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jueves, 7 de mayo de 2020

CAINISMO

CAINISMO

Produce desazón y hastío, leer en “las redes” las intervenciones de algunas personas en relación al momento sanitario, político y social que estamos padeciendo, que ha provocado a día de hoy más de 26.000 muertos, más de 200.000 afectados, unas consecuencias económicas tan graves que van a provocar una grave recesión que durará muchos meses con la consiguiente repercusión en muchas familias, además del encierro, necesario, y las normas de protección dictadas que cumplimos la mayoría, que no cabe duda a todos nos han ocasionado sacrificio y estrés.
Digo desazón, por las formas agresivas, despectivas, incluso a veces amenazadoras, con que algunos se dirigen a los ciudadanos y ciudadanas que se permiten discrepar de decisiones tomadas en el tiempo y en las formas por los responsables sanitarios.
Volvemos al cainismo, principal motor de los debates en este país, azuzado conscientemente por los medios de comunicación detrás de los cuales están diversos poderes económicos interesados. Su función debería ser la contraria: veracidad, análisis riguroso, ponderación, y no impulsar los peores instintos que hay en nosotros, como agresividad al discrepante, odio, descalificación, falta de objetividad. Así, en vez de construir país lo descomponemos alimentando la confrontación y el rencor.
Debemos tener claro si queremos una dictadura o una democracia. En las dictaduras “las verdades” que debemos asumir emergen de la cúpula, y el “pueblo” debe asumirlas so pena de represalias; en las democracias, esas verdades y decisiones deben pasar el tamiz de la crítica, de la discrepancia. En las democracias los gobernantes deben rendir cuentas; en las dictaduras los líderes dictan las normas y se obedecen; no rinden cuentas.
En algunas democracias, pero nuestro país puede ser el paradigma, la discrepancia se ha convertido en una selva y la forma de hacerlo no es, con frecuencia, con la intención de aportar soluciones, sino de descabalgar al adversario utilizando métodos y formas torticeras. Es la guerra sucia en que se ha convertido la política en nuestro país.
Somos una democracia que entre todos debemos cuidar. Los ciudadanos de bien, que somos la mayoría, debemos tener claro que, a quien debemos fidelidad es a nuestros conciudadanos no a tal o cual partido político. Debemos opinar y actuar en conciencia.  En el caso de la pandemia que vivimos, no debemos tomar posturas sobre la gestión, las formas, los momentos, etc. dependiendo si las siglas del partido con quien se simpatiza corresponden al poder o a los partidos opositores. Debemos hacer un juicio justo y ponderado después de intentar tener una información rigurosa y profunda. Por supuesto tenemos derecho, y yo diría que obligación de hacerlo. No debemos ser ciudadanos ciegos y sordos.
Los fundamentalismos políticos, religiosos, están obsoletos. Han causado en el siglo pasado millones de muertos. Hay que ir en post de una sociedad plural, donde se pueda discrepar y debatir civilizadamente, en vez de alimentar el odio que, a quien más envilece, es a quien hace gala de él.
Ángel Cornago Sánchez



sábado, 21 de diciembre de 2019

ARTE Y CRISIS SOCIAL



Acabo de ver en el cultural de un periódico, la referencia a un autor del que aporta la fotografía de sus cuadros. Lo podían haber hecho unos niños jugando. A mi juicio representa la banalidad del arte en este momento; por supuesto no de todo el arte, ni mucho menos. Al que lo contempla, le provoca la sensación de que no es lo suficientemente entendido para valorarlo; que esa obra está en una dimensión a la que no consigue llegar. Hay personas que, un tanto avergonzadas tratan de disimularlo y llegan a decir que les gusta, incluso hacen comentarios interpretativos que, para los no acomplejados, suenan ridículos.
Considero que, dentro de cien o doscientos años, estas obras se pondrán como ejemplo de la decadencia y crisis social y cultural que padecemos.
Sucede con todas las artes. Tal vez depende de la banalización que estamos viviendo en todos los ámbitos de la vida: crisis cultural, de valores, crisis de ideales, crisis política con líderes desnudos de ideales sólidos, que buscan intereses propios más que de la sociedad a la que representan. Postureo en la comunicación para el manejo de los ciudadanos…
La historia ha sido cíclica. Los que tenemos años sufrimos una dictadura, pero como reacción había movimientos políticos en la clandestinidad, con personas de alto nivel intelectual y moral. Hoy los dirigentes, tal vez por la deriva de la corrupción política, y los que intentan llegar al poder, presentan, en general, muy bajo nivel moral e intelectual. Incluso florecen los grupos totalitarios. Es otro dato de la decadencia actual.
Ángel Cornago Sánchez


