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miércoles, 25 de marzo de 2020

DECEPCIÓN, EN LOS QUE YA TENEMOS AÑOS


DECEPCIÓN, EN LOS QUE YA TENEMOS AÑOS

Algunos de los que ya somos viejos, tenemos tendencia a la “crítica”, a veces acalorada, incluso desabrida, tal vez por la sensación de que en los últimos años que nos quedan, desde la decepción, debemos ser consecuentes con lo que pensamos y opinamos, en este mundo en general dominado, no por los más honrados, más capaces, y más justos, sino por líderes mediocres, cuando no corruptos, y grupos de poder de uno u otro signo que nos utilizan y nos manejan a su antojo.
Es un pequeño grano de arena lo que podemos aportar, pero queda la sensación del deber cumplido, de independencia, y de cierta tranquilidad de conciencia, dentro del desasosiego que produce la situación. Nuestro pasar por el mundo, asumiendo los fallos que hayamos podido cometer, y desde la honradez intelectual y la humildad, es un ejercicio de responsabilidad intentar aportar algo positivo para contribuir a que sea cada vez un poco mejor. Es una obligación moral como ciudadanos.
Nos impela, no dejarlo todo en manos de fuerzas organizadas de uno u otro signo, que intentan imponer su verdad, con la descalificación, y a veces la amenaza al discrepante. Las redes son la prueba más fehaciente de la miseria moral que nos envuelve, donde no pocos sectarios son capaces de las mayores injurias, insultos e incluso amenazas. Con frecuencia están organizados. En parte consiguen sus objetivos, porque mucha gente de bien, calla por miedo. Es muy grave vivir en una sociedad democrática, con miedo al descalificativo, al insulto y a la amenaza. Los calificativos de “izquierda” y “derecha”, están obsoletos. Detrás de esas siglas se esconden verdaderos tahúres y oportunistas, para revestirse de ideologías teóricamente justas. Por supuesto, también son espacios habitados por personas honestas y responsables, aunque no suelen ser los que dominan en los cargos ni en los medios de comunicación.
Creo que vivimos un momento de severa crisis moral por la falta de valores, por la perversión del significado de palabras sagradas a las que se las mancilla con la mayor frivolidad, como “justicia social”, “democracia”, “altruismo”, “bien común”, “igualdad”…, detrás de las cuales hay fines utilitaristas para el manejo de los ciudadanos, por parte de líderes y lidercitos que en su praxis ejercen precisamente lo contrario de lo que predican.
Este mundo globalizado está dominado por poderes económicos, que utilizan a partidos políticos que se dejan comprar para conseguir sus intereses. Los medios de comunicación al servicio de los diversos y a veces de los mismos poderes, nos mandan digeridos y frecuentemente tergiversadas según la ideología que los sustenta, las noticias e ideas que quieren que consumamos diariamente. Desaparece, o al menos se ve muy dañada, la individualidad de criterio, el sentido crítico y el librepensamiento.
Los que ya somos abuelos, abominamos el franquismo en que nos tocó nacer y crecer; muchos, como era nuestro deber, idealizamos, nos ilusionamos y luchamos para la llegada de la democracia. En su todavía corta vida, hemos sido testigos de su degradación por la corrupción generalizada, fundamentalmente en los dos grandes partidos, la perversión de valores, y por la llegada de líderes cuya premisa es el poder como finalidad y no como servicio. Considero que estamos en un momento de severa crisis moral y de líderes.
Ángel Cornago Sánchez.



