecto a conocer, es que por el “principio de autonomía” tenemos derecho a negarnos a cualquier tratamiento, aunque esté indicado y pueda alargarnos, incluso salvarnos la vida. Los sanitarios deberán obedecer lo indicado por el paciente. Deberán asegurarse de que es competente para tomar una decisión que lo va a llevar a la muerte, y deberán centrarse solo en aliviarle.         El “Documento de Voluntades anticipadas” es una prolongación del principio de autonomía. Desde el año 2002, existe la posibilidad legal, de dejar constancia por escrito de cómo queremos ser tratados si no tenemos capacidad para decidir, por ejemplo, por padecer una demencia. En él se puede dejar escrito que no se pongan tratamientos, aunque puedan salvarle la vida. Los sanitarios deberán obedecer.

            La mayoría de los médicos internistas, están capacitados para enfrentarse con eficacia a las situaciones que se presentan al final de la vida. Hay un número de pacientes con sufrimientos físicos y psicológicos que por síntomas de difícil control o refractarios, precisan de tratamientos más especializados y multidisciplinares. Es el que se da en las Unidades de Cuidados Paliativos, con equipos preparados (médicos, ATS, psicólogos, asistentes sociales, etc.), especialistas en estos tratamientos, en “cuyas manos”, la fase final es mucho más eficaz y llevadera.

            El mayor problema se presenta en pacientes en que no se prevé la muerte próxima. Por ejemplo, neoplasias de evolución lenta, enfermedades crónicas invalidantes o que producen mucho sufrimiento, tetraplejias, ELAs, problemas psicológicos severos, etc. Un reducido número de ellos pueden pedir que les provoquen la muerte mediante la eutanasia o el suicidio asistido. Como requisito indispensable considero que la asistencia sanitaria debe dar, previamente, la posibilidad de ser tratados en Unidades de Paliativos, que han demostrado su eficacia. Si a pesar de todo es una petición que cumple todos los criterios de rigor, repetición, valoración por especialistas, paliativos, etc., y cumple las condiciones legales, la eutanasia o el suicidio asistido, puede ser una salida a su situación.

            Insisto en que “muerte digna” es todo lo que se viene haciendo desde hace años, aunque hay un tanto por ciento pequeño, resistentes a los tratamientos al final de la vida. Antes, o al menos al mismo tiempo, se deberían haber propuesto la creación de muchas más Unidades de Cuidados Paliativos; somos el último país de Europa en estas unidades para tratamiento de pacientes terminales, y que han demostrado ampliamente su eficacia.

            Considero miserable utilizar esta ley como arma política. También creo que debería haber habido debate social para conocer mejor el alcance y los conceptos; los ciudadanos nos lo merecemos. En la concepción deberían haber estado representados expertos en el tema, que los tenemos y muy buenos (no solo los que comulgan con determinados credos políticos). Muerte digna es mucho de lo que se estaba haciendo; la eutanasia y el suicidio asistido es un paso más para un número limitado de pacientes que, considero, tienen derecho a decidir sobre su vida, agotados todos los pasos referidos.


Ángel Cornago Sánchez. Derechos reservados.

Médico. Master en Bioética por la Universidad de Comillas.

Autor, entre otros libros de: “El paciente terminal y sus vivencias”.

Fotografía propia.

jueves, 18 de marzo de 2021

ORTEGUITA. Mi recuerdo entrañable a un torero frustrado que vivió en Tudela

 

Orteguita

Como recuerdo visual, guardo la imagen de algunos personajes que llamaron      especialmente mi atención en aquellos años de niño. Uno de ellos fue Orteguita.

Orteguita era un hombre ya entonces entrado en años, delgado, menudo, habitualmente mal afeitado; se dedicaba al oficio de limpiabotas y vivía en casa de Julián Marín el torero, que ejercía de su protector. Al parecer, Orteguita, había nacido en Alicante y recaló en Tudela después de “tirarse” como espontáneo en una corrida en el año de la inauguración de la plaza, en la que toreaba Domingo Ortega.

