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lunes, 23 de julio de 2018

PROYECTO DE VIDA Y FELICIDAD (Resumen)


            PROYECTO DE VIDA Y FELICIDAD

No tiene relación, necesariamente, con la religión, ni tampoco con la trascendencia. En este caso se trata de «vivir por algo». Tener un objetivo que justifique la trayectoria en la vida. Puede ser el caso de las profesiones vocacionales, como la medicina, la judicatura, la escritura o el arte en cualquier rama, la educación, la de los científicos e investigadores, u otro trabajo que se intente hacer con la máxima calidad. A veces en determinados es difícil por el tipo de ocupación u otras circunstancias, pero hay que intentar, al memos, hacer el "trabajo bien hecho". Y también objetivos individuales, que no necesariamente tengan que ser profesionales o de trabajo como: aficiones, pertenencias a grupos de carácter lúdico, altruistas, etcétera, o cualquier otro que haga sentir la vida plena. Escribe J.A. Marina: «Quien no aspira a nada nunca puede ser defraudado […] La carencia de deseos nos lleva a la abulia. La proliferación de deseos a la insatisfacción permanente».[1]
Por sí mismos estos proyectos de vida son capaces de compensar muchas infelicidades, y de conseguir mucha felicidad; y en todo caso de darle sentido a la existencia. Hay otros muchos factores que influyen en la felicidad.
De mi libro "Salud y felicidad". Edt. SalTerrae


[1] MARINA, J.A., El laberinto sentimental, Anagrama, 1996, p.224.

lunes, 12 de febrero de 2018

LUCHA POR LA SUPERVIVENCIA Y FELICIDAD (APUNTES)

