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domingo, 10 de enero de 2021

PRINCIPIOS Y FUNDAMENTOS. FINAL DE LA VIDA

 

PRINCIPIOS Y FUNDAMENTOS. FINAL DE LA VIDA 

Para valorar si estamos de acuerdo o no con la eutanasia es conveniente apoyarse en una serie de conceptos o principios.

- A las personas que tienen servidumbres ideológicas de religiones o partidos políticos “que condicionen imperativamente” sus opiniones sobre el final de la vida, deberemos respetarlas, pero no sirven para un debate plural, en que la opinión definitiva, e incluso la duda, se toma después de informarse y de debatir los temas en cuestión.

Los conceptos que vamos a manejar son los principios de la asistencia sanitaria fundados en la bioética.

Fundamentos

Los abusos de la experimentación científica se hacen manifiestos con la publicación del caso TusKegee sobre la investigación de la sífilis, en la que una serie de ciudadanos negros y pobres incluidos en un protocolo de investigación de dicha enfermedad, no son tratados a pesar de haber aparecido la penicilina que se sabía eficaz, con objeto de observar la evolución natural de la misma. Este escándalo da lugar a la aparición del Informe Belmont encargado por el Congreso de EEUU, y a la aparición en 1974 de la Ley sobre Investigaciones Científicas.

Dieron lugar, auspiciados por la bioética, a los principios que deben regir en la relación entre sanitarios y ciudadanos en la asistencia sanitaria.

- Principio de autonomía: el paciente es dueño de su vida. Debe ser informado verazmente de diagnósticos, riesgos de tratamientos, alternativas, etc. Sus decisiones deben ser respetadas, aunque a juicio del sanitario le pueda ocasionar perjuicio; debe ser competente, y esa competencia debe ser más exigente cuanto mayor es el daño secundario que le pueda acarrear. Para el caso de la eutanasia la competencia deberá ser máxima. Los sanitarios no pueden hacer daño como finalidad. En ocasiones puede haber desacuerdos en el concepto de daño.

- Principio de beneficencia: los sanitarios tienen obligación de buscar el bien del paciente, pero contando con él. Puede haber discrepancias en cual es su bien, pero debe prevalecer el que considere el paciente, si es competente. Es decir, el paciente, puede renunciar a un tratamiento que le puede salvar la vida

- Principio de no maleficencia. Al paciente, nunca se le puede hacer daño como finalidad. Puede haber discrepancia en el caso de la eutanasia que para algunos sanitarios puede ser maleficente, y el paciente considerar lo contrario. En ese caso el médico deberá delegar en otro profesional.

- Principio de justicia. Todos los pacientes deben ser tratados por igual.

Estos principios se están aplicando en la asistencia sanitaria desde hace años, excepto la eutanasia que no estaba legalizada.

Hay matices que requerirían coloquio.

En el próximo escrito me referiré a la ley 14 de noviembre del 2002, que regula la ley de autonomía del paciente y el documento de voluntades anticipadas para el momento de muerte. Está en vigor desde dicha fecha.

Ángel Cornago Sánchez

 

martes, 3 de abril de 2018

EL SUFRIMIENTO, UNA FORMA ESPECIAL DE PADECER. Primera parte.


