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miércoles, 19 de diciembre de 2018


PRISION PERMANENTE REVISABLEprisión permanente revisable

La llamada “prisión permanente revisable” es un tema que está en candelero, reactivado por el gravísimo hecho del asesinato del niño Gabriel, que nos tuvo a todos sobrecogidos, y el reciente de Laura. Durante los últimos años ha habido varios asesinatos tan deleznables, tal vez no tan mediáticos.
Todos tenemos claro, que una sociedad que se precie, debe tener una estructura legal para castigar y defenderse de los delincuentes y sobre todo de los asesinos.
Por supuesto, descarto la pena de muerte como castigo.
Al juzgarlos, con todas las garantías, habría que plantearse la finalidad de las penas.
Como primer paso un castigo ejemplar: apartarlos de la sociedad encerrándolos en la cárcel durante un tiempo suficiente que les permita purgar su delito y disuadirle de volver a delinquir.
Y algo muy importante, intentar rehabilitarle para que no vuelva a cometer delitos. Sería lo ideal, en algún caso se conseguirá, es otros será imposible.
Entre los condenados por asesinato hay algunos que lo pudieron cometer en un momento negro de su vida, pero que durante el tiempo en la cárcel con los debidos tratamientos se han rehabilitado y pueden salir después de cumplida su condena y reintegrarse en la sociedad.
Hay otros, cuya estructura psicológica es patológica, y por mucho tiempo que esté encerrado y después de muchas entrevistas con psicólogos y psiquiatras, su estructura no es posible cambiarla y es muy probable que cuando queden en libertad puedan volver a repetir los actos por los que fueron condenados.
Considero que no hay que ensañarse en las penas. Sino valorar el riesgo de que puedan repetir actos tan execrables. Tengo muy claro que las leyes están fundamentalmente para proteger a la sociedad, mediante unas condenas justas, y si se puede, rehabilitar al delincuente, pero debe tomar medidas contra algunos cuyo riesgo de reincidir sea alto. Por eso me parece que, en contados delitos, es aplicable la “prisión permanente revisable”.
Es un tema importante de reflexión de los partidos, no de que se utilice como arma arrojadiza entre unos y otros, como nos tienen acostumbrados en un ejercicio de irresponsabilidad.

Ángel Cornago Sánchez  Derechos reservados

lunes, 5 de marzo de 2018

LUNA LLENA

Desde niño me estremecían los relatos de los fusilamientos en la retaguardia o en las cárceles durante la guerra civil española. Para mí era una obsesión imaginar el momento trágico en que sacaban a una persona de la cama, la arrancaban de su familia y la fusilaban en la tapia de un cementerio o en la cuneta de la carretera. Motivo: sus ideas políticas o de izquierdas o de derechas, ser cura, o simplemente rencores. Intenté plasmarlo en este poema de mi último poemario "Ensueños y desasosiegos".

LUNA LLENA

Está sedienta la noche
de emociones perversas.
Está lastrada en el quietismo
de la luna llena,
a la paz robada a la vida
por venganzas y rencores
de locos salvadores de las patrias.


El aire es frío y seco.
La angustia y el pánico
impregnan el ambiente.
Voces sueltas en la lejanía,
imperiosas, vacías.

Grito desgarrador de terror.

Después, salva de disparos secos.

Luego, silencio, silencio espeso.

La sangre resbala entre las piedras
de la tapia del cementerio
y corre entre las hierbas secas del suelo.

Disparos sueltos rematando la faena.


La luna sigue impávida;
la noche se queda quieta de viento y frío.
Es una paz perversa,
malintencionada para las conciencias.
Los viles asesinos, asesinos sin nombre
pero con nombre y apellidos,
se marchan cabizbajos
con el fusil al hombro y el pitillo en los labios.


Los otros asesinos,
más viles si cabe,
los de los despachos,
se sienten salvadores,
con la conciencia sucia
pero sublimando
que están salvando España.


