jueves, 29 de abril de 2021

LA GENERACIÓN DEL CAMBIO

 

LA GENERACIÓN DEL CAMBIO

 

Mi generación, los que nacimos en la postguerra inmediata, vivimos no pocos años con carencias de todo tipo, con aleccionamientos religiosos y políticos fundamentalistas, con sistemas educativos represivos, pero llegamos a la juventud henchidos de ideales, para cambiar la sociedad a un sistema democrático, con justicia social, en que todos estuviéramos involucrados. En eso nos implicamos muchos de mi generación, cada cual en su ámbito con más o menos arrojo, aunque, no pocos de los que luego se subieron al carro del progresismo, vivían la situación con indiferencia.

Idealizamos la meta en la que nos habíamos comprometido. Con cierta ingenuidad creímos que iban a subir a la palestra líderes carismáticos, idealistas y honrados. Llegada la democracia aparecieron personas que habían aportado su trabajo y compromiso en aquel momento; muchos, dispuestos a recibir el “premio” que creían haberse merecido, no pocos de los cuales no volvieron nunca a trabajar aupados en puestos políticos de comunidades, ayuntamientos, etc. También muchos oportunistas, que habían estado agazapados en los momentos duros y, cuando no hubo peligro, asaltaron el poder con lustre de progresismo recién estrenado, en general como finalidad personal.

Hubo otros, que habían trabajado con compromiso contra la dictadura que, al llegar la democracia no soportaron el navajeo y los codazos en post del poder y, ante el cariz que tomaban los acontecimientos, con consecuencia, dejaron la actividad política y volvieron a sus puestos de trabajo; personas honradas e idealistas.

 Como consecuencia, no pocas personas oportunistas y astutas asaltaron ámbitos de poder; no pocos, sin formación, con poca, o con títulos conseguidos de muy dudosa manera, pero con mucha ambición, hicieron de la actividad política su medio de vida; pero una vida de privilegio y bien pagada. Ya no defendieron ideales, sino su estatus, siendo manada y estómagos agradecidos. Conociendo el percal, no es raro que hoy estén callados ante la deriva de sus ideales de entonces, unos por no poner en peligro su posición y, otros, además, porque tienen mucho que callar. Algunos, a los que todavía les queda la llama de entonces, se pronuncian con consecuencia.

Ángel Cornago Sánchez

Fotografía propia

Derechos reservados.

domingo, 11 de abril de 2021

EL PODER Y LOS ATAJOS

 EL PODER POLITICO Y LOS ATAJOS

 

 
El poder cambia al ser humano. No sé qué autor dijo que, para saber cómo es realmente una persona, hay que analizarla “ostentando poder”.

Es sabido que el poder se persigue y, es muy difícil, yo diría que imposible, que alguien llegue a tener cotas de poder importante y no las haya buscado de una u otra manera. Es lícito, siempre que el fin no sea el provecho material propio, sino los objetivos para los que ha sido creado ese poder y, siempre que, para conseguirlo, se respeten las normas éticas y democráticas correspondientes.

Quien opte y busque poder político, debe tener asumido que el poder sobre los ciudadanos es, fundamentalmente, una “función de servicio”, para buscar el mayor bien para todos, no solo para la mayoría. Debe tener un fuerte componente idealista. Ese mayor bien, en democracia, es el que los gobernados han decidido democráticamente y sin manipulaciones.

En las dictaduras ese bien lo decide el dictador y su grupo que, en una actitud de omnipotencia, se sienten “salvadores” y consideran que deben aplicar sus postulados a toda la población, por supuesto, estando ellos en la cúpula privilegiada y reprimiendo con métodos a veces violentos a quien discrepa. Son los dictadores de derechas y de izquierdas que, en un ejercicio de engañosa y patológica sublimación, se permiten todo, desde mentiras, manipulación, coacción, violencia, incluso el asesinato, con la excusa de que lo hacen por un bien supremo de sus gobernados. Ellos se colocan en la cúspide con su pequeño círculo de opresores que, a su vez, en sistema piramidal descendente crean una red clientelar para tener a la sociedad espiada y controlada.

También, hay partidos políticos en democracias que se creen ungidos de razón, de ética, de supremacía moral y, sintiéndose salvadores, se escudan para su praxis en el axioma de Maquiavelo: el fin justifica los medios. Fundándose en él, pasan por encima de principios, comenten injusticias, incluso llega un momento que caen en la “miseria moral”, en el “todo vale” para conseguir sus fines. Algunos van más allá y en una deriva de descomposición moral, recurren al engaño y a la manipulación grosera. Incluso grupos, apoyándose en psicópatas, han justificado y justifican la violencia. Intentan infiltrarse en sociedades democráticas de forma engañosa, pervirtiendo el lenguaje y las apariencias, incluso llamando a su sistema dictatorial, “democracia”, comprando medios de comunicación, y basando su discurso en estrategias de comunicación para engañar, literalmente, a los ciudadanos.

Estos movimientos aparecen a veces en sociedades explotadas por sistemas capitalistas salvajes, que son caldo de cultivo para caer en manos de dictadores, que vuelven a someterlos de manera distinta.

La democracia parlamentaria es el sistema más justo, con todos sus defectos y, por supuesto, con sus órganos de control independientes. Debe ser trasparente, con igualdad de oportunidades, con estímulo al mérito y a la iniciativa y con un importante componente social; no se puede dejar a nadie por el camino.

Los poderosos y aspirantes a tales sin principios, son el cáncer de las sociedades libres. El otro cáncer son los corruptos, los explotadores, los que utilizan la política para su propio beneficio.