sábado, 24 de noviembre de 2018

ARTE Y CRISIS SOCIAL


ARTE Y CRISIS SOCIAL

Acabo de ver en el cultural de un periódico, la referencia a un autor del que aporta la fotografía de un cuadro. Lo podían haber hecho unos niños jugando. A mi juicio representa la banalidad del arte en este momento; por supuesto, no de todo el arte. Al que lo contempla, le provoca la sensación de que esa obra está en una dimensión a la que no consigue llegar. Hay personas que, un tanto avergonzadas tratan de disimularlo y llegan incluso hacen comentarios interpretativos favorables que, para los no acomplejados, suenan ridículos.
Estas obras dentro de doscientos años se pondrán como ejemplo de la decadencia y crisis social y cultural que padecemos.
Tal vez depende de la banalización que estamos viviendo en todos los ámbitos de la vida: cultural, de valores, de ideales; crisis política con líderes desnudos de ideales sólidos, que buscan intereses propios más que de la sociedad a la que representan; perversión de las instituciones garantistas de una democracia libre…
La historia ha sido cíclica. Los que tenemos años, sufrimos una dictadura, pero como reacción había movimientos políticos en la clandestinidad, con personas de alto nivel intelectual y moral. Hoy los dirigentes y los que intentan llegar al poder, tal vez por la deriva de la corrupción política, presentan, en general, muy bajo nivel moral e intelectual. Incluso florecen grupos totalitarios. Es otro signo de la decadencia actual.

Ángel Cornago Sánchez


jueves, 28 de diciembre de 2017

JUBILACIÓN Y CRISIS DE PAREJA.

JUBILACIÓN Y CRISIS DE PAREJA

                La jubilación es un momento especial en la vida personal, pero también en la relación de pareja como tal. Por una parte, supone un cambio sustancial del ritmo de vida de cada uno de los miembros que puede provocar vivencias psicológicas dispares: sensación de libertad y de tener tiempo libre, por fin, para dedicarse a esas aficiones que se han tenido abandonadas durante tantos años; en tal caso, produce liberación y comienzo de una vida que puede ser muy gratificante. También, si no se tienen aficiones, proyectos, ocupaciones, son unos años que se pueden vivir con aburrimiento, hastío, y la creencia de que ya no se sirve para nada. Por supuesto hay vivencias mixtas.
Para las personas que tienen pareja, es una prueba de fuego. Si los dos están jubilados, van a pasar de tener cada uno su “parcela” individual, de trabajo, de compañeros, de tiempo gestionado de forma personal, de diferentes encuadres, relaciones, intereses, preocupaciones, etc., a compartir casi todas las horas del día y de la noche, renunciando a esa vida independiente que cada cual disfrutaba. Si la relación es excelente, no van a surgir problemas especiales. Pero…, relaciones excelentes hay pocas. En muchos casos se van a descompensar las que estaban más o menos en equilibrio inestable, que son muchas, por ese compartir tanto tiempo, y la carencia del que anteriormente utilizaban individualmente.
Vivir en pareja no quiere decir que las aficiones, las opiniones, las ideas etc., sean comunes; ese aforismo de que “dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición”, es una falacia; habrá algunos casos, y desde luego no es positivo. Es fundamental, como durante los años ya vividos, para ambos miembros, seguir su proyecto de vida, y que esta sea respetada por el otro. En mi opinión, es la mejor de forma de vivir en pareja de forma digna.
La relación de pareja en la jubilación, sufre una prueba de fuego, aunque no suele tener consecuencias mayores, porque la mayoría de hombres y mujeres se resignan, sabiendo que la “suerte está echada”, y que la alternativa a esa edad de vivir solos, o buscar otra pareja es complicada y poco sugerente, por lo que habitualmente se opta por la resignación. Hay casos en que en un arranque de coraje y dignidad deciden separarse, con la convicción de que es algo que debían haber hecho hace muchos años; aunque no es frecuente.
En todo momento, en pareja, es importante tener la sensación de que se convive con alguien que te quiere, que se preocupa por ti, que te es leal, fiel, y no me refiero a la fidelidad en el ámbito físico, creo que hay frecuentes infidelidades entre las parejas que no son físicas, no se les da demasiada importancia y que son tan graves o más, como son la deslealtad en los apoyos psicológicos, o en las carencias, en las confidencias que a veces se utilizan como agresión en momentos de tensión, en intentar hacer daño en los desencuentros sin reparar en medios…etc. Estos mecanismos perversos de relación no son extraños y se recrudecen en los momentos de crisis.
La vida de pareja siempre es difícil y tiene sus momentos críticos, uno de ellos es el de la jubilación. A esa edad, es lógico que se hayan ya producido los ajustes, y que incluso la necesidad del otro miembro sea más intensa que en épocas anteriores. La pareja vivida de forma madura, respetándose mutuamente la individualidad, es una garantía para la vida en los últimos años.