miércoles, 22 de enero de 2020

GLOBALIZACIÓN


GLOBALIZACIÓN

Vivimos en un mundo globalizado. Fundamentalmente debido a los medios de comunicación, hoy tenemos acceso a la información de forma casi inmediata, de todo el mundo. Podemos conocer la forma de vestir, de trabajar, los gustos, los sucesos, de casi todos los países. Además, viajar y conocerlos in situ, hoy está al alcance de mucha gente, algo prohibitivo hace unos lustros. Todo ello hace que cada vez seamos menos diferentes. Es un proceso.
La globalización es positiva para compartir avances científicos, cultura, pareceres, filosofías, arte, para viajar, para aprender, pero manteniendo la individualidad y la idiosincrasia de los grupos nacionales.
Es negativa por lo que se desprende de la situación: los consumos son muy similares, lo que permite que los grandes fabricantes, puedan multiplicar su producción y en consecuencia sus ganancias. Permite influir de forma muy poderosa en los estados de opinión, en las ideologías y, en el manejo político, por parte de poderes supranacionales, interesados en implantar ideologías detrás de las cuales hay motivos económicos y de dominio. Las elecciones son manipuladas por poderes supranacionales.
El manejo de los ciudadanos en consumos, ideologías, opiniones se ha globalizado, y los grandes grupos de poder son más poderosos, y los ciudadanos menos libres.
La globalización va anulando la diversidad, la individualidad, la tribu, las peculiaridades regionales, nacionales, las referencias personales arraigadas. “Ser individual” en este mundo globalizado, es cada vez más difícil. Tendemos a  imitar, sobre todo a los países más influyentes. Identificamos progreso con vivir de determinada manera, generalmente frívola y basada en la superficialidad y el consumo, que no nos ayuda a ser más felices. Siempre lo han intentado, hoy existen medios para lograrlo mucho más sibilinamente.
Es el provenir. Los nacionalismos pueden ser una reacción ante la globalización, aunque, enseguida son contaminados; pero ese es tema de otro artículo.

Ángel Cornago Sánchez


lunes, 14 de octubre de 2019

DEMOCRACIA Y PODER


DEMOCRACIA  Y PODER

El ser humano como grupo no encontrará nunca un sistema social estable, donde la justicia sea la regla, no haya competencia despiadada, y la guía de actuación sea la defensa de valores, el bien de la mayoría y también de las minorías. Es la antítesis de lo que somos. Somos competencia. Pero, además, en nuestra vida diaria, somos envidiosos, egoístas, avariciosos, y, unos pocos, con ansia de poder, de dominio.
En general, -aunque no todos-, los que se acercan al poder, son los más egoístas; los que utilizan los ideales como consigna sin creer verdaderamente en ellos ni tenerlos asumidos, aunque, a veces, ni ellos mismos lo saben, y lo disfrazan de bien para la mayoría; algunos incluso, se sienten redentores. Estos suelen ser los más despiadados; la historia ha mostrado y presenta suficientes ejemplos.
Para conseguir el poder, fundamentalmente utilizan la “estrategia”, prometiendo y haciendo afirmaciones sin importarles que no las vayan a cumplir, o que, al cumplirlos, el bien de la mayoría quede relegado al bien propio o de grupo.
La motivación por ideales puros, sin otros componentes, es la antítesis de lo que son. Ha habido, y, seguro que hay, personas que se mueven fundamentalmente por ideales y que son capaces de dar lo mejor de sí en defenderlos y conseguirlos. El mundo ha progresado mucho y ha sido gracias a esos hombres y mujeres que han trabajado y luchado para que así sea.
La democracia es un sistema justo, pero enseguida es contaminado por los diversos poderes para utilizarla en su provecho. Se apoderan de medios de comunicación, corrompen con planteamientos fraudulentos a personajes fácilmente manejables para ocupar los puestos. Para eso utilizan a esas personas cegadas por el medro, por figurar. La política está plagada de mindundis con poco que aportar; solo ser obedientes y meros transmisores.
Pero, indudablemente, la democracia es el mejor de los sistemas para el gobierno de los pueblos. Pero hay que estar ojo avizor, y ser críticos, porque hay poderes económicos o ideológicos, que están preparados para intentar manejarla en su beneficio, sin ningún miramiento.

