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viernes, 22 de enero de 2021

EL SER HUMANO COMO GRUPO SOCIAL

 


EL SER HUMANO COMO GRUPO SOCIAL

 

El ser humano como grupo social no encontrará nunca un sistema estable, donde la justicia sea la regla, no haya competencia, y los valores humanos sean la forma habitual de relación. Es la antítesis de lo que somos. Somos envidiosos, egoístas, avariciosos, con ansia de poder, de dominio.

Somos capaces de ideales, pero discrepamos en la forma de llevarlos a cabo, de liderarlos, incluso en matices. La competencia es la regla. En las personas de a pie, que somos la mayoría, la competencia es a pequeña escala y no trastorna nuestras vidas. Muchos vivimos o intentamos vivir, sin dejarnos influir por lo fatuo, por lo frívolo, por los “floreros” de muy diversos tonos, ni por los cantos de sirena. Otros se motivan por las apariencias, por las formas, por la escala social. Otros, por no aceptar las limitaciones que a todos nos van llegando con el paso del tiempo. Algunos, se dejan arrastrar por envidias, por la competencia, por los celos, por la avaricia de tener más.

Pero, los verdaderos tiburones, están en la vida pública. Son los políticos, y los poderosos económicos. Son los que tratan de estar en la cresta de la ola, de estar en la pomada de los órganos de decisión. Los políticos se disfrazan de altruistas, de idealistas, cuando su finalidad, en muchos de ellos, es fundamentalmente egoísta. Hay pocos cuya motivación sean realmente ideales para servir a los ciudadanos. Además, hay una diferencia importante: tal como los gerifaltes de los poderes económicos o sus asesores, suelen ser la mayoría personas competentes, aunque muchos de ellos con pocos escrúpulos, los políticos, sobre todo en determinados momentos históricos como el actual, son incompetentes, avariciosos, incluso inmorales, motivados por ansia de poder, y, muchas veces, aupados por poderes económicos para manejarlos con facilidad.

Pero es la regla. El mundo es así, sobre todo en determinados momentos históricos, en el que los poderes políticos están casi copados por incompetentes y, a veces, también inmorales que solo persiguen su medro. Por supuesto que hay excepciones muy honrosas, pero casi siempre, estaremos y hemos estado, en manos de “tiburones”.

Fotografía propia. Camino del Ebro.

Ángel Cornago Sánchez

 

viernes, 30 de mayo de 2014

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE COSAS QUE NO ME GUSTAN

Algunas reflexiones a vuelapluma. Me lo pide el cuerpo

No me gustan las personas que se creen superiores por haber nacido en uno o en otro lugar, como si nacieran ungidas con un marchamo de calidad distinta al resto de los mortales.
No me gustan los que desprecian a las personas de raza distinta. Me refiero sólo a la raza. Se puede rechazar su cultura, sus costumbres, si conculcan derechos fundamentales. Eso no es racismo. Las razas son todas respetables. No nos pertenecen, ni las hemos elegido. En esencia y dignidad, ninguna es superior. Unas pueden estar más desarrolladas que otras, pero todas deben ser objeto de respeto.
No me gustan los puritanos que compensan su desprecio con paternalismo, con caridad o con discriminación positiva. El camino es derechos y respeto.
No me gustan, me parecen deplorables, los poderes que tratan de utilizar al ciudadano. Los hay muchos: los poderes económicos, los religiosos fundamentalistas de algunas religiones, los políticos con sus mensajes perversos.
No me gustan los que no aceptan y discriminan a los homosexuales.
No me gustan los intelectuales vendidos a ideologías, para medrar. Hay muchos, aunque eso, los descalifica como intelectuales.
No me gustan los explotadores. Hay que rebelarse contra ellos. Ni un paso atrás. Sindicatos, pero regenerados. Los actuales son cómplices.
No me gustan los militantes de partidos fanáticos de sus ideologías, sin capacidad de autocrítica, aunque a veces no defienden ideologías, sino seguir viviendo del puesto que les ha conseguido el partido.
No me gusta la esclavitud intelectual. Están muertos. No pueden aportar nada a su ideología, ni a la sociedad.
No me gusta el adoctrinamiento “solapado”, ni de religiones, ni de ideologías políticas. Me parece una fechoría cuando lo hacen con niños.
No me gustan los que pervirtiendo el lenguaje, sin inmutarse, utilizan palabras como  “democracia”, “derechos humanos”, “justicia” y son capaces de las mayores tropelías, incluso son capaces de matar.
No me gustan los que defienden, “el fin justifica los medios”. Puede haber excepciones, pero después de sopesarlo y debatirlo muy seriamente. Hay partidos que lo utilizan como regla y ha sido su filosofía habitual. Los resultados: perversos.
No me gustan los radicales de uno y otro signo que se sienten salvadores de los demás. Suelen ser peligrosos, y los resultados catastróficos. Suelen fundarse en “el fin justifica los medios”, y son capaces de las mayores barbaridades. La historia es tozuda en demostrarlo.
No me gusta los que catalogan a las personas por sus siglas, por sus creencias…
No me gustan los que no tienen respeto a las creencias, y los que no lo tienen a los que “no las tienen”. Es una opción personal e íntima de cada cual.


No me gustan los aduladores para conseguir favores. Hay verdaderos estrategas de la adulación. Me inspiran desprecio. En general, consiguen favores, porque hay muchas personas que les gusta ser adulados para sentirse importantes.
No me gustan los necios con uniforme. Se enaltecen, y utilizan mal su poder. También son muy frecuentes. Se aprecia en su actitud prepotente. Los necios sin uniforme o sin poder, tienen menos peligro.
No me gusta la inconsecuencia habitual. Nadie somos perfectos, pero hay muchos que lo hacen como norma.
No me gustan los resentidos ni los envidiosos.
No me gustan los que, en los debates, ante un argumento del contrario, sonríen con aire de superioridad.
No me gustan los prepotentes.
No me gustan los trepas y los que se arriman al poder.
No me gustan los vagos.
No me gustan los cobardes, aunque a veces los comprendo.
No me gusta la deslealtad.
No me gusta la amistad interesada.
Hay políticos en todos los partidos, cuyo único fin es mantener o conseguir el poder. No buscan la verdad y el bien del ciudadano, sino su propio provecho o el de su partido. Nos debemos rebelar.
….
No quiere decir que todo lo demás me guste, que yo me sitúe en un limbo y que no haya hecho cosas que no me gustan. Las tengo claras y, las asumo.
Hay más cosas que no me gustan, pero estas son las que me han salido hoy, supongo que son importantes para mí. Otro día escribiré de cosas que me gustan, no se si de la sociedad, pero sí del ser humano.
Preconizo un rearme moral y de valores de la sociedad, y una regeneración de los partidos políticos y sindicatos; una justicia independiente. Personas nuevas sin historias previas, que no se dejen corromper por los poderes económicos, que seguro lo van a intentar.
Ángel Cornago Sánchez