Ángel Cornago Sánchez

viernes, 15 de julio de 2016

¿VIENEN LOS BÁRBAROS?

¿Vienen los bárbaros?

            Ángel Cornago Sánchez

Roma fue el imperio más grande e importante del mundo civilizado en los últimos siglos previos a nuestra era, hasta el siglo IV. A principio del siglo V, después de muchos años de prosperidad y desarrollo, sufrieron invasiones de los  bárbaros (bárbaros llamaban a los que no eran romanos, fundamentalmente a los pueblos del norte de Europa), y el año 476 la ciudad de Roma fue invadida, lo que supuso la caída del Imperio. Entre las causas, además de la invasión, la deriva social: desde hacía muchos años la corrupción había hecho mella en aquella sociedad desarrollada, y la moral, la ética y las costumbres degradadas, habían arraigado profundamente en sus dirigentes y en la población. Además, en sus ejércitos, muchos de los soldados provenían de los pueblos conquistados, probablemente alistados con este objetivo. Se produjo la irremediable caída del Imperio.
En este momento, en el mundo occidental civilizado se están produciendo unas condiciones similares. Occidente, somos el ejemplo de sociedad desarrollada, pero en este momento decadente, corrupta, donde prima el dinero, la individualidad, sin valores sólidos; no nos movemos por ideales, lo hacemos por alcanzar bienes materiales superfluos, por la vida fácil, la explotación de los demás… En España, muchos dirigentes de uno y otro signo, dejan mucho que desear; no tienen sentido de Estado, que es su primera obligación; se mueven por intereses partidistas; intervienen en foros, en medios de comunicación, tratando temas de enjundia, con una frivolidad, sesgo y falta de responsabilidad que raya en lo inmoral, con el fin, no de aportar su visión para mejorar situaciones, sino simplemente de arañar algún voto al adversario. Hay ciudadanos que no son mucho mejores; basta observar en los foros sociales, intervenciones claramente incendiarias, con el único fin de desestabilizar la situación, sin intención de aportar su visión personal, constructiva, razonada por muy discrepante que sea. Somos una sociedad vulnerable por la decadencia de valores, y por la división interna.
Los bárbaros del siglo XXI están ya aquí. Están, estratégicamente preparados, muchos de ellos viviendo en nuestras ciudades, en una invasión silenciosa, donde se han infiltrado elementos belicosos. No tienen límites éticos, para ellos vale todo, aprovechándose de una sociedad que tiene como bandera el respeto a las libertades, algo que debe ser irrenunciable, pero que nos hace más vulnerables. Intentan dominarnos para imponernos sus costumbres, su religión interpretada de forma perversa, privarnos de la libertad, y todo ello con la fuerza que da el fanatismo de saberse ungidos por una deidad que les va a llevar a su paraíso.
El tema es muy grave. Esta sociedad tiene muchos fallos, defectos graves, pero lo que nos quieren imponer es mucho peor; es una atrocidad, y los medios son salvajes. Debemos estar preparados para hacerles frente. Debemos estar unidos para salvaguardar nuestra civilización y nuestra cultura. Con decisión, antes de que sea tarde.
Ineludible: un rearme moral.
Mi más considerado respeto, al islam, como a cualquier otra religión, a las personas que lo profesan y están integradas en nuestra sociedad, ellos también están siendo víctimas de la situación, y merecen nuestro apoyo.

Ángel Cornago Sánchez.