Ángel Cornago Sánchez
Fotografía: propia. Ávila



las democracias están pervertidas por los diversos poderes

jueves, 15 de noviembre de 2018

LIBERTAD Y ESCLAVITUD INTELECTUAL


LIBERTAD Y ESCLAVITUD INTELECTUAL

La esclavitud intelectual, es la antítesis de la honradez intelectual. La honradez intelectual, es llegar a conclusiones después de reflexionar, no mediatizadas por factores ajenos que tengan un sesgo de interés o de imposición. La esclavitud, es no poner en tela de juicio lo que cocina el líder carismático, o el grupo al que se pertenece.
Los grupos políticos, las religiones, y sus líderes, se valen de este tipo de personas fieles y en general poco inteligentes, para servir de plebe a su poder, y de militantes para expandir sus ideas; en realidad su poder. No deben tener criterios propios y, desde luego, no poner en tela de juicio lo que emerge de la cúpula de poder a la que pertenecen. Todo lo más, les permiten en pequeños conciliábulos, debates previamente cocinados en los que no se araña ni la cáscara de lo problemas, a los que ya tienen pensada la solución.
Entre los más fieles, entre los más tontos, o entre los más interesados que son los que esperan premio a sus servicios, están “las jaurías” que, organizadas, tratan de amedrentar a los discrepantes y en los casos extremos son los que hacen los escraches, y en general los trabajos sucios. Es propio de partidos totalitarios.
Observen alrededor, observen en las redes, algunos no son difíciles de identificar. Son capaces de despreciar o enaltecer a unos u otros porque pertenecen a uno u otro partido, o porque tienen o no creencias. Supongo que no han llegado, y algunos ni llegarán, a conclusiones tan elementales, como el respeto a las ideas y a las creencias, y que personas malvadas y oportunistas las hay en todos los grupos; justifican sus comportamientos, con su supuesta supremacía moral, y se guían por “el fin justifica los medios”. La historia es terca; este axioma utilizado de forma habitual por la extrema derecha y la extrema izquierda, ha ocasionado en la historia, mucho sufrimiento, cárceles y muertes.
En mi opinión no hay que ser esclavo de ninguna ideología, aunque no está reñido con pertenecer a un partido, pero siempre desde el sentido de autonomía y honradez intelectual. Debemos defender valores y colaborar en hacer este mundo más habitable.

Ángel Cornago Sánchez Fotografía: en Faro de Estaca de Bares
Derechos reservados.


jueves, 30 de noviembre de 2017

SUPREMACÍA MORAL. PATENTE DE CORSO

SUPREMACÍA MORAL

Hay grupos, partidos, personas, que se atribuyen supremacía moral sobre los demás, por definición, sin habérsela ganado. Algunos se fundan en un marco teóricamente justo, pero irrealizable, que no respetan en su praxis, ni en su régimen interno. Se consideran idealistas, con una supremacía moral muy por encima de los demás, lo cual les permite basándose en “el fin justifica los medios”, faltar a la verdad en sus alocuciones, en su proceder, incluso a veces realizar las mayores tropelías. Suelen ser partidos, personas, extremistas de izquierdas o de derechas, nacionalistas radicales. En el fondo se sienten “elegidos” y no hacen autocrítica porque todas sus mentiras, manejos inmorales, son para conseguir teóricamente un bien supremo para la sociedad. Se sienten “salvadores”. Es también la filosofía del fascismo.
Suelen confundir el fin, que debe ser el bien de los ciudadanos, con el objetivo, que no es otro que llegar al poder y sentarse en la poltrona para “salvarnos”. En general, están muy lejos de tener asumido, que su misión como la de cualquiera que pretenda influir en la vida pública, es de servicio, pero respetando la opinión y los derechos de los ciudadanos. No vale el principio de mayor utilidad personal o de partido.
Suelen difundir mensajes estereotipados, apoyándose en conceptos y palabras que nadie discute porque se han ganado el calificativo de moralmente irreprochables. Así, es muy frecuente que, en sus alocuciones diarias para el consumo, delante de una cámara, de un micrófono, empleen, repitan hasta la saciedad las palabras: democrático, democracia, diálogo, justicia, bien de los ciudadanos. Después, sus actos se rigen por el principio de mayor utilidad para sus fines.
Tampoco son conscientes de que los ciudadanos somos mucho menos ignorantes de lo que ellos suponen, y que no nos tragamos a pesar de sus maquilladas puestas en escena los señuelos que tratan que asumamos.
Algunos dan por hecho, lo llevan en su ADN, que están en posesión de esa supremacía moral que les otorga patente de corso. 

