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viernes, 15 de mayo de 2020

VIVIR CON EL COVID


VIVIR CON EL COVID

La pandemia del covid según todos los indicios, va a durar bastantes meses. El encierro no es la solución, porque el tejido productivo se destruiría y la economía quedaría lastrada tal vez para mucho tiempo, además de provocar mucha miseria. Hay que abrir la sociedad. Hay que recurrir a la responsabilidad de los ciudadanos. No debemos ser tratados como niños y fiarlo fundamentalmente a la represión. Los ciudadanos, por nuestra parte, debemos tomar conciencia de la responsabilidad que tenemos. Es la forma de más garantía, la más madura, la más respetuosa, la más democrática. Es un tema que nos atañe a todos y todos debemos implicarnos.
No queda otra solución que convivir con el covid, ahora ya con la expansión atenuada, pero para eso hay que insistir hasta la saciedad en métodos rigurosos de protección individual y colectiva. La protección individual es responsabilidad personal: las mascarillas, el lavado de manos, la distancia, evitar reuniones, seguir las normas de los expertos, etc.
Las mascarillas: imprescindibles en actividades compartidas. No basta la distancia. Respirando normal el virus puede llegar a dos metros, pero tosiendo, haciendo deporte, puede llegar mucho más. Las mascarillas deben ser “homologadas”. Muchos sanitarios se han contagiado por material de protección inadecuado.
Las medidas colectivas: evitar reuniones tan irresponsables como las que se están viendo los primeros días de asueto.
En las empresas, los Servicios de Seguridad e Higiene junto con los Servicios Médicos, deben plantear las normas necesarias, si es preciso con asesores oficiales, pero son los que conocen cada empresa. Dictar solo normas generales no vale, porque hay muchas situaciones particulares que conocen los técnicos de cada centro de trabajo. Es negativo no delegar, tanto en las empresas como en las Comunidades Autónomas. Por supuesto controlando. Hay muchos matices que desde el vértice de la pirámide del poder no se pueden conocer.
Por supuesto, exigir a los políticos competencia acudiendo a los asesores más capacitados, que en este país hay muchos y muy buenos. Es una negligencia no recurrir a los mejores en favor de camarillas. Hay que buscar la excelencia en la gestión, porque de las consecuencias de no hacerlo depende el que haya más o menos muertos y graves problemas económicos y sociales.
Delegar y compartir es la forma más inteligente y eficaz de ejercer el poder en temas tan importantes y de consecuencias tan nefastas como los actuales.
Fotografía: Santander

Ángel Cornago Sánchez



http://angelcornago.es/

viernes, 9 de noviembre de 2018

RISA Y FELICIDAD



La risa es una explosión de alegría, pero tiene un matiz distinto, aunque suele acompañar a la alegría. Es una emoción, a veces, incontrolable, como suelen ser las emociones, y va acompañada de sensación de cierta felicidad y de olvido, aunque sea durante unos minutos, de los problemas cotidianos.
 Cuando hemos pasado unas horas en que nos hemos reído, se puede decir que hemos sido felices, aunque no necesariamente de felicidad de alto rango. Ese tiempo puede ser una laguna, un receso en una fase de tristeza y preocupaciones, que vuelven a resurgir inmediatamente después de que desaparezcan las circunstancias que han provocado la risa. Por ejemplo: cuando se van los amigos que han venido a visitarme, con los que he pasado unas horas divertido, en realidad me ha hecho olvidar durante un tiempo mi realidad. De hecho, es conveniente fomentar las reuniones con personas con las que se pueda compartir confidencias y momentos lúdicos.
Los motivos que provocan la risa suelen ser fugaces, banales y de poca entidad, por eso la risa suele ser una emoción efímera. De hecho, se puede pasar de la risa al llanto con facilidad. La sonrisa es más sofisticada y, generalmente, provocada por sensaciones psicológicas más sutiles y profundas. Suele ser más prolongada.
La risa es contagiosa, lo hemos experimentado alguna vez. Personas risueñas, que ríen con frecuencia, que tienen buen humor, están expresando que se encuentran bien, que son más o menos felices en ese momento. Es un indicador: la risa frecuente no produce felicidad, pero puede ser indicativo de que se es, al menos, medianamente feliz.
Ángel Cornago Sánchez
De mi libro, "Salud y felicidad". Edt. SalTerrae