Mostrando entradas con la etiqueta dictaduras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dictaduras. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de diciembre de 2021

INDECISIÓN


 

INDECISIÓN

Cuando estoy indeciso me siento, imperturbable, en el banco de la esquina mirándome la punta de los zapatos.  Creo que pongo cara de póquer, o de idiota, que viene a ser lo mismo. Ensimismado y absorto me sumo en el vacío y floto entre la incertidumbre de la duda y el placer de no estar seguro de nada, solo de que “no estoy seguro”.

El vacío me lleva y me bambolea como si fuera una hoja de otoño en un vendaval inapropiado. Me mezo en las dudas y siento la misma sensación de gozo que cuando de niño me columpiaba en las barcazas que traían los chocheros y feriantes en las fiestas.

Me siento mejor dudando que en la plena certidumbre. La certidumbre habitual hace que me ponga en guardia, es propia de gente prepotente de verdades sólidas a las que la duda les produce un vértigo que no pueden soportar. Es propia de personas que no progresan. Son buenos militares, saben obedecer, y, sobre todo mandar, frecuentemente con actitudes prepotentes. Imparten sus verdades cristalizadas y con telarañas, o solidificadas sacadas de la mochila. En definitiva, útiles para formar rebaño, rebaño organizado. También son excelentes súbditos, así no necesitan pensar. Al mismo tiempo, algunos son aduladores, para recibir el parabién de quien los esclaviza; la palmada en el lomo. Es propio de mediocres, de aspirantes a dictadores y de no pocos políticos o aspirantes a serlo.

Como excepción, la duda, cual serpiente, ahoga a algunas personas pusilánimes o que están pasando momentos de crisis. Precisan comprensión, ayuda y toda nuestra atención.

Dicho esto.

¡Viva la duda!, Viva la incertidumbre. Nos da vida, nos estimula, nos hace pensar, estrujarnos el cerebro, discurrir, meternos por vericuetos excitantes en busca de respuestas. El chute de la duda nos hace estar más vivos.

La duda depende de nosotros, la incertidumbre la crea lo externo y hay que aceptarla y saber soportarla. Es la vida misma. La vida viva y responsable.

Ángel Cornago Sánchez

Fotografía propia

 

 

domingo, 11 de abril de 2021

EL PODER Y LOS ATAJOS

 EL PODER POLITICO Y LOS ATAJOS

 

 
El poder cambia al ser humano. No sé qué autor dijo que, para saber cómo es realmente una persona, hay que analizarla “ostentando poder”.

Es sabido que el poder se persigue y, es muy difícil, yo diría que imposible, que alguien llegue a tener cotas de poder importante y no las haya buscado de una u otra manera. Es lícito, siempre que el fin no sea el provecho material propio, sino los objetivos para los que ha sido creado ese poder y, siempre que, para conseguirlo, se respeten las normas éticas y democráticas correspondientes.

Quien opte y busque poder político, debe tener asumido que el poder sobre los ciudadanos es, fundamentalmente, una “función de servicio”, para buscar el mayor bien para todos, no solo para la mayoría. Debe tener un fuerte componente idealista. Ese mayor bien, en democracia, es el que los gobernados han decidido democráticamente y sin manipulaciones.

En las dictaduras ese bien lo decide el dictador y su grupo que, en una actitud de omnipotencia, se sienten “salvadores” y consideran que deben aplicar sus postulados a toda la población, por supuesto, estando ellos en la cúpula privilegiada y reprimiendo con métodos a veces violentos a quien discrepa. Son los dictadores de derechas y de izquierdas que, en un ejercicio de engañosa y patológica sublimación, se permiten todo, desde mentiras, manipulación, coacción, violencia, incluso el asesinato, con la excusa de que lo hacen por un bien supremo de sus gobernados. Ellos se colocan en la cúspide con su pequeño círculo de opresores que, a su vez, en sistema piramidal descendente crean una red clientelar para tener a la sociedad espiada y controlada.

También, hay partidos políticos en democracias que se creen ungidos de razón, de ética, de supremacía moral y, sintiéndose salvadores, se escudan para su praxis en el axioma de Maquiavelo: el fin justifica los medios. Fundándose en él, pasan por encima de principios, comenten injusticias, incluso llega un momento que caen en la “miseria moral”, en el “todo vale” para conseguir sus fines. Algunos van más allá y en una deriva de descomposición moral, recurren al engaño y a la manipulación grosera. Incluso grupos, apoyándose en psicópatas, han justificado y justifican la violencia. Intentan infiltrarse en sociedades democráticas de forma engañosa, pervirtiendo el lenguaje y las apariencias, incluso llamando a su sistema dictatorial, “democracia”, comprando medios de comunicación, y basando su discurso en estrategias de comunicación para engañar, literalmente, a los ciudadanos.

Estos movimientos aparecen a veces en sociedades explotadas por sistemas capitalistas salvajes, que son caldo de cultivo para caer en manos de dictadores, que vuelven a someterlos de manera distinta.

La democracia parlamentaria es el sistema más justo, con todos sus defectos y, por supuesto, con sus órganos de control independientes. Debe ser trasparente, con igualdad de oportunidades, con estímulo al mérito y a la iniciativa y con un importante componente social; no se puede dejar a nadie por el camino.

Los poderosos y aspirantes a tales sin principios, son el cáncer de las sociedades libres. El otro cáncer son los corruptos, los explotadores, los que utilizan la política para su propio beneficio.

Los ciudadanos somos los sufridores en manos de unos y de otros. No lo debemos permitir.

Ángel Cornago Sánchez. Derechos reservados

 Fotografía propia. Castillo de Calatrava la vieja

 


viernes, 17 de julio de 2015

PERVERSIÓN DE LA DEMOCRACIA

PERVERSIÓN DE LA DEMOCRACIA

Ángel Cornago Sánchez

El momento actual, realmente produce desánimo y frustración. Para valorar a las personas, a los grupos, no basta hacerlo en la vida diaria, que también, sino cuando suceden, se enfrentan, o se pronuncian sobre hechos importantes que afectan o trascienden a la comunidad.
En nuestro medio, creo que muchos compartimos, que los políticos de cualquier signo, de cualquier ideología, se merecen respeto y tienen derecho a defender sus postulados para llegar a gobernar, siempre que respeten las reglas del juego democrático. 
Suele suceder, que hay personas, que según sea el partido o la ideología del que ha cometido una infracción, el juicio es más benévolo, incluso lo justifican si es  de “su cuerda”, o son muy remisos en condenarlos. Considero que no son ciudadanos de fiar, pues si tuvieran poder, cabe suponer que sus actuaciones tampoco serían fiables en aras a conseguir lo que ellos defienden.
Por otra parte, hay hechos, como actos violentos, incluso atentados, que movilizan a personas de determinadas ideologías, justificando los hechos. Algunas intervenciones en las redes sociales son alarmantes, por agresivas y sectarias. Es de una gravedad palmaria. Se dicen a sí mismos que, “el fin justifica los medios”, y es de suponer que si los justifican, serían capaces, si no de realizarlos, al menos de fomentarlos. Hay concejales o cargos públicos recientemente llegados a diversos poderes, cuyas manifestaciones son aberrantes, incluso abogan por la violencia y el asesinato de determinadas personas, aunque sea de forma figurada. Me pregunto si un día llegaran a gobernar el país, qué serían capaces de hacer. Independientemente de ideologías, esas personas sobran en la vida pública, y los partidos democráticos no deben permitir que tengan ninguna responsabilidad; además, cabe pensar que su bagaje intelectual es ínfimo como para tener ninguna responsabilidad. Sus propios partidos son responsables de apartarlos de la vida pública.
Debemos construir las sociedades y los países, no con actuaciones inmorales, justificándolas, porque a la larga sería más de lo mismo que tenemos, tal vez peor. Esta sociedad necesita moralizar la vida pública, y la privada cada uno en su ámbito. No debemos permitir que los grandes poderes económicos nos exploten, debemos defender una distribución justa de los recursos, justicia social, defender derechos, pero, en la lucha política o ideológica, tampoco vale todo. Hay que ser riguroso, buscar la verdad, buscar soluciones ponderadas y justas, intentando construir país, no desestabilizarlo.
Tampoco cualquier grupo o partido, puede arrogarse el papel de salvador, o auto-arrogarse una legitimidad moral que sólo la basan en sus postulados, permitiéndose transgredir las reglas de juego, con la consabida justificación de que, “el fin justifica los medios”; tienen un código moral de conveniencia para sus fines. Premisa muy peligrosa que ha dado lugar  a las mayores atrocidades. Se sienten “elegidos” para salvar a los demás, pero no tienen ningún reparo en transgredir reglas, principios, incluso justificar la violencia. Los salvadores de uno y otro signo, son muy peligrosos; siempre han resultado dictadores y han ocasionado mucho dolor.
Fundamental: “rigor y honradez intelectual” en el ámbito individual a la hora de analizar los hechos y enjuiciar las situaciones. Sobran personas sectarias que sólo aportan odio y resentimiento. Sobran salvadores. Es preciso un rearme moral de la sociedad. La voz de la mayoría silenciosa, honesta y ejerciendo su honradez intelectual, se debe hacer escuchar.
Ángel Cornago Sánchez