Ángel Cornago Sánchez


miércoles, 7 de junio de 2017

NO ME GUSTA...

Reflexiones a vuelapluma

No me gustan las personas que se creen superiores por haber nacido en uno o en otro lugar, como si nacieran ungidas con un marchamo de calidad distinta al resto de los mortales.
No me gustan los que desprecian a las personas de raza distinta. Me refiero sólo a la raza. Se puede rechazar su cultura, sus costumbres, si conculcan derechos fundamentales. Eso no es racismo. Las razas son todas respetables. No nos pertenecen, ni las hemos elegido. En esencia y dignidad, ninguna es superior. Unas pueden estar más desarrolladas que otras, pero todas deben ser objeto de respeto.
No me gustan los puritanos que compensan su desprecio con paternalismo, con caridad o con discriminación positiva. El camino es derechos y respeto.
No me gustan, me parecen deplorables, los poderes que tratan de utilizar al ciudadano. Los hay muchos: los poderes económicos, los religiosos fundamentalistas de algunas religiones, los políticos partidistas con sus mensajes perversos.
No me gustan los que no aceptan y discriminan a los homosexuales.
No me gustan los intelectuales vendidos a ideologías, para medrar. Hay muchos, aunque eso, los descalifica como intelectuales.
No me gustan los explotadores. Hay que rebelarse contra ellos. Ni un paso atrás. Sindicatos, pero regenerados. 
No me gustan los militantes de partidos fanáticos de sus ideologías, sin capacidad de autocrítica, aunque con frecuencia no defienden ideologías, sino seguir viviendo del puesto que les ha conseguido el partido.
No me gusta la esclavitud intelectual. Están muertos. No pueden aportar nada a su ideología, ni a la sociedad.
No me gusta el adoctrinamiento “solapado”, ni de religiones, ni de ideologías políticas. Me parece una fechoría cuando lo hacen con niños. Hay muchos ejemplos; algunos próximos.
No me gustan los que pervirtiendo el lenguaje, sin inmutarse, utilizan palabras como “democracia”, “derechos humanos”, “justicia”… y son capaces de las mayores tropelías, incluso son capaces de matar.
No me gustan los que defienden, “el fin justifica los medios”. Puede haber excepciones, pero después de sopesarlo y debatirlo muy seriamente. Hay partidos que lo utilizan como regla y ha sido su filosofía habitual. Los resultados: perversos.
No me gustan los radicales de uno y otro signo que se sienten salvadores de los demás. Suelen ser peligrosos, y los resultados catastróficos. Suelen fundarse en “el fin justifica los medios”, y son capaces de las mayores barbaridades. La historia es tozuda en demostrarlo.
No me gusta los que catalogan a las personas por sus siglas, por sus creencias…
No me gustan los que no tienen respeto a las creencias, y los que no lo tienen a los que “no las tienen”. Es una opción personal e íntima de cada cual.

No me gustan los aduladores para conseguir favores. Hay verdaderos estrategas de la adulación. Me inspiran desprecio. En general, consiguen favores, porque hay muchas personas que les gusta ser adulados para sentirse importantes.
No me gustan los necios con uniforme. Se enaltecen, y utilizan mal su poder. También son muy frecuentes. Se aprecia en su actitud prepotente. Los necios sin uniforme o sin poder, tienen menos peligro.
No me gusta la inconsecuencia habitual. Nadie somos perfecto, pero hay muchos que lo hacen como norma.
No me gustan los resentidos ni los envidiosos.
No me gustan los que, en los debates, ante un argumento del contrario, sonríen con aire de superioridad.
No me gustan los prepotentes.
No me gustan los trepas y los que se arriman al poder.
No me gustan los vagos.
No me gustan los cobardes.
No me gusta la deslealtad.
No me gusta la amistad interesada.
Hay políticos en todos los partidos, cuyo único fin es mantener o conseguir el poder. No buscan la verdad y el bien del ciudadano, sino su propio provecho o el de su partido. Los ciudadanos nos debemos rebelar.
….
No quiere decir que todo lo demás me guste, ni que yo me sitúe en un limbo y que no haya hecho cosas que no me gustan. Las tengo claras y, las asumo.

