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sábado, 6 de enero de 2018

FAMILIA Y DESAJUSTES

Familia y desajustes

La familia en el mundo animal se constituye de modo instintivo para asegurar la supervivencia de la especie. Lo mismo sucede en los humanos, con la variante de que las distintas culturas y religiones, han influido en su estructura modulándola con sus creencias y sus necesidades; pero básicamente, la finalidad ha sido y es, el mantenimiento de la especie.
Aunque el mecanismo de unión son los instintos, esta unión, en los humanos, y considero que también en los animales, no es simplemente física con objeto de preservar la especie, son también los sentimientos sobre todo para con la pareja y los hijos. Los animales cuidan a sus crías, en general muy poco tiempo hasta que pueden valerse por sí mismas. En los humanos el tiempo de dependencia es mucho más prolongado.
Centrándonos en los humanos, el instinto de procreación y de cuidado en personas normalmente constituidas, va unido a afectos que se van a desarrollar durante ese largo tiempo de convivencia. Habitualmente, la de los padres con sus hijos, es una relación sólida y responsable; la más leal, altruista y sacrificada que se puede dar, y por tanto la más hermosa. La de los hijos con sus padres, es de necesidad y dependencia, imprescindible para su subsistencia en un primer momento, no altruista, pero lo normal es que durante esa larga relación se hayan creado afectos y lazos muy fuertes que suelen durar toda la vida.
Pero no siempre es así. Por el hecho de ser padre, madre, o hijo,
no todos son buenas personas, como en el resto de los aspectos de la vida. Es duro, pero sucede; hay padres, más varones que hembras por razón meramente de instinto, que su paternidad o maternidad es una simple “circunstancia” en su vida, ajena a su instinto de cariño, afectos y responsabilidad; se despreocupan de sus hijos, cuando no, los utilizan de forma perversa para sus fines sin ningún escrúpulo (se da con frecuencia en las separaciones de pareja). También hay hijos (esto es más frecuente) que utilizan a sus padres y que sus “afectos” se rigen por el principio de utilidad. La relación entre hermanos, (este aspecto es muy frecuente) puede ser de competencia, de envidias larvadas que a veces afloran en las relaciones.
La constante es que indistintamente de la cultura de que se trate, después del estrictamente íntimo e individual, el familiar será el “mundo” más importante, en el que se desenvolverá el ser humano. Esa influencia va a ser muy importante para bien, pero también para mal. No olvidemos que a pesar de las influencias cada cual debemos labrar y forjar nuestro propio camino. Las influencias juegan un papel, pero no son determinantes.
La influencia familiar en general es positiva, pero en no pocas ocasiones es origen de problemas. Es muy importante tener un entorno familiar cohesionado pues va a ser el cobijo y ayuda para afrontar los problemas externos.
Muy importante el papel de la familia como cuidadora en la enfermedad. Pero ese es otro tema que trataré.
Ángel Cornago Sánchez. De mi libro: “Comprender al enfermo”. Edt. Salterrae



domingo, 11 de diciembre de 2016

VIDA COTIDIANA

VIDA COTIDIANA

Cuando por las mañanas nos levantamos de la cama, es difícil que la primera sensación que percibamos sea de bienestar. Lo normal es que nos sintamos somnolientos, con el cuerpo entumecido y con cierta resistencia a comenzar de nuevo, cuando no, doloridos o de mal humor. La reconfortante ducha y el café del desayuno nos ponen en la tensión suficiente para afrontar el nuevo día con todos sus retos. Es la vida cotidiana la que se presenta ante nosotros una jornada tras otra. Esporádicamente, habrá hechos puntuales que otorgarán a ese día un significado especial que nos producirá vivencias singulares, pero lo habitual, serán más o menos universales y rutinarias llevadas de forma subjetiva.
Los ámbitos en que nos desenvolvemos cada día, son para la mayoría los mismos: la familia, el trabajo, las aficiones, el grupo de amigos…En esos marcos nos vamos a sentir: vulnerables ante algunas circunstancias, reforzados ante otras, felices, desgraciados, enamorados, traicionados, sujetos a poderes u ostentando poder, aunque solo sea sobre nuestros hijos; nos vamos a sentir con salud, enfermos, amenazados; perezosos, ilusionados; vamos a sentir admiración, envidia, amor, odio; vamos a reír a carcajadas, o vamos a estar tristes; en ocasiones nos va atraer lo prohibido...Vamos a no creer en el más allá o vamos a buscar nuestra trascendencia particular.
De este mar de sensaciones, vamos a sentir probablemente todas en algún momento de nuestra vida, muchas de forma frecuente, la mayoría de forma cotidiana, y algunas en momentos puntuales. Van a dominar más unas u otras, dependiendo de nuestra estructura psicológica potenciada por la educación recibida, sobre todo en la infancia. Después van a influir de forma determinante las circunstancias, que parte van a ser debidas al azar, pero otras las habremos buscado mas o menos conscientemente dependiendo, en definitiva, también de nuestra forma de ser.
Después, la forma de enfrentarnos a todo lo que nos toca vivir, las vivencias y las enseñanzas sacadas, junto con la reflexión, va a hacer que vayamos acumulando un bagaje que con los años nos permita ser expertos en pragmática de la vida, y que tal vez nos sintamos cada vez más felices si hemos sabido asimilar el proceso de lo que es vivir, y también, el declive y envejecimiento.
Ángel Cornago Sánchez