Al parecer, había sido o había intentado ser torero y, ese intento frustrado, impregnaba todavía toda su vida: su forma de andar era orgullosa, estirada, con los talones levantados como el que sale de una suerte después de rematarla; su figura tenía cierto empaque, cierto señorío, inclinado siempre hacia un lado, creo que al derecho, como si estuviera dando un eterno derechazo, o como si de tanto imaginarlos no pudiera ya vivir de otra manera; creo haberlo visto con frecuencia con las zapatillas y las medias de torear, zarrapastroso y mísero, pero de porte orgulloso y distinguido. Los niños, crueles a veces, de lejos le espetábamos: “Oteguita matacabras”; era la mayor ofensa que le podíamos hacer; juraba, aceleraba el paso y se iba mascullando improperios. En ocasiones, no sé si espontáneamente o por los efluvios del alcohol, se marcaba unos pases a toros imaginarios jaleado por todos en unas faenas que, a mí, me parecían como a él que tenían mucho de arte y de verdad; los aplausos le hacían estirar aún más su figura y saludar al tendido con una sonrisa ausente, como reencontrándose con la gloria que tantas veces había imaginado.

Después, ya no supe que fue de él. El pintor tudelano Cesar Muñoz Sola en una obra maestra supo plasmar como nadie a este personaje.

Ángel Cornago Sánchez

De mi libro: “Arraigos, melindres y acedías”.

Magnífico cuadro pintado por Cesar Muñoz Sola, pintor tudelano.

 

 

 

martes, 9 de marzo de 2021

"VENTANITOS", persona popular en Tudela

 

Ventanitos, persona popular en Tudela en el siglo pasado

Un hombre peculiar de aquella época (los años cincuenta del siglo pasado), fue Ventanitos. Se llamaba Jesús pero todos le llamábamos “Ventanitos” y, habitualmente, añadíamos el calificativo de “colín”. Lo de “Ventanitos” se debía a unos “pedazos” de tela de color más intenso, generalmente azul, de forma cuadrada cosidos para arreglar el desgaste del pantalón a la altura de ambas nalgas y de las rodillas, que semejaban pequeños ventanos; y lo de “colín”, porque siempre buscaba el asentimiento de los adultos, y si estos eran guardias, concejales o el alcalde, mucho mejor. Su venia no era hacia el rico, sino hacia el que él consideraba autoridad de una forma muy primitiva. Tenía la inteligencia de un niño de cuatro o cinco años. Era alto, gordo, escurrido de culo, orondo de tripa, cabeza pequeña que calaba con una boina en el cogote.

Era un buen hombre, incapaz de crear problemas a nadie. Los niños, como siempre, le hacíamos diabluras, la más suave llamarle “colín”; él contestaba con su cara de luna llena y sus ojos inexpresivos, pero probablemente inundados de tristeza: “se lo diré a tu madre y a tu padre”, nos decía. A veces nos pasábamos e incluso hoy me cuesta trabajo entender las barbaridades de que éramos capaces.

Ventanitos trabajaba de barrendero en el ayuntamiento; los barrenderos entonces iban empujando unos carros de mano metálicos, con ruedas asimismo metálicas, que producían un ruido intenso al pasar. Cuando lo habían llenado de basura iban a descargar al camino del Cristo, situado en el extrarradio de Tudela, inmediatamente después de pasar la antigua fábrica de harinas, hoy sede de la policía municipal. Un día, estaba con mi amigo Julián en la herrería que regentaba su padre enfrente de la puerta de la Mejana, y andábamos enredando con una escopeta de perdigón tirándole a un blanco que habíamos puesto dentro de la herrería aprovechando que no estaba el Sr. Mariano; oímos el carro y la voz de Ventanitos y salimos con intención de tomarle el pelo, pero como llevábamos las escopetas en la mano, no se nos ocurrió cosa mejor que tirar al carro que en aquel momento empujaba el pobre hombre; los chasquidos de los perdigones contra la caja metálica fueron tremendos, de tal forma que hasta nosotros nos asustamos. Ventanitos salió corriendo dejando el carro en medio de la calle y no regresó hasta que el padre de Julián que llegó al poco, nos quitó las escopetas y nos echó, con razón, una buena reprimenda.

Otra jugarreta que me contaron que se le hizo alguna vez, cuando estaba despistado quitarle el pasador a una de las ruedas del carro; en aquellas calles la mayoría de adoquines, al reemprender la marcha, no tardaba en salirse de su eje y caía el carro con gran estruendo en medio del jolgorio de los crueles muchachos. No sólo los niños se aprovechaban de Ventanitos para su divertimento, algunas amas de casa que no habían bajado la basura al paso del carro municipal, bajaban con el pozal de desperdicios cuando pasaba y lo capuzaban en su carro de mano; no era raro que, a poco de comenzar la tarea, tuviera que ir a descargar hasta el camino de “El Cristo”.

Era un hombre sin agresividad, mejor dicho, era un niño con cuerpo de adulto; en nuestra comunidad jugó el papel que en todas les tocaba jugar, al tonto del pueblo, al lisiado, al desvalido; es como si todos, entonces, necesitáramos magnificar las carencias de unos para remarcar la propia valía o la teórica normalidad, que en realidad era vulgaridad y mala ralea...