Preconizo un rearme moral y de valores de la sociedad, y una regeneración de los partidos políticos y sindicatos. Una justicia independiente.
Ángel Cornago Sánchez

jueves, 23 de marzo de 2017

EL PLEBISCITO NO ES LA MEJOR FORMA DE TOMAR DECISIONES IMPORTANTES

PLEBISCITO

El sistema plebiscitario, o dicho de otra manera, consultar los temas importantes a toda la militancia, o por extensión a todos los ciudadanos, a priori, parece un sistema justo, la quintaesencia de la democracia.
Es unas falacia. Los sistemas plebiscitarios en un principio siempre han servido para apoyar a los convocantes de la consultas. Es revestir de la máxima justicia lo que generalmente es la mayor manipulación, aunque en ocasiones les sale mal.
Sería el método justo si los ciudadanos con derecho a decidir estuvieran bien informados, con conocimientos del tema en cuestión, información veraz sobre sus diversas variables. Pero aun así no todos están capacitados para discernir y enjuiciar determinados temas.
En los congresos de los partidos, los militantes deben elegir a sus cuadros dirigentes, que se supone van a ser los encargados de tomar las decisiones importantes. Se les supone formados, preparados e informados, aunque en el momento actual habría mucho que matizar. Se delega en ellos las decisiones, para eso son elegidos, para que gestionen, para que tomen decisiones. Si son honrados, formados, interesados por el bien de los ciudadanos, de sus votantes, no cabe duda de que es el sistema adecuado. Además, tendrán que dar cuenta de sus decisiones a sus militantes.
Por eso, cuando en temas trascendentales para el país, hacen propaganda a bombo y platillo de que lo van a someter a plebiscito de los militantes, pensando que es la quintaesencia de la justicia democrática, se trata de otra falacia para perseguir intereses personales. Breves consideraciones:
-  Saben que van a poder manipular el resultado para conseguir lo que ellos defienden. Lo cual les concede a los ojos de los demás un sesgo democrático mayor.
-  Eluden su responsabilidad sobre el resultado: ¡lo ha elegido la militancia!
- No se puede jugar con determinados temas importantes que requieren reflexión y largas miras; no se debe votar con el corazón.
Es precisa democracia interna para elegir los cargos de los partidos. Debate profundo de los temas en los congresos que nunca se deben demorar, muchas veces viciado por la propia dirección. Equipos de trabajo especialistas sobre diversos temas para que tomen las decisiones, para eso se les ha elegido y se presupone que están formados. Después tendrán que dar cuenta a sus votantes. Y, muy importante, las decisiones que se tomen deben aunar el bien para el partido pero sobre todo el bien para el país, es decir para los ciudadanos. A es difícil.
 Se puede recurrir al plebiscito en temas muy concretos y fáciles de dirimir, que afecten a la mayoría, pero no en temas políticos de calado que hay que reflexionar. En los plebiscitos se vota con el corazón, en medio de algaradas muchas veces provocadas interesadamente. Lo contrario es manipulación o jugar a la ruleta rusa con un colt 45.


Ángel Cornago Sánchez

lunes, 26 de septiembre de 2016

“EL PODER”, O EL ANSIA DE PODER HACE PERDER LA CORDURA?

BREVES REFLEXIONES SOBRE “EL PODER”

