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viernes, 10 de julio de 2015

LA APARIENCIA PERSONAL

Apariencia y realidad
Ángel Cornago Sánchez
Es algo consustancial al ser humano revestirnos de artefactos, adoptar formas, poses y actitudes que tienen por finalidad trasmitir una imagen determinada a las personas de nuestro entorno y, en definitiva, comunicar una serie de características de nuestra personalidad reales o no, que el sujeto en cuestión pretende que sean conocidas por los demás. Es una forma de comunicación no verbal que ocupa un lugar preeminente dentro de las formas de comunicarnos.
Esta forma de relacionarnos ha existido siempre, e incluso la utilizan también los animales. Algunos de ellos, como el gato y el jabalí, erizan su pelo cuando están en actitud agresiva, el pavo real extiende su cola para atraer a la hembra, el camaleón cambia de color cuando se siente en peligro, el león ruge para hacer notar su  poderío, etc. Los pueblos primitivos se sirven de adornos y de pinturas para distinguir al jefe, al hechicero o a los guerreros. En la sociedad actual existen una serie de profesiones que matizan sus funciones y sus rangos por medio de signos; como más representativos, los militares con el uniforme, los jueces con la toga, y los miembros de las religiones  con los hábitos y ornamentos. En definitiva, existen en el ser humano y en los animales una serie de mecanismos de comportamiento que tienen por finalidad mostrar su rango, u otras más concretas como la defensa del territorio, de la vida o el mantenimiento de la especie.
El objeto de este revestimiento en las personas, es arrogarse unas características determinadas que pretenden que los demás le reconozcan que, en general, son de dominio, de poder, de status social privilegiado, de belleza, de juventud, aunque existen también individuos que les interesa pasar desapercibidos y no se revisten de nada, en definitiva este no revestirse, también es una forma de comunicar que, al menos externamente, desean pasar inadvertidos.
Estas actitudes, en los animales se corresponden con lo que en realidad son, o sólo las adoptan en momentos determinados para fines concretos. Algunas personas tratan de mostrar aspectos de su personalidad que no se corresponden con lo real. Mantener un estatus determinado basado en conseguir signos externos valorados socialmente, puede ser la finalidad básica de muchas familias que llegan a sacrificar aspectos importantes. Para determinadas personas, el tener un abrigo de visón o un coche ostentoso, en el ambiente que frecuentan, puede ser muy importante y utilizan todas sus energías para conseguir esos fines, incluso si su economía no está en relación con esas necesidades sacrifican otras más básicas para obtener dichos fines. Mostrar un aspecto físico elegante, impecable se convierte a veces en una forma de vivir obsesiva, lo mismo que no aceptar el proceso de envejecimiento e intentar por medio de intervenciones más o menos agresivas, paliar el proceso natural.
Esto lleva a que haya una discrepancia entre lo que se es y lo que se quiere aparentar; se convierte en una actitud crónica por motivos vacíos que pueden no tener ninguna recompensa. Viven una existencia superficial condicionada por uno y mil factores sin contenido de los que llegan a sentirse esclavos. Esta forma de vida esta llena de insatisfacciones y es fuente de frustración y hastío.
Aunque el refranero español es sabio y dice que “el hábito no hace al monje”, en la sociedad actual parece que impera la creencia de que el hábito sí que hace al monje. Esto lo saben muy bien las empresas de consumo, que intentan vendernos sus productos basando su publicidad en lo accesorio y no en lo fundamental, casi no nos hablan del producto en cuestión, pero nos lo presentan asociado a mujeres bellas y jóvenes, coches ostentosos, marcos paradisíacos o personas valoradas socialmente
Respecto a las vivencias personales, el que exista una disociación traumática entre lo que se es y lo que nos gustaría ser,REALIDAD lleva a una permanente frustración y, por tanto, a una permanente infelicidad.
Aceptarnos como somos y llenar de contenido nuestra vida, es algo imprescindible para conseguir cotas de felicidad.
Ángel Cornago Sánchez. De mi libro “Arraigos, melindres y acedías” Ed. Trabe.



sábado, 21 de febrero de 2015

EL PODER DE LA INFORMACIÓN

El poder de la información

Ángel Cornago Sánchez

Hoy más que nunca, tenemos a nuestro alcance la posibilidad de acceder y adquirir información de los temas más variados. Estamos en la época del conocimiento. Hasta hace unos años, el único vehículo después de los estudios que cada cual tuviera, eran los libros más o menos especializados, algo la televisión, la radio, y poco más. Hoy en día el acceso a la “red” nos permite conocer, además de los temas de enjundia que nos interesan, otros de lo más variados que pueden atraer puntualmente nuestra atención. El desarrollo de internet es una herramienta de un valor incuestionable.
Pero no es oro todo lo que reluce. En la red hay conocimientos de calidad a los que se puede acceder, pero también muchos que no cumplen ningún rigor. Para publicar algo en la red, que se puede leer desde cualquier lugar del mundo, no se exige un mínimo de calidad en el contenido, ni siquiera veracidad; cuando no, son informaciones sesgadas por intereses. Por todo lo cual, es muy importante elegir las fuentes a las que se acude, que sean de garantía, como son las sociedades científicas, grupos o autores de prestigio o fiables por su trayectoria, etc. El exceso de información puede dar lugar a  cierto desconcierto, y exige elegir bien las fuentes. En las redes sociales, hay muchos datos sesgados e interesados, que hay que analizar con independencia y la mente abierta y crítica. Mucho cuidado con las afirmaciones en las redes sociales (Facebook, twitter, etc., muchas de ellas son interesadas y no están contrastadas, y algunas de ellas son claramente falsas con la intención de intoxicar.
La televisión es otro poderoso medio. Generalmente los programas sobre temas concretos suelen ser de calidad y fiables, aunque a veces expresan opiniones que hay que tamizar y contrastar. Si son de temas políticos, son sesgados, a veces hasta límites que rayan la inmoralidad, y ponen en entredicho la profesionalidad de los periodistas y reporteros, que están al servicio de las ideologías de las cadenas que les pagan, que a su vez, pueden estar pagadas con favores o dinero por los poderes correspondientes, y nos venden adoctrinamiento bajo el epíteto de  información.
Otro aspecto a analizar son los anuncios que se presentan en televisión y en las emisoras de radio como información sobre diversos productos y temas, uno muy frecuentemente suele ser la salud. Muchos aportan datos claramente falsos, o que no está contrastados, con el único fin de vender tal o cual producto. Es inmoral, y la comisión que revisa los anuncios, no cumple con su obligación de controlar que lo que trasmiten sea veraz. La finalidad es que el ciudadano compre, pero nos engañan sobre las propiedades del producto en cuestión con una puesta en escena equívoca, dirigida, no a informarnos verazmente del producto, sino a que lo consumamos. Por supuesto, no todo es falso.
Considero debemos ser críticos con lo que tratan de vendernos, sean ideas políticas o productos. Internet, las  redes sociales, los medios de comunicación, tienen un poder incuestionable, que se pueden utilizar y se utilizan para manejar al ciudadano.

Ángel Cornago Sánchez