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viernes, 23 de diciembre de 2016

LOS OPORTUNISTAS Y LOS FALSOS (se puede aplicar a hombres y mujeres)

Los oportunistas y los falsos

Ángel Cornago Sánchez

Cuando era niño asociaba, con lógica, la estatura al poder. Los niños mayores dominaban a los más pequeños, y, si teníamos un hermano, primo o amigo mayor que nosotros, nos sentíamos protegidos en ese mundo infantil de juegos y reyertas que compartíamos, en el que ya se adivinaba la competencia y la defensa de la individualidad.
Se dice que en la niñez se graban las sensaciones y muchas formas de comportamiento que van a regir durante nuestra vida. Recuerdo de entonces, que aquellos niños mayores que hacían gala de su poderío físico ante los que éramos más pequeños, con los que la lucha era desigual, producían en mí sensación de repulsa; esto no les sucedía a todos, pues algunos eran mucho más prácticos e intentaban hacerse sus amigos a toda costa, para de alguna forma, ser partícipes de su poder o al menos no tenerlos en su contra. También lo hacían con los profesores; estos, eran los clásicos “pelotas”. Dichos comportamientos, más o menos, se irán reproduciendo en la edad adulta, donde pululan en todos los ámbitos los oportunistas que se arriman al poder de turno y están dispuestos a medrar a costa de lo que sea. A muchos se les veía venir ya desde “pequeños”.
Era muy niño, tenía diez años, y en el colegio de jesuitas un chico de cuarto, de los desarrollados, no sé por qué motivo le estaba pegando una paliza soberana a un compañero de clase amigo mío; estaba sintiendo pavor por aquella tortura que estábamos presenciando, como yo, otros amigos, y en un gesto que pensé iba a ser secundado por los demás, pretendí liberar a mi compañero de aquella situación y me lancé por detrás a colgarme del cuello de aquel energúmeno. El resultado no pudo ser peor para mí, porque el susodicho, enfurecido, soltó al otro para defenderse de mi ataque, momento que éste aprovechó para salir corriendo junto con los que estaban presenciando la pelea. No recuerdo la paliza que me dio, aunque me lo puedo figurar, pero sí se me quedó gravado aquel acto de insolidaridad, casi de traición, que me dolió mucho más que los golpes, y que sigo recordando cuando viene a cuento.
Los mandaderos, pelotas, oportunistas, traidores, vacuos, desleales, y gente de ese pelaje, pululan en nuestra vida cotidiana, solo hay que echar la vista alrededor, incluso a personas próximas. Algunos se distinguen por su mirada, en la que se adivina el desprecio, y sobre todo la envidia solapada (la envidia y el desprecio tienen un rictus especial); otros, por su simpatía barroca que se vislumbra ficticia. Tampoco depende de ideologías, los hay en todas; forma parte de la miseria humana guiada por la conveniencia, el utilitarismo, la deslealtad, la falta de consecuencia, y de valores.

Ángel Cornago Sánchez

domingo, 11 de diciembre de 2016

VIDA COTIDIANA

VIDA COTIDIANA

Cuando por las mañanas nos levantamos de la cama, es difícil que la primera sensación que percibamos sea de bienestar. Lo normal es que nos sintamos somnolientos, con el cuerpo entumecido y con cierta resistencia a comenzar de nuevo, cuando no, doloridos o de mal humor. La reconfortante ducha y el café del desayuno nos ponen en la tensión suficiente para afrontar el nuevo día con todos sus retos. Es la vida cotidiana la que se presenta ante nosotros una jornada tras otra. Esporádicamente, habrá hechos puntuales que otorgarán a ese día un significado especial que nos producirá vivencias singulares, pero lo habitual, serán más o menos universales y rutinarias llevadas de forma subjetiva.
Los ámbitos en que nos desenvolvemos cada día, son para la mayoría los mismos: la familia, el trabajo, las aficiones, el grupo de amigos…En esos marcos nos vamos a sentir: vulnerables ante algunas circunstancias, reforzados ante otras, felices, desgraciados, enamorados, traicionados, sujetos a poderes u ostentando poder, aunque solo sea sobre nuestros hijos; nos vamos a sentir con salud, enfermos, amenazados; perezosos, ilusionados; vamos a sentir admiración, envidia, amor, odio; vamos a reír a carcajadas, o vamos a estar tristes; en ocasiones nos va atraer lo prohibido...Vamos a no creer en el más allá o vamos a buscar nuestra trascendencia particular.
De este mar de sensaciones, vamos a sentir probablemente todas en algún momento de nuestra vida, muchas de forma frecuente, la mayoría de forma cotidiana, y algunas en momentos puntuales. Van a dominar más unas u otras, dependiendo de nuestra estructura psicológica potenciada por la educación recibida, sobre todo en la infancia. Después van a influir de forma determinante las circunstancias, que parte van a ser debidas al azar, pero otras las habremos buscado mas o menos conscientemente dependiendo, en definitiva, también de nuestra forma de ser.
Después, la forma de enfrentarnos a todo lo que nos toca vivir, las vivencias y las enseñanzas sacadas, junto con la reflexión, va a hacer que vayamos acumulando un bagaje que con los años nos permita ser expertos en pragmática de la vida, y que tal vez nos sintamos cada vez más felices si hemos sabido asimilar el proceso de lo que es vivir, y también, el declive y envejecimiento.
Ángel Cornago Sánchez