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viernes, 23 de octubre de 2020

LA POLÍTICA Y LOS APLAUDIDORES

 

LA POLÍTICA Y LOS APLAUDIDORES

 

Produce sonrojo la actuación de los líderes políticos y “su séquito”, cuando actúan ante las cámaras televisivas, ya sea en el Congreso o en entrevistas con la prensa.

Son escenas perfectamente planificadas, donde el gran líder, actúa, representa, explica una serie de mensajes que parecen ensayados en el espejo, con los gestos, la vestimenta y las faramallas que sus asesores consideran convenientes para vender bien su mercancía. El decorado de aplaudidores detrás de su amado líder, palmean con entusiasmo, muchas veces poco convincente y, otras, con aburrimiento mal disimulado. Hasta los tiempos en que prorrumpen en aplausos están preparados. A los que observamos la escena, al menos a mí, me producen vergüenza ajena. Pienso que tienen poca autoestima, o que la mayoría no saben o no quieren saber que solo están ahí para eso, para aplaudir: ¡Vaya destino!

Es en lo que ha caído la política, en representaciones vacuas, sin contenido, cuya finalidad es vendernos su mercancía sin explicarnos claramente la molla, a veces, obviando verdades y otras veces mintiéndonos descaradamente. Es pura estrategia faltándonos al respeto.

Los partidos y sobre todo sus líderes, tienen gran responsabilidad en la degradación de la vida política. Mienten, nos engañan, y cada vez lo hacen con más descaro e impunidad, para lo cual basan sus mensajes e incluso sus puestas en escena, fundamentalmente en estrategias, donde el coro de aplaudidores en el Congreso y en las presentaciones ante la prensa, son el decorado visual y sonoro habitual. Los del “coro” son simple manada, marionetas sin nada que aportar, solo ser el adorno del líder de turno para empezar a batir palmas a la orden prefijada; solo aplaudir y votar lo que les mandan.  Es el espectáculo degradante en que se ha convertido la política.


Ángel Cornago Sánchez

Fotografía: Zamora

 

 

 

 

 

martes, 28 de abril de 2020

CRISIS


CRISIS


Vivimos una época en la que estamos mancillando palabras y conceptos nobles, altruistas. Con el mayor descaro se utilizan palabras como democracia, libertad, liberación, progresismo, justicia, etc. no en aras de hacer énfasis en su significado para conseguir los fines nobles que representan para la sociedad, sino para bajo su lema solapar fines particulares o de grupo, interesados, y muchas veces corruptos, con objeto de revestirse para conseguir sus fines engañando a la colectividad.
            No hay nada tan ruin como utilizar este sistema. Amparados en ideas nobles aceptadas y apoyadas por la mayoría, engolan la voz al pronunciarlas con firmeza, y las utilizan como argumento básico, escondiendo debajo otras muy aviesas intenciones. Cuando estos mecanismos los utiliza “el poder”, la posibilidad de escapar a estos argumentos es muy difícil y, mucho más, cuando el nivel concienciación en nuestro país es bajo, y cuando casi no se tiene otro sistema de información que el manejado por "los poderes".
            No soy experto en historia, pero no sé si habrá habido época tan equívoca como esta donde lo que se vende son unas siglas o un concepto teóricamente justo y de valor, para bajo su sombra realizar los mayores desafueros. Es más noble el que muestra al descubierto sus ideas y sus fines; es la forma noble de contraponer unas ideas con otras para valorarlas y debatirlas. Es la esencia de la democracia. El sistema de ocultar las verdaderas intenciones, utilizando lenguaje y modos aceptados por todos, pero que, en su praxis significan exactamente lo contrario, es manipular a la ciudadanía.
            Los ciudadanos nos estamos cansando de estar en manos de tanto desaprensivo, por utilizar un calificativo suave, es como si estuviéramos viviendo la época dorada de este tipo de gente; los tenemos muy extendidos en grandes y pequeños ámbitos de poder. Es un síntoma clave del peligro en que está inmersa nuestra sociedad en el momento actual. Me pregunto si, con los medios de comunicación en manos del poder correspondiente tendrá solución, o los ciudadanos estaremos sometidos por estrategias diseñadas en los despachos y manejada por los grupos en cuestión. Sería una democracia pervertida, disfrazada, en manos de poderes obscenos. Esto es una selva, pero los depredadores probablemente nunca habían sido tan peligrosos, y la posibilidad de defenderse de ellos tan difícil, precisamente por el disfraz. Contra las dictaduras sin disfraz es más fácil defenderse, porque se tiene claro donde está el enemigo.

Ángel Cornago Sánchez. Derechos reservados


sábado, 21 de diciembre de 2019

ARTE Y CRISIS SOCIAL



Acabo de ver en el cultural de un periódico, la referencia a un autor del que aporta la fotografía de sus cuadros. Lo podían haber hecho unos niños jugando. A mi juicio representa la banalidad del arte en este momento; por supuesto no de todo el arte, ni mucho menos. Al que lo contempla, le provoca la sensación de que no es lo suficientemente entendido para valorarlo; que esa obra está en una dimensión a la que no consigue llegar. Hay personas que, un tanto avergonzadas tratan de disimularlo y llegan a decir que les gusta, incluso hacen comentarios interpretativos que, para los no acomplejados, suenan ridículos.
Considero que, dentro de cien o doscientos años, estas obras se pondrán como ejemplo de la decadencia y crisis social y cultural que padecemos.
Sucede con todas las artes. Tal vez depende de la banalización que estamos viviendo en todos los ámbitos de la vida: crisis cultural, de valores, crisis de ideales, crisis política con líderes desnudos de ideales sólidos, que buscan intereses propios más que de la sociedad a la que representan. Postureo en la comunicación para el manejo de los ciudadanos…
La historia ha sido cíclica. Los que tenemos años sufrimos una dictadura, pero como reacción había movimientos políticos en la clandestinidad, con personas de alto nivel intelectual y moral. Hoy los dirigentes, tal vez por la deriva de la corrupción política, y los que intentan llegar al poder, presentan, en general, muy bajo nivel moral e intelectual. Incluso florecen los grupos totalitarios. Es otro dato de la decadencia actual.
Ángel Cornago Sánchez