Los ciudadanos somos los sufridores en manos de unos y de otros. No lo debemos permitir.

Ángel Cornago Sánchez. Derechos reservados

 Fotografía propia. Castillo de Calatrava la vieja

 


viernes, 26 de marzo de 2021

MUERTE DIGNA. Acercamiento al tema

 

MUERTE DIGNA

(Acercamiento al tema)

Estamos asistiendo en España, a una perversión interesada de conceptos en torno a la llamada “muerte digna”, creando confusión y etiquetando como tal a la eutanasia y el suicidio asistido, como si fuera la única forma digna de morir. Entra dentro de la estrategia perfectamente orquestada, diseñada e interesada, para conseguir réditos políticos, presentándose los gobernantes actuales y los partidos que la promueven, como redentores de una sociedad hasta ahora, al parecer, condenada a morir de mala manera. Es una utilización obscena en un momento de pandemia donde muchas personas han fallecido sin el mínimo calor de sus allegados y, probablemente, con los síntomas controlados por el buen hacer de los sanitarios, pero sin el calor humano de su familia; es decir, técnicamente bien atendidos, pero sin esos otros aspectos que hacen el morir más humano, más fácil y más en paz.

            Muchos políticos votaron en el congreso, mera comparsa, siguiendo las órdenes de sus partidos, sin estar informados de cómo es la asistencia y ha sido estos últimos años en el proceso de morir.

            Adelanto que estoy a favor de la eutanasia y el suicidio asistido, siempre que se hayan cumplido una serie de asistencias previas, alguna de las cuales, en nuestro medio, no están garantizadas.

            “Muerte digna”, es morir con los síntomas controlados, rodeado de nuestros seres queridos, en un ambiente de intimidad, y con las necesidades espirituales cubiertas, el que las precise.

            Premisa importante: la asistencia sanitaria, como institución, debe utilizar el mismo entusiasmo que para curar, en procurar a los ciudadanos una muerte con el mínimo sufrimiento posible. Es una asistencia que vamos a precisar todos, excepto los que fallezcan de muerte repentina. Debemos tener claro que no es una asistencia menor. El objetivo en todas las actuaciones, debe ser mejorar la calidad de vida el tiempo que reste, y la calidad de muerte.

            En la secuencia de actuaciones ante un paciente terminal, lo primero, una vez que está fidedignamente claro que no hay posibilidades ni de curación, ni de mantenimiento, es no alargar la vida con exploraciones y tratamientos que lo único que van a conseguir es más sufrimiento.

            Se está utilizando desde hace años la “sedación paliativa”, que consiste en poner medicaciones, analgésicos y sedantes, a las dosis necesarias para controlar los síntomas físicos y psicológicos, incluso aunque se pueda acortar la vida, aunque no como finalidad. También se utiliza la “sedación terminal”, en la fase final si los síntomas son refractarios o de difícil control, informando siempre al paciente. Ambas son actuaciones que se están haciendo en la “buena práctica clínica”, cuando la muerta está muy próxima.

             Otro aspecto a conocer, es que por el “principio de autonomía” tenemos derecho a negarnos a cualquier tratamiento, aunque esté indicado y pueda alargarnos, incluso salvarnos la vida. Los sanitarios deberán obedecer lo indicado por el paciente. Deberán asegurarse de que es competente para tomar una decisión que lo va a llevar a la muerte, y deberán centrarse solo en aliviarle.         El “Documento de Voluntades anticipadas” es una prolongación del principio de autonomía. Desde el año 2002, existe la posibilidad legal, de dejar constancia por escrito de cómo queremos ser tratados si no tenemos capacidad para decidir, por ejemplo, por padecer una demencia. En él se puede dejar escrito que no se pongan tratamientos, aunque puedan salvarle la vida. Los sanitarios deberán obedecer.

            La mayoría de los médicos internistas, están capacitados para enfrentarse con eficacia a las situaciones que se presentan al final de la vida. Hay un número de pacientes con sufrimientos físicos y psicológicos que por síntomas de difícil control o refractarios, precisan de tratamientos más especializados y multidisciplinares. Es el que se da en las Unidades de Cuidados Paliativos, con equipos preparados (médicos, ATS, psicólogos, asistentes sociales, etc.), especialistas en estos tratamientos, en “cuyas manos”, la fase final es mucho más eficaz y llevadera.

            El mayor problema se presenta en pacientes en que no se prevé la muerte próxima. Por ejemplo, neoplasias de evolución lenta, enfermedades crónicas invalidantes o que producen mucho sufrimiento, tetraplejias, ELAs, problemas psicológicos severos, etc. Un reducido número de ellos pueden pedir que les provoquen la muerte mediante la eutanasia o el suicidio asistido. Como requisito indispensable considero que la asistencia sanitaria debe dar, previamente, la posibilidad de ser tratados en Unidades de Paliativos, que han demostrado su eficacia. Si a pesar de todo es una petición que cumple todos los criterios de rigor, repetición, valoración por especialistas, paliativos, etc., y cumple las condiciones legales, la eutanasia o el suicidio asistido, puede ser una salida a su situación.

            Insisto en que “muerte digna” es todo lo que se viene haciendo desde hace años, aunque hay un tanto por ciento pequeño, resistentes a los tratamientos al final de la vida. Antes, o al menos al mismo tiempo, se deberían haber propuesto la creación de muchas más Unidades de Cuidados Paliativos; somos el último país de Europa en estas unidades para tratamiento de pacientes terminales, y que han demostrado ampliamente su eficacia.

