sábado, 24 de julio de 2021

FIESTAS DE TUDELA 2021 Y COVID

 

           FIESTAS 2021 Y COVID

 

Ha disminuido la presión del covid que durante el pasado año hasta la fecha nos ha tenido amedrentados y sometidos por su invisible y mortal amenaza. Esta civilización, omnipotente y soberbia del siglo veintiuno que estaba haciendo cábalas de conseguir la inmortalidad en unos lustros, en pocas semanas la pandemia nos bajó a la realidad. Hemos dejado por el camino muchas horas de encierro, de silencios, de precauciones, de mirar por las ventanas, y de tristeza por las noticias de personas fallecidas que conocíamos o teníamos lazos familiares o de amistad.

Lo peor ha pasado y hay que seguir adelante mirando al futuro, pero sacando lecciones de lo sucedido: somos vulnerables, a pesar de esas ínfulas de prepotencia que emanan de los poderes políticos y económicos. Fundamentalmente las personas jóvenes y de mediana edad, se han sentido invulnerables a esta plaga, mientras que los viejos hemos sido carne de cañón. Algunos hacen conjeturas de que esto ha podido ser una acción perversa de ingeniería social para disminuir la población del mundo. Los poderosos suelen ser malvados, pero me cuesta creer que puedan llegar a tanto.

Las fiestas de Tudela 2021 están ahí. Mis condolencias para los familiares de todos los que se han quedado por el camino. Mis mejores deseos para las tudelanas y tudelanos, para que vivan estas fechas con moderación y guardando las normas sanitarias que exijan las autoridades, y que todos volvamos a vivir, ya despreocupados, con alegría e ilusión, las fiestas de Santa Ana 2022.

Ángel Cornago Sánchez



jueves, 22 de julio de 2021

FIESTAS DE TUDELA. EL CHUPINAZO

 

Fiestas de Tudela

 

Las fiestas de Tudela también son un recuerdo que entra por el oído además de por la vista. El bullicio de la calle, el colorido blanco y rojo de las vestimentas, el desenfado espontáneo y ocurrente de mis paisanos, el sonido de las charangas, constituyen un espectáculo que contagia y arrastra a un estado de especial euforia. Es un ambiente de alegría desbordante que afecta a todos, desde los niños pequeños a las personas mayores. Pienso que es una catarsis colectiva sumamente sana, y que, junto con los actos de solidaridad en grupo, constituye una de las muestras más saludables de los humanos. Para mí todavía constituye un espectáculo salir a la calle en fiestas y observar la alegría desbordante de la gente; casi nunca me he marchado de las fiestas de mi pueblo, y la razón que aduzco, es que “¿donde lo voy a pasar mejor?”, aunque sólo esté de mero espectador.

El acto del chupinazo para inaugurar las fiestas constituye uno de esos momentos que me emocionan profundamente. La plaza se va llenando progresivamente, hasta estar hasta los topes unos minutos antes de las doce; los balcones engalanados con la bandera de Tudela, los pañuelos rojos en la mano, las vestimentas blancas, el ambiente festivo y expectante. Con las campanadas de las doce se produce el saludo del alcalde o del concejal de turno, con un desgarrado: “tudelanos, tudelanas,!viva Tudela¡,!viva Santa Ana¡”  seguido por los !vivas¡ de la muchedumbre, por el chupinazo y por una inmediata explosión de júbilo, griterío festivo y música. Ese momento me produce un escalofrío que recorre todo mi cuerpo y, a veces, confieso, que he tenido que esforzarme para no mostrar mi emoción. Cuando vivía fuera de Tudela, algún año he llegado unos minutos antes del chupinazo, he saludado a mis padres desde la calle y me he ido corriendo a la plaza para no perderme ese momento.

Ángel Cornago Sánchez

De mi libro "Arraigos, melindres y acedías". Eds. Trabe.

 

 

 

 

 

 

martes, 6 de julio de 2021

LA ERÓTICA DEL PODER, MÁS PODER

 

LA ERÓTICA DEL PODER, MÁS PODER

 

Algunos de los grandes poderosos económicos, grandes capitalistas del mundo, personas con nombres y apellidos, tienen tanto poder financiero que, ya más, no les motiva, pueden comprar casi todo, pero, ya no se sienten suficientemente omnipotentes, precisan buscar escalones superiores para experimentar otros registros que alimenten el concepto orgiástico de su supremacía.

Precisan dominar, manejar parcelas importantes de la vida de los ciudadanos. Les motiva influir sobre nuestra vida. Es un paso más allá en la erótica del poder. Buscan el manejo, sentir que pueden cambiar gobiernos, regímenes, costumbres, o instaurar su religión política particular disfrazada de lo que en cada momento les interesa.

Han percibido que pueden sentir todo su poderío dominando asociaciones, ideologías, otros grupos de poder económico, medios de comunicación, partidos políticos, incluso países y naciones. Los medios para conseguirlo no importan demasiado. Compran personas y grupos, simulando altruismos, ideas, y otras patrañas en sus manos. Es una omnipotencia especial que el dinero ya no les da. Compran a personajes siniestros, mediocres y con ellos a ideologías que maquillan de lo que les interesa.

Debemos ser conscientes de que estamos en “democracias manipuladas”. El poder no emerge del pueblo, como debería ser en una democracia no contaminada y que se precie, despende de estrategas sentados en sus despachos que nos alimentan con ideas, noticias, incluso espectáculos, que debemos consumir, para así manipularnos mejor, como los domadores en el circo con los leones. Incluso los partidos que defienden ideologías sociales progresistas son manejados por estos personajes disfrazados de progres.

El individualismo, la libertad está en serio peligro. Estamos siendo manipulados en costumbres, en consumos, en ideas.

La evolución en la vida de los ciudadanos en los últimos cincuenta años ha sido positiva. En los últimos lustros los partidos se fueron corrompiendo y la situación se ha ido degradando, con los medios de comunicación en manos de grupos interesados en ideologizar. La libertad y la libertad de pensamiento están en serio peligro.