PROCESO DE SUPERVIVENCIA Y FELICIDAD (APUNTES)
Las motivaciones, que en un principio eran la subsistencia, tal vez la defensa o el conocimiento, se tornaron con el tiempo en sed de dominio, de conquista, de poder. Se pasó de la lucha por lo necesario, que producía felicidad con cada logro, a la lucha por lo superfluo, por privilegios, objetivos contaminados por egoísmos, avaricias. Para conseguirlos, se utilizó el engaño, sobre todo con los más vulnerables, la violencia, el manejo, la mentira, etc. En definitiva, se tornó a un sistema, en que ni los objetivos ni los medios empleados producen felicidad, antes al contrario, suelen ocasionar infelicidad y mala conciencia a la larga. Eran grupos minoritarios que, en general, lograban sus fines, a veces en competencia con grupos similares.
Para recrear y analizar el camino, debemos imaginarnos el escenario que le tocó vivir al hombre primitivo. En una primera fase, si escasea lo necesario, la lucha es salvaje, incluso fratricida. El primer objetivo es la subsistencia. Si la escasez no es importante, y tampoco vislumbramos la posibilidad de distinguirnos, de acaparar, de conseguir poder, somos solidarios; nos ayudamos mutuamente para sobrevivir, que es el objetivo primero. Una vez conseguido lo preciso, si percibimos la posibilidad de tener más, de asegurar el futuro, comenzamos a disiparnos por otros intereses cuya posesión nos van hacer singulares; nos vamos a poder distinguir de los otros y crearnos un estatus que podamos "enseñar". Ser más o tener más, y algunos, también dominar. En general, dejaremos de ser solidarios, y lucharemos por bienes superfluos. «En los animales sociales buena parte de los incidentes cotidianos dependen de la lucha por el estatus».[1]
El grupo más numeroso se dejará llevar por los que se han aupado a lugares de privilegio, los cuales emplearan medios de engaño, la manipulación, incluso la fuerza. Unos van a conseguir poder, privilegios, manejando y explotando al resto. Los otros se van a dejar arrastrar, creyendo que asumen su destino y que no hay otras alternativas. Son la mayoría, generalmente poco concienciada, resignada.
 Algunos de los sometidos, más concienciados, van a organizarse para hacer frente a los dominadores –tarea dura y complicada que obliga, en no pocas ocasiones, para ser eficaces, a renunciar a sus principios, si es que alguna vez los tuvieron–. Se van a contaminar con métodos e intereses también inmorales, por motivos similares en el fondo, a los que pretender suplantar; pero en este caso bajo el lema de: «el fin justifica los medios». En un proceso de degradación y, con el tiempo, pueden ser capaces de acciones tan deleznables como los dominantes. En teoría es un proceso justo, pero la dificultad de conseguir sus fines y, en muchos casos, dirigidos por líderes mesiánicos, que caen en los mismos métodos y errores que los que intentan combatir, llevan a nuevos sufrimientos a los históricamente sometidos, a la mayoría silenciosa, que seguirán siendo «carne de cañón», dejándose arrastrar por unos u otros. Fernando Arrabal, con agudo análisis, escribe: «¡Qué droga el poder! A medida que pasan los años, los que gobiernan (aunque solo sea una federación), se vuelven escépticos y dedican toda su energía a permanecer en el puesto. ¡Cómo eliminan a los opuestos! ¡Con qué saña persiguen a los candidatos a la sucesión! Pero Séneca dijo a Nerón: ‘Cualquiera que sea el número de personas que mates, tu sucesor no estará entre ellos’».[2]
Por el contrario, habrá un grupo de visionarios que se preocupará de seguir siendo solidarios; de cultivar las relaciones humanas, la espiritualidad; de organizar una sociedad justa; de potenciar una educación en valores. Son el grupo que se adapta lo suficiente para vivir, sin ceder, con sentido crítico, librepensamiento, rigor y honradez intelectual, ejerciendo la consecuencia, con la vista puesta en cambiar la sociedad; que lucha sin quemarse, porque sabe que la eficacia está en el grano de arena que pueden aportar unido a otros similares para cambiar el mundo. En definitiva, a puro de conseguir muchas personas honradas y con contenido. Como dice F. Savater: «La tarea de quienes desean transformar positivamente nuestra condición, o la sociedad, no consiste en reinventar a los hombres, sino en colaborar con los mejores de ellos y respetar la dignidad de todos».[3] Es una utopía, pero es el camino al que hay que aproximarse. Tanto los explotadores, los revanchistas, como los salvadores, solo han causado ineficacia, dolor, y a veces sangre. La historia lo ha demostrado sobrada y repetidamente. Son más de lo mismo.
La mayoría de los candidatos a los distintos poderes no son las personas más capaces y honradas. El perfil de la mayoría de ellos no es precisamente altruista y de fiar. Como dice Adolf Tobeña:
La biología humana impone que en el trayecto para alcanzar cotas altas de poder político, resulten primados quienes reúnen condiciones para el bandidaje parasitario y embriagador. Los individuos astutos, dominantes, crueles, persuasivos, falsos, manipuladores y audaces son óptimos candidatos, para situarse en posiciones de ventaja en la lucha por el poder.[4]
Y continúa en otro párrafo:
Entre los políticos de relumbrón, y también entre los de segunda y tercera fila, hay una desmesurada proporción de delincuentes y para delincuentes estupendamente disfrazados de servidores de la comunidad.[5]
[…]
El juego del poder selecciona a sujetos que ya llevan, de por sí, unos rasgos que les predisponen a servirse del esfuerzo y entusiasmo ajenos en provecho propio…Por eso, es tan importante ir creando mecanismos, en democracia, que atenúen la tendencia natural a la fagocitación del gobierno, por parte de diversos tahúres de distinto pelaje y sus compinches.[6]
Por supuesto que hay personas honradas e idealistas, muchas de las cuales no están dispuestas a quemarse y a competir por el poder político contra los del perfil rastrero que hemos comentando. Entre otras cosas, porque no son capaces de utilizar los medios y mecanismos arteros, ilegales y corruptos que suelen utilizar los que pululan alrededor del poder político para intentar servirse de él. No son capaces del navajeo. Solo tienen opción en momentos de crisis, cuando todos abandonan el barco, porque no hay nada que ganar; además de que son en general incompetentes para resolver problemas.