            Considero miserable utilizar esta ley como arma política. También creo que debería haber habido debate social para conocer mejor el alcance y los conceptos; los ciudadanos nos lo merecemos. En la concepción deberían haber estado representados expertos en el tema, que los tenemos y muy buenos (no solo los que comulgan con determinados credos políticos). Muerte digna es mucho de lo que se estaba haciendo; la eutanasia y el suicidio asistido es un paso más para un número limitado de pacientes que, considero, tienen derecho a decidir sobre su vida, agotados todos los pasos referidos.


Ángel Cornago Sánchez. Derechos reservados.

Médico. Master en Bioética por la Universidad de Comillas.

Autor, entre otros libros de: “El paciente terminal y sus vivencias”.

Fotografía propia.

jueves, 18 de marzo de 2021

ORTEGUITA. Mi recuerdo entrañable a un torero frustrado que vivió en Tudela

 

Orteguita

Como recuerdo visual, guardo la imagen de algunos personajes que llamaron      especialmente mi atención en aquellos años de niño. Uno de ellos fue Orteguita.

Orteguita era un hombre ya entonces entrado en años, delgado, menudo, habitualmente mal afeitado; se dedicaba al oficio de limpiabotas y vivía en casa de Julián Marín el torero, que ejercía de su protector. Al parecer, Orteguita, había nacido en Alicante y recaló en Tudela después de “tirarse” como espontáneo en una corrida en el año de la inauguración de la plaza, en la que toreaba Domingo Ortega.

Al parecer, había sido o había intentado ser torero y, ese intento frustrado, impregnaba todavía toda su vida: su forma de andar era orgullosa, estirada, con los talones levantados como el que sale de una suerte después de rematarla; su figura tenía cierto empaque, cierto señorío, inclinado siempre hacia un lado, creo que al derecho, como si estuviera dando un eterno derechazo, o como si de tanto imaginarlos no pudiera ya vivir de otra manera; creo haberlo visto con frecuencia con las zapatillas y las medias de torear, zarrapastroso y mísero, pero de porte orgulloso y distinguido. Los niños, crueles a veces, de lejos le espetábamos: “Oteguita matacabras”; era la mayor ofensa que le podíamos hacer; juraba, aceleraba el paso y se iba mascullando improperios. En ocasiones, no sé si espontáneamente o por los efluvios del alcohol, se marcaba unos pases a toros imaginarios jaleado por todos en unas faenas que, a mí, me parecían como a él que tenían mucho de arte y de verdad; los aplausos le hacían estirar aún más su figura y saludar al tendido con una sonrisa ausente, como reencontrándose con la gloria que tantas veces había imaginado.

Después, ya no supe que fue de él. El pintor tudelano Cesar Muñoz Sola en una obra maestra supo plasmar como nadie a este personaje.

Ángel Cornago Sánchez

De mi libro: “Arraigos, melindres y acedías”.

Magnífico cuadro pintado por Cesar Muñoz Sola, pintor tudelano.

 

 

 

martes, 9 de marzo de 2021

"VENTANITOS", persona popular en Tudela

 

Ventanitos, persona popular en Tudela en el siglo pasado

Un hombre peculiar de aquella época (los años cincuenta del siglo pasado), fue Ventanitos. Se llamaba Jesús pero todos le llamábamos “Ventanitos” y, habitualmente, añadíamos el calificativo de “colín”. Lo de “Ventanitos” se debía a unos “pedazos” de tela de color más intenso, generalmente azul, de forma cuadrada cosidos para arreglar el desgaste del pantalón a la altura de ambas nalgas y de las rodillas, que semejaban pequeños ventanos; y lo de “colín”, porque siempre buscaba el asentimiento de los adultos, y si estos eran guardias, concejales o el alcalde, mucho mejor. Su venia no era hacia el rico, sino hacia el que él consideraba autoridad de una forma muy primitiva. Tenía la inteligencia de un niño de cuatro o cinco años. Era alto, gordo, escurrido de culo, orondo de tripa, cabeza pequeña que calaba con una boina en el cogote.

Era un buen hombre, incapaz de crear problemas a nadie. Los niños, como siempre, le hacíamos diabluras, la más suave llamarle “colín”; él contestaba con su cara de luna llena y sus ojos inexpresivos, pero probablemente inundados de tristeza: “se lo diré a tu madre y a tu padre”, nos decía. A veces nos pasábamos e incluso hoy me cuesta trabajo entender las barbaridades de que éramos capaces.

Ventanitos trabajaba de barrendero en el ayuntamiento; los barrenderos entonces iban empujando unos carros de mano metálicos, con ruedas asimismo metálicas, que producían un ruido intenso al pasar. Cuando lo habían llenado de basura iban a descargar al camino del Cristo, situado en el extrarradio de Tudela, inmediatamente después de pasar la antigua fábrica de harinas, hoy sede de la policía municipal. Un día, estaba con mi amigo Julián en la herrería que regentaba su padre enfrente de la puerta de la Mejana, y andábamos enredando con una escopeta de perdigón tirándole a un blanco que habíamos puesto dentro de la herrería aprovechando que no estaba el Sr. Mariano; oímos el carro y la voz de Ventanitos y salimos con intención de tomarle el pelo, pero como llevábamos las escopetas en la mano, no se nos ocurrió cosa mejor que tirar al carro que en aquel momento empujaba el pobre hombre; los chasquidos de los perdigones contra la caja metálica fueron tremendos, de tal forma que hasta nosotros nos asustamos. Ventanitos salió corriendo dejando el carro en medio de la calle y no regresó hasta que el padre de Julián que llegó al poco, nos quitó las escopetas y nos echó, con razón, una buena reprimenda.

