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viernes, 21 de junio de 2019

SUPREMACÍA MORAL. PATENTE DE CORSO


SUPREMACÍA MORAL. PATENTE DE CORSO

Hay grupos, partidos, personas, que se atribuyen supremacía moral sobre los demás, por definición, sin habérsela ganado. Algunos se fundan en un marco teóricamente justo, pero irrealizable, que no respetan en su praxis, ni en su régimen interno. Se consideran idealistas, con una supremacía moral muy por encima de los demás, lo cual les permite basándose en “el fin justifica los medios”, faltar a la verdad en sus alocuciones, en su proceder, incluso a veces realizar las mayores tropelías. Suelen ser partidos, personas, extremistas de izquierdas o de derechas, nacionalistas radicales. En el fondo se sienten “elegidos” y no hacen autocrítica porque todas sus mentiras, manejos inmorales, son para conseguir teóricamente un bien supremo para la sociedad. Se sienten “salvadores”. Es también la filosofía del fascismo.
Suelen confundir el fin, que debe ser el bien de los ciudadanos, con el objetivo, que no es otro que llegar al poder y sentarse en la poltrona para “salvarnos”. En general, están muy lejos de tener asumido, que su misión como la de cualquiera que pretenda influir en la vida pública, es de servicio, pero respetando la opinión y los derechos de los ciudadanos. No vale el principio de mayor utilidad personal o de partido.
Suelen difundir mensajes estereotipados, apoyándose en conceptos y palabras que nadie discute porque se han ganado el calificativo de moralmente irreprochables. Así, es muy frecuente que, en sus alocuciones diarias para el consumo, delante de una cámara, de un micrófono, empleen, repitan hasta la saciedad las palabras: progresistas, democrático, democracia, diálogo, justicia, bien de los ciudadanos. Después, sus actos se rigen por el principio de mayor utilidad para sus fines.
Tampoco son conscientes de que los ciudadanos somos mucho menos ignorantes de lo que ellos suponen, y que no nos tragamos, a pesar de sus maquilladas puestas en escena, los señuelos que tratan que asumamos.
Algunos dan por hecho, lo llevan en su ADN, que están en posesión de esa supremacía moral que les otorga patente de corso. Esos personajes son muy peligrosos, porque pueden justificar, las mayores tropelías. 
Ángel Cornago Sánchez
Reservados derechos

lunes, 20 de mayo de 2019

NO CUALQUIERA TIEMPO PASADO FUE MEJOR


¿CUALQUIER TIEMPO PASADO FUE MEJOR?

Los que ya tenemos años, tendemos a la nostalgia y solemos identificar nuestra juventud con una sociedad también mejor.
Hay factores que, sin duda, nos inducen a pensarlo. Entonces éramos jóvenes, habíamos vivido menos, pecábamos de inocentes, ingenuos, no habíamos descubierto muchas de las miserias propias del ser humano en toda su crudeza. Vivíamos todavía en el rescoldo del seno familiar. Los entornos eran más limitados por la propia estructura de la sociedad. Todo lo cual, nos hace ver esa ápoca como más humana, y tal vez lo era, pero en muchos aspectos su supremacía puede ser un espejismo en la distancia del tiempo; también había rencores, odios, violencia, etc. No había drogas, pero existía el alcohol como droga dominante.
Hoy, la sociedad es más justa. La sanidad está universalizada en nuestro país. Los servicios sociales están más extendidos, aunque hay personas que pasan hambre. La educación, la cultura, están universalizadas, o al menos más al alcance de la mayoría. Podemos viajar más fácilmente. Los derechos están más reconocidos; el seguro en las bajas por enfermedad, en la jubilación. Por citar algo de lo más importante
Por supuesto, el mundo sigue dominado por grandes poderes económicos y políticos que persiguen su propio beneficio; por líderes carismáticos que hacen lo propio. Ellos son los responsables de que en esta evolución positiva haya traspiés que ocasionen recesiones, sufrimiento e incluso guerras. Pero siempre emerge la esperanza con hombres y mujeres buenos que dan lo mejor de ellos para seguir adelante. En todas las épocas aparecen oportunistas disfrazados de ideales, de salvadores, que en muchos casos destrozan lo logrado. También los conformistas que son una rémora insulsa e irresponsable.
Pero haciendo cómputo, el mundo ha ido a mejor, gracias a personas con ideales, que han investigado, han luchado, han intentado hacer una sociedad más justa. Son a los que debemos los avances. Entre ellos hay intelectuales, pensadores, artistas, científicos, políticos con ideales, millones de trabajadores que intentan hacer su trabajo lo mejor posible cada día. A todos ellos se debe que la sociedad sea cada vez mejor.
Hay más factores, pero solo por esto, podemos asegurar, que no cualquiera tiempo pasado fue mejor. Debemos desterrar las nostalgias del pasado y mirar hacia el futuro. Es nuestra responsabilidad construir un escalón más alto de justicia, humanismo y bienestar donde se alojen las generaciones venideras.