Podemos concluir que para ser felices el marco es hostil, también para sobrevivir y conservar la salud: De hecho, vamos a enfermar y morir.  En cuanto a ser felices, también va a influir negativamente. No existe un lugar idílico que nos asegure la felicidad y, desde el nacimiento, va a ser una lucha permanente: primero, focalizada en las necesidades primarias; después, en aspectos subjetivos, sin una dirección clara que nos ilumine sobre cómo se alcanza dicha sensación. Incluso, no se garantiza que logremos un marco ideal para conseguirlo. Lo deberemos construir individualmente. Habrá circunstancias que lo van a favorecer, pero ninguna lo garantiza. Conseguirla es, fundamentalmente, una búsqueda personal que puede ser más o menos dificultosa, basada en cuestiones que analizaremos más adelante. El ser humano, pues, está inmerso en un marco en el que es esencialmente vulnerable.
De mi libro "Salud y felicidad". Edt.  Salterrae





[1] TOBEÑA, Adolf, Cerebro y poder, Madrid, La Esfera de los Libros, 2008, p. 37.
[2] ARRABAL, Fernando, La dudosa luz del día, Madrid, Espasa Calpe, 1994, p.193
[3] SAVATER, Fernando, Sin contemplaciones, Madrid, Ediciones Libertarias, 1993, p. 39
[4] TOBEÑA, Adolf, Cerebro y poder, Madrid, La Esfera de los Libros, p. 247
[5] Ibidem, p. 248
[6] Ibidem, p. 249

martes, 23 de enero de 2018

INDIVIDUALIZACIÓN Y FELICIDAD

INDIVIDUALIZACIÓN Y FELICIDAD
Es necesario pasar de la dependencia absoluta que experimentamos en la infancia, en la que estamos sometidos a los adultos, sobre todo a los padres, a la máxima individualización, sabiendo que nunca va a ser total, fundamentalmente porque somos seres sociales.
Refiriéndonos a la dependencia social, necesitamos de los otros para la procreación, que dará lugar al primer grupo, el núcleo familiar formado por la pareja y los hijos. Precisaremos de las otras familias, de los otros pequeños grupos sociales elementales, para asegurar nuestra subsistencia con la producción de alimentos, para la defensa, para ayudarnos en la adversidad. Así se formaron los primeros poblados. Desde ese momento, ya fueron necesarias normas, que obligaran a todos, para organizar y regular la convivencia, y resolver los conflictos. Se erigieron los primeros líderes para la coordinar, interpretar y hacer cumplir las normas y leyes que se habían dado. Así, en sentido ascendente, se formaron los pueblos, las ciudades, las regiones, las naciones, las organizaciones supranacionales, etc.
También somos sociales porque precisamos de los otros para reconocernos. Precisamos ser valorados, ser admitidos en el grupo social; también, ser queridos. Algunos, en una deriva patológica, aunque frecuente en la especie humana, precisan ser temidos; pero aun en las valoraciones negativas nos reconocemos; no podemos vivir si somos invisibles para los demás. De ahí, en una interpretación subjetiva, que a veces no coincide con la objetiva, extraemos datos para conformar nuestra autoestima.
El ser seres sociales, necesario para la procreación, para la organización comunitaria, lleva consigo la necesidad de dependencias. Algunas son el tributo que debemos pagar para organizarnos y permitirnos vivir con determinadas ventajas (defensa, comercio, sanidad, educación, leyes, etc.); otras nos las imponemos de forma consciente o inconscientemente. Las dependencias van a ser lastres que nos van a dificultar volar hacia la individualización teórica, y, en definitiva, van a influir positiva y negativamente en la felicidad subjetiva.
Las vicisitudes positivas y negativas en el trabajo, en la salud y en otros aspectos importantes, son irremediables; también con las personas que tratamos, con las que queremos. Van a ocasionar luces y sombras, y en consecuencia sensaciones positivas y negativas. En este sentido es imposible el proceso de individualización, hasta el punto de que no influyan. Llevado al extremo nos abocaría a una vida sin sentimientos, lo cual sería negativo. Es uno de los artefactos de la felicidad. No necesariamente el afecto debe ser correspondido en la misma medida.
Pero la individualización es un proceso necesario, aunque difícil. Todo va a tender a que seamos dependientes, a que no seamos libres. Los padres educan en valores, pero, en general, sin ser conscientes, tratan de proteger en exceso, a veces, de domesticar, a los hijos para que sean compatibles con la corriente que toca vivir. Que no sean conflictivos. Que se adapten a la sociedad para que no tengan problemas. En general, no educan para ser hombres y mujeres libres. Es una grave equivocación. Se debe educar en librepensamiento, precisamente para evitar la dependencia; potenciando las cualidades; inculcando valores; mirando hacia nuevos horizontes si así lo desean; formando individuos reflexivos, pero autónomos.
Es una formación no convencional que puede salirse de lo establecido y puede ocasionar problemas, pero también muchos beneficios. Los hombres y mujeres grandes en el mundo, que lo han cambiado o han ayudado a hacerlo mejor, han sido personas que no se han movido dentro de las líneas culturales, profesionales e, incluso, sociales de lo establecido. El mismo defecto, con frecuencia, cometen los educadores en los colegios, cuando su finalidad debería ser formar personas que utilicen sus potencialidades para buscar su proyecto de vida personal, y para influir en la sociedad en la que vive y mejorarla.
En la sociedad actual, se ponen trabas para la individualización, porque interesan personas manejables, que sigan el dictado y las corrientes pautadas por las clases dominantes, y también por los poderes en la sombra.
(Continuará)