Otra jugarreta que me contaron que se le hizo alguna vez, cuando estaba despistado quitarle el pasador a una de las ruedas del carro; en aquellas calles la mayoría de adoquines, al reemprender la marcha, no tardaba en salirse de su eje y caía el carro con gran estruendo en medio del jolgorio de los crueles muchachos. No sólo los niños se aprovechaban de Ventanitos para su divertimento, algunas amas de casa que no habían bajado la basura al paso del carro municipal, bajaban con el pozal de desperdicios cuando pasaba y lo capuzaban en su carro de mano; no era raro que, a poco de comenzar la tarea, tuviera que ir a descargar hasta el camino de “El Cristo”.

Era un hombre sin agresividad, mejor dicho, era un niño con cuerpo de adulto; en nuestra comunidad jugó el papel que en todas les tocaba jugar, al tonto del pueblo, al lisiado, al desvalido; es como si todos, entonces, necesitáramos magnificar las carencias de unos para remarcar la propia valía o la teórica normalidad, que en realidad era vulgaridad y mala ralea...

Durante sus últimos años vivía con su madre en el Hospital Nuestra Sra. de Gracia;
el día que ella murió se asomó por la tapia de atrás de la huerta, no sé si desesperado o sin percatarse de lo que ocurría, para decirle a una vecina “Jesusa ya ha caído”. No sé que fue de él.

Mi recuerdo entrañable a un buen hombre.

Ángel Cornago Sánchez

De mi libro “Arraigos, melindres y acedías”

Fotografía: Goyo.

sábado, 6 de marzo de 2021

ESPAÑA, SIN COMPLEJOS

             
ESPAÑA, SIN COMPLEJOS

Es hora de que hablemos de España sin complejos.

Desde hace años, de forma machacona y con intención, se intenta relacionar la defensa de la identidad española, como país, como nación, y sus emblemas, con ideas totalitarias de derechas. A puro de repetirlo de forma reiterativa, ha llegado a calar en la población cierta vergüenza para expresar públicamente el amor a su país y a defender sus emblemas, por miedo a ser tachados o etiquetados de derechas, ultramontanos o fascistas.

Este proceder interesado, parte fundamentalmente, de partidos extremos de izquierdas, incluso totalitarios, cuya teoría y praxis donde sus ideologías gobiernan, sí que son totalitarias. Su intención es identificar a todos los que defienden los conceptos de España y sus emblemas, con la dictadura del siglo pasado, cuando la mayoría de los ciudadanos actuales no tienen nada que ver con aquella época, y muchos de los que la vivimos de jóvenes nos implicamos en la clandestinidad para derrocarla, superar aquella fase y llegar a la democracia que hoy gozamos. Con su táctica, persiguen que los ciudadanos no estemos cohesionados mediante emblemas nacionales para así poder manipularnos mejor.

Hay pocos países con una historia tan egregia como la nuestra en cuanto a relato, influencia en el mundo y personajes ilustres. Es uno de los países más importantes del mundo, además de hermoso, variado, rico en folklore, en tradiciones, diverso en paisajes, protagonista de grandes eventos históricos; también de sombras, pero como cualquier otro país del mundo. Además, es nuestro país, donde la mayoría hemos nacido y donde han nacido nuestros antepasados. En este momento histórico, a nosotros nos corresponde la responsabilidad de hacerlo mejor desde cualquier ideología, respetando el concepto de país, y sus enseñas.

Me considero compañero de viaje de aragoneses, castellanos, andaluces, extremeños, valencianos, gallegos, vascos, catalanes, etc., y de cada uno de los habitantes de los pueblos que componen España. Porque nadie, por el hecho de nacer en uno u otro lugar, es más que nadie. El pedigrí o la nobleza de sangre, de raza, no influye, porque no existe. Sí existe, nobleza y valía personal, o de grupos sociales e incluso sociedades y países que se regulan por principios de ética, libertad y justicia.

 Asociar el concepto de España al franquismo, al fascismo, es una “cantinela”, una burda utilización torticera que emana de los radicales de izquierda, utilizada machaconamente precisamente por estos grupos cuyos métodos y praxis, sí son fascistas. El franquismo fue una etapa oscura de nuestra historia hoy felizmente superada.

Hay que levantar la cabeza y mirar de frente a los ojos a los que tratan de tergiversar el nombre España. No debemos permitir que ningún grupo se apropie de sus insignias, ni que otros las identifiquen de forma interesada con ideologías totalitarias.

Entiendo que haya grupos que no se sientan españoles y defiendan la independencia de sus regiones. Estaría de acuerdo en la celebración de un referéndum, siempre que lo reclame una mayoría importante de sus habitantes, no manipulados y siempre con un tiempo de información y reflexión. A partir de ahí, deberán tener en cuenta que, si el resultado es positivo, una vez independizados, no deben estar representados en nuestros órganos de decisión. Y la relación, en todo caso, deberá ser igual que con cualquier otro país de Europa o del mundo, dependiendo de los intereses de ambos. En algunos casos, la cirugía no es un disparate si lo demanda una mayoría significativa. Es peor estar viviendo una desestabilización permanente, y cesiones de prerrogativas para acallarlos que solo genera odio y desigualdad entre las regiones.

En el fondo todo se debe a intereses personales y de grupo disfrazados de ideologías, incluso se encargan de utilizar a personas de perfiles bajos para el trabajo sucio.

