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domingo, 24 de mayo de 2020

HÉROES Y FILIBUSTEROS


HÉROES Y FILIBUSTEROS

La mayoría de las personas somos normalitas: hacemos nuestro trabajo mejor o peor, dependiendo de nuestra motivación que, a su vez, depende de si realizamos quehaceres que nos satisfacen, nos sentimos bien o mal pagados, etc. Pero la mayoría, considero que intentamos hacer bien nuestro trabajo diario e intentamos ser espectadores honrados del mundo que nos toca vivir.
También la mayoría, somos espectadores más o menos motivados de los aconteceres de la vida política, siendo conscientes de que podemos hacer muy poco para cambiar el rumbo que en cada momento discurre; sólo el voto cada cuatro años y, poco más. Es decir, nuestra influencia en el devenir social es muy limitada, además, teniendo en cuenta que estamos muy manipulados por los diversos poderes que utilizan los medios de comunicación interesados, que son los que crean opinión entrando en nuestras propias casas en ese momento íntimo de descanso frente al televisor: nos cuentan sus tergiversadas noticias y sus análisis interesados, aderezados e intercalados con programas de consumo fácil o frívolo.
Realmente y en teoría, somos una sociedad libre, pero tremendamente manipulada, y, lo más grave, es que no somos conscientes de ello.
Hay unos pocos héroes, que son críticos con el poder de turno, que son independientes, que se sienten la conciencia de la sociedad, pero muchos de ellos, una conciencia que tiene muy poca resonancia, solo el eco, que les sirve a ellos y da sentido a sus vidas. Pero son pocos. Lo normal es ser manada, ser gregarios, con los que la sociedad no progresa a mejor. Sí, con los idealistas responsables.
Lo que priman son los filibusteros, las jaurías, que suelen ser los acólitos de los poderes correspondientes, de los que obtienen beneficios o esperan obtenerlos. Son los que hacen el trabajo sucio, el trabajo soterrado y en las redes sociales. Suelen ser bastante incompetentes, pero también, malos y agresivos.
Las ideologías de algunos partidos se han convertido en religiones fundamentalistas, con su componente de supremacía moral, que permite a sus “conciencias” utilizar sistemas coercitivos incluso violentos, similar a las religiones de hace siglos, que llegaban a quemar en la hoguera a los discrepantes.
Es preciso que los ciudadanos vayamos tomando conciencia de lo importante y necesario que es informase bebiendo de diversas y plurales fuentes, para tener criterio y no dejarnos manipular. Y en el ámbito de cada cual, ser honrados intelectualmente e intentar contribuir para que este mundo sea un poco mejor, donde primen las libertades, el estímulo al esfuerzo, la excelencia, la justicia social, todo en el mismo plano, no dejando a nadie por el camino; apartándonos de los profetas de planteamientos totalitarios, que han demostrado sobrada y repetidamente en la historia sus enormes fracasos, y han ocasionado además de miseria, mucho sufrimiento a la población.
Fotografía: Burela. Lugo

Ángel Cornago Sánchez . Derechos reservados.






miércoles, 7 de junio de 2017

NO ME GUSTA...

Reflexiones a vuelapluma

No me gustan las personas que se creen superiores por haber nacido en uno o en otro lugar, como si nacieran ungidas con un marchamo de calidad distinta al resto de los mortales.
No me gustan los que desprecian a las personas de raza distinta. Me refiero sólo a la raza. Se puede rechazar su cultura, sus costumbres, si conculcan derechos fundamentales. Eso no es racismo. Las razas son todas respetables. No nos pertenecen, ni las hemos elegido. En esencia y dignidad, ninguna es superior. Unas pueden estar más desarrolladas que otras, pero todas deben ser objeto de respeto.
No me gustan los puritanos que compensan su desprecio con paternalismo, con caridad o con discriminación positiva. El camino es derechos y respeto.
No me gustan, me parecen deplorables, los poderes que tratan de utilizar al ciudadano. Los hay muchos: los poderes económicos, los religiosos fundamentalistas de algunas religiones, los políticos partidistas con sus mensajes perversos.
No me gustan los que no aceptan y discriminan a los homosexuales.
No me gustan los intelectuales vendidos a ideologías, para medrar. Hay muchos, aunque eso, los descalifica como intelectuales.
No me gustan los explotadores. Hay que rebelarse contra ellos. Ni un paso atrás. Sindicatos, pero regenerados. 
No me gustan los militantes de partidos fanáticos de sus ideologías, sin capacidad de autocrítica, aunque con frecuencia no defienden ideologías, sino seguir viviendo del puesto que les ha conseguido el partido.
No me gusta la esclavitud intelectual. Están muertos. No pueden aportar nada a su ideología, ni a la sociedad.
No me gusta el adoctrinamiento “solapado”, ni de religiones, ni de ideologías políticas. Me parece una fechoría cuando lo hacen con niños. Hay muchos ejemplos; algunos próximos.
No me gustan los que pervirtiendo el lenguaje, sin inmutarse, utilizan palabras como “democracia”, “derechos humanos”, “justicia”… y son capaces de las mayores tropelías, incluso son capaces de matar.
No me gustan los que defienden, “el fin justifica los medios”. Puede haber excepciones, pero después de sopesarlo y debatirlo muy seriamente. Hay partidos que lo utilizan como regla y ha sido su filosofía habitual. Los resultados: perversos.
No me gustan los radicales de uno y otro signo que se sienten salvadores de los demás. Suelen ser peligrosos, y los resultados catastróficos. Suelen fundarse en “el fin justifica los medios”, y son capaces de las mayores barbaridades. La historia es tozuda en demostrarlo.
No me gusta los que catalogan a las personas por sus siglas, por sus creencias…
No me gustan los que no tienen respeto a las creencias, y los que no lo tienen a los que “no las tienen”. Es una opción personal e íntima de cada cual.

