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viernes, 24 de julio de 2020

EL CHUPINAZO EN TUDELA. (HOY NOSTALGIA)


EL CHUPINAZO EN TUDELA. (HOY NOSTALGIA)

Las fiestas de Tudela entran por el oído además de por la vista. El bullicio de la calle, el colorido blanco y rojo de las vestimentas, el desenfado espontáneo y ocurrente de mis paisanos, el sonido de las charangas, constituyen un espectáculo que contagia y arrastra a un estado de especial euforia. Es un ambiente de alegría desbordante que afecta a todos, desde los niños pequeños a las personas mayores. Pienso que es una catarsis colectiva sumamente sana, y que, junto con los actos de solidaridad en grupo, constituye una de las muestras más saludables de los humanos. Para mí todavía constituye un espectáculo salir a la calle en fiestas y observar la alegría desbordante de la gente; casi nunca me he marchado de las fiestas de mi pueblo, y la razón que aduzco, es que “¿Donde lo voy a pasar mejor?”, aunque sólo esté de mero espectador.
El acto del chupinazo para inaugurar las fiestas constituye uno de esos momentos que me emocionan profundamente. La plaza se va llenando progresivamente, hasta estar hasta los topes unos minutos antes de las doce; los balcones engalanados con la bandera de Tudela, los pañuelos rojos en la mano, las vestimentas blancas, el ambiente festivo y expectante. Con las campanadas de las doce se produce el saludo del alcalde o del concejal de turno, con un desgarrado: “tudelanos, tudelanas! ¡Viva Tudela¡ !Viva Santa Ana¡”  seguido por los “vivas” de la muchedumbre, por el chupinazo y por una inmediata explosión de júbilo, griterío festivo y música. Ese momento me produce un escalofrío que recorre todo mi cuerpo y, a veces, confieso, que he tenido que esforzarme para no mostrar mi emoción. Cuando vivía fuera de Tudela, algún año he llegado unos minutos antes del chupinazo, he saludado a mis padres desde la calle y he marchado corriendo a la plaza para no perderme ese momento sublime.
Ángel Cornago Sánchez

De mi libro “Arraigos, melindres y acedías”




lunes, 24 de diciembre de 2018

LA SONRISA


LA SONRISA


La palabra es el modo más habitual de comunicación entre los humanos, pero desde luego no el único. Su importancia como tal radica en que se puede utilizar a distancia sin necesidad de verse ni de tocarse que son los otros dos sentidos con los que intercambiamos información (con el olfato necesitamos proximidad). Aun así, el significado de la palabra se puede artefactar, fundamentalmente con el tono, y el sentido de la frase no ajustarse a lo que literalmente quiere decir. Por eso, en la relación con nuestros semejantes estamos diciendo muchas cosas no sólo con la palabra, sino con todo nuestro cuerpo: desde nuestra forma de vestir y acicalarnos, la expresión de nuestra cara, el tono de las frases, e incluso con los silencios, estamos trasmitiendo una serie de información que con frecuencia puede incluso estar en contradicción con lo que literalmente estamos hablando. En la escala de credibilidad es más verosímil lo que estamos diciendo con todos estos “accesorios” de la comunicación que lo que estamos comunicando con las palabras.
La sonrisa es un gesto sutil de comunicación que indica un estado de ánimo positivo hacia el oponente; si nuestra relación con otra persona va precedida de una sonrisa estamos trasmitiendo a nuestro interlocutor que estamos en actitud positiva para relacionarnos con él.
A veces la sonrisa se nos escapa e indica un estado de ánimo íntimo; cuando estamos escuchando algo que nos agrada, pensando o recordando algo que nos es grato, es frecuente que lo delatemos con la cara porque estamos, sin ser conscientes, esbozando una sonrisa.
Como es habitual en comunicación, no siempre el gesto se ajusta a lo que habitualmente quiere decir; ocurre también con la sonrisa. Cuando alguien recibe lo que estamos diciendo o nos mira con una sonrisa irónica, percibimos claramente el rechazo e incluso la agresividad que nos está trasmitiendo.
En la evolución de la especie la sonrisa ocupa un grado sofisticado de expresión. En esta cadena, el hombre primitivo debía de pasar de llorar a lágrima viva, a la carcajada a mandíbula batiente, siendo estados más depurados el sollozo y, sobre todo, la sonrisa, adquiridos mucho después. La carcajada es una explosión de júbilo primitiva, física, pero en la sonrisa el estado de júbilo o de bienestar está en la mente, es más intelectual y trasciende al exterior.
Tal vez esta es la razón por la que mi hijo cuando tenía cinco años, en sus interrogantes sobre la muerte, un día me preguntó si cuando morimos el cuerpo se queda aquí en la tierra, pero si la “pensadura” y la “sonrisa” se iban al cielo, percibiendo perfectamente que la sonrisa es un gesto que va unido a algo que trasciende lo meramente físico y en la misma categoría que el pensamiento.

Ángel Cornago Sánchez. De mi libro “Arraigos, melindres y acedías”


domingo, 11 de diciembre de 2016

VIDA COTIDIANA

VIDA COTIDIANA

Cuando por las mañanas nos levantamos de la cama, es difícil que la primera sensación que percibamos sea de bienestar. Lo normal es que nos sintamos somnolientos, con el cuerpo entumecido y con cierta resistencia a comenzar de nuevo, cuando no, doloridos o de mal humor. La reconfortante ducha y el café del desayuno nos ponen en la tensión suficiente para afrontar el nuevo día con todos sus retos. Es la vida cotidiana la que se presenta ante nosotros una jornada tras otra. Esporádicamente, habrá hechos puntuales que otorgarán a ese día un significado especial que nos producirá vivencias singulares, pero lo habitual, serán más o menos universales y rutinarias llevadas de forma subjetiva.
Los ámbitos en que nos desenvolvemos cada día, son para la mayoría los mismos: la familia, el trabajo, las aficiones, el grupo de amigos…En esos marcos nos vamos a sentir: vulnerables ante algunas circunstancias, reforzados ante otras, felices, desgraciados, enamorados, traicionados, sujetos a poderes u ostentando poder, aunque solo sea sobre nuestros hijos; nos vamos a sentir con salud, enfermos, amenazados; perezosos, ilusionados; vamos a sentir admiración, envidia, amor, odio; vamos a reír a carcajadas, o vamos a estar tristes; en ocasiones nos va atraer lo prohibido...Vamos a no creer en el más allá o vamos a buscar nuestra trascendencia particular.
De este mar de sensaciones, vamos a sentir probablemente todas en algún momento de nuestra vida, muchas de forma frecuente, la mayoría de forma cotidiana, y algunas en momentos puntuales. Van a dominar más unas u otras, dependiendo de nuestra estructura psicológica potenciada por la educación recibida, sobre todo en la infancia. Después van a influir de forma determinante las circunstancias, que parte van a ser debidas al azar, pero otras las habremos buscado mas o menos conscientemente dependiendo, en definitiva, también de nuestra forma de ser.
Después, la forma de enfrentarnos a todo lo que nos toca vivir, las vivencias y las enseñanzas sacadas, junto con la reflexión, va a hacer que vayamos acumulando un bagaje que con los años nos permita ser expertos en pragmática de la vida, y que tal vez nos sintamos cada vez más felices si hemos sabido asimilar el proceso de lo que es vivir, y también, el declive y envejecimiento.
Ángel Cornago Sánchez