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martes, 23 de enero de 2018

INDIVIDUALIZACIÓN Y FELICIDAD

INDIVIDUALIZACIÓN Y FELICIDAD
Es necesario pasar de la dependencia absoluta que experimentamos en la infancia, en la que estamos sometidos a los adultos, sobre todo a los padres, a la máxima individualización, sabiendo que nunca va a ser total, fundamentalmente porque somos seres sociales.
Refiriéndonos a la dependencia social, necesitamos de los otros para la procreación, que dará lugar al primer grupo, el núcleo familiar formado por la pareja y los hijos. Precisaremos de las otras familias, de los otros pequeños grupos sociales elementales, para asegurar nuestra subsistencia con la producción de alimentos, para la defensa, para ayudarnos en la adversidad. Así se formaron los primeros poblados. Desde ese momento, ya fueron necesarias normas, que obligaran a todos, para organizar y regular la convivencia, y resolver los conflictos. Se erigieron los primeros líderes para la coordinar, interpretar y hacer cumplir las normas y leyes que se habían dado. Así, en sentido ascendente, se formaron los pueblos, las ciudades, las regiones, las naciones, las organizaciones supranacionales, etc.
También somos sociales porque precisamos de los otros para reconocernos. Precisamos ser valorados, ser admitidos en el grupo social; también, ser queridos. Algunos, en una deriva patológica, aunque frecuente en la especie humana, precisan ser temidos; pero aun en las valoraciones negativas nos reconocemos; no podemos vivir si somos invisibles para los demás. De ahí, en una interpretación subjetiva, que a veces no coincide con la objetiva, extraemos datos para conformar nuestra autoestima.
El ser seres sociales, necesario para la procreación, para la organización comunitaria, lleva consigo la necesidad de dependencias. Algunas son el tributo que debemos pagar para organizarnos y permitirnos vivir con determinadas ventajas (defensa, comercio, sanidad, educación, leyes, etc.); otras nos las imponemos de forma consciente o inconscientemente. Las dependencias van a ser lastres que nos van a dificultar volar hacia la individualización teórica, y, en definitiva, van a influir positiva y negativamente en la felicidad subjetiva.
Las vicisitudes positivas y negativas en el trabajo, en la salud y en otros aspectos importantes, son irremediables; también con las personas que tratamos, con las que queremos. Van a ocasionar luces y sombras, y en consecuencia sensaciones positivas y negativas. En este sentido es imposible el proceso de individualización, hasta el punto de que no influyan. Llevado al extremo nos abocaría a una vida sin sentimientos, lo cual sería negativo. Es uno de los artefactos de la felicidad. No necesariamente el afecto debe ser correspondido en la misma medida.
Pero la individualización es un proceso necesario, aunque difícil. Todo va a tender a que seamos dependientes, a que no seamos libres. Los padres educan en valores, pero, en general, sin ser conscientes, tratan de proteger en exceso, a veces, de domesticar, a los hijos para que sean compatibles con la corriente que toca vivir. Que no sean conflictivos. Que se adapten a la sociedad para que no tengan problemas. En general, no educan para ser hombres y mujeres libres. Es una grave equivocación. Se debe educar en librepensamiento, precisamente para evitar la dependencia; potenciando las cualidades; inculcando valores; mirando hacia nuevos horizontes si así lo desean; formando individuos reflexivos, pero autónomos.
Es una formación no convencional que puede salirse de lo establecido y puede ocasionar problemas, pero también muchos beneficios. Los hombres y mujeres grandes en el mundo, que lo han cambiado o han ayudado a hacerlo mejor, han sido personas que no se han movido dentro de las líneas culturales, profesionales e, incluso, sociales de lo establecido. El mismo defecto, con frecuencia, cometen los educadores en los colegios, cuando su finalidad debería ser formar personas que utilicen sus potencialidades para buscar su proyecto de vida personal, y para influir en la sociedad en la que vive y mejorarla.
En la sociedad actual, se ponen trabas para la individualización, porque interesan personas manejables, que sigan el dictado y las corrientes pautadas por las clases dominantes, y también por los poderes en la sombra.
(Continuará)


