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viernes, 17 de marzo de 2017

LA SOLEDAD. UNA FORMA DE SUFRIMIENTO

La soledad


Tal vez la soledad es una de las mayores circunstancias de sufrimiento. Soledad es una sensación psicológica, en la que la persona se siente desconectada del mundo que le rodea, y su ámbito psicológico se mueve en su propio mundo. La soledad se puede buscar y, en ese caso, suele ser positiva, incluso, es psicológicamente saludable buscar de vez en cuando el estar solos, para ayudarnos a poner en orden nuestro mundo interior. En todo caso son soledades durante un lapso de tiempo, en general, no muy dilatado. En otras ocasiones, las soledades se padecen. Habitualmente se deben a incapacidad psicológica para comunicarse con el entorno, lo cual constituye una enfermedad, o porque las circunstancias sociales o familiares lleven al aislamiento, que es el caso de muchas personas.
Se puede estar rodeado de gente y estar solo, incluso conviviendo con la pareja y con los hijos. De hecho, es frecuente que, en la convivencia entre personas, la comunicación se reduzca a frases estereotipadas, incluso a silencios más o menos intencionados; es una forma de vivir en soledad. La soledad aparece cuando no te puedes comunicar con las personas que te rodean a un nivel más íntimo, a un nivel más profundo, de tal forma que puedas compartir tus preocupaciones, tus miedos, tus angustias, mostrar tus debilidades... Es la característica fundamental. Ocurre en muchas parejas que, aunque no discutan ni tengan enfrentamientos, tampoco se comunican a un nivel profundo. Algo se puede paliar con los afectos, pero al fin y al cabo el afecto es una forma importante de comunicación. Aunque, incluso la comunicación intrascendente, es mejor que la falta de comunicación, pues detrás de las palabras, existen consideraciones, afectos, respeto... que de alguna forma es percibido de forma positiva. Aunque detrás de los silencios también puede haber desprecio e incluso agresividad. En definitiva, el requisito importante y básico para no estar solos, es comunicarnos.
Es frecuente que personas que viven solas tengan una mascota con la que hablan y trasmiten afectos que, de alguna forma, viene a paliar, a veces de forma importante, su soledad; las mascotas en algunos casos llegan a representar algo simbólico, dándoles tanta importancia o más que a los seres humanos.
El anciano padece con frecuencia sensación de soledad. Por una parte porque en realidad viven solos y sus posibilidades de comunicación y transmisión de afectos están muy limitadas. Por otra parte, el anciano en la sociedad actual carece de interés para los que les rodean: representa lo caduco, lo débil, lo enfermo, incluso se siente rechazado desde lo físico. En definitiva, representa la muerte y la próxima finitud de la vida, y eso la sociedad actual no lo digiere.
La soledad ocasiona ensimismamiento en el propio mundo, sobre todo pasado, melancolía, tristeza, depresión, sufrimiento. También es un factor de riesgo para padecer dolencias físicas, al mismo nivel que la hipercolesterolemia, la obesidad o la hipertensión arterial como publicó la revista Science. La socióloga Mª Teresa Bazo[i] en un trabajo muy interesante, descubre que la variable fundamental para determinar el grado de salud percibida, es el sentimiento de soledad. De los resultados obtenidos se desprende, que varones y mujeres se sienten en mejor estado de salud cuando no experimentan soledad, y las personas de menor edad pero solitarias, se sienten tan enfermas como las de mayor edad.

De mi libro "Para comprender al enfermo". Edt. Sal Terrae.





[i] Citado por Bayes. Psicología del sufrimiento y de la muerte. Martinez Roca. Barcelona 2001. p: 100 