Consuela que, algo tienen en común con todos nosotros estos poderosos y sus secuaces, que, a pesar de todo su poderío, un día también morirán, no podrán comprar su vida, si así fuera, solo moriríamos los ciudadanos de a pie.

 ¡Es un consuelo! Pero no suficiente. Debemos despertar.

 

Ángel Cornago Sánchez

Derechos reservados.

 

                                



 

lunes, 7 de junio de 2021

EL TARAZONICA (apunte costumbrista)

 

El tarazonica (apunte costumbrista)

 

El “tarazonica” era un tren entrañable, cotidiano, que formaba parte importante de la vida de la ciudad y de todos los pueblos situados en la cuenca del río Queiles. Fue el vehículo de los primeros viajes fuera de nuestro entorno de la mayoría de los habitantes de la zona y, sobre todo para mí, que prácticamente desde que nací iba con frecuencia a Los Fayos donde vivían mis abuelos y lugar de nacimiento de mi padre.

Era un tren sin aspiraciones, de trayecto corto; nacía en Tudela y moría en Tarazona, en total unos veintidós kilómetros que tardaba en hacer unas dos horas. Marchaba despacio, sin prisa; las horas de salida, de paso por las estaciones y las de llegada, siempre eran aproximadas y, en ningún caso, condicionaba las prisas del maquinista, del fogonero, ni del jefe de estación; todos ellos en las paradas charlaban un rato mientras los mozos de estación cargaban y descargaban mercancías de los vagones.

La máquina era de vapor, y los vagones de madera con bancos también de listones del mismo material, distribuidos transversalmente dándose la espalda con un pasillo en el centro. Las ventanillas se podían abrir hasta la mitad; a mí me gustaba siempre asomarme durante el viaje, aunque había que tener buen cuidado de no mirar hacia la máquina, pues en la marcha despedía briznas de carbonilla que se metían en los ojos. Yo no lo recuerdo, pero dicen que era tan lento que los pasajeros se bajaban a por uva a las viñas y volvían a coger el tren en marcha; de hecho era, y es todavía costumbre decir, “eres más lento que el tarazonica“, en memoria de aquel inolvidable tren que fue el primer contacto con el progreso de muchos tudelanos.

Los viajes que entonces hacía a Los Fayos ocupaban toda una mañana; había que madrugar y estar por lo menos media hora antes de la salida en la estación, (eran cosas de mi padre) para tener tiempo de coger el billete, que no era tal billete, sino un pequeño trozo de cartón rectangular duro, en el que en la misma taquilla habían impreso el trayecto; tenía un orificio en el centro y el revisor daba constancia de su trabajo perforándolo con un “crac” característico hecho con una pequeña tenacilla que llevaba en la mano. En los vagones los pasajeros iban con toda clase de equipajes: entonces era frecuente viajar con conejos y gallinas vivos, pues eran los presentes que los que vivían en  los pueblos llevaban a sus parientes de la ciudad, así que no era raro ir sentado y llevar al lado o debajo del asiento, un pollo o un conejo atado por las patas, y a veces metido en una cesta en la que habían cosido un saco para taparla y que los bichos pudieran respirar. Otros animales que servían para presentes o para el mercado y que solían llevar los viajeros eran, pichones, corderos, algún cerdito pequeño, e incluso alguna cabra. Las mujeres de los pueblos la mayoría vestidas de negro con pañuelo del mismo color en la cabeza, los hombres vestidos con traje de pana negra, con chaleco, camisa blanca o de rayas, con tirilla, a veces faja negra y alpargatas blancas o negras; todos cubrían la cabeza con boina que se solían ajustar en el cogote. Era la indumentaria de día de fiesta, la de día de trabajo era parecida pero mucho más usada, y los calcetines y las alpargatas en los hombres eran sustituidas por los piales y las abarcas.

En el tren iban con frecuencia una pareja de la guardia civil, que con el tren en marcha pasaba por los vagones de pasajeros mirando y remirando a todos, no sé si en busca de alguien, o impregnando todo de su autoridad. En aquel tiempo la guardia civil imponía un respeto rayano en el miedo; vivíamos en un estado policial donde además de los delitos comunes, estaban perseguidos los discrepantes políticos. Aunque niños, en aquel momento en que pasaba la pareja de civiles, como se les solía llamar, con su tricornio, sus grandes capas y el mosquetón, todo el mundo guardaba silencio influidos por su presencia, y el ambiente no volvía a recuperarse hasta minutos después de haber desaparecido del vagón y, sobre todo, si se les veía que se apeaban en alguna de las estaciones del trayecto. Ellos eran conscientes de su poder y, en general, se comportaban con chulería y prepotencia. Siempre ha sido y sigue siendo igual: a un imbécil con algo de poder se le agudiza su condición de imbécil y se muestra con prepotencia y bravuconearía; les suele suceder a mucha gente con uniforme, o con poder político, también en la actualidad.

Ángel Cornago Sánchez

Fotografía N. Salinas 

viernes, 21 de mayo de 2021

IDEALES Y PODER

 

IDEALES  Y PODER

La mayoría creemos en ideales, pero discrepamos en la forma de llevarlos a cabo, de liderarlos, incluso en matices. La competencia es la regla. Pero además somos envidiosos, egoístas, avariciosos, con ansia de poder, de dominio. En general, -aunque no siempre-, los que se acercan al poder son los más egoístas; también hay idealistas, pero suelen durar poco en la competencia porque no suelen soportar el navajeo habitual.

La mayoría acuden con intención de dominio y protagonismo. Utilizan los ideales como consigna, sin creer realmente en ellos ni tenerlos asumidos, aunque a veces, ni ellos mismos lo saben y los disfrazan de bien para la mayoría; algunos, incluso se sienten redentores; suelen ser los más despiadados y algunos llegan a defender la violencia; la historia ha mostrado y presenta suficientes ejemplos.