Ángel Cornago Sánchez

Fotografía propia. En Los Fayos

 

 

viernes, 26 de febrero de 2021

EL MEDIO EN QUE VIVIMOS

 

EL MEDIO EN QUE VIVIMOS

Actualmente no nos adaptamos al medio, como hicieron nuestros congéneres durante muchos siglos, no porque fueran respetuosos, sino porque no disponían de sistemas ni conocimientos para poder transformarlo. Hoy, tendría justificación si lo transformáramos para “poder vivir”. Pero en los dos últimos siglos, lo que hemos hecho fundamentalmente, lo que hacen los poderes, es transformar el medio no para poder vivir, sino para explotarlo y sacar de él cuanto más beneficio mejor. Esa trasformación lo va destruyendo sin tener en cuenta sus consecuencias en los humanos, en el resto de los seres vivos y en las generaciones venideras.

Incluso, ese beneficio actual que persiguen no es para la mayoría, sino para unos pocos, para sus grupos de poder, que les va a permitir seguir teniendo dominio; es una actuación que se retroalimenta. Es perversa.

Lo más grave, a mi entender, de este proceder, es que va en la esencia del ser humano. No somos solidarios, somos seres que compiten, y no por lo necesario, que tendría lógica, sino por dominar. No todos los humanos, pero sí las castas dominantes.

¿Podemos ser de otra manera? Soy pesimista. Incluso grupos políticos que se revisten de progresía, predican comportamientos sociales éticos, teóricos valores, etc., pero en su praxis, detrás de su prédica ética e idealista, hay mentiras, comportamientos perversos justificando sus maldades por el teórico fin que persiguen; la historia es terca. Además, se sienten redentores y se comportan como las peores clases dirigentes manipulando todo.

Creo que la salvación está en la mayoría de los ciudadanos, siendo reflexivos y críticos con la información que recibimos de los distintos medios de comunicación, detrás de los cuales hay grupos de poder interesados en manipular la información para manejarnos. Potenciar los valores, no todo vale; los valores humanistas, el arte, la cultura, que son las facetas más evolucionadas que poseemos y hace ciudadanos más críticos, más capaces.

La democracia es el mejor de los sistemas, porque si sus mecanismos de vigilancia funcionan como deberían, aunque frecuentemente no es así, hay un continuo control que va corrigiendo y castigando los desajustes.

Para los ciudadanos concienciados, es más fácil luchar contra las dictaduras, pues es fácil identificar al enemigo y sus mecanismos, que contra democracias manipuladas revestidas de teóricos ideales.

Ángel Cornago Sánchez

Fotografía; Ángel Cornago. Bardenas reales.


 

martes, 16 de febrero de 2021

EL CONCEPTO DE DERECHAS E IZQUIERDAS ESTÁ OBSOLETO TAL COMO SE UTILIZA

EL CONCEPTO DE DERECHAS E IZQUIERDAS ESTÁ OBSOLETO TAL COMO SE UTILIZA 

 

Como ciudadano simpatizante, no quiero una izquierda que utilice el “todo vale” para acceder al poder. El todo vale en las formas que, aunque piensen que engañan a la ciudadanía repitiendo hasta la saciedad palabras como “democracia”, “progresista” para atribuirse dichas virtudes, y “derechas”, para agredir al adversario político dando por sentado que son fascistas, inmorales, explotadores, corruptos, arrogándose una supremacía moral que su ideología puede merecer, pero los que hoy la utilizan de forma torticera como si fuera una piedra que lanzan al adversario, no la merecen.

Los ciudadanos de hoy estamos informados, somos reflexivos y sabemos cuándo nos pretenden dar gato por libre. Queremos políticos capaces y honrados, y sistemas para desbancarlos cuando se corrompan o sean incapaces. La democracia es el mandato del pueblo, pero de un pueblo libre, no manipulado por los diversos poderes y los medios de comunicación manejados por ellos.

Ni la izquierda es siempre honrada en sus planteamientos, en la forma de explicarlos a los ciudadanos, incluso ni en su forma de gobernar y financiarse; hay ejemplos suficientes. Ni la derecha es siempre fascista; puede haber grupos o partidos que defiendan dichos métodos, pero son una minoría. La derecha desde la transición se ha ido moderando y, aunque no se esté de acuerdo con sus planteamientos, es una derecha civilizada y merece respeto, aunque también ha aprovechado el poder para corromperse. Sin embargo, la izquierda no ha cambiado un ápice en sus modos, en estos últimos años se ha radicalizado, hasta el punto que defienden escraches, pactan con la marca blanca de los terroristas, y son capaces de llamar fascistas a todos los que no piensen como ellos. Es un burdo engaño que a puro de repetirlo se ha normalizado, y forma parte de personas sin sentido crítico y sin otra manera de informarse. Incluso la propia derecha se siente acomplejada por esa supuesta supremacía moral que sin ningún pudor exhiben los radicales, cuando también tienen mucho que ocultar. Son mecanismos psicológicos perfectamente estudiados.

Es preciso una recapitulación y poner en orden estos conceptos en la cabeza de los ciudadanos y de los propios políticos.  En definitiva, lo que precisamos es que las personas que entren en política sean capaces, capaces y honradas e imbuidas por un muy acentuado sentido de justica social. Mujeres y hombres capaces y justos serán capaces de hacer la política más adecuada en cada momento para los fines que se persiguen; negociarán, pactarán, porque el fin no será sentarse en la poltrona, ni defender su religión política particular, sino servir a la ciudadanía. El poder debe ser servicio. Los conceptos de derecha, izquierdas están contaminados en el momento actual, y no vale con el calificativo, es preciso el contenido, y los métodos para conseguir sus fines. Detrás de las siglas de los partidos se esconden verdaderos tahúres.

Ángel Cornago Sánchez

Fotografía: Boca del infierno. Cerca de Cascais. Fotografía propia.