No me gustan los aduladores para conseguir favores. Hay verdaderos estrategas de la adulación. Me inspiran desprecio. En general, consiguen favores, porque hay muchas personas que les gusta ser adulados para sentirse importantes.
No me gustan los necios con uniforme. Se enaltecen, y utilizan mal su poder. También son muy frecuentes. Se aprecia en su actitud prepotente. Los necios sin uniforme o sin poder, tienen menos peligro.
No me gusta la inconsecuencia habitual. Nadie somos perfecto, pero hay muchos que lo hacen como norma.
No me gustan los resentidos ni los envidiosos.
No me gustan los que, en los debates, ante un argumento del contrario, sonríen con aire de superioridad.
No me gustan los prepotentes.
No me gustan los trepas y los que se arriman al poder.
No me gustan los vagos.
No me gustan los cobardes.
No me gusta la deslealtad.
No me gusta la amistad interesada.
Hay políticos en todos los partidos, cuyo único fin es mantener o conseguir el poder. No buscan la verdad y el bien del ciudadano, sino su propio provecho o el de su partido. Los ciudadanos nos debemos rebelar.
….
No quiere decir que todo lo demás me guste, ni que yo me sitúe en un limbo y que no haya hecho cosas que no me gustan. Las tengo claras y, las asumo.

Preconizo un rearme moral y de valores de la sociedad, y una regeneración de los partidos políticos y sindicatos. Una justicia independiente.
Ángel Cornago Sánchez

viernes, 7 de abril de 2017

LA PERVERSIÓN DE LA EDUCACIÓN

LA EDUCACIÓN Y SU PERVERSIÓN

Ángel Cornago Sánchez

Estoy convencido, de que educar, es una de las profesiones cuyo ejercicio lleva aparejada una gran carga responsabilidad; si no la mayor.
Educar no es enseñar conocimientos, que también; es, fundamentalmente, formar en valores de justicia, respeto, esfuerzo, solidaridad, tolerancia, humanismo. Ayudar a formar el entramado psicológico e intelectual, con el que los alumnos se van a manejar a lo largo de su vida, de lo que va a depender, sus comportamientos, decisiones; lo que ellos van a aportar a sus hijos y, también, al medio social en el que se desenvuelven.
Un profesor está impartiendo enseñanza desde que entra por la puerta de su clase, con su actitud, con su manejo de las situaciones individuales y colectivas no siempre fáciles. Es un espejo en el que los alumnos se miran, sobre todo si el docente se ha prestigiado a los ojos de sus alumnos. Los educadores junto al medio familiar, tienen una importancia capital en el futuro de los seres humanos, incluso, yo diría que algunos educadores más que los propios padres, con los que suele haber frecuentemente artefactos que distorsionan la comunicación.
Conocedores de esta verdad, partidos políticos totalitarios, nacionalistas, grupos religiosos fundamentalistas, diversos poderes, tratan de sembrar en los educandos, desde el púlpito de autoridad moral y académica que se les presume y no se les discute, teorías y conocimientos, dirigidos a que en el futuro sean militantes de las ideas que ellos tratan de propagar. Muchos, incluso, tergiversan la historia y la acompañan de soflamas,  de emoción, para así aumentar su eficacia.
Me parece de una gravedad palmaria intentar manipular las mentes infantiles para provechos doctrinales políticos o religiosos. Es la perversión de lo que debe ser la educación. Tenemos ejemplos sobrados en el mundo; también próximos.
El momento que vivimos es de miseria humana: corrupción, obsesión por el poder como primer objetivo, y de líderes carismáticos muy peligrosos.
La mayoría silenciosa, cobardemente callada.

Ángel Cornago Sánchez