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martes, 26 de noviembre de 2019

COMPROMISO


COMPROMISO

Compromiso, supone una fuerza que nace desde dentro. Es una obligación moral que nos imponemos voluntariamente. A veces puede coincidir, circunstancialmente, con leyes o grupos políticos, religiosos, pero no es lo mismo que obedecer sus dictados, y, manteniendo siempre la independencia.
El compromiso nace de los más profundo, y supone asumir la lealtad con uno mismo. No es una obligación, que generalmente es impuesta por las circunstancias como puede ser el trabajo, normas de circulación, leyes, etc.
El compromiso es asumido mediante una reflexión y decidido con un convencimiento profundo. Cumplir sus dictados, produce sensación de conciencia limpia, sobre todo si se cumple “a pesar de”. Aumenta la autoestima y da razón de ser a la propia existencia y a nuestro proyecto de vida como seres individuales. Son esas obligaciones que nos imponemos y nos hace mejores. Son lealtades con nosotros, y con los otros, con ideas, con valores, con proyectos altruistas. Nos hace más humanos, más grandes.
En esta sociedad en crisis, es necesario un rearme moral y necesitamos crear compromisos, cada cual en su ámbito, para intentar hacer un mundo mejor, más justo, desterrando y denunciando la impostura, la mentira, las utilizaciones por los grupos de poder, no siendo cómplices.
Por supuesto que no estoy hablando de ser quijotes; me refiero a tomar posturas ante la vida, incluso contando con que no vamos a ser héroes y que vamos a cometer fallos. Pero, es imprescindible saber donde está el norte para mejorar la sociedad y el mundo que nos toca vivir.
Imprescindible, no estar sometidos a los dictados de grupos de poder, ya sea económicos o ideológicos. Hay intelectuales de uno y otro signo que son acólitos de sus grupos, propagadores de sus consignas, o que buscan su utilidad personal. Es la antítesis del compromiso.
La antítesis del compromiso, es regirse por el principio de utilidad personal o de grupo.
El principio de utilidad es el que utilizan los partidos políticos; su objetivo es mantenerse o llegar al poder, y toda su estrategia está basada en ese fin. No les importar hacer promesas que no van a cumplir o que van a beneficiar a determinados grupos que les interesa arrastrar con sus votos.
Obsceno es el lenguaje que algunos utilizan. Hablan de democracia, cuando, la pervierten de forma descarada y torticera, pues en su praxis y en sus proclamas, son totalitarios incluso defienden la violencia con el mayor descaro.
Estamos en un momento grave de crisis política Lo mejor que tiene este país son sus ciudadanos, mucho más maduros de lo que creen sus gobernantes.


Ángel Cornago Sánchez


miércoles, 27 de marzo de 2019

LA CONCIENCIA


“LA CONCIENCIA”


¡Cuántas veces suena el pinganillo! A lo largo de nuestra vida, con frecuencia, recibimos llamadas de atención de nuestra conciencia que nos lanza una señal de que estamos ante situaciones en que debemos tomar partido, y cuya elección supone o no un quebranto de principios.
Desde que tenemos uso de razón, desde que tomamos conciencia de valores, vamos formando una serie de códigos que son los que van a regir nuestros comportamientos. No estoy hablando de religiones, que al adoctrinarnos incluyen principios, algunos coincidentes con valores universales, pero otros creados por