En muchos casos, el poder y los podercitos, están copados por personas incapaces, con pocos escrúpulos, que se valen de que la mayoría de los ciudadanos no estamos dispuestos a movernos en esas aguas turbulentas y contaminadas, no por incapacidad, sino porque no aceptamos el regate en corto, la mentira sistemática, decir y propalar slogans con el único fin de utilizarlos para sus fines de poder.

  En muchos momentos, y en muchos lugares, han dominado las personas más despiadadas y egoístas. La democracia es un sistema justo, pero enseguida es contaminada por tiburones para utilizarla en su provecho. Se apoderan de medios de comunicación y corrompen con planteamientos fraudulentos a personajes fácilmente manejables para ocupar los puestos. Para lo cual utilizan “mindundis”, personas de bajo nivel intelectual y moral, pero cegadas por el medro.

Hay mujeres y hombres con ideales que pueden ser utilizados circunstancialmente, pero, si no se dejan manejar, los descalifican y los apartan de la manera que sea, a veces incluso violenta.

Lo mejor de la sociedad son sus ciudadanos de a pie, la mayoría silenciosa, muchos de los cuales somos conscientes del juego, y, otros, se dejan engañar por las técnicas de marketing de los poderosos.

En las dictaduras es fácil identificar el objetivo a derrocar. En las democracias manipuladas es mucho más difícil. Todas lo están en más o menos medida. La nuestra es el prototipo de democracia muy manipulada, basada en gestos, estrategias de comunicación, intentos de copar todos los órganos de poder, medios de comunicación a su servicio, etc. El momento es grave

Ángel Cornago Sánchez

Fotografía propia.


 

 

 

jueves, 29 de abril de 2021

LA GENERACIÓN DEL CAMBIO

 

LA GENERACIÓN DEL CAMBIO

 

Mi generación, los que nacimos en la postguerra inmediata, vivimos no pocos años con carencias de todo tipo, con aleccionamientos religiosos y políticos fundamentalistas, con sistemas educativos represivos, pero llegamos a la juventud henchidos de ideales, para cambiar la sociedad a un sistema democrático, con justicia social, en que todos estuviéramos involucrados. En eso nos implicamos muchos de mi generación, cada cual en su ámbito con más o menos arrojo, aunque, no pocos de los que luego se subieron al carro del progresismo, vivían la situación con indiferencia.

Idealizamos la meta en la que nos habíamos comprometido. Con cierta ingenuidad creímos que iban a subir a la palestra líderes carismáticos, idealistas y honrados. Llegada la democracia aparecieron personas que habían aportado su trabajo y compromiso en aquel momento; muchos, dispuestos a recibir el “premio” que creían haberse merecido, no pocos de los cuales no volvieron nunca a trabajar aupados en puestos políticos de comunidades, ayuntamientos, etc. También muchos oportunistas, que habían estado agazapados en los momentos duros y, cuando no hubo peligro, asaltaron el poder con lustre de progresismo recién estrenado, en general como finalidad personal.

Hubo otros, que habían trabajado con compromiso contra la dictadura que, al llegar la democracia no soportaron el navajeo y los codazos en post del poder y, ante el cariz que tomaban los acontecimientos, con consecuencia, dejaron la actividad política y volvieron a sus puestos de trabajo; personas honradas e idealistas.

 Como consecuencia, no pocas personas oportunistas y astutas asaltaron ámbitos de poder; no pocos, sin formación, con poca, o con títulos conseguidos de muy dudosa manera, pero con mucha ambición, hicieron de la actividad política su medio de vida; pero una vida de privilegio y bien pagada. Ya no defendieron ideales, sino su estatus, siendo manada y estómagos agradecidos. Conociendo el percal, no es raro que hoy estén callados ante la deriva de sus ideales de entonces, unos por no poner en peligro su posición y, otros, además, porque tienen mucho que callar. Algunos, a los que todavía les queda la llama de entonces, se pronuncian con consecuencia.

Ángel Cornago Sánchez

Fotografía propia

Derechos reservados.

domingo, 11 de abril de 2021

EL PODER Y LOS ATAJOS

 EL PODER POLITICO Y LOS ATAJOS

 

 
El poder cambia al ser humano. No sé qué autor dijo que, para saber cómo es realmente una persona, hay que analizarla “ostentando poder”.

Es sabido que el poder se persigue y, es muy difícil, yo diría que imposible, que alguien llegue a tener cotas de poder importante y no las haya buscado de una u otra manera. Es lícito, siempre que el fin no sea el provecho material propio, sino los objetivos para los que ha sido creado ese poder y, siempre que, para conseguirlo, se respeten las normas éticas y democráticas correspondientes.

Quien opte y busque poder político, debe tener asumido que el poder sobre los ciudadanos es, fundamentalmente, una “función de servicio”, para buscar el mayor bien para todos, no solo para la mayoría. Debe tener un fuerte componente idealista. Ese mayor bien, en democracia, es el que los gobernados han decidido democráticamente y sin manipulaciones.

En las dictaduras ese bien lo decide el dictador y su grupo que, en una actitud de omnipotencia, se sienten “salvadores” y consideran que deben aplicar sus postulados a toda la población, por supuesto, estando ellos en la cúpula privilegiada y reprimiendo con métodos a veces violentos a quien discrepa. Son los dictadores de derechas y de izquierdas que, en un ejercicio de engañosa y patológica sublimación, se permiten todo, desde mentiras, manipulación, coacción, violencia, incluso el asesinato, con la excusa de que lo hacen por un bien supremo de sus gobernados. Ellos se colocan en la cúspide con su pequeño círculo de opresores que, a su vez, en sistema piramidal descendente crean una red clientelar para tener a la sociedad espiada y controlada.

También, hay partidos políticos en democracias que se creen ungidos de razón, de ética, de supremacía moral y, sintiéndose salvadores, se escudan para su praxis en el axioma de Maquiavelo: el fin justifica los medios. Fundándose en él, pasan por encima de principios, comenten injusticias, incluso llega un momento que caen en la “miseria moral”, en el “todo vale” para conseguir sus fines. Algunos van más allá y en una deriva de descomposición moral, recurren al engaño y a la manipulación grosera. Incluso grupos, apoyándose en psicópatas, han justificado y justifican la violencia. Intentan infiltrarse en sociedades democráticas de forma engañosa, pervirtiendo el lenguaje y las apariencias, incluso llamando a su sistema dictatorial, “democracia”, comprando medios de comunicación, y basando su discurso en estrategias de comunicación para engañar, literalmente, a los ciudadanos.

