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miércoles, 4 de marzo de 2020

LA CARTA DE LA TIERRA


LA CARTA DE LA TIERRA

La “Carta de tierra” en 1997, fue una declaración de intenciones en la que estaban implicados los más importantes organismos internacionales. Fue una declaración de principios morales, progresistas por ser humanistas, por ser morales. En el verdadero sentido de progresismo, no en esa manipulación de este concepto y otros teóricamente justos que hoy se practica sin pudor.
Simplemente una cata de lo que propugna la Carta de la Tierra: “hay que luchar por lo necesario, pero a partir de ahí, hay que luchar por ser, no por tener”. El concepto es de una importancia capital. Es muy aplicable a este mundo artificial que nos está tocando vivir. Es un ideal, y como ideal, necesario para avanzar, aunque la propia naturaleza humana va a intentar transgredirlo continuamente. Tal vez es la esencia de los humanos, en todas las razas, continentes y épocas: poner sus manos sucias en conceptos nobles y asumibles por todos, para desde ahí utilizarlos en su propio provecho para engañar a los ciudadanos.
Considero que somos solidarios, curiosamente, mientras se lucha por lo necesario. Cuando se ha conseguido, algunos, más o menos encarnizadamente, persiguen privilegios, ser más en sus entornos, tener más; siempre, en todas las épocas, también en los llamados países comunistas, donde las élites se han comportado como dictadores repartiendo la miseria, pero la cúpula del poder en los diversos ámbitos ha sido “casta”. La historia es terca.
Por supuesto que hay idealistas, pero, en general, no están en los órganos de poder; no juegan con las mismas cartas que los tiburones; ellos no se permiten hacer trampas, sin embargo, los “escualos”, justificando sus fines, son capaces de todo. Los idealistas suelen ser aparcados o se autoexcluyen, porque tampoco comulgan con determinados métodos: “mentir, manejar, utilizar la fuerza…”
Como propugna la carta de la tierra, una vez conseguido lo necesario, deberíamos intentar “ser”, que pasa por ejercer una vida fundada en valores, como potenciar los afectos, las relaciones de igual a igual, la solidaridad, la justicia, la cultura, el trabajo bien hecho, el arte, la honradez…
Todos seríamos más felices, pero, creo que es una utopía, es la antítesis de lo que somos. El camino: aumentar el número de ciudadanos concienciados, informados, honestos, con ideales, que no nos dejemos manipular por los tiburones, para intentar conseguir una sociedad lo más humana y justa posible.
 Ángel Cornago Sánchez
Fotografía: Desembocadura del Miño.


viernes, 7 de junio de 2019

DERECHOS.


Derechos. Breve aproximación

Derechos son potestades que tenemos la facultad de disfrutar. Unos por el simple hecho de ser seres vivos, otros por pertenecer a la especie humana, y otros porque nos los hemos dado en forma de leyes como grupo social para organizar nuestra convivencia.
Los derechos siempre llevan implícitas obligaciones. La primera, el respeto a los derechos que, como nosotros, tienen “los otros”. No podemos atribuirnos unos derechos que les negamos a los demás en las mismas circunstancias. Esto que parece tan obvio, no es infrecuente; solo hay que analizar el comportamiento de muchos próceres de la vida política.
Son conceptos tan fundamentales y simples que el aceptarlos parece una obviedad, y negarlos una barbaridad. Analicen el comportamiento público de no pocos líderes, en lo que proclaman, incluso en lo que hacen, y verán reflejada la farsa en la que se mueven.
Es momento de respetar el derecho a opinar y pensar diferente, que lleva aparejado el respeto al mismo derecho que tiene el contrario. Si el caso lo requiere, supone poner encima de la mesa las discrepancias y dialogar. Es el grado supremo de madurez y la grandeza de una sociedad democrática, a la que nunca debemos renunciar y debemos defender a toda costa.
Tenemos derecho a no ser utilizados. Eso supone la obligación moral de los medios de comunicación de no levantar falsedades con intención de intoxicar. Supone la obligación moral de los políticos, de no mentir a sabiendas para vender su mercancía.
Hay una responsabilidad sagrada por encima de todas. La de los educadores de educar en la verdad. Los niños tienen el “derecho” de ser educados en verdades objetivas, y no en adoctrinamientos políticos ni religiosos para ser utilizados. Los educadores que lo hacen premeditadamente, traicionan su sagrada labor y debería estar penado judicialmente. Lo han hecho las dictaduras y se sigue haciendo. La educación se debe basar en valores, incluso más que en conocimientos.