EL SUFRIMIENTO UNA FORMA ESPECIAL DE PADECER
Primera parte

Es una palabra con un significado especial, no fácil de definir. Es un concepto que trata de trasmitir una vivencia profunda y compleja. Se trata de un intenso malestar que afecta a todo el ser. No es solo dolor físico, ni solo tristeza, ni solo angustia ni ansiedad. Es un disconfor intenso que suele ser también físico, pero que fundamentalmente es psicológico y que afecta a los resortes sensitivos más profundos de la persona. La característica y el matiz especial y fundamental es: que es sin esperanza. Además, no sirve para nada, “no tiene ningún fin”. El dolor de un postoperatorio, aunque intenso, se sabe que pasará y que en todo caso es algo temporal para llegar a un bien, que es la finalidad para la que ha sido programada la intervención.
Incluso, es algo admitido por la mayoría: todavía nos encontramos muchos enfermos que cuando les explicamos de una exploración que va a ser molesta e incluso dolorosa, nos dicen, “para hacer un bien hay que hacer un mal”. Cassel define el sufrimiento como “el estado de malestar inducido por la amenaza de la pérdida de integridad o desintegración de la persona, con independencia de su causa”. Chapman y Cravin definen el sufrimiento como “un estado afectivo, cognitivo y negativo complejo, caracterizado por la sensación que experimenta la persona de encontrarse amenazada en su integridad, por su sentimiento de impotencia para hacer frente a esta amenaza y por el agotamiento de los recursos personales y psicosociales que le permitirían afrontarla”[i]. En ambos casos incluyen “la amenaza” como causa de sufrimiento.
Considero que “la amenaza” no es la causa fundamental de lo que estamos considerando como “sufrimiento”, sino que su característica principal es “la falta de esperanza”, sin ver salida de ningún tipo. La amenaza incluye por sí misma la posibilidad de que no se lleve a cabo y por tanto de cierta esperanza. Podrá provocar angustia, intenso estrés, pero no sufrimiento, según el concepto referido. Además de la falta de esperanza, va acompañado de sensación de indefensión, de imposibilidad de hacer frente a todo lo que se avecina. En todo caso, la sensación es subjetiva. El prototipo de sufrimiento es el que se da en el paciente terminal: dolor físico, dolor psicológico y la seguridad de la muerte próxima.
También se pueden catalogar de sufrimiento los padecimientos en el síndrome depresivo grave, en el que paciente siente una tristeza inmensa; en ocasiones percibe síntomas físicos que pueden semejarse a los del terminal, no tiene ninguna perspectiva de futuro, le da igual morir, incluso un diez por ciento de ellos se suicidan. La diferencia radica en que las depresiones no siempre son graves como para presentar toda la sintomatología referida y, además, en que existen medicaciones muy eficaces que conducen a la curación, y en poco tiempo las expectativas y los esquemas pueden cambiar radicalmente. También se experimenta sufrimiento cuando se acompaña a un ser querido durante la enfermedad terminal en su camino hacia la muerte. En el paciente terminal la “no esperanza” lo domina todo y además de soportar los padecimientos físicos, están sumidos en un estado de desánimo reactivo a su situación: dolores, proximidad de la muerte, apartarse de sus seres queridos... La no-solución lo invade todo.
La representación gráfica del sufrimiento, podría ser la imagen de un ser humano encorvado por la imposibilidad de soportar el peso de la situación, ante un horizonte infinito, anocheciendo, con la cabeza hundida entre los hombros, los brazos caídos y rodeado de una total soledad. El sufrimiento no tiene foco, afecta a todo el ser, se sufre en conjunto, físicamente y psicológicamente, siendo imposible de discernir. Si se intenta calmar sólo el dolor físico, lo habitual es que no se consiga; en todo caso puede aparecer el sopor y tal vez el sueño por agotamiento; es necesario influir también en la vertiente psicológica para mejorar su situación.
El sufrimiento en ocasiones es fuente de enseñanza. En la antigüedad la gente sabía que, a veces, nuestras lecciones más importantes se hallan en los momentos de mayor sufrimiento[ii]. Lo que no quiere decir que haya que buscarlo o regodearse en el. Hay que evitarlo… pero no siempre se puede. Hay hechos en nuestra vida que escapan a nuestro control y producen sufrimiento. En esos momentos, en ocasiones, se descubren aspectos en nosotros o en los demás, que nunca hubiéramos descubierto sin esa circunstancia. Escribe Kübler-Ross [iii] “Cuando nos enfrentamos a lo peor que nos puede ocurrir en cualquier situación, crecemos. En lo más terrible de las circunstancias, descubrimos lo mejor que hay en nosotros. Cuando damos con el verdadero significado de estas lecciones, descubrimos también vidas felices, llenas de sentido. No perfectas, pero auténticas. Podemos vivir la vida profundamente... Cuando se observa a los que luchan contra la enfermedad se percibe claramente que, para ver quienes somos, debemos deshacernos de todo lo que no es auténticamente nosotros”. El sufrimiento en el paciente terminal es alienante, y la actitud de los sanitarios debe ser intentar calmarlo o paliarlo.
Ángel Cornago Sánchez
De mi libro: "El paciente terminal y sus vivencias". Edt. Salterrae.






[i] Citados por Bayes. Psicología del sufrimiento y de la muerte. Martinez Roca 2001. p: 58 y 60
[ii] Kübler-Ross.. Kessler D. “Lecciones de vida”. Edc: Luciérnaga. Barcelona 2001 p: 17
[iii]  Kubler Ross. Lecciones de vida...      p:26, 27