Estos movimientos aparecen a veces en sociedades explotadas por sistemas capitalistas salvajes, que son caldo de cultivo para caer en manos de dictadores, que vuelven a someterlos de manera distinta.

La democracia parlamentaria es el sistema más justo, con todos sus defectos y, por supuesto, con sus órganos de control independientes. Debe ser trasparente, con igualdad de oportunidades, con estímulo al mérito y a la iniciativa y con un importante componente social; no se puede dejar a nadie por el camino.

Los poderosos y aspirantes a tales sin principios, son el cáncer de las sociedades libres. El otro cáncer son los corruptos, los explotadores, los que utilizan la política para su propio beneficio.

Los ciudadanos somos los sufridores en manos de unos y de otros. No lo debemos permitir.

Ángel Cornago Sánchez. Derechos reservados

 Fotografía propia. Castillo de Calatrava la vieja

 


viernes, 26 de marzo de 2021

MUERTE DIGNA. Acercamiento al tema

 

MUERTE DIGNA

(Acercamiento al tema)

Estamos asistiendo en España, a una perversión interesada de conceptos en torno a la llamada “muerte digna”, creando confusión y etiquetando como tal a la eutanasia y el suicidio asistido, como si fuera la única forma digna de morir. Entra dentro de la estrategia perfectamente orquestada, diseñada e interesada, para conseguir réditos políticos, presentándose los gobernantes actuales y los partidos que la promueven, como redentores de una sociedad hasta ahora, al parecer, condenada a morir de mala manera. Es una utilización obscena en un momento de pandemia donde muchas personas han fallecido sin el mínimo calor de sus allegados y, probablemente, con los síntomas controlados por el buen hacer de los sanitarios, pero sin el calor humano de su familia; es decir, técnicamente bien atendidos, pero sin esos otros aspectos que hacen el morir más humano, más fácil y más en paz.

            Muchos políticos votaron en el congreso, mera comparsa, siguiendo las órdenes de sus partidos, sin estar informados de cómo es la asistencia y ha sido estos últimos años en el proceso de morir.

            Adelanto que estoy a favor de la eutanasia y el suicidio asistido, siempre que se hayan cumplido una serie de asistencias previas, alguna de las cuales, en nuestro medio, no están garantizadas.

            “Muerte digna”, es morir con los síntomas controlados, rodeado de nuestros seres queridos, en un ambiente de intimidad, y con las necesidades espirituales cubiertas, el que las precise.

            Premisa importante: la asistencia sanitaria, como institución, debe utilizar el mismo entusiasmo que para curar, en procurar a los ciudadanos una muerte con el mínimo sufrimiento posible. Es una asistencia que vamos a precisar todos, excepto los que fallezcan de muerte repentina. Debemos tener claro que no es una asistencia menor. El objetivo en todas las actuaciones, debe ser mejorar la calidad de vida el tiempo que reste, y la calidad de muerte.

            En la secuencia de actuaciones ante un paciente terminal, lo primero, una vez que está fidedignamente claro que no hay posibilidades ni de curación, ni de mantenimiento, es no alargar la vida con exploraciones y tratamientos que lo único que van a conseguir es más sufrimiento.

            Se está utilizando desde hace años la “sedación paliativa”, que consiste en poner medicaciones, analgésicos y sedantes, a las dosis necesarias para controlar los síntomas físicos y psicológicos, incluso aunque se pueda acortar la vida, aunque no como finalidad. También se utiliza la “sedación terminal”, en la fase final si los síntomas son refractarios o de difícil control, informando siempre al paciente. Ambas son actuaciones que se están haciendo en la “buena práctica clínica”, cuando la muerta está muy próxima.

             Otro aspecto a conocer, es que por el “principio de autonomía” tenemos derecho a negarnos a cualquier tratamiento, aunque esté indicado y pueda alargarnos, incluso salvarnos la vida. Los sanitarios deberán obedecer lo indicado por el paciente. Deberán asegurarse de que es competente para tomar una decisión que lo va a llevar a la muerte, y deberán centrarse solo en aliviarle.         El “Documento de Voluntades anticipadas” es una prolongación del principio de autonomía. Desde el año 2002, existe la posibilidad legal, de dejar constancia por escrito de cómo queremos ser tratados si no tenemos capacidad para decidir, por ejemplo, por padecer una demencia. En él se puede dejar escrito que no se pongan tratamientos, aunque puedan salvarle la vida. Los sanitarios deberán obedecer.

            La mayoría de los médicos internistas, están capacitados para enfrentarse con eficacia a las situaciones que se presentan al final de la vida. Hay un número de pacientes con sufrimientos físicos y psicológicos que por síntomas de difícil control o refractarios, precisan de tratamientos más especializados y multidisciplinares. Es el que se da en las Unidades de Cuidados Paliativos, con equipos preparados (médicos, ATS, psicólogos, asistentes sociales, etc.), especialistas en estos tratamientos, en “cuyas manos”, la fase final es mucho más eficaz y llevadera.

            El mayor problema se presenta en pacientes en que no se prevé la muerte próxima. Por ejemplo, neoplasias de evolución lenta, enfermedades crónicas invalidantes o que producen mucho sufrimiento, tetraplejias, ELAs, problemas psicológicos severos, etc. Un reducido número de ellos pueden pedir que les provoquen la muerte mediante la eutanasia o el suicidio asistido. Como requisito indispensable considero que la asistencia sanitaria debe dar, previamente, la posibilidad de ser tratados en Unidades de Paliativos, que han demostrado su eficacia. Si a pesar de todo es una petición que cumple todos los criterios de rigor, repetición, valoración por especialistas, paliativos, etc., y cumple las condiciones legales, la eutanasia o el suicidio asistido, puede ser una salida a su situación.