De mi libro "Salud y felicidad". Edt. SalTerrae


miércoles, 23 de agosto de 2017

SALUD Y PROYECTO DE VIDA

SALUD Y PROYECTO DE VIDA.

El informe del Hastings Center[i] define la salud, como “la experiencia de bienestar e integridad del cuerpo y de la mente, caracterizada por una aceptable ausencia de condiciones patológicas y, consecuentemente, por la capacidad de la persona para perseguir sus metas vitales y para funcionar en su contexto social y laboral habitual”. Es una definición mucho más realista que la de la OMS ya que matiza: “una aceptable ausencia de condiciones patológicas”, a diferencia de la definición de la OMS que hablaba “de completo bienestar...”, lo cual es una utopía.
 El concepto de salud aún tiene un matiz que me parece muy importante para definirla. Salud no es sólo encontrarse bien físicamente, estar sereno psicológicamente, no tener problemas espirituales ni sociales, ni incluso tener una capacidad aceptable para perseguir las metas vitales. Salud es vivir movido por “un impulso vital”, tener un “proyecto de vida” por el que moverse y al que dirigirse. No de forma compulsiva, pues la compulsión, además de producir angustia, hace desaparecer el resto de los factores de la vida que son  importantes; por eso hay que perseguirlo de forma equilibrada.
El impulso debe ir dirigido, a un proyecto de vida proporcionado a lo que uno es y a las aptitudes individuales. No se puede pretender ser un buen profesional de una actividad determinada si no se tiene aptitudes para ella. Tampoco se puede pretender ser de los mejores futbolistas del mundo, aunque se tengan buenas aptitudes, pues el llegar a determinadas cotas, supone la convergencia de otros factores que no dependen de uno mismo. Además, es conveniente contar con la posibilidad de que se puede fracasar. Son aspectos que conviene tener en cuenta para no frustrarse y sentirse fracasado.
Un impulso desproporcionado, lo más probable es que sea motivo de infelicidad. Sin embargo, el impulso vital si es adecuado y proporcionado, permite que alguna de las otras facetas del sentirse con salud, no sean todo lo saludables que debieran, cosa por otra parte frecuente, pues es una utopía que nos encontremos siempre bien, física, psicológica, espiritual y socialmente. Estos determinados sinsabores se pueden, de alguna forma, compensar con el impulso vital, que no debe funcionar como tal mecanismo como primera finalidad, pues en este caso sería un refugio, que puede servir, pero no entraría dentro del concepto de plenitud de salud. Una persona puede tener una incapacidad física, pero tener una rica vida  intelectual que le permite compensar su deficiencia.
Este impulso vital  tendrá más fuerza si es por algo no material, aunque no necesariamente trascendente. El impulso vital, es algo por lo que merece la pena vivir. No es una predestinación que la pueden sentir los fanáticos, sino unas vivencias que el individuo las siente “como que llenan su vida” y le compensan, al menos en parte, del resto de los aspectos negativos. Esta vivencia, por supuesto, es muy individualizada y cada persona puede tener la suya. Pueden ser ideales humanistas, políticos, religiosos, profesionales, de trabajo, aficiones, afectos, incluso, perseguir dinero o poder de forma equilibrada. No es saludable dejar pasar los días sin esperar ni buscar nada; hay que vivir por algo. Esta actitud, permite sobrellevar las alteraciones en los otros aspectos que hacen que no nos sintamos con plena salud. De hecho, muchas personas enferman o aparece la enfermedad, al dejar de “vivir por algo”.
Ángel Cornago Sánchez
 De mi libro "Salud y felicidad". Edt. Salterrae.