Ángel Cornago Sánchez
Fotografía. Sierra del Moncayo

jueves, 12 de octubre de 2017

DERECHOS

Derechos

Derechos son potestades que tenemos la facultad de disfrutar. Unos por el simple hecho de ser seres vivos, otros por pertenecer a la especie humana, y otros porque nos los hemos dado en forma de leyes como grupo social para organizar nuestra convivencia.
Los derechos siempre llevan implícitas obligaciones. La primera, el respeto a los derechos que, como nosotros, tienen “los otros”. No podemos atribuirnos unos derechos que les negamos a los demás en las mismas circunstancias. Esto que parece tan obvio, no es infrecuente; solo hay que analizar el comportamiento de muchos próceres de la vida política.
Son conceptos tan fundamentales y simples que el aceptarlos parece una obviedad, y el negarlos una barbaridad. Analicen el comportamiento público de no pocos líderes, en lo que proclaman, incluso en lo que hacen, y verán reflejada la farsa en la que se mueven.
Es momento de respetar el derecho a opinar y pensar diferente, que lleva aparejado el respeto, al mismo derecho que tiene el contrario. Si el caso lo requiere, supone poner encima de la mesa las discrepancias y dialogar. Es el grado supremo de madurez y la grandeza de una sociedad democrática, a la que nunca debemos renunciar y debemos defender a toda costa.
Tenemos derecho a no ser utilizados. Eso supone la obligación moral de los medios de comunicación de no levantar falsedades con intención de intoxicar. Supone la obligación moral de los políticos, de no mentir a sabiendas para vender su mercancía.
Hay una responsabilidad sagrada por encima de todas. La de los educadores de educar en la verdad. Los niños tienen el “derecho” de ser educados en verdades objetivas, y no en adoctrinamientos ni políticos ni religiosos, para ser utilizados. Los educadores que lo hacen premeditadamente traicionan su sagrada labor y debería estar penado judicialmente. Lo han hecho las dictaduras y se sigue haciendo. La educación se debe basar en valores, incluso más que en conocimientos.
Abundaré sobre el tema.


Ángel Cornago Sánchez

miércoles, 8 de marzo de 2017

DERECHOS DE LA MUJER. TODAVÍA FALTA MUCHO

Mujer y sociedad.

No cabe duda, que la mujer ha sido y es discriminada por su condición de tal. Durante muchos periodos de la historia, este comportamiento ha sido la regla.
El mecanismo para someterla en tiempos primitivos cabe pensar que fue la fuerza, aunque después, la educación, tanto en la familia como en las escuelas, ha sido el modo más poderoso, sutil y eficaz para conseguirlo. Hasta hace pocos años así era, e incluso muchas madres lo inculcaban a sus hijas; como ejemplo de lo dicho, algunas las obligaban a levantarse de la mesa a servir un vaso de agua al hermano varón, o a servirle la comida o la cena. Las mismas hijas adoptaban ese papel como una obligación.
No pocos hombres se comportaban con el poder que en ese momento se les otorgaba, considerando a la mujer una propiedad que tenía la obligación de servirles. Aunque, era frecuente que la mujer fuera el elemento fuerte de la casa, tomando las decisiones importantes sobre los hijos, y administrando la economía.
Actualmente en nuestro medio está cambiando, pero queda mucho trecho, y especialmente en algunos lugares del mundo viven peor que los animales, utilizándolas como esclavas, e incluso disponiendo de su vida impunemente. Es de suma gravedad, y los organismos internacionales que nos representan, no pueden mirar hacia otro lado.
En cuanto a capacidad intelectual, responsabilidad, consecuencia, compromiso, minuciosidad, equilibrio, afectividad, etc., son tan capaces, y, en muchos casos y aspectos, más que los varones. He tenido la suerte de trabajar habitualmente con mujeres, y su capacidad, preparación, dedicación, responsabilidad, etc., no se ha diferenciado en nada de la de mis compañeros.

La educación es el camino. Debe ser igual para ambos sexos, respetando las peculiaridades de cada cual. Es una injusticia que los sueldos sean distintos; para igual trabajo igual sueldo.
La maternidad es una circunstancia diferenciadora que los gobiernos deben valorar y favorecer, porque es la esencia de la supervivencia de la sociedad, y lejos de penalizarla discriminando a las madres, deben primar la natalidad con coberturas sociales, y la reinserción de la mujer a su puesto de trabajo con todas las garantías, y haciendo compatibles el trabajo con la maternidad y con la familia.
Esta sociedad no habrá llegado a la madurez hasta que no haya superado algo tan básico como la igualdad de sexos. También la igualdad de razas, la no discriminación por el lugar de nacimiento, por la orientación sexual.

Ángel Cornago Sánchez.