miércoles, 17 de diciembre de 2014

EL PACIENTE TERMINAL Y SUS VIVENCIAS

EL PACIENTE TERMINAL Y SUS VIVENCIAS

La enfermedad grave es un momento de crisis en la vida del ser humano; cuando aparece, se enfrenta a una situación  que pone en peligro la esencia misma de su ser, su vida. Surge como consecuencia un nuevo replanteamiento existencial que si la enfermedad cura será transitorio, aunque en ocasiones la crisis sufrida puede dejar cambios permanentes que van a condicionar su sistema de valores e incluso su forma de vida. Cuando el diagnóstico es de enfermedad terminal le va a llevar a la muerte en un plazo corto de tiempo y, como consecuencia, se produce un abandono definitivo de la mayoría de los intereses que eran el motor cuando tenía salud, que se sustituyen por otros más profundos: se produce un cambio radical en cuanto a expectativas, proyectos, valores, relaciones, incluso creencias en algunos casos; es el momento de hacer balance de la propia existencia sin tiempo para remediar casi nada, pero en general con tiempo suficiente para hacer un ejercicio de aceptación de nuestros errores y tal vez de reconsideración de posturas. Desaparece lo baladí y toma fuerza lo fundamental.
La relación médico-paciente hasta hace pocos años paternalista, hoy tiene lugar bajo un nuevo vínculo basado en el principio de autonomía auspiciado por la bioética. Ya no se discute que el paciente tiene derecho a estar informado, también a no estarlo y a delegar si así lo manifiesta, y a decidir sobre las actuaciones diagnósticas y terapéuticas que le afecten. Este enfoque supone un positivo avance  que da una nueva dimensión a la relación sanitaria,  más humana y en definitiva más enriquecedora también para el sanitario.
Es un momento de especial vulnerabilidad ya que, aunque el paciente sea capaz de gestionar su autonomía, por su enfermedad va a vivir en una situación de precariedad y va a depender de la actuación y cuidado de muchas personas: durante el proceso van a influir sobre él de forma positiva o negativa, los  sanitarios, la propia familia, y también las instituciones sanitarias, las circunstancias sociales..; todos,  teóricamente deberían proporcionarle ayuda, pero con frecuencia no es así y, en ocasiones, incluso provocan más sufrimiento. La medicina actual tiene como objetivo fundamental realizar actuaciones curativas, pero es mucho más remisa en emplear sus recursos en medidas paliativas y en la asistencia en los últimos meses, semanas o días de vida y, especialmente, en  la asistencia en el momento de la muerte, siendo así que, excepto los que mueren de forma repentina, todos la vamos a necesitar.
             
El final de la vida es  clave en nuestra existencia, por una parte porque supone el fin y ruptura con todo, por otra, porque las últimas semanas, meses e incluso años, pueden ir acompañados de importantes sufrimientos tanto físicos como psicológicos. El momento de la muerte puede ser especialmente dramático. Los organismos sanitarios y los profesionales de la salud tenemos el deber de estar sensibilizados, formados y  preparados para dar respuesta a esta importante y trascendental demanda. ¿Hasta donde debemos seguir luchando los sanitarios para alargar una vida?¿Estamos produciendo con nuestra actuación en muchas ocasiones más dolor y sufrimiento a costa, en el mejor de los casos, de alargarla unos días o semanas? ¿Tenemos claro que hacerlo puede ser maleficente? ¿Hasta donde llega la autonomía del paciente? ¿Tiene derecho a decidir sobre su propia vida? Algunas soluciones, implican graves problemas éticos.
En el libro se tratan las distintas opciones que se pueden presentar analizando los principios éticos implicados. Se trata extensamente los principios de autonomía, beneficencia, no maleficencia y justicia. La "información" merece una reflexión especial. Asimismo se analizan los dilemas éticos al final de la vida: el principio del doble efecto, la sedación terminal, el estado vegetativo permanente, la limitación del esfuerzo terapéutico, el encarnizamiento terapéutico, la eutanasia, el suicidio asistido… temas todos, candentes en la sociedad en el momento actual. He intentado tomar una postura razonada de cada una de las opciones.
           



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