De mi libro "Salud y felicidad". Edt. SalTerrae


viernes, 10 de julio de 2015

LA APARIENCIA PERSONAL

Apariencia y realidad
Ángel Cornago Sánchez
Es algo consustancial al ser humano revestirnos de artefactos, adoptar formas, poses y actitudes que tienen por finalidad trasmitir una imagen determinada a las personas de nuestro entorno y, en definitiva, comunicar una serie de características de nuestra personalidad reales o no, que el sujeto en cuestión pretende que sean conocidas por los demás. Es una forma de comunicación no verbal que ocupa un lugar preeminente dentro de las formas de comunicarnos.
Esta forma de relacionarnos ha existido siempre, e incluso la utilizan también los animales. Algunos de ellos, como el gato y el jabalí, erizan su pelo cuando están en actitud agresiva, el pavo real extiende su cola para atraer a la hembra, el camaleón cambia de color cuando se siente en peligro, el león ruge para hacer notar su  poderío, etc. Los pueblos primitivos se sirven de adornos y de pinturas para distinguir al jefe, al hechicero o a los guerreros. En la sociedad actual existen una serie de profesiones que matizan sus funciones y sus rangos por medio de signos; como más representativos, los militares con el uniforme, los jueces con la toga, y los miembros de las religiones  con los hábitos y ornamentos. En definitiva, existen en el ser humano y en los animales una serie de mecanismos de comportamiento que tienen por finalidad mostrar su rango, u otras más concretas como la defensa del territorio, de la vida o el mantenimiento de la especie.
El objeto de este revestimiento en las personas, es arrogarse unas características determinadas que pretenden que los demás le reconozcan que, en general, son de dominio, de poder, de status social privilegiado, de belleza, de juventud, aunque existen también individuos que les interesa pasar desapercibidos y no se revisten de nada, en definitiva este no revestirse, también es una forma de comunicar que, al menos externamente, desean pasar inadvertidos.
Estas actitudes, en los animales se corresponden con lo que en realidad son, o sólo las adoptan en momentos determinados para fines concretos. Algunas personas tratan de mostrar aspectos de su personalidad que no se corresponden con lo real. Mantener un estatus determinado basado en conseguir signos externos valorados socialmente, puede ser la finalidad básica de muchas familias que llegan a sacrificar aspectos importantes. Para determinadas personas, el tener un abrigo de visón o un coche ostentoso, en el ambiente que frecuentan, puede ser muy importante y utilizan todas sus energías para conseguir esos fines, incluso si su economía no está en relación con esas necesidades sacrifican otras más básicas para obtener dichos fines. Mostrar un aspecto físico elegante, impecable se convierte a veces en una forma de vivir obsesiva, lo mismo que no aceptar el proceso de envejecimiento e intentar por medio de intervenciones más o menos agresivas, paliar el proceso natural.
Esto lleva a que haya una discrepancia entre lo que se es y lo que se quiere aparentar; se convierte en una actitud crónica por motivos vacíos que pueden no tener ninguna recompensa. Viven una existencia superficial condicionada por uno y mil factores sin contenido de los que llegan a sentirse esclavos. Esta forma de vida esta llena de insatisfacciones y es fuente de frustración y hastío.
Aunque el refranero español es sabio y dice que “el hábito no hace al monje”, en la sociedad actual parece que impera la creencia de que el hábito sí que hace al monje. Esto lo saben muy bien las empresas de consumo, que intentan vendernos sus productos basando su publicidad en lo accesorio y no en lo fundamental, casi no nos hablan del producto en cuestión, pero nos lo presentan asociado a mujeres bellas y jóvenes, coches ostentosos, marcos paradisíacos o personas valoradas socialmente
Respecto a las vivencias personales, el que exista una disociación traumática entre lo que se es y lo que nos gustaría ser,REALIDAD lleva a una permanente frustración y, por tanto, a una permanente infelicidad.
Aceptarnos como somos y llenar de contenido nuestra vida, es algo imprescindible para conseguir cotas de felicidad.
Ángel Cornago Sánchez. De mi libro “Arraigos, melindres y acedías” Ed. Trabe.