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miércoles, 30 de enero de 2019

CULTURA ES LIBERTAD Y PROGRESO


            CULTURA ES LIBERTAD

Cultura, es muchas cosas. Es, el análisis de todo lo que forma parte del ser humano, de su historia, de su creatividad, de su relación con el entorno, de sus comportamientos, también de la ciencia, etc. Pero hoy aquí, me quiero referir a la “cultura con mayúsculas”, a la cultura próxima, no a la universal, sino a la que está adherida a nuestra piel, a nuestro tuétano, a lo que nos moviliza, a la que nos provoca como ciudadanos, la que nos hace preguntar y preguntarnos cada día por nuestra existencia y por nuestro papel en los decorados donde nos desenvolvemos.
Cultura, en este caso, no es conocimientos, que también; es algo mucho más creativo y para cada cual diferente, en lo que podemos coincidir o discrepar civilizadamente o no. Es una cadena de razonamientos subjetivos, de los que extraemos conclusiones nuevas de bases a las que habíamos llegado por el método del esfuerzo y la reflexión. Es, subjetividad, desde el sentimiento de todo lo que nos envuelve Es una búsqueda permanente y meditada, honrada intelectualmente, sin intereses espurios.
Cultura pervertida o anticultura, suele ser la oficial, la subvencionada, la interesada en mandar mensajes ya cocinados, la que emana de los voceros que siempre están al lado de los que mandan; la baboseada con los gerifaltes de turno, la que se cubre las espaldas por: “un por si acaso la tortilla cambia”, “la plana”, la del “todo er mundo es güeno”; “ni blanco, ni negro sino todo lo contrario”; “ni carne ni pescado”, etc.
Es una cultura perversa porque no aporta nada al desarrollo, solo las dosis justas paniaguadas y formales; el buenismo interesado dado para el consumo por el poder correspondiente. Es perniciosa para la sociedad porque es una rémora, un obstáculo premeditado, barrera para el desarrollo de otras formas y de otras opiniones.
Es la cultura oficial que no muere ni desfallece, con otros protagonistas, con los mismos cómplices, que mutan y se transforman dependiendo de quien manda. Son las más dañinas porque impiden el paso a otra gente, a otras ideas, a otras opiniones más frescas y, presumiblemente, más honradas aunque divergentes. Porque el progreso, no hay ninguna duda, nace de divergir con lo establecido, aunque luego precise de sucesivos reajustes. Aunque, no todo lo que discrepa es progreso; también hay basura.
La cultura debe ser libre, no encorsetada ni controlada, creativa. Es lo que permite el desarrollo y, al ser humano, crecer y volar. Los pseudointelectuales, mercenarios de poderes sucesivos: incombustibles.

Ángel Cornago Sánchez.      Derechos reservados.

jueves, 23 de agosto de 2018

EL BUENISMO, CAUSA DE GRAVES ERRORES


EL BUENISMO, CAUSA DE GRAVES ERRORES

“Buenismo” es una manifestación positiva sobre un tema; una actuación, basada, no en el juicio analítico del problema en cuestión, sino más bien en el “deseo” y, más frecuentemente, para ajustarse a “lo políticamente correcto” en ese momento. Suelen ser temas sensibles, en los que expresar una opinión disidente puede provocar escándalo social en determinados círculos, aunque muchos y muchas la comparten, pero no se atreven a manifestarla.
El buenismo, en general, no se adapta a lo que realmente opina el individuo que emite el juicio, o al menos no lo considera, sino que intenta mimetizarse en la “teórica” opinión “guay”, no reflexionada y aceptada sin debate, o con un debate superficial y simplista que trata de justificar el juicio más que analizarlo. Si se discrepa da lugar a escándalo en el coro de hipócritas de turno, muchos de los cuales, en el fondo, tampoco piensan lo que manifiestan.
Los buenismos, aunque sean con buena voluntad, impiden el juicio ponderado de los temas y las situaciones, lo cual solo conduce a errores y a no solucionar los temas en cuestión, o a solucionarlos mal.
El juicio es fundamental; se deben afrontar los temas de frente, con todas sus implicaciones. Después se adopta la solución que se considere, aunque sea la formalmente más popular, pero al menos con los pies en el suelo y programando las soluciones posteriores, y siendo conscientes de todas las consecuencias.
El buenismo se utiliza con temas sensibles en los que se asume un postulado teóricamente justo sin el análisis correspondiente de las consecuencias.
El buenismo lo utilizan la pléyade de inútiles que pululan por los pasillos de la vida pública y de la vida política. Estos ni se paran a pensar, y muchas veces tampoco tienen capacidad para hacerlo, manifestando lo que sus electores, o “su tropa” quiere escuchar, en un ejercicio de incapacidad, inmoralidad e inconsecuencia.
Ángel Cornago Sánchez

miércoles, 31 de mayo de 2017

"BUENISMO". TAN FALSO Y TAN SOCORRIDO

BUENISMO

“Buenismo” es una manifestación positiva sobre un tema, una actuación, basada, no en el juicio analítico del tema en cuestión, sino más bien en el “deseo” y, más frecuentemente, para ajustarse a “lo políticamente correcto” en ese momento. Suelen ser temas sensibles, en los que expresar una opinión disidente puede provocar escándalo social, o en determinados círculos, aunque muchos y muchas la piensan pero no se atreven a manifestarla.
El buenismo, en general, no se adapta a lo que realmente opina el individuo que emite el juicio, o al menos no lo considera, sino que intenta mimetizarse en la “teórica” opinión dominante, no reflexionada y aceptada sin debate, o con un debate superficial y simplista que trata de justificar el juicio más que analizarlo. Si se discrepa daría lugar a escándalo en el coro de hipócritas de turno, muchos de los cuales, en el fondo, tampoco piensan lo que manifiestan.
Los buenismos, aunque sean con buena voluntad, impiden el juicio ponderado de los temas y las situaciones, lo cual solo conduce a errores y a no solucionar los temas en cuestión o a solucionarlos mal.
El juicio es fundamental; se deben afrontar los temas de frente, con todas sus implicaciones. Después se adopta la solución que se considere, aunque sea la formalmente más popular, pero al menos con los pies en el suelo y programando las soluciones posteriores, y siendo conscientes de todas las consecuencias.
El buenismo se utiliza con temas sensibles en las que se asume un postulado teóricamente justo sin análisis de las consecuencias.
El buenismo lo utilizan la pléyade de inútiles que pululan por los pasillos de la vida pública y de la vida política. Estos ni se paran a pensar, y muchas veces tampoco tienen capacidad para hacerlo, manifestando lo que sus electores o su tropa quiere escuchar, en un ejercicio de incapacidad, inmoralidad e inconsecuencia.

Ángel Cornago Sánchez