Es necesario, en una sociedad organizada, que algunas personas, o un grupo de ellas, ostenten la representación de las demás para tomar las decisiones según los valores de la mayoría, y gestionar las necesidades y el progreso de dicha sociedad. Es el poder “delegado” que les confieren sus representados.
Así, a simple vista, podríamos decir que es una opción altruista, o al menos basada en valores que trascienden la vida individual, y que pretenden dedicar sus esfuerzos a un “destino” más elevado. Esta dedicación no tiene por qué ser altruista, y lo normal, es que esté remunerada.
La forma de llegar al poder, es, imponiendolo, como es el caso de los dictadores, que se sienten ungidos por el destino para liderar sus subjetivas metas. La otra forma, es la elección por parte de los ciudadanos, con sistemas más o menos representativos.
Pero "el poder" tiene su lado oscuro. Voy a citar a algunos autores actuales en sus juicios sobre el poder.
. Fernando Arrabal en “La dudosa luz del día” Espasa Calpe, con agudo análisis escribe “¡Qué droga el poder! A medida que pasan los años, los que gobiernan (aunque solo sea una federación), se vuelven escépticos y dedican toda su energía a permanecer en el puesto. ¡Cómo eliminan a los apuestos! ¡Con qué saña persiguen a los candidatos a la sucesión! Pero Séneca dijo a Nerón: Cualquiera que sea el número de personas que mates, tu sucesor no estará entre ellos”.
La mayoría de los candidatos a los distintos poderes no son las personas más capaces y honradas. El perfil de la mayoría de ellos no es precisamente altruista y de fiar. Como dice Adolf Tobeña, “Cerebro y Poder” Ed. La esfera de los libros.
“la biología humana impone que, en el trayecto para alcanzar cotas altas de poder político, resulten primados quienes reúnen condiciones para el bandidaje parasitario y embriagador. Los individuos astutos, dominantes, crueles, persuasivos, falsos, manipuladores, y audaces son óptimos candidatos para situarse en posiciones de ventaja en la lucha por el poder”,
Y continua en otro párrafo:
“entre los políticos de relumbrón, y también entre los de segunda y tercera fila, hay una desmesurada proporción de delincuentes y paradelincuentes estupendamente disfrazados de servidores de la comunidad”. “El juego del poder selecciona a sujetos que ya llevan de por sí unos rasgos que les predisponen a servirse del esfuerzo y entusiasmo ajenos en provecho propio…Por eso es tan importante ir creando mecanismos, en democracia, que atenúen la tendencia natural a la fagocitación del gobierno por parte de diversos tahúres de distinto pelaje y sus compinches”.
Por el contrario, habrá un grupo de visionarios que se preocupará de seguir siendo solidarios, cultivar las relaciones humanas, la espiritualidad, organizar una sociedad justa, potenciar una educación en valores. Son el grupo que se adapta lo suficiente para vivir, sin ceder, con sentido crítico, librepensamiento, rigor y honradez intelectual, ejerciendo la consecuencia, con la vista puesta en cambiar la sociedad; que lucha sin quemarse porque sabe que la eficacia y el grano de arena que se puede aportar está en extenderse y unirlo a otros similares para cambiar el mundo. En definitiva, a puro de conseguir muchas personas honradas y con contenido. Como dice F. Savater “Sin contemplaciones” Eds. Libertarias,”la tarea de quienes desean transformar positivamente nuestra condición o la sociedad, no consiste en reinventar a los hombres, sino en colaborar con los mejores de ellos y respetar la dignidad de todos”. Es una utopía, pero es el camino al que hay que aproximarse. Tanto los explotadores, los revanchistas, como los salvadores, solo han causado ineficacia, dolor, y a veces sangre; la historia lo ha demostrado sobrada y repetidamente. Son más de lo mismo.

Ángel Cornago Sánchez.
Algunos de estos párrafos y citas, forman parte de mi próximo libro “Salud y Felicidad” que se editará en los próximos meses.



jueves, 3 de marzo de 2016

PREOCUPACIÓN



    PREOCUPACIÓN

    Los totalitarios, siempre intentan imponer sus ideas por la fuerza. Se sienten "salvadores", legitimados y apoyándose en el axioma de Maquiavelo "el fin justifica los medios", son capaces de las mayores barbaridades. La historia es terca en demostrarlo. La estructura psicológica de las personas de extrema izquierda y de extrema derecha es muy similar. La ética solo la utilizan como envoltorio, o cuando les conviene.