 

 

 

viernes, 5 de febrero de 2021

EL SUELDO DE ALGUNOS DEPORTISTAS


 

EL SUELDO DE ALGUNOS DEPORTISTAS

 

Recientemente, ha salido a la luz el contrato de Messi, excelente jugador del futbol club Barcelona, tal vez el mejor del mundo. La noticia es el desorbitado sueldo que cobra. Este dato sirve para suponer, -aunque estén lejos de Messi-, lo que cobran muchos deportistas y otras profesiones que aportan a la sociedad poco más que entretenimiento.

No tengo nada contra Messi, me parece un excelente jugador, y como persona me parece prudente; me merece respeto e incluso me inspira simpatía su forma de ser discreta. Por derivación, me refiero a todos los jugadores de élite y a otras profesiones florero para la sociedad, entendiendo por tales las que solo aportan entretenimiento, en todo caso necesario, pero retribuido de forma mucho más racional. Ellos no son los principales culpables de la situación. Es el sistema el que falla.

 Aportan a la sociedad solo entretenimiento. No me extraña que estos contratos se mantengan en secreto, porque resulta obsceno ante la situación de muchas otras personas que, trabajando duramente y llevando una vida de sacrificio, apenas pueden llegar a final de mes, siendo, además, muy necesarios para la sociedad; suponen parte importante para el desarrollo de un país, junto con investigadores, profesores, y otras profesiones, que cobran sueldos modestos en general.

El deporte, fundamentalmente el futbol, se ha convertido en el opio del pueblo, el circo de los romanos que, junto con las televisiones frívolas, nos tienen anestesiados. Esta diversión está potenciada por otros poderes económicos que manejan televisiones, casas de apuestas, incluso a poderes políticos. A base de potenciar el juego y la diversión obtienen pingües beneficios, beneficios que no salen del aire, salen de los de siempre, de los ciudadanos, por medio de los anuncios, las apuestas, las camisetas, en definitiva, de poner valor a cosas que objetivamente no lo tienen. Otro beneficio es el manejo. A los “poderes” no les interesa que seamos personas informadas y reflexivas; eso lo consiguen magnificando el deporte de masas y los programas frívolos en la tele, que a su vez hacen manipulación informativa.

Vivimos en una sociedad tremendamente injusta, que nos tiene subyugados y manipulados por grandes poderes económicos en la sombra con objetivos concretos, y estos habilidosos del balón y otros deportes, son magnificados y utilizados por los medios de comunicación para crear en torno a ellos y sus habilidades, una aureola como si se tratara de héroes nacionales e incluso internacionales, cuando, repito, solo aportan entretenimiento. Si lo pensamos seriamente, parece hasta ridículo, pero es sangrante.

 

Ángel Cornago Sánchez. Derechos reservados. Fotografía: as.com

 

 

martes, 2 de febrero de 2021

NADA HAY PURO COMO LA NIEVE (Texto breve de introspección personal)

 

NADA HAY PURO COMO LA NIEVE 

No me gusta el mar cuando me abraza, cuando formo parte de su paisaje, ya sea nadando, en una barquichuela, o aunque sea en un gran trasatlántico. Creo que en mis anteriores reencarnaciones y en la cadena de la evolución, nunca fui pez; tal vez pájaro, aunque también siento vértigo en los pisos altos y, en los aviones, me agarro a los asientos en una actitud irracional e idiota.

Seguramente antes fui gusano. Me gustan los espacios reducidos, con muchos pies en el suelo, incluso con las manos. Me siento cobijado y absorto por sensaciones sublimes de felicidad cuando estoy en una de esas pequeñas casetas en el monte en medio de una tormenta. En esos momentos entiendo mi pequeñez, y también mi grandeza íntima, similar a la de los otros humanos que bucean en su mundo interior.

Me gusta el calor, aunque sea intenso; me siento reforzado en energía. El frío helador me produce desolación, pero también impulsa mi fortaleza. El viento huracanado, expectación indolente. Con la lluvia persistente siento cierta tristeza sin visos de futuro. La nieve me inspira pureza, pero una pureza que no comprendo, porque no existe, aunque me gusta contemplarla ensimismado.

Los grandes espacios me apartan de mi mundo. Los espacios reducidos, por arcaicos y humildes que sean, me producen regusto en mi individualidad, aunque fuera el mundo se derrumbe. El fuego, una llama encendida en el suelo o en un hogar, además de calor, me provoca bienestar y sensación de íntima seguridad.

En el lujo me siento intruso, incómodo y zarrapastroso, aunque tampoco soporto a los que por su clase social o por sus puestos de relumbrón me miran por encima del hombro, algo que sufrí con frecuencia cuando era niño. Hay mucho imbécil de cuna, y, muchos, entre los que renuncian a sus orígenes. Me siento cómodo en la clase social en la que nací, con mi gente de siempre.

No sé nadar, ni volar, tampoco levitar. Prefiero pasar desapercibido cuando no tengo nada importante que decir. A veces siento el impulso, el deber de hablar y, tal vez con compulsión hiero en el tono y digo lo que pienso como un imperativo e ineludible deber. A veces me traiciono y me callo y, luego, me siento mal o me pongo excusas en las que no creo.

Me hastían los voceros de turno de tal o cual partido político, faltándonos al respeto; nos tratan como a ineptos lanzándonos consignas, frases, palabras, slogans, como si fueran marcas de detergentes, para que compremos su producto, en vez de explicarnos clara, seria y honradamente, sus ideas y proyectos. Sus puestas en escena, sus gestos, sus poses, ofenden a la inteligencia.