Ángel Cornago Sánchez

«Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor

Jorge Manrique. “Coplas a la muerte de su padre”


tiempo pasado fue mejor

viernes, 10 de febrero de 2017

COLOR DE PIEL

COLOR DE PIEL


La piel es el envoltorio, la cubierta del ser humano. No es un órgano inerte, sino que tiene sus funciones, independientes de su color. Además, todos tenemos los mismos órganos y el mismo código genético. En consecuencia, no hay justificación para una valoración diferente. Es un derecho inalienable, la no discriminación, el respeto a la dignidad que todos tenemos por el hecho de ser personas.
Es pues, una aberración conceptual, aunque frecuente, discriminar negativa o positivamente a personas o a grupos de población, por el color de su piel, raza, sexo, condición sexual, lugar de nacimiento, costumbres, cultura, nacionalidad, etc.
Lo que diferencia a cada ser humano individualmente, son sus valores: esa carga que hemos ido acumulando y que nos permite resolver nuestra vida, la interacción con los otros, con el medio ambiente, nuestros códigos éticos, etc. que, en este caso, serán individuales en cada cual. Somos seres singulares, aunque podemos coincidir en parte con otros.
Por esta singularidad, sí se nos puede valorar individualmente fuera del ámbito privado, y de hecho se nos valora y valoramos; nos gustan las opiniones, el comportamiento, la profesionalidad, etc. de determinadas personas, mientras no nos gustan los de otras. En esto no todos somos iguales, y dicha valoración en determinados aspectos nos la tenemos que ganar para bien y para mal. Todas las personas somos respetables, pero la valoración de nuestras opiniones, de nuestros actos, en el ámbito público, pueden ser objeto de ser valoradas por los demás.
Por eso, discriminar a una persona por su color de piel, raza, cultura, costumbres, lugar de nacimiento, condición sexual, etc., es irracional, inmoral y reprobable.
Discrepar en ideas, razonamientos, gustos, y hacerlo civilizadamente es normal, yo diría que positivo, porque enriquece a nuestra sociedad, aunque, con frecuencia, suele aparecer el afán de dominio de “mesiánicos salvadores”, para estropearlo todo.

Ángel Cornago Sánchez.         Reservados derechos


domingo, 18 de septiembre de 2016

LA CORRUPCIÓN NO SÓLO ES ECONÓMICA

LA CORRUPCIÓN NO SÓLO ES ECONÓMICA

La corrupción económica entre los políticos lleva ocupando las portadas de los periódicos desde hace años; probablemente pocos, ya que el problema es muy anterior, casi desde la transición, y se va haciendo público a pesar de los esfuerzos por taparlos.

Bienvenida sea la denuncia. Era un tema que la democracia tenía pendiente y que había que atajar en una lucha sin cuartel para moralizar la vida pública. Debe ser una actitud de “no retorno” y de continua vigilancia, porque es fácil volver a las andadas.

Hay otras corrupciones, tan graves como las económicas y que se dan a diario sin que tengan eco en la opinión pública, adormecida por tanto dislate que con ella se utiliza. Comento algunas.

Los políticos con frecuencia utilizan medias verdades, y a veces incluso mentiras, para denostar al adversario, o para sacar rédito electoral. El “todo vale” para manejar a la opinión y, sobre todo, el voto del ciudadano, es grave, y es algo habitual en el discurso de muchos políticos y, también, de algunos periodistas.
A veces, los argumentos son tan simples y groseros que no se mantienen, y se vislumbra claramente que son sesgados. En realidad, no nos tienen respeto; nos tratan como a ciudadanos de ínfimo nivel intelectual.

También algunos jueces, dependiendo de qué partido les ha votado para formar parte del Consejo del Poder Judicial, dictan sus sentencias. Los jueces deben ser independientes, lo contrario sigue siendo la perversión de la democracia y de su sagrada función.

Algunos medios de comunicación, algunos periodistas, hacen lo mismo. Pervirtiendo su deber de informar con veracidad, sesgan las noticias, cuando no, ponderan con entrevistas preparadas a determinados políticos, intentando ridiculizar, y a veces hasta envilecer, al adversario; hacen lo contrario con los que intentan ensalzar. En vez de hacer información, reflexión, para que el ciudadano sea el que decida con datos lo más objetivos posibles, utilizan informaciones sesgadas, incluso manipuladas, junto a frases o axiomas que todos suscribiríamos, e incluso, unidas a una carga emocional para que sean más eficaces los mensajes y los asumamos con más facilidad.

Los ciudadanos lo tenemos difícil. No debemos dejar que nos manipulen; debemos tener criterios propios informándonos en diversos medios de comunicación, hoy relativamente fácil con internet.

También es corrupción no obrar conforme a la verdad; no cumplir con el deber, con ética profesional. No todo vale.


Ángel Cornago Sánchez