Durante sus últimos años vivía con su madre en el Hospital Nuestra Sra. de Gracia;
el día que ella murió se asomó por la tapia de atrás de la huerta, no sé si desesperado o sin percatarse de lo que ocurría, para decirle a una vecina “Jesusa ya ha caído”. No sé que fue de él.

Mi recuerdo entrañable a un buen hombre.

Ángel Cornago Sánchez

De mi libro “Arraigos, melindres y acedías”

Fotografía: Goyo.

sábado, 6 de marzo de 2021

ESPAÑA, SIN COMPLEJOS

             
ESPAÑA, SIN COMPLEJOS

Es hora de que hablemos de España sin complejos.

Desde hace años, de forma machacona y con intención, se intenta relacionar la defensa de la identidad española, como país, como nación, y sus emblemas, con ideas totalitarias de derechas. A puro de repetirlo de forma reiterativa, ha llegado a calar en la población cierta vergüenza para expresar públicamente el amor a su país y a defender sus emblemas, por miedo a ser tachados o etiquetados de derechas, ultramontanos o fascistas.

Este proceder interesado, parte fundamentalmente, de partidos extremos de izquierdas, incluso totalitarios, cuya teoría y praxis donde sus ideologías gobiernan, sí que son totalitarias. Su intención es identificar a todos los que defienden los conceptos de España y sus emblemas, con la dictadura del siglo pasado, cuando la mayoría de los ciudadanos actuales no tienen nada que ver con aquella época, y muchos de los que la vivimos de jóvenes nos implicamos en la clandestinidad para derrocarla, superar aquella fase y llegar a la democracia que hoy gozamos. Con su táctica, persiguen que los ciudadanos no estemos cohesionados mediante emblemas nacionales para así poder manipularnos mejor.

Hay pocos países con una historia tan egregia como la nuestra en cuanto a relato, influencia en el mundo y personajes ilustres. Es uno de los países más importantes del mundo, además de hermoso, variado, rico en folklore, en tradiciones, diverso en paisajes, protagonista de grandes eventos históricos; también de sombras, pero como cualquier otro país del mundo. Además, es nuestro país, donde la mayoría hemos nacido y donde han nacido nuestros antepasados. En este momento histórico, a nosotros nos corresponde la responsabilidad de hacerlo mejor desde cualquier ideología, respetando el concepto de país, y sus enseñas.

Me considero compañero de viaje de aragoneses, castellanos, andaluces, extremeños, valencianos, gallegos, vascos, catalanes, etc., y de cada uno de los habitantes de los pueblos que componen España. Porque nadie, por el hecho de nacer en uno u otro lugar, es más que nadie. El pedigrí o la nobleza de sangre, de raza, no influye, porque no existe. Sí existe, nobleza y valía personal, o de grupos sociales e incluso sociedades y países que se regulan por principios de ética, libertad y justicia.

 Asociar el concepto de España al franquismo, al fascismo, es una “cantinela”, una burda utilización torticera que emana de los radicales de izquierda, utilizada machaconamente precisamente por estos grupos cuyos métodos y praxis, sí son fascistas. El franquismo fue una etapa oscura de nuestra historia hoy felizmente superada.

Hay que levantar la cabeza y mirar de frente a los ojos a los que tratan de tergiversar el nombre España. No debemos permitir que ningún grupo se apropie de sus insignias, ni que otros las identifiquen de forma interesada con ideologías totalitarias.

Entiendo que haya grupos que no se sientan españoles y defiendan la independencia de sus regiones. Estaría de acuerdo en la celebración de un referéndum, siempre que lo reclame una mayoría importante de sus habitantes, no manipulados y siempre con un tiempo de información y reflexión. A partir de ahí, deberán tener en cuenta que, si el resultado es positivo, una vez independizados, no deben estar representados en nuestros órganos de decisión. Y la relación, en todo caso, deberá ser igual que con cualquier otro país de Europa o del mundo, dependiendo de los intereses de ambos. En algunos casos, la cirugía no es un disparate si lo demanda una mayoría significativa. Es peor estar viviendo una desestabilización permanente, y cesiones de prerrogativas para acallarlos que solo genera odio y desigualdad entre las regiones.

En el fondo todo se debe a intereses personales y de grupo disfrazados de ideologías, incluso se encargan de utilizar a personas de perfiles bajos para el trabajo sucio.

Ángel Cornago Sánchez

Fotografía propia. En Los Fayos