 Hay muchos imbéciles aupados a los púlpitos de poder y de podercitos, que se sienten ungidos y con derecho a impartir magisterio sobre los más diversos temas, aunque sean frívolos e incluso analfabetos funcionales. Su mérito: estar en “la pomada”, “el destino”, o más bien su “baboseo” con los diversos mandamases.

Todavía me parece más grave y despreciable, la actitud de los intelectuales vendidos, domesticados, o los que con la habilidad del camaleón se adaptan a todas las circunstancias de los poderes de turno por muy divergentes que sean, para seguir parasitando en post de sus intereses. En ocasiones, además de mediocres, son miserables.

Por eso, como he dicho, no sé nadar, volar, ni levitar; intento, aunque no siempre lo he conseguido, andar por el suelo, por la tierra, descalzo para percibir sus latidos, y marchar siempre recto para jalonar mi vida de cordura y honradez, aunque, es difícil, porque nada hay puro como la nieve.

Ángel Cornago Sánchez

 

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viernes, 22 de enero de 2021

EL SER HUMANO COMO GRUPO SOCIAL

 


EL SER HUMANO COMO GRUPO SOCIAL

 

El ser humano como grupo social no encontrará nunca un sistema estable, donde la justicia sea la regla, no haya competencia, y los valores humanos sean la forma habitual de relación. Es la antítesis de lo que somos. Somos envidiosos, egoístas, avariciosos, con ansia de poder, de dominio.

Somos capaces de ideales, pero discrepamos en la forma de llevarlos a cabo, de liderarlos, incluso en matices. La competencia es la regla. En las personas de a pie, que somos la mayoría, la competencia es a pequeña escala y no trastorna nuestras vidas. Muchos vivimos o intentamos vivir, sin dejarnos influir por lo fatuo, por lo frívolo, por los “floreros” de muy diversos tonos, ni por los cantos de sirena. Otros se motivan por las apariencias, por las formas, por la escala social. Otros, por no aceptar las limitaciones que a todos nos van llegando con el paso del tiempo. Algunos, se dejan arrastrar por envidias, por la competencia, por los celos, por la avaricia de tener más.

Pero, los verdaderos tiburones, están en la vida pública. Son los políticos, y los poderosos económicos. Son los que tratan de estar en la cresta de la ola, de estar en la pomada de los órganos de decisión. Los políticos se disfrazan de altruistas, de idealistas, cuando su finalidad, en muchos de ellos, es fundamentalmente egoísta. Hay pocos cuya motivación sean realmente ideales para servir a los ciudadanos. Además, hay una diferencia importante: tal como los gerifaltes de los poderes económicos o sus asesores, suelen ser la mayoría personas competentes, aunque muchos de ellos con pocos escrúpulos, los políticos, sobre todo en determinados momentos históricos como el actual, son incompetentes, avariciosos, incluso inmorales, motivados por ansia de poder, y, muchas veces, aupados por poderes económicos para manejarlos con facilidad.

Pero es la regla. El mundo es así, sobre todo en determinados momentos históricos, en el que los poderes políticos están casi copados por incompetentes y, a veces, también inmorales que solo persiguen su medro. Por supuesto que hay excepciones muy honrosas, pero casi siempre, estaremos y hemos estado, en manos de “tiburones”.

Fotografía propia. Camino del Ebro.

Ángel Cornago Sánchez

 

viernes, 15 de enero de 2021

MUERTE. ACTUACIONES CENTRADAS EN EL NO SUFRIMIENTO


 MUERTE. ACTUACIONES CENTRADAS EN EL NO SUFRIMIENTO

 

 La secuencia rutinaria debería ser:

Etiquetar a un paciente de terminal en el momento adecuado, y no continuar con estudios o intervenciones agresivas.

El objetivo desde ese momento debe centrarse en mejorar su calidad de vida y en su futura calidad de muerte, aunque se pueda acortar la vida.

El “documento de voluntades anticipadas”, si no es competente, es un medio importante para saber cómo desea ser tratado. Generalmente se hace para limitar el esfuerzo terapéutico y centrarse solo en aliviar el sufrimiento y dejar que la muerte llegue, aunque se acorte la vida.

En todos los casos: una buena asistencia en Cuidados Paliativos.

La sedación terminal es la opción cuando se prevé cerca la muerte y la paliativa no ha sido suficiente.

  

Cuidados paliativos


 La asistencia sanitaria, como ya he comentado, no debe centrarse solo en curar, en aliviar, y en tratar la enfermedad crónica. Una finalidad también fundamental y necesaria ya que todos vamos a pasar por esa situación, es “la calidad de muerte”. En muchos casos, el acercamiento al final será padeciendo síntomas de difícil control, tanto físicos como psicológicos de tratamiento complicado y que precisan especialistas médicos, psicólogos, etc. que consiguen mejorar ostensiblemente los síntomas en la última etapa de la vida y en el momento de la muerte. Se hace en las llamadas Unidades de Cuidados Paliativos. En nuestro país con claramente insuficientes, de hecho, estamos a la cola de Europa.

Callahan[i]: ”los objetivos de la medicina del siglo XXI tienen que ser dos y ambos de la misma categoría y la misma importancia; por una parte, permanece el objetivo médico de siempre: prevenir y tratar de vencer a las enfermedades; pero por otra, cuando independientemente de todos nuestros esfuerzos llegue la muerte, conseguir que los pacientes mueran en paz, ya que a pesar de los avances tecnológicos, nunca podremos posponerla indefinidamente”.

