Mostrando entradas con la etiqueta educación aberrante. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta educación aberrante. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de noviembre de 2020

PENSAR CON RIGOR


 

PENSAR CON RIGOR  

 

Esencial en la educación, es enseñar y capacitarnos, para sacar conclusiones de los innumerables datos a los que hoy tenemos acceso para poder manejarlos con equilibrio y eficacia en las situaciones concretas. Dichos datos, no necesariamente debemos tenerlos memorizados, pero es importante que estemos formados y preparados para saber qué debemos buscar y donde, para resolver un tema concreto que nos interese. Y, fundamental, educarnos sobre la importancia de reflexionar sobre diversas opciones, manejar con equilibrio los factores que influyen, y decantarse por la que se considere más adecuada.

Además de trasmitir conocimientos, los educadores, deben tener introyectado, que el otro, y tan importante componente de la educación, es formar para ser buenos ciudadanos, respetando diversidades, sea de raza, creencias, opinión. El objetivo de la educación, debe estar mediatizado por dar contenido a la propia vida, con su parte lúdica, afectiva, y con su componente de responsabilidad en un mundo que debemos intentar sea más habitable, más humano, más justo; en definitiva, responsabilidad como ciudadanos, insistiendo en no dejarse arrastrar por fundamentalismos políticos o religiosos, que exigen seguir las directrices de los mandamases, sin permitir discrepancias.

Debemos ser libres, para lo cual debemos saber discernir en la maraña de intereses que tratan de intoxicarnos los diversos poderes. Su objetivo es alcanzar el poder para dominarnos; generalmente el poder político, detrás de los cuales hay poderes económicos en la sombra que los sustentan, generalmente disfrazados o camuflados. En ocasiones, es difícil discernir los buenos de los perversos, para lo cual hay que tener la mente libre y distanciarse de los acólitos, y de los intoxicadores. Es fundamental tener conceptos claros, ser críticos con la propaganda, y saber relacionar los datos necesarios para sacar nuevas conclusiones, en definitiva, conceptos propios.

Para eso hay que ser rigurosos en el raciocinio, evitando las contaminaciones interesadas o dependientes de las propagandas poco fiables, incluso, pasando por el tamiz nuestras propias ideas y opiniones para actualizarlas. En definitiva, ser librepensadores. Debemos tener en cuenta que los poderes, frecuentemente, tratan de utilizarnos y de engañarnos, sin ningún reparo para auparse en la cima, solapando sus intenciones con redimirnos y conducirnos a sus paraísos políticos, en algunos de los cuales, curiosamente, solo tienen libertad de decidir y de pensamiento los jerarcas correspondientes, quedándole al pueblo llano solo la posibilidad de obedecer. Son los dictadores de derechas y de izquierdas, que se sienten redentores; la historia nos ha enseñado repetidamente que son capaces de las mayores tropelías. También los partidos teóricamente aceptados como democráticos, frecuentemente recurren a estrategias y métodos oscuros para alcanzar el poder, cuando no incurren en corruptelas, incluso en grandes corrupciones, 

Cada cual con sus valores, puede, y debe discrepar si lo considera, pero es fundamental que el objetivo sea el progreso como sociedad, no alcanzar el poder por el poder.

Por eso debemos valorar, además de qué se dice, quien lo dice, porque hemos llegado a un punto en que la mentira y las poses son la estrategia, y forman parte fundamental de los mensajes cocinados que nos lanzan para manejarnos.

Ángel Cornago Sánchez

  

 



sábado, 26 de mayo de 2018

LA EDUCACIÓN COMO CAMINO HACIA LA FELICIDAD, BREVES CONSIDERACIONES,


     1.     LA EDUCACIÓN COMO CAMINO HACIA LA FELICIDAD, BREVES CONSIDERACIONES

La educación. Proporciona formación que no siempre identificamos con conocimientos; aunque se puede ser casi un analfabeto funcional en muchos aspectos a pesar de tener formación universitaria. Me refiero con ello a las herramientas para desarrollar la reflexión, el pensamiento crítico, el goce por el conocimiento, el disfrute de las artes, los valores de honradez, solidaridad, justicia social, esfuerzo… en definitiva, los recursos para formar personas con valores y con amor por la cultura humanista.
Este tipo de formación proporciona mecanismos para poder gozar de momentos y estados de felicidad, dando por sentado que los individuos no van a ser inmunes a los contratiempos de la vida, pero se van a defender mejor. Este debería ser el objetivo de los centros educativos y de los educadores: formar hombres y mujeres libres con capacidad para deliberar, para buscar su destino, con criterios propios.
También debería ser el objetivo de las familias que, aunque no puedan impartir conocimientos a sus hijos, sí pueden inculcar valores, cuya impronta, para bien y para mal, es muy importante.
Asimismo, es necesario potenciar sus habilidades y valorarlas, pues les van a ser de mucha utilidad a lo largo de sus vidas. Los educadores y la familia deben estar al tanto de las aptitudes de los educandos, para potenciarlas y conducirlas. A veces, ni están al tanto ni las potencian. La familia, con frecuencia, las ignora y reconduce sus pasos a otras actividades que considera de más porvenir económico o social; lo cual suele llevar, si no al fracaso, sí a no alcanzar cotas que probablemente hubiera conseguido desarrollando sus aptitudes...
El ambiente social es difícil de controlar, porque está sujeto a la inercia, a intereses políticos y económicos; pero la educación depende de personas comprometidas con la trascendencia que tiene educar. Considero que es una de las profesiones de más influencia en el futuro de los seres humanos. Buenos maestros y maestras, buenos catedráticos, buenos colegios y universidades, con fines claros y asumidos, son de una importancia capital. Suelen dejar huella de agradecimiento para toda la vida. Los padres deben buscar este contenido, no el estatus social.

Es una aberración, en realidad, la antítesis de lo que debe ser, educar desde la infancia en intereses políticos, ideológicos, religiosos, fundamentalistas, para inculcar en los educandos determinadas ideas o valores interesados, incluso, falseando la realidad...
Abundando en lo dicho, mención especial requiere cuando se utilizan la educación y el ambiente social, no ya con fines económicos, que pueden estar latentes, sino para inculcar intereses de grupos de poder, fundándose en supuestos valores religiosos o políticos. Es una perversión de una gravedad extrema intoxicar a niños y niñas, bajo el paraguas de «formación», con temas que interesan a determinados grupos. En una sociedad libre y justa debería estar penado; pero es una utopía, porque a los que hacen las leyes no les interesan personas que deliberen y tomen sus decisiones con responsabilidad.
De mi libro. Salud y felicidad. Edt. SalTerae.