sábado, 18 de junio de 2016

JUBILACIÓN Y CRISIS DE PAREJA

JUBILACIÓN Y CRISIS DE PAREJA

                Ángel CORNAGO SÁNCHEZ

La jubilación es un momento especial en la vida personal, pero también en la vida de pareja como tal. Por una parte, supone un cambio sustancial del ritmo de vida de cada uno de los miembros que, puede provocar vivencias psicológicas dispares, desde sensación de libertad y de tener tiempo, por fin, para dedicarse a esas aficiones que se han tenido abandonadas durante tantos años; en tal caso produce liberación y comienzo de una vida que puede ser muy gratificante. O si no se tienen aficiones, proyectos, o formas de darle sentido a la vida, son unos años que se pueden vivir con aburrimiento, hastío, y la creencia de que ya no se sirve para nada. Por supuesto hay vivencias mixtas.
Para las personas que tienen pareja, es una prueba de fuego. Si los dos están jubilados, van a pasar de tener cada uno su “parcela” de vida individual, de trabajo, de compañeros, de tiempo gestionado de forma personal, de diferentes encuadres, relaciones, intereses, preocupaciones, etc., a compartir casi todas las horas del día y de la noche, renunciando a esa vida independiente que cada uno disfrutaba. Si la relación es excelente, no van a surgir problemas especiales. Pero…, relaciones excelentes hay pocas. En muchos casos se van a descompensar las que estaban más o menos en equilibrio inestable, que son muchas, por ese compartir tanto tiempo, y la carencia del que anteriormente utilizaban individualmente.
Vivir en pareja no quiere decir que las aficiones, las opiniones, las ideas etc., sean comunes; ese aforismo de que “dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición”, es una falacia, habrá algunos casos, y desde luego no es positivo para el proyecto de cada cual. Es fundamental, como durante toda la vida, para ambos miembros, guardar su individualidad, y que esta sea respetada por el otro. En mi opinión, es la mejor de forma de vivir en pareja de forma digna.
La relación de pareja en la jubilación, como he dicho, sufre una prueba de fuego, aunque no suele tener consecuencias mayores, porque la mayoría de hombres y mujeres se resignan, sabiendo que la “suerte está echada”, y que la alternativa a esa edad de vivir solos, o buscar otra pareja es complicada y poco sugerente, por lo que habitualmente se opta por resignarse. Hay casos en que en un arranque de coraje y dignidad deciden separarse, con la convicción de que es algo que debían haber hecho hace muchos años; aunque no es frecuente.
En todo momento, en pareja, es importante tener la sensación de que se convive con alguien que te quiere, que se preocupa por ti, que te es leal, fiel, y no me refiero a la fidelidad en el aspecto físico, creo que hay frecuentes infidelidades entre las parejas que no son físicas, no se les da demasiada importancia y que son tan graves o más, como son la deslealtad en los apoyos psicológicos, o en las carencias, en las confidencias que a veces se utilizan como agresión en momentos de tensión, en intentar hacer daño en los desencuentros sin reparar en medios…etc. Estos mecanismos perversos de relación no son extraños y se recrudecen en los momentos de crisis.

La vida de pareja siempre es difícil y tiene sus momentos críticos, uno de ellos es el de la jubilación. A esa edad, es lógico que se hayan ya producido los ajustes, y que incluso la necesidad del otro miembro sea más intensa que en épocas anteriores. La pareja vivida de forma madura, respetándose la individualidad de cada cual, es una garantía para la vida en los últimos años.
Ángel Cornago Sánchez. Derechos reservados.

sábado, 14 de mayo de 2016

AMOR Y PAREJA. ALGUNAS CONSIDERACIONES.

AMOR Y PAREJA.
Ángel Cornago Sánchez

Vivir en pareja es el estado ideal para la vida del ser humano. Seligman refiere en su libro “La auténtica felicidad”, que las personas con pareja estable y duradera, disfrutan de un alto grado de felicidad y tienen menos riesgo de padecer depresiones, seguidas de los que nunca se han casado, y después de los divorciados una o varias veces. Se puede sacar la conclusión que, “mejor con pareja estable” para ser feliz, pero también, “mejor sólo que mal acompañado”, pues en grado de felicidad, inmediatamente después de los de pareja estable, están los que nunca la han tenido (estable). La relación de pareja no es fácil. Y requiere mucha madurez por ambas partes. Brevemente dos aspectos: el enamoramiento y la comunicación.
El enamoramiento es ese estado idealizado que sucede a partir de los primeros encuentros, cuando se siente que se ha encontrado a esa persona maravillosa,  que va a condicionar nuestra vida positivamente. Se vive como algo esencial en nuestro destino que va a garantizar gran parte de la felicidad que podamos conseguir. La atracción en los primeros encuentros es física, no necesariamente sexual; enseguida intervienen otros factores como la comunicación que en un comienzo suele ser superficial y sesgada; tal vez también, influyen aspectos hormonales que no controlamos.
En ese momento, existe una sobrevaloración de las virtudes y una infravaloración de los defectos. Produce un estado especial, como si nos hubiéramos metido un “chute” de ilusión, que nos hace ver la realidad mejor de lo que es. Esa fase no es buena para tomar decisiones trascendentes, como casarse, tener un hijo, vivir juntos, porque no es fiable, hay que esperar a que los efluvios pasen para hacer la valoración en sus justos términos.
El enamoramiento es el primer paso, pero luego hay que “aterrizar”. Lo ideal es que persista el enamoramiento pero sin la “espuma”, y que se vayan consolidando los lazos entre ambos, para lo cual además de lo anterior, es indispensable una actitud de entrega, comunicación, y de respeto exquisito a la individualidad del otro.
La relación de pareja debe ser real. Es el medio, tal vez el único, donde nos despojamos de todos los accesorios de carácter que empleamos inconscientemente en la vida ordinaria. Con la pareja nos debemos mostrar tal como somos, con nuestras debilidades, nuestros miedos, nuestras preocupaciones. Debe ser una comunicación íntima, veraz, continuada, no sólo puntualmente; que sirva de consuelo, de apoyo en los momentos malos, y también en los buenos para perseguir proyectos y conseguir metas. Un hombro donde descansar, unos brazos que acojan y cobijen. Cariño incondicional. Lealtad inquebrantable. Considero que la comunicación real es el requisito básico, y también fundamental para la pareja estable y para alcanzar felicidad.
 Hay personas que todavía buscan en sus parejas las falacias que les habían inculcado en la infancia y juventud: mujeres-madres, serviles, o figurines frívolos, u hombres machos y duros, que no lloren, que no sientan.
Ángel Cornago Sánchez