Viles asesinos,
de uno y otro bando.
Ideales manchados,
con sangre mancillados
por locos criminales.
¡Una vida es una vida
sea de uno u otro lado¡

¡Cuanta barbarie!
¡Cuánto asesino ejerciendo!
¡Cuánto asesino en potencia!


Removamos el pasado
para extirpar lo enconado.
Hurguemos en las heridas,
que se abran y sangren resabios;
que cicatricen drenando.


Enterremos a los muertos
con dignidad y respeto
sean de uno u otro lado,
con coronas de laurel
y ramos de clavel blanco,
que en la forma de morir
fueron todos fusilados
por sujetos sin entrañas,
por políticos mandados.


Ángel Cornago Sánchez
De mi poemario "Ensueños y desasosiegos". Edt. Devenir.

sábado, 18 de octubre de 2014

¿Qué acciones llegamos a ser capaces de realizar?

          Las circunstancias y las potencialidades

 En ocasiones, cuando voy por la calle y me voy cruzando con personas desconocidas, se me ocurre pensar en cómo será la vida de esas personas, cómo será su mundo íntimo, cómo vivirán sus preocupaciones, ansiedades y alegrías, cómo se comportarán en privado, cual será su cara oculta, cuales sus secretos inconfesables. Al verlos así, parece que todos somos similares y que nuestra forma de vivir debe de ser asimismo parecida. Pero no es así.
Aunque el grupo social al que pertenecemos por medio de unos valores establecidos ha creado unas pautas de comportamiento, existen una serie de factores imposibles de controlar que son muy distintos de unas personas a otras: por una parte la estructura psicológica grabada en nuestro código genético que, a su vez, va a ser modificada de forma importante por el ambiente familiar, social y la educación de los primeros años, lo que va a dar lugar a nuestra estructura de adulto mas o menos estable. Sobre esta, van a actuar a su vez las circunstancias de la vida, que para cada persona van a ser distintas, todo lo cual dará lugar a que las vivencias y las formas de actuar sean también distintas al estar manejando diversas variables.
Es similar, en general, la forma de comportarnos como grupo social. Todos más o menos respetamos el ir por las aceras, pasamos por los pasos de peatones, respetamos las reglas de circulación, el horario de trabajo, las llamadas normas de educación, etc. Sin embargo, al vernos así, a todos unificados, casi iguales, tengo que hacer un esfuerzo de imaginación para pensar en lo diferentes que son nuestras sensaciones, nuestras vivencias, nuestros comportamientos en privado, en definitiva nuestras vidas, y qué se encierra detrás de todos esos rostros anónimos que me cruzo cada día. La mayoría son gente que pudiéramos considerar más o menos normal,  con sus fallos puntuales, pero seguro que detrás de esos rostros corrientes y anónimos, me he cruzado con algún ladrón, algún violador, algún pederasta, y, probablemente, con algún asesino.
Cada uno llevamos nuestro mundo interior a cuestas, pero es etéreo, invisible, oculto, sólo enseñamos nuestro lado bueno o neutro como máximo. Todos tenemos nuestros secretos más o menos inconfesables que llevamos peor o mejor asumidos, unas veces superados y en ocasiones vigentes.