    Creo que la política precisa de personas honradas, con madurez intelectual, preparadas, conscientes de la gran responsabilidad que asumen, sin sectarismos, sin rencores; conscientes de que deben gobernar para todos. Impidiendo el manejo por los grandes poderes económicos; teniendo como objetivo el desarrollo, necesario para la buena marcha del país, y una distribución justa de la riqueza, comprometiéndose con los más desfavorecidos. También, impulsando una sociedad basada en valores.

    Este momento es preocupante. El perfil de muchos políticos de todos los partidos deja mucho que desear, y algunos son realmente peligrosos por su sectarismo.


viernes, 17 de julio de 2015

PERVERSIÓN DE LA DEMOCRACIA

PERVERSIÓN DE LA DEMOCRACIA

Ángel Cornago Sánchez

El momento actual, realmente produce desánimo y frustración. Para valorar a las personas, a los grupos, no basta hacerlo en la vida diaria, que también, sino cuando suceden, se enfrentan, o se pronuncian sobre hechos importantes que afectan o trascienden a la comunidad.
En nuestro medio, creo que muchos compartimos, que los políticos de cualquier signo, de cualquier ideología, se merecen respeto y tienen derecho a defender sus postulados para llegar a gobernar, siempre que respeten las reglas del juego democrático. 
Suele suceder, que hay personas, que según sea el partido o la ideología del que ha cometido una infracción, el juicio es más benévolo, incluso lo justifican si es  de “su cuerda”, o son muy remisos en condenarlos. Considero que no son ciudadanos de fiar, pues si tuvieran poder, cabe suponer que sus actuaciones tampoco serían fiables en aras a conseguir lo que ellos defienden.
Por otra parte, hay hechos, como actos violentos, incluso atentados, que movilizan a personas de determinadas ideologías, justificando los hechos. Algunas intervenciones en las redes sociales son alarmantes, por agresivas y sectarias. Es de una gravedad palmaria. Se dicen a sí mismos que, “el fin justifica los medios”, y es de suponer que si los justifican, serían capaces, si no de realizarlos, al menos de fomentarlos. Hay concejales o cargos públicos recientemente llegados a diversos poderes, cuyas manifestaciones son aberrantes, incluso abogan por la violencia y el asesinato de determinadas personas, aunque sea de forma figurada. Me pregunto si un día llegaran a gobernar el país, qué serían capaces de hacer. Independientemente de ideologías, esas personas sobran en la vida pública, y los partidos democráticos no deben permitir que tengan ninguna responsabilidad; además, cabe pensar que su bagaje intelectual es ínfimo como para tener ninguna responsabilidad. Sus propios partidos son responsables de apartarlos de la vida pública.
Debemos construir las sociedades y los países, no con actuaciones inmorales, justificándolas, porque a la larga sería más de lo mismo que tenemos, tal vez peor. Esta sociedad necesita moralizar la vida pública, y la privada cada uno en su ámbito. No debemos permitir que los grandes poderes económicos nos exploten, debemos defender una distribución justa de los recursos, justicia social, defender derechos, pero, en la lucha política o ideológica, tampoco vale todo. Hay que ser riguroso, buscar la verdad, buscar soluciones ponderadas y justas, intentando construir país, no desestabilizarlo.
Tampoco cualquier grupo o partido, puede arrogarse el papel de salvador, o auto-arrogarse una legitimidad moral que sólo la basan en sus postulados, permitiéndose transgredir las reglas de juego, con la consabida justificación de que, “el fin justifica los medios”; tienen un código moral de conveniencia para sus fines. Premisa muy peligrosa que ha dado lugar  a las mayores atrocidades. Se sienten “elegidos” para salvar a los demás, pero no tienen ningún reparo en transgredir reglas, principios, incluso justificar la violencia. Los salvadores de uno y otro signo, son muy peligrosos; siempre han resultado dictadores y han ocasionado mucho dolor.
Fundamental: “rigor y honradez intelectual” en el ámbito individual a la hora de analizar los hechos y enjuiciar las situaciones. Sobran personas sectarias que sólo aportan odio y resentimiento. Sobran salvadores. Es preciso un rearme moral de la sociedad. La voz de la mayoría silenciosa, honesta y ejerciendo su honradez intelectual, se debe hacer escuchar.
Ángel Cornago Sánchez