lunes, 24 de agosto de 2015

VACACIONES Y PAREJA

Vacaciones y pareja

vacaciones Ángel Cornago Sánhcez
Días especiales los de vacaciones. Salimos de la rutina que puede ser más o menos tediosa, lo cual ya supone un matiz positivo, y afrontamos esta corta etapa, al menos con la necesidad de descansar, de evadirnos de la tensión y preocupaciones del trabajo diario, de ver y visitar lugares nuevos o conocidos, pero que nos sacan del marco donde habitualmente realizamos nuestra vida. Es también un encuentro relajado con la familia, fundamentalmente con la pareja y con los hijos…
Dicho así, todo parece muy positivo, y así debería ser, pero la convivencia en vacaciones durante las veinticuatro horas, en ocasiones son la espoleta para que afloren los desencuentros entre muchas parejas e incluso se tomen decisiones de separación. También puede suceder que esos desencuentros y agobios de la vida diaria por el trabajo y por los hijos, durante vacaciones se serenen y se busque tiempo para conversar, reflexionar conjuntamente, y organizar el futuro de forma más racional. En definitiva puede salir la pareja y el núcleo familiar reforzado. En realidad la comunicación frecuente, relajada, distendida y reflexiva, son ingredientes necesarios para afianzar la relación de pareja y se deben practicar durante todo el año, no solo en vacaciones.
Para las personas sin pareja, esta época es una ocasión especialmente propicia. Se suele estar en actitud positiva para los encuentros, para pasarlo bien, favorecido por la relajación que da el descanso, el cambio de marco donde nos encontramos, incluso la relajación de las normas habituales que nos hace comportarnos de forma más distendida. Es una época propicia para el enamoramiento, lo cual es positivo. Hay que vivirlo, pero debe pasar filtros para convertirse en relación de pareja estable, aunque puede ser el inicio.
En definitiva, que hayáis pasado o que paséis buenas vacaciones, descansando, divirtiéndoos, visitando nuevos lugares, encontrando nuevos amig@s, nuevas parejas que a poder ser aporten algo más que unos momentos de placer y que incluso puedan llegar a ser proyectos de futuro.
Salud y bien a todo@s.