[i]The Goals of Medicine:Setting New Priorities.The Hastings Center Report 1996.Tradcc Rodriguez Pozo

domingo, 2 de julio de 2017

EL EQUILIBRIO HABITUAL ES MUY DIFÍCIL


Equilibrio.

Aquella tarde estaba triste, algo se había roto en mí. Sin saber por qué, fui encontrándome cada vez más apesadumbrado. Motivos aparentes, cercanos, recientes, no parecían de entidad; más lejanos en el tiempo y más profundos en el alma, probablemente muchos, pero no había sucedido nada que hiciera presumir que los hubiera desempolvado aun sin querer. Una vida cuando se lleva vivida, tiene mucho contenido acumulado y, entre ese contenido, hay mucho de negativo y doloroso.
Cuando pienso en esto me doy cuenta de que, en muchas ocasiones, tal vez, no son las circunstancias externas las que traen los momentos dolorosos, sino que están dentro de uno mismo, en nuestra forma de ser, en nuestra historia. Pero... ¿hemos podido ser de otra manera? Estamos acostumbrados a idealizar que nuestra trayectoria en la vida hubiera sido muy otra si no hubiera ocurrido tal o cual circunstancia, poniendo como argumento sólo nuestras posibles virtudes y los acontecimientos positivos. Sin embargo, debemos tener en cuenta, que somos no solo lo positivo que hay en nosotros, también lo negativo y, como tal, debemos aceptarlo, aunque esa parte nuestra sea la causa de que no hayamos llegado a cotas más altas de aceptación personal o de felicidad.
Probablemente, cuando llega esa tristeza inopinada, de aparente sinsentido, algo se ha removido en el fondo de nuestros sentimientos, de nuestros recuerdos o de nuestras frustraciones, que hace que revivamos de nuevo circunstancias que antes nos causaron dolor. Fue porque algo deseado no tuvimos o porque después de tenerlo lo perdimos; ese “algo” que nos produce infelicidad no suelen ser cosas materiales, sino más bien ideales o personas. La infelicidad siempre nace de la sensación de carencia de algo.
No todos los días estamos igual, los hay en que las mismas circunstancias nos pasan desapercibidas, y otros, sin embargo, tambalean nuestra estabilidad estímulos menos manifiestos. Somos frágiles e influyen en nosotros muchas circunstancias que no controlamos; incluso el tiempo, la temperatura y la presión atmosférica producen cambios que acusamos.
Básicamente, lo que más influye, es nuestra estructura psicológica conformada por nuestro código genético, y las circunstancias vividas en los primeros años que han condicionado nuestro desarrollo psicológico, y que han hecho que esas aptitudes o defectos gravados en nuestros genes hayan desarrollado o aminorado sus potencialidades. Después, en la edad adulta, cambiar radicalmente el trayecto tomado es laborioso. Otro factor son las circunstancias que nos toca vivir de adultos, que van a ponernos a prueba en muchas ocasiones, y a las que nos vamos a enfrentar con esa estructura que tenemos conformada.
Por eso, hay días en que me siento triste y no sé por qué, al menos no sé por qué, de repente, soy mucho más sensible a carencias o frustraciones que en otras ocasiones me parecía haber superado. Lo cierto es que, habitualmente, después de la tempestad viene la calma, y hace presumir que, a lo mejor mañana, será otro día y me encontraré de nuevo tranquilo y relajado, pero con la seguridad de que, tarde, o más bien temprano, aparecerá otro u otros días de tempestad.