Pero, además de violadores, corruptos, ladrones y asesinos confirmados públicamente o no, el resto de las personas que nos cruzamos ¿se puede decir que son  distintos a los anteriores, que son normales, que son incapaces de realizar dichas acciones?
Estoy convencido de que la mayoría no son capaces de hechos inmorales o punibles, pero algunos sí. Las personas que han cometido tales delitos ha sido porque han convergido al menos dos factores: por una parte una estructura psicológica determinada capaz de llevar a cabo tales acciones, y por otra, unas circunstancias que les han permitido llevarla a cabo. Por eso entre todas estas personas que nos cruzamos, teóricamente sin tacha, hay algunas con estructuras psicológicas capaces de acciones detestables. Habrá dictadores, ladrones, corruptos, incluso asesinos; en apariencia, únicamente se diferencian de los anteriores en que no se han dado las circunstancias que favorezcan el que den rienda suelta a sus instintos.
Esto es fácil de ver en la vida diaria y en la reciente historia. Muchas personas que consideramos normales, consiguen alguna cota de poder y se comportan como corruptos o como dictadores. Nos es muy difícil entender cómo hay individuos que en situaciones de crisis social o de guerra, matan a sangre fría incluso a mujeres y a niños, y sin embargo esto sucede y no precisamente de forma aislada, sólo tenemos que volver la vista a nuestro entorno, a la historia, y actualmente a muchos países en el mundo. Existen muchos asesinos en potencia, muchos fanáticos, que sólo necesitan una motivación para justificar sus barbaridades, con la circunstancia agravante además de que en su fuero interno pueden llegar incluso a sentirse héroes. No existe ninguna diferencia entre los asesinos de uno u otro bando que en la guerra civil eran capaces de sacar a personas de sus camas y fusilarlos en las cunetas de las carreteras o en las tapias de los cementerios, simplemente por su ideología, o los asesinos que matan de un tiro en la nuca; todos ellos tenían y tienen la excusa de la lucha por un “pretendido ideal”. Suelen ser fanáticos manejados desde los despachos por otros asesinos más sofisticados. Esta gran diferencia entre las estructuras psicológicas de las diferentes personas se muestran, fundamentalmente, en situaciones límite, en situaciones de crisis social o personal, o cuando la presión de las circunstancias es muy fuerte.
Lo mismo que hay muchos asesinos en potencia, también hay personas que no han podido desarrollar sus aptitudes positivas porque no se han dado las condiciones adecuadas. Se pierden sabios, pensadores, artistas, etc. porque no han tenido las circunstancias propicias para desarrollar sus aptitudes. También detrás de esas caras  anónimas existen muchos hombres y mujeres buenos y honrados, que constituyen la mayoría, y algunos que son capaces de importantes acciones de solidaridad e incluso de acciones heroicas.
Cuándo estamos en una plaza llena de gente desconocida, estamos rodeados de potenciales héroes, potenciales sabios, en general de gente buena, pero también por potenciales asesinos. Nosotros  ¿de qué seríamos capaces dependiendo de las circunstancias?
Ángel Cornago Sánchez, De mi libro "Arraigos, melindres y acedías".

códigos moralesPotencialidades

martes, 25 de febrero de 2014

¿De qué somos capaces?

Potencialidades.-


En ocasiones, cuando voy por la calle y me voy cruzando con personas desconocidas, se me ocurre pensar en cómo será la vida de esas personas, cómo será su mundo íntimo, cómo vivirán sus preocupaciones, ansiedades y alegrías, cómo se comportarán en privado, cual será su cara oculta, cuales sus secretos inconfesables. Al verlos así, parece que todos somos similares y que nuestra forma de vivir debe de ser asimismo parecida. Pero no es así.
Aunque el grupo social al que pertenecemos por medio de unos valores establecidos ha creado unas pautas de comportamiento, existen una serie de factores imposibles de controlar que son muy distintos de unas personas a otras: por una parte la estructura psicológica grabada en nuestro código genético que, a su vez, va a ser modificada de forma importante por el ambiente familiar, social y la educación de los primeros años, lo que va a dar lugar a nuestra estructura de adulto mas o menos estable. Sobre esta, van a actuar a su vez las circunstancias de la vida, que para cada persona van a ser distintas, todo lo cual dará lugar a que las vivencias y las formas de actuar sean también distintas al estar manejando diversas variables.
Es similar, en general, la forma de comportarnos como grupo social. Todos más o menos respetamos el ir por las aceras, pasamos por los pasos de peatones, respetamos las reglas de circulación, el horario de trabajo, las llamadas normas de educación, etc. Sin embargo, al vernos así, a todos unificados, casi iguales, tengo que hacer un esfuerzo de imaginación para pensar en lo diferentes que son nuestras sensaciones, nuestras vivencias, nuestros comportamientos en privado, en definitiva nuestras vidas, y qué se encierra detrás de todos esos rostros anónimos que me cruzo cada día. La mayoría son gente que pudiéramos considerar más o menos normal, pero seguro que alguna vez detrás de esos rostros corrientes y anónimos me he cruzado, con algún ladrón, algún violador y, probablemente, con algún asesino.
Cada uno llevamos nuestro mundo interior a cuestas, pero es etéreo, invisible, oculto, sólo enseñamos nuestro lado bueno o neutro como máximo. Todos tenemos nuestros secretos más o menos inconfesables que llevamos peor o mejor asumidos, unas veces superados y en ocasiones vigentes.
Pero, además de violadores, corruptos, ladrones y asesinos confirmados públicamente o no, el resto de las personas que nos cruzamos ¿se puede decir que son  distintos a los anteriores, que son normales, que son incapaces de realizar dichas acciones?
Estoy convencido de que la mayoría no son capaces de hechos inmorales o punibles, pero algunos sí. Las personas que han cometido tales delitos ha sido porque han convergido al menos dos factores: por una parte una estructura psicológica determinada capaz de llevar a cabo tales acciones, y por otra unas circunstancias que les han permitido realizarla. Por eso entre todas estas personas que nos cruzamos, teóricamente sin tacha, hay algunas con estructuras psicológicas capaces de acciones detestables. Habrá dictadores, ladrones, corruptos, incluso asesinos, únicamente se diferencian de los anteriores en que no se han dado las circunstancias que favorezcan el que den rienda suelta a sus instintos.
Esto es fácil de ver en la vida diaria y en la reciente historia. Muchas personas que consideramos normales, consiguen alguna cota de poder y se comportan como corruptos o como dictadores. Nos es muy difícil entender cómo hay individuos que en situaciones de crisis social o de guerra, matan a sangre fría incluso a mujeres y a niños, y sin embargo esto sucede y no precisamente de forma aislada, sólo tenemos que volver la vista a nuestro entorno, a la historia, y actualmente a muchos países en el mundo. Existen muchos asesinos en potencia, muchos fanáticos, que sólo necesitan una motivación para justificar sus barbaridades, con la circunstancia agravante además de que en su fuero interno pueden llegar incluso a sentirse héroes. No existe ninguna diferencia entre los asesinos de uno u otro bando que en la guerra civil eran capaces de sacar a personas de sus camas y fusilarlos en las cunetas de las carreteras o en las tapias de los cementerios, simplemente por su ideología, o los asesinos que matan de un tiro en la nuca; todos ellos tenían y tienen la excusa de la lucha por un “pretendido ideal”. Esta gran diferencia entre las estructuras psicológicas de las diferentes personas se muestran, fundamentalmente, en situaciones límite, en situaciones de crisis social o personal, o cuando la presión de las circunstancias es muy fuerte.
Lo mismo que hay muchos asesinos en potencia, también hay personas que no han podido desarrollar sus aptitudes positivas porque no se han dado las condiciones adecuadas. Se pierden sabios, pensadores, artistas, etc. porque no han tenido las circunstancias propicias para desarrollar sus aptitudes. También detrás de esas caras  anónimas existen muchos hombres y mujeres buenos y honrados, que constituyen la mayoría, y algunos que son capaces de importantes acciones de solidaridad e incluso de acciones heroicas.

Cuándo estamos en una plaza llena de gente desconocida, estamos rodeados de potenciales héroes, potenciales sabios, y también potenciales asesinos, incluso nosotros  ¿de qué seríamos capaces dependiendo de las circunstancias?
Ángel Cornago Sánchez. De mi libro "Arraigos, melindres y acedías"