El Ministerio de Sanidad publicó las bases para el Desarrollo del Plan Nacional de Cuidados Paliativos elaborado en el Consejo Interterritorial a instancias del Senado, donde consta, “garantizar a los pacientes en fase terminal los cuidados paliativos, como un derecho legal del individuo, en cualquier lugar, circunstancia o situación, a través de las diferentes estructuras de la red sanitaria”2001.

La Organización Médica Colegial y la Sociedad Española de Cuidados Paliativos han afirmado recientemente: “la atención integral y la promoción de la calidad de vida en las fases más avanzadas de las enfermedades crónicas evolutivas y de los enfermos terminales, deben ser consideradas, como un derecho fundamental de las personas y una prioridad para las administraciones y organizaciones sanitarias y sociales”2002.

 Sedación paliativa

Es la administración deliberada de fármacos en las dosis y combinaciones requeridas, para reducir la consciencia de un paciente terminal, tanto como sea preciso, para aliviar adecuadamente uno o más síntomas refractarios.

 Sedación terminal:

 La administración deliberada de fármacos, para lograr el alivio inalcanzable con otras medidas, de un sufrimiento físico y/o psicológico, mediante la disminución suficientemente profunda y previsiblemente irreversible de la conciencia de un paciente, y cuya muerte se prevé muy próxima, con el consentimiento explícito, implícito o delegado del paciente.

Sedación terminal. Indicaciones

Síntomas de difícil control.

Síntomas refractarios (16-52%).

Delirio, disnea, dolor, sufrimiento, estrés existencial.

Condicionantes: tiempo previsible de vida. Consentimiento

 

PROVOCAR LA MUERTE DE FORMA ACTIVA A PETICIÓN DEL PACIENTE

 

Eutanasia

El paciente pide que le provoquen la muerte.

Con intención de acabar con sus sufrimientos.

Hace uso de su autonomía.

Es competente.

Pide un acto transitivo: por parte de otro.

Ejemplo: Caso Vicent Humbert...

 

Suicidio asistido

El paciente pide que le proporcionen los medios para “él” quitarse la vida.

Hace uso de su autonomía.

Pide un acto intransitivo. Lo hace él mismo, aunque se le dan los medios.

Se sabe que lo va a utilizar para provocarse la muerte.

Moralidad?

 

Eutanasia. Legislación holandesa muy similar a la española.

 El paciente debe padecer una enfermedad terminal.

l  Debe padecer un sufrimiento insoportable sin esperanza de mejoría.

l  Lo ha pedido de forma reiterada en el tiempo.

l  El médico debe pedir la opinión de otro colega.

l  Debe informar de lo hecho a una comisión formada por un médico, un jurista y un experto en ética.

 

Argumentos a favor y en contra:

 Argumentos en contra

- La defensa de la vida es un dogma.

- El juramento hipocrático que hacemos los médicos no se cumpliría..

- La profesión médica se afectaría.

- Se duda de la competencia de quien lo pide.

- Teoría de la “pendiente resbaladiza” (los requisitos se irían relajando).

- Podría haber una incitación soterrada.

- Se relajaría de calidad de paliativos.

 

Argumentos a favor:

- Las personas tienen autoridad moral sobre sus vidas. Debe intervenir el Estado para garantizarlas.

- La misma competencia se precisa para rechazar un tratamiento necesario, que para pedir la aplicación de otro que provoca el mismo fin (principio de autonomía).

- Es lo mismo matar que dejar morir. Es legal desde 2002 negarse a recibir un tratamiento aunque salve la vida.

- El Juramento Hipocrático está obsoleto.

- Contra la pendiente resbaladiza: Control

 

 CONCLUSIONES FINAL DE LA VIDA

 El final de la vida es un momento de especial trascendencia.

Tenemos derecho a morir en paz. Hay que humanizar la muerte.

La medicina dispone de medios poderosos, pero pueden alargar el sufrimiento. Hay que evitar el encarnizamiento terapéutico.

Hay que dejar que la muerte llegue.

 

l  Se debe utilizar el mismo entusiasmo para paliar los sufrimientos que para curar.

l  Hay que respetar los deseos del paciente, aunque de ello se derive su muerte.

l  Hay tratamientos paliativos que pueden adelantar la muerte. Hay que asumirlos con información al paciente

l  Tenemos derecho a dar y a dejar nuestras directrices anticipadas.

l  Es fundamental tener una muy buena cobertura de Cuidados Paliativos.

l  Esta cobertura es la mayor defensa para que no haya personas que pidan la muerte provocada.

l  Aun en estas condiciones habrá casos que la demanden.

l  ¿Tenemos derecho a obligarles a seguir sufriendo?: Legalización?, Despenalización?

Si todos los pasos anteriores se hacen bien, habrá muy pocas personas que demanden la eutanasia o el suicidio asistido.

Una situación más comprometida es cuando la muerte no está cerca, como es el caso de pacientes con grandes limitaciones imposibles de cambiar (tetraplejias, estados vegetativos, etc).

La eutanasia y el suicidio asistido, a mi entender, estarían reservados para pacientes con plena competencia, con enfermedades terminales o incurables, aunque la muerte no se prevea próxima y se hayan agotado todos los recursos terapéuticos con la valoración previa y tratamiento en Cuidados Paliativos, cumpliendo rigurosamente los requisitos que exige la ley.

Es un tema que requiere, además de muchas matizaciones, mucha sensibilidad, mucho respeto y mucha empatía.

Se debe respetar la objeción de conciencia de los sanitarios.
Ángel Cornago Sánchez.  Fotografía propia.
Derechos reservados,

[i] Callahan, D. Death and the research imperative. N Engl J Med 2000.; 342: 654-656. Citado por Arranz