Ángel Cornago Sánchez. De mi libro: “Arraigos, melindres y acedías”.

sábado, 11 de enero de 2014

Salud y proyecto de vida


SALUD Y PROYECTO DE VIDA.

 

El informe del Hastings Center[i] define la salud, como “la experiencia de bienestar e integridad del cuerpo y de la mente, caracterizada por una aceptable ausencia de condiciones patológicas y, consecuentemente, por la capacidad de la persona para perseguir sus metas vitales y para funcionar en su contexto social y laboral habitual”. Es una definición mucho más realista que la de la OMS ya que matiza: “una aceptable ausencia de condiciones patológicas”, a diferencia de la definición de la OMS que hablaba “de completo bienestar...”, lo cual es una utopía.

 El concepto de salud aún tiene un matiz que me parece muy importante para definirla. Salud no es sólo encontrarse bien físicamente, estar sereno psicológicamente, no tener problemas espirituales ni sociales, ni incluso tener una capacidad aceptable para perseguir las metas vitales. Salud es vivir motivado por “un impulso vital”, tener un “proyecto de vida” por el que moverse y al que dirigirse. No de forma compulsiva, pues la compulsión, además de producir angustia, hace desaparecer el resto de los factores de la vida que son  importantes; por eso hay que perseguirlo de forma equilibrada. El impulso debe ir dirigido, a un proyecto de vida proporcionado a lo que uno es y a las aptitudes individuales. No se puede pretender ser un buen profesional de una actividad determinada si no se tiene aptitudes para ella. Tampoco se puede pretender ser de los mejores futbolistas del mundo, aunque se tengan buenas aptitudes, pues el llegar a determinadas cotas, supone la convergencia de otros factores que no dependen de uno mismo. Además, es conveniente contar con la posibilidad de que se puede fracasar. Son aspectos que conviene tener en cuenta para no frustrarse y sentirse fracasado. Un impulso desproporcionado, lo más probable es que sea motivo de infelicidad. Sin embargo, el impulso vital si es adecuado y proporcionado, permite que alguna de las otras facetas del sentirse con salud, no sean todo lo saludables que debieran, cosa por otra parte frecuente, pues es una utopía que nos encontremos siempre bien, física, psicológica, espiritual y socialmente. Estos determinados sinsabores se pueden, de alguna forma, compensar con el impulso vital, que no debe funcionar como tal mecanismo como primera finalidad, pues en este caso sería un refugio, que puede servir, pero no entraría dentro del concepto de plenitud de salud. Una persona puede tener una incapacidad física, pero tener una rica vida  intelectual que le permite compensar su deficiencia. Este impulso vital  tendrá más fuerza si es por algo no material, aunque no necesariamente trascendente. El impulso vital, es algo por lo que merece la pena vivir. No es una predestinación que la pueden sentir los fanáticos, sino unas vivencias que el individuo las siente “como que llenan su vida” y le compensan, al menos en parte, del resto de los aspectos negativos. Esta vivencia, por supuesto, es muy individualizada y cada persona puede tener la suya. Pueden ser ideales humanistas, políticos, religiosos, profesionales, de trabajo, aficiones, afectos, incluso, perseguir el dinero o el poder. No es saludable dejar pasar los días sin esperar ni buscar nada; hay que vivir por algo. Esta actitud, permite sobrellevar las alteraciones en los otros aspectos que hacen que no nos sintamos con plena salud. De hecho, muchas personas enferman o aparece la enfermedad, al dejar de “vivir por algo”...

Ángel Cornago Sánchez. De mi libro "Para comprender al enfermo"

 



[i]The Goals of Medicine:Setting New Priorities.The Hastings Center Report 1996.Tradcc Rodriguez Pozo