            Insisto en que “muerte digna” es todo lo que se viene haciendo desde hace años, aunque hay un tanto por ciento pequeño, resistentes a los tratamientos al final de la vida. Antes, o al menos al mismo tiempo, se deberían haber propuesto la creación de muchas más Unidades de Cuidados Paliativos; somos el último país de Europa en estas unidades para tratamiento de pacientes terminales, y que han demostrado ampliamente su eficacia.

            Considero miserable utilizar esta ley como arma política. También creo que debería haber habido debate social para conocer mejor el alcance y los conceptos; los ciudadanos nos lo merecemos. En la concepción deberían haber estado representados expertos en el tema, que los tenemos y muy buenos (no solo los que comulgan con determinados credos políticos). Muerte digna es mucho de lo que se estaba haciendo; la eutanasia y el suicidio asistido es un paso más para un número limitado de pacientes que, considero, tienen derecho a decidir sobre su vida, agotados todos los pasos referidos.


Ángel Cornago Sánchez. Derechos reservados.

Médico. Master en Bioética por la Universidad de Comillas.

Autor, entre otros libros de: “El paciente terminal y sus vivencias”.

Fotografía propia.

jueves, 18 de marzo de 2021

ORTEGUITA. Mi recuerdo entrañable a un torero frustrado que vivió en Tudela

 

Orteguita

Como recuerdo visual, guardo la imagen de algunos personajes que llamaron      especialmente mi atención en aquellos años de niño. Uno de ellos fue Orteguita.

Orteguita era un hombre ya entonces entrado en años, delgado, menudo, habitualmente mal afeitado; se dedicaba al oficio de limpiabotas y vivía en casa de Julián Marín el torero, que ejercía de su protector. Al parecer, Orteguita, había nacido en Alicante y recaló en Tudela después de “tirarse” como espontáneo en una corrida en el año de la inauguración de la plaza, en la que toreaba Domingo Ortega.

Al parecer, había sido o había intentado ser torero y, ese intento frustrado, impregnaba todavía toda su vida: su forma de andar era orgullosa, estirada, con los talones levantados como el que sale de una suerte después de rematarla; su figura tenía cierto empaque, cierto señorío, inclinado siempre hacia un lado, creo que al derecho, como si estuviera dando un eterno derechazo, o como si de tanto imaginarlos no pudiera ya vivir de otra manera; creo haberlo visto con frecuencia con las zapatillas y las medias de torear, zarrapastroso y mísero, pero de porte orgulloso y distinguido. Los niños, crueles a veces, de lejos le espetábamos: “Oteguita matacabras”; era la mayor ofensa que le podíamos hacer; juraba, aceleraba el paso y se iba mascullando improperios. En ocasiones, no sé si espontáneamente o por los efluvios del alcohol, se marcaba unos pases a toros imaginarios jaleado por todos en unas faenas que, a mí, me parecían como a él que tenían mucho de arte y de verdad; los aplausos le hacían estirar aún más su figura y saludar al tendido con una sonrisa ausente, como reencontrándose con la gloria que tantas veces había imaginado.

Después, ya no supe que fue de él. El pintor tudelano Cesar Muñoz Sola en una obra maestra supo plasmar como nadie a este personaje.

Ángel Cornago Sánchez

De mi libro: “Arraigos, melindres y acedías”.

Magnífico cuadro pintado por Cesar Muñoz Sola, pintor tudelano.

 

 

 

martes, 9 de marzo de 2021

"VENTANITOS", persona popular en Tudela

 

Ventanitos, persona popular en Tudela en el siglo pasado

Un hombre peculiar de aquella época (los años cincuenta del siglo pasado), fue Ventanitos. Se llamaba Jesús pero todos le llamábamos “Ventanitos” y, habitualmente, añadíamos el calificativo de “colín”. Lo de “Ventanitos” se debía a unos “pedazos” de tela de color más intenso, generalmente azul, de forma cuadrada cosidos para arreglar el desgaste del pantalón a la altura de ambas nalgas y de las rodillas, que semejaban pequeños ventanos; y lo de “colín”, porque siempre buscaba el asentimiento de los adultos, y si estos eran guardias, concejales o el alcalde, mucho mejor. Su venia no era hacia el rico, sino hacia el que él consideraba autoridad de una forma muy primitiva. Tenía la inteligencia de un niño de cuatro o cinco años. Era alto, gordo, escurrido de culo, orondo de tripa, cabeza pequeña que calaba con una boina en el cogote.

Era un buen hombre, incapaz de crear problemas a nadie. Los niños, como siempre, le hacíamos diabluras, la más suave llamarle “colín”; él contestaba con su cara de luna llena y sus ojos inexpresivos, pero probablemente inundados de tristeza: “se lo diré a tu madre y a tu padre”, nos decía. A veces nos pasábamos e incluso hoy me cuesta trabajo entender las barbaridades de que éramos capaces.

Ventanitos trabajaba de barrendero en el ayuntamiento; los barrenderos entonces iban empujando unos carros de mano metálicos, con ruedas asimismo metálicas, que producían un ruido intenso al pasar. Cuando lo habían llenado de basura iban a descargar al camino del Cristo, situado en el extrarradio de Tudela, inmediatamente después de pasar la antigua fábrica de harinas, hoy sede de la policía municipal. Un día, estaba con mi amigo Julián en la herrería que regentaba su padre enfrente de la puerta de la Mejana, y andábamos enredando con una escopeta de perdigón tirándole a un blanco que habíamos puesto dentro de la herrería aprovechando que no estaba el Sr. Mariano; oímos el carro y la voz de Ventanitos y salimos con intención de tomarle el pelo, pero como llevábamos las escopetas en la mano, no se nos ocurrió cosa mejor que tirar al carro que en aquel momento empujaba el pobre hombre; los chasquidos de los perdigones contra la caja metálica fueron tremendos, de tal forma que hasta nosotros nos asustamos. Ventanitos salió corriendo dejando el carro en medio de la calle y no regresó hasta que el padre de Julián que llegó al poco, nos quitó las escopetas y nos echó, con razón, una buena reprimenda.