Ángel Cornago Sánchez

martes, 4 de agosto de 2015

EL CHUTE DEL ENAMORAMIENTO

El chute del enamoramiento.
Ángel Cornago Sánchez
Me voy a permitir hacer unas reflexiones sobre el “enamoramiento”, sensación que, seguro hemos experimentado todos más de una vez. Dentro de unos días, terminará una época propicia por excelencia, en la que muchos y muchas habrán experimentado tan sublime sensación: las vacaciones, aunque también sucede durante todo el año, pero son más propicios los tiempos de asueto y euforia. En estos días hay más desinhibición y, quien más quien menos, está receptivo o receptiva a relacionarse. Muchas mujeres y hombres habrán tenido ocasión de conocer respectivas parejas, y algunos y algunas, habrán sentido ese flechazo que llena de gozo, de felicidad, de ilusión, con la sensación de que han encontrado a la persona de su vida. Está muy bien y, desde luego, hay que vivir el momento, pero darle la importancia que merece, no magnificarla en exceso, o al menos afrontarla con serenidad. Puede ser el inicio de una relación duradera, incluso para toda la vida, o puede ser un espejismo que se irá desvaneciendo. No digo que haya que vivirlo con miedo o con demasiadas prevenciones; considero que hay que vivirlo con la intensidad que en ese momento se sienta, pero no darle carta de validez para formalizar una relación de pareja definitiva, hasta que se pase el momento de euforia.
Aún diría más. Una relación de pareja no debe basarse en el enamoramiento, para que tenga visos de permanencia, y por tanto para formalizarla. El estado de enamorado o enamorada, distorsiona la realidad y nos hace ver hasta los defectos como positivos, o al menos tendemos a minimizarlos. Es preciso tiempo para que desaparezca ese “chute” similar al de la heroína que produce el enamoramiento. Es preciso sedimentar las sensaciones para que desaparezca el momento de euforia y veamos la realidad tal cual es. Lo que va a unir a la pareja después, no va a ser ese estado de embeleso, sino una comunicación profunda y leal, un respeto, y ahí es donde se van creando lazos mucho más profundos de lo que puede aportar el enamoramiento momentáneo, aunque cuando llega, es bonito, hay que vivirlo, y hay que darle la oportunidad para sea para una relación estable, pero también, tener serenidad antes de tomar decisiones trascendentes. Van a ser otras sensaciones las que van a unir a dos personas para poder vivir juntas, tarea complicada y difícil: la lealtad y la confianza para compartir momentos malos y buenos, la comunicación real, la libertad, la sexualidad…; insisto, es muy difícil, pero ese es otro tema…
Ángel Cornago Sánchez

  

sábado, 14 de febrero de 2015

BREVES APUNTES SOBRE AMOR Y PAREJA

AMOR Y PAREJA.
Ángel Cornago Sánchez

Vivir en pareja es el estado ideal en la vida del ser humano. Seligman refiere en su libro “La auténtica felicidad”, que las personas con pareja estable y duradera, disfrutan de un alto grado de felicidad y tienen menos riesgo de padecer depresiones, seguidas de los que nunca se han casado, y después de los divorciados una o varias veces. Se puede sacar la conclusión que, “mejor con pareja estable” para ser feliz, pero también, “mejor sólo que mal acompañado”, pues en grado de felicidad, inmediatamente después de los de pareja estable, están los que nunca la han tenido (estable). La relación de pareja no es fácil. Y requiere mucha madurez por ambas partes. Brevemente dos aspectos: el enamoramiento y la comunicación.
El enamoramiento es ese estado ideal que sucede a partir de los primeros encuentros, cuando se siente que se ha encontrado a esa persona maravillosa,  que va a condicionar nuestra vida positivamente. Se vive como algo esencial en nuestro destino que va a garantizar gran parte de la felicidad que podamos conseguir. La atracción en los primeros encuentros es física, no necesariamente sexual, pero enseguida intervienen otros factores cuando comienza la comunicación, que suele ser muy superficial y sesgada; tal vez también, aspectos hormonales que no controlamos. En ese momento, existe una sobrevaloración de las virtudes y una infravaloración de los defectos. Se produce un estado especial, como si nos hubiéramos metido un “chute” de ilusión, que nos hace ver la realidad mejor de lo que es. Esa fase no es buena para tomar decisiones trascendentes, como casarse, tener un hijo, vivir juntos, porque no es fiable, hay que esperar a que los efluvios pasen para hacer la valoración en sus justos términos.
El enamoramiento es el primer paso, pero luego hay que “aterrizar”. Lo ideal es que persista el enamoramiento pero sin la “espuma”, y que se vayan consolidando los lazos entre ambos, para lo cual además de lo anterior, es indispensable una actitud de entrega, comunicación, y de respeto exquisito a la individualidad del otro.
La relación de pareja debe ser real. Es el medio, tal vez el único, donde nos despojamos de todos los accesorios de carácter que empleamos inconscientemente en la vida ordinaria. Con la pareja nos debemos mostrar tal como somos, con nuestras debilidades, nuestros miedos, nuestras preocupaciones. Debe ser una comunicación íntima, veraz, continuada, no sólo puntual; que sirva de consuelo, de apoyo en los momentos malos, y también en los buenos para perseguir proyectos y disfrutar de metas. Un hombro donde descansar, unos brazos que acojan y cobijen. Cariño incondicional. Lealtad inquebrantable. Crítica bien intencionada. Considero que la comunicación real es el requisito básico, y también fundamental para la pareja estable. Insisto, deben mantener cada uno su individualidad, con su autonomía y proyecto de vida propio. Hay personas que se conforman con una comunicación más superficial y que conviven sin especiales conflictos, pero...no es lo mismo.
 Hay personas que todavía buscan en sus parejas las falacias que les habían inculcado en la infancia y juventud: mujeres madres, serviles, o figurines frívolos; u hombres machos y duros, que no lloren, que no sientan.
Que conservéis, o encontréis la pareja adecuada. Feliz San Valentín.amorparejadivorciosan valentin 
Ángel Cornago Sánchez



domingo, 26 de octubre de 2014

JUBILACIÓN Y CRISIS DE PAREJA

JUBILACIÓN Y CRISIS DE PAREJA

                Ángel CORNAGO SÁNCHEZ

La jubilación es un momento especial en la vida personal, pero también en la vida de pareja como tal. Por una parte, supone un cambio sustancial del ritmo de vida de cada uno de los miembros que, puede provocar vivencias psicológicas dispares: desde sensación de libertad y de tener tiempo, por fin, para dedicarse a esas aficiones que se han tenido abandonadas durante tantos años; en tal caso produce liberación, y comienzo de una vida que puede ser muy gratificante. O si no se tienen aficiones, proyectos, o formas de darle sentido a la vida, son unos años que se pueden vivir con aburrimiento, hastío, y la creencia de que ya no se sirve para nada. Por supuesto hay vivencias mixtas.
Para las personas que tienen pareja, es una prueba de fuego. Si los dos están jubilados, van a pasar de tener cada uno su “parcela” de vida individual, de trabajo, de compañeros, de tiempo gestionado de forma personal, de diferentes encuadres, relaciones, intereses, preocupaciones, etc., a compartir casi todas las horas del día y de la noche, renunciando a esa vida independiente que cada uno disfrutaba. Si la relación es excelente, no van a surgir problemas especiales. Pero…, relaciones excelentes hay pocas. En muchos casos se van a descompensar las que estaban más o menos en equilibrio inestable, que son muchas, por ese compartir tanto tiempo, y la carencia del que anteriormente utilizaban individualmente.
Vivir en pareja no quiere decir que las aficiones, las opiniones, las ideas, etc., sean comunes; ese aforismo de que “dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición”, es una falacia, habrá algunos casos, y desde luego no es positivo para el proyecto de cada cual. Es fundamental, como durante toda la vida, para ambos miembros, guardar su individualidad, y que esta sea respetada por el otro. En mi opinión, es la mejor de forma de vivir en pareja de forma digna.
La relación de pareja en la jubilación, como he dicho, sufre una prueba de fuego, aunque no suele tener consecuencias mayores, porque la mayoría de hombres y mujeres se resignan, sabiendo que la “suerte está echada”, y que la alternativa a esa edad de vivir solos, o buscar otra pareja es complicada y poco sugerente, por lo que habitualmente se opta por seguir juntos. Hay casos en que en un arranque de coraje y dignidad deciden separarse, con la convicción de que es algo que debían haber hecho hace muchos años, aunque no es frecuente.
En todo momento, en pareja, es importante tener la sensación de que se convive con alguien que te quiere, que se preocupa por ti, que te es leal, fiel, y no me refiero a la fidelidad en el aspecto físico, creo que hay frecuentes infidelidades entre las parejas que no son físicas, no se les da demasiada importancia y que son tan graves, como son la deslealtad en los apoyos psicológicos, o en las carencias, en las confidencias que a veces se utilizan como agresión en momentos de tensión, en intentar hacer daño en los desencuentros sin reparar en medios…, etc. Estos mecanismos perversos de relación no son extraños y se recrudecen en los momentos de crisis.
La vida de pareja siempre es difícil y tiene sus momentos críticos, uno de ellos es el de la jubilación. A esa edad, es lógico que se hayan ya producido los ajustes, y que incluso la necesidad del otro miembro sea más intensa que en épocas anteriores. La pareja vivida de forma madura y gratificante, es la mejor forma de convivencia.
Ángel Cornago Sánchcrisis de parejajumilaciónjubilaciónez