Otra jugarreta que me contaron que se le hizo alguna vez, cuando estaba despistado quitarle el pasador a una de las ruedas del carro; en aquellas calles la mayoría de adoquines, al reemprender la marcha, no tardaba en salirse de su eje y caía el carro con gran estruendo en medio del jolgorio de los crueles muchachos. No sólo los niños se aprovechaban de Ventanitos para su divertimento, algunas amas de casa que no habían bajado la basura al paso del carro municipal, bajaban con el pozal de desperdicios cuando pasaba y lo capuzaban en su carro de mano; no era raro que, a poco de comenzar la tarea, tuviera que ir a descargar hasta el camino de “El Cristo”.

Era un hombre sin agresividad, mejor dicho, era un niño con cuerpo de adulto; en nuestra comunidad jugó el papel que en todas les tocaba jugar, al tonto del pueblo, al lisiado, al desvalido; es como si todos, entonces, necesitáramos magnificar las carencias de unos para remarcar la propia valía o la teórica normalidad, que en realidad era vulgaridad y mala ralea...

Durante sus últimos años vivía con su madre en el Hospital Nuestra Sra. de Gracia;
el día que ella murió se asomó por la tapia de atrás de la huerta, no sé si desesperado o sin percatarse de lo que ocurría, para decirle a una vecina “Jesusa ya ha caído”. No sé que fue de él.

Mi recuerdo entrañable a un buen hombre.

Ángel Cornago Sánchez

De mi libro “Arraigos, melindres y acedías”

Fotografía: Goyo.

sábado, 6 de marzo de 2021

ESPAÑA, SIN COMPLEJOS

             
ESPAÑA, SIN COMPLEJOS

Es hora de que hablemos de España sin complejos.

Desde hace años, de forma machacona y con intención, se intenta relacionar la defensa de la identidad española, como país, como nación, y sus emblemas, con ideas totalitarias de derechas. A puro de repetirlo de forma reiterativa, ha llegado a calar en la población cierta vergüenza para expresar públicamente el amor a su país y a defender sus emblemas, por miedo a ser tachados o etiquetados de derechas, ultramontanos o fascistas.

Este proceder interesado, parte fundamentalmente, de partidos extremos de izquierdas, incluso totalitarios, cuya teoría y praxis donde sus ideologías gobiernan, sí que son totalitarias. Su intención es identificar a todos los que defienden los conceptos de España y sus emblemas, con la dictadura del siglo pasado, cuando la mayoría de los ciudadanos actuales no tienen nada que ver con aquella época, y muchos de los que la vivimos de jóvenes nos implicamos en la clandestinidad para derrocarla, superar aquella fase y llegar a la democracia que hoy gozamos. Con su táctica, persiguen que los ciudadanos no estemos cohesionados mediante emblemas nacionales para así poder manipularnos mejor.

Hay pocos países con una historia tan egregia como la nuestra en cuanto a relato, influencia en el mundo y personajes ilustres. Es uno de los países más importantes del mundo, además de hermoso, variado, rico en folklore, en tradiciones, diverso en paisajes, protagonista de grandes eventos históricos; también de sombras, pero como cualquier otro país del mundo. Además, es nuestro país, donde la mayoría hemos nacido y donde han nacido nuestros antepasados. En este momento histórico, a nosotros nos corresponde la responsabilidad de hacerlo mejor desde cualquier ideología, respetando el concepto de país, y sus enseñas.

Me considero compañero de viaje de aragoneses, castellanos, andaluces, extremeños, valencianos, gallegos, vascos, catalanes, etc., y de cada uno de los habitantes de los pueblos que componen España. Porque nadie, por el hecho de nacer en uno u otro lugar, es más que nadie. El pedigrí o la nobleza de sangre, de raza, no influye, porque no existe. Sí existe, nobleza y valía personal, o de grupos sociales e incluso sociedades y países que se regulan por principios de ética, libertad y justicia.

 Asociar el concepto de España al franquismo, al fascismo, es una “cantinela”, una burda utilización torticera que emana de los radicales de izquierda, utilizada machaconamente precisamente por estos grupos cuyos métodos y praxis, sí son fascistas. El franquismo fue una etapa oscura de nuestra historia hoy felizmente superada.

Hay que levantar la cabeza y mirar de frente a los ojos a los que tratan de tergiversar el nombre España. No debemos permitir que ningún grupo se apropie de sus insignias, ni que otros las identifiquen de forma interesada con ideologías totalitarias.

Entiendo que haya grupos que no se sientan españoles y defiendan la independencia de sus regiones. Estaría de acuerdo en la celebración de un referéndum, siempre que lo reclame una mayoría importante de sus habitantes, no manipulados y siempre con un tiempo de información y reflexión. A partir de ahí, deberán tener en cuenta que, si el resultado es positivo, una vez independizados, no deben estar representados en nuestros órganos de decisión. Y la relación, en todo caso, deberá ser igual que con cualquier otro país de Europa o del mundo, dependiendo de los intereses de ambos. En algunos casos, la cirugía no es un disparate si lo demanda una mayoría significativa. Es peor estar viviendo una desestabilización permanente, y cesiones de prerrogativas para acallarlos que solo genera odio y desigualdad entre las regiones.

En el fondo todo se debe a intereses personales y de grupo disfrazados de ideologías, incluso se encargan de utilizar a personas de perfiles bajos para el trabajo sucio.

Ángel Cornago Sánchez

Fotografía propia. En Los Fayos

 

 

viernes, 26 de febrero de 2021

EL MEDIO EN QUE VIVIMOS

 

EL MEDIO EN QUE VIVIMOS

Actualmente no nos adaptamos al medio, como hicieron nuestros congéneres durante muchos siglos, no porque fueran respetuosos, sino porque no disponían de sistemas ni conocimientos para poder transformarlo. Hoy, tendría justificación si lo transformáramos para “poder vivir”. Pero en los dos últimos siglos, lo que hemos hecho fundamentalmente, lo que hacen los poderes, es transformar el medio no para poder vivir, sino para explotarlo y sacar de él cuanto más beneficio mejor. Esa trasformación lo va destruyendo sin tener en cuenta sus consecuencias en los humanos, en el resto de los seres vivos y en las generaciones venideras.

Incluso, ese beneficio actual que persiguen no es para la mayoría, sino para unos pocos, para sus grupos de poder, que les va a permitir seguir teniendo dominio; es una actuación que se retroalimenta. Es perversa.

Lo más grave, a mi entender, de este proceder, es que va en la esencia del ser humano. No somos solidarios, somos seres que compiten, y no por lo necesario, que tendría lógica, sino por dominar. No todos los humanos, pero sí las castas dominantes.

¿Podemos ser de otra manera? Soy pesimista. Incluso grupos políticos que se revisten de progresía, predican comportamientos sociales éticos, teóricos valores, etc., pero en su praxis, detrás de su prédica ética e idealista, hay mentiras, comportamientos perversos justificando sus maldades por el teórico fin que persiguen; la historia es terca. Además, se sienten redentores y se comportan como las peores clases dirigentes manipulando todo.

Creo que la salvación está en la mayoría de los ciudadanos, siendo reflexivos y críticos con la información que recibimos de los distintos medios de comunicación, detrás de los cuales hay grupos de poder interesados en manipular la información para manejarnos. Potenciar los valores, no todo vale; los valores humanistas, el arte, la cultura, que son las facetas más evolucionadas que poseemos y hace ciudadanos más críticos, más capaces.

La democracia es el mejor de los sistemas, porque si sus mecanismos de vigilancia funcionan como deberían, aunque frecuentemente no es así, hay un continuo control que va corrigiendo y castigando los desajustes.

Para los ciudadanos concienciados, es más fácil luchar contra las dictaduras, pues es fácil identificar al enemigo y sus mecanismos, que contra democracias manipuladas revestidas de teóricos ideales.

Ángel Cornago Sánchez

Fotografía; Ángel Cornago. Bardenas reales.


 

martes, 16 de febrero de 2021

EL CONCEPTO DE DERECHAS E IZQUIERDAS ESTÁ OBSOLETO TAL COMO SE UTILIZA

EL CONCEPTO DE DERECHAS E IZQUIERDAS ESTÁ OBSOLETO TAL COMO SE UTILIZA 

 

Como ciudadano simpatizante, no quiero una izquierda que utilice el “todo vale” para acceder al poder. El todo vale en las formas que, aunque piensen que engañan a la ciudadanía repitiendo hasta la saciedad palabras como “democracia”, “progresista” para atribuirse dichas virtudes, y “derechas”, para agredir al adversario político dando por sentado que son fascistas, inmorales, explotadores, corruptos, arrogándose una supremacía moral que su ideología puede merecer, pero los que hoy la utilizan de forma torticera como si fuera una piedra que lanzan al adversario, no la merecen.

Los ciudadanos de hoy estamos informados, somos reflexivos y sabemos cuándo nos pretenden dar gato por libre. Queremos políticos capaces y honrados, y sistemas para desbancarlos cuando se corrompan o sean incapaces. La democracia es el mandato del pueblo, pero de un pueblo libre, no manipulado por los diversos poderes y los medios de comunicación manejados por ellos.

Ni la izquierda es siempre honrada en sus planteamientos, en la forma de explicarlos a los ciudadanos, incluso ni en su forma de gobernar y financiarse; hay ejemplos suficientes. Ni la derecha es siempre fascista; puede haber grupos o partidos que defiendan dichos métodos, pero son una minoría. La derecha desde la transición se ha ido moderando y, aunque no se esté de acuerdo con sus planteamientos, es una derecha civilizada y merece respeto, aunque también ha aprovechado el poder para corromperse. Sin embargo, la izquierda no ha cambiado un ápice en sus modos, en estos últimos años se ha radicalizado, hasta el punto que defienden escraches, pactan con la marca blanca de los terroristas, y son capaces de llamar fascistas a todos los que no piensen como ellos. Es un burdo engaño que a puro de repetirlo se ha normalizado, y forma parte de personas sin sentido crítico y sin otra manera de informarse. Incluso la propia derecha se siente acomplejada por esa supuesta supremacía moral que sin ningún pudor exhiben los radicales, cuando también tienen mucho que ocultar. Son mecanismos psicológicos perfectamente estudiados.

Es preciso una recapitulación y poner en orden estos conceptos en la cabeza de los ciudadanos y de los propios políticos.  En definitiva, lo que precisamos es que las personas que entren en política sean capaces, capaces y honradas e imbuidas por un muy acentuado sentido de justica social. Mujeres y hombres capaces y justos serán capaces de hacer la política más adecuada en cada momento para los fines que se persiguen; negociarán, pactarán, porque el fin no será sentarse en la poltrona, ni defender su religión política particular, sino servir a la ciudadanía. El poder debe ser servicio. Los conceptos de derecha, izquierdas están contaminados en el momento actual, y no vale con el calificativo, es preciso el contenido, y los métodos para conseguir sus fines. Detrás de las siglas de los partidos se esconden verdaderos tahúres.

Ángel Cornago Sánchez

Fotografía: Boca del infierno. Cerca de Cascais. Fotografía propia.

 

 

 

viernes, 5 de febrero de 2021

EL SUELDO DE ALGUNOS DEPORTISTAS


 

EL SUELDO DE ALGUNOS DEPORTISTAS

 

Recientemente, ha salido a la luz el contrato de Messi, excelente jugador del futbol club Barcelona, tal vez el mejor del mundo. La noticia es el desorbitado sueldo que cobra. Este dato sirve para suponer, -aunque estén lejos de Messi-, lo que cobran muchos deportistas y otras profesiones que aportan a la sociedad poco más que entretenimiento.

No tengo nada contra Messi, me parece un excelente jugador, y como persona me parece prudente; me merece respeto e incluso me inspira simpatía su forma de ser discreta. Por derivación, me refiero a todos los jugadores de élite y a otras profesiones florero para la sociedad, entendiendo por tales las que solo aportan entretenimiento, en todo caso necesario, pero retribuido de forma mucho más racional. Ellos no son los principales culpables de la situación. Es el sistema el que falla.

 Aportan a la sociedad solo entretenimiento. No me extraña que estos contratos se mantengan en secreto, porque resulta obsceno ante la situación de muchas otras personas que, trabajando duramente y llevando una vida de sacrificio, apenas pueden llegar a final de mes, siendo, además, muy necesarios para la sociedad; suponen parte importante para el desarrollo de un país, junto con investigadores, profesores, y otras profesiones, que cobran sueldos modestos en general.

El deporte, fundamentalmente el futbol, se ha convertido en el opio del pueblo, el circo de los romanos que, junto con las televisiones frívolas, nos tienen anestesiados. Esta diversión está potenciada por otros poderes económicos que manejan televisiones, casas de apuestas, incluso a poderes políticos. A base de potenciar el juego y la diversión obtienen pingües beneficios, beneficios que no salen del aire, salen de los de siempre, de los ciudadanos, por medio de los anuncios, las apuestas, las camisetas, en definitiva, de poner valor a cosas que objetivamente no lo tienen. Otro beneficio es el manejo. A los “poderes” no les interesa que seamos personas informadas y reflexivas; eso lo consiguen magnificando el deporte de masas y los programas frívolos en la tele, que a su vez hacen manipulación informativa.

Vivimos en una sociedad tremendamente injusta, que nos tiene subyugados y manipulados por grandes poderes económicos en la sombra con objetivos concretos, y estos habilidosos del balón y otros deportes, son magnificados y utilizados por los medios de comunicación para crear en torno a ellos y sus habilidades, una aureola como si se tratara de héroes nacionales e incluso internacionales, cuando, repito, solo aportan entretenimiento. Si lo pensamos seriamente, parece hasta ridículo, pero es sangrante.

 

Ángel Cornago Sánchez. Derechos reservados. Fotografía: as.com

 

 

martes, 2 de febrero de 2021

NADA HAY PURO COMO LA NIEVE (Texto breve de introspección personal)

 

NADA HAY PURO COMO LA NIEVE 

No me gusta el mar cuando me abraza, cuando formo parte de su paisaje, ya sea nadando, en una barquichuela, o aunque sea en un gran trasatlántico. Creo que en mis anteriores reencarnaciones y en la cadena de la evolución, nunca fui pez; tal vez pájaro, aunque también siento vértigo en los pisos altos y, en los aviones, me agarro a los asientos en una actitud irracional e idiota.

Seguramente antes fui gusano. Me gustan los espacios reducidos, con muchos pies en el suelo, incluso con las manos. Me siento cobijado y absorto por sensaciones sublimes de felicidad cuando estoy en una de esas pequeñas casetas en el monte en medio de una tormenta. En esos momentos entiendo mi pequeñez, y también mi grandeza íntima, similar a la de los otros humanos que bucean en su mundo interior.

Me gusta el calor, aunque sea intenso; me siento reforzado en energía. El frío helador me produce desolación, pero también impulsa mi fortaleza. El viento huracanado, expectación indolente. Con la lluvia persistente siento cierta tristeza sin visos de futuro. La nieve me inspira pureza, pero una pureza que no comprendo, porque no existe, aunque me gusta contemplarla ensimismado.

Los grandes espacios me apartan de mi mundo. Los espacios reducidos, por arcaicos y humildes que sean, me producen regusto en mi individualidad, aunque fuera el mundo se derrumbe. El fuego, una llama encendida en el suelo o en un hogar, además de calor, me provoca bienestar y sensación de íntima seguridad.

En el lujo me siento intruso, incómodo y zarrapastroso, aunque tampoco soporto a los que por su clase social o por sus puestos de relumbrón me miran por encima del hombro, algo que sufrí con frecuencia cuando era niño. Hay mucho imbécil de cuna, y, muchos, entre los que renuncian a sus orígenes. Me siento cómodo en la clase social en la que nací, con mi gente de siempre.

No sé nadar, ni volar, tampoco levitar. Prefiero pasar desapercibido cuando no tengo nada importante que decir. A veces siento el impulso, el deber de hablar y, tal vez con compulsión hiero en el tono y digo lo que pienso como un imperativo e ineludible deber. A veces me traiciono y me callo y, luego, me siento mal o me pongo excusas en las que no creo.

Me hastían los voceros de turno de tal o cual partido político, faltándonos al respeto; nos tratan como a ineptos lanzándonos consignas, frases, palabras, slogans, como si fueran marcas de detergentes, para que compremos su producto, en vez de explicarnos clara, seria y honradamente, sus ideas y proyectos. Sus puestas en escena, sus gestos, sus poses, ofenden a la inteligencia.

 Hay muchos imbéciles aupados a los púlpitos de poder y de podercitos, que se sienten ungidos y con derecho a impartir magisterio sobre los más diversos temas, aunque sean frívolos e incluso analfabetos funcionales. Su mérito: estar en “la pomada”, “el destino”, o más bien su “baboseo” con los diversos mandamases.

Todavía me parece más grave y despreciable, la actitud de los intelectuales vendidos, domesticados, o los que con la habilidad del camaleón se adaptan a todas las circunstancias de los poderes de turno por muy divergentes que sean, para seguir parasitando en post de sus intereses. En ocasiones, además de mediocres, son miserables.

Por eso, como he dicho, no sé nadar, volar, ni levitar; intento, aunque no siempre lo he conseguido, andar por el suelo, por la tierra, descalzo para percibir sus latidos, y marchar siempre recto para jalonar mi vida de cordura y honradez, aunque, es difícil, porque nada hay puro como la nieve.

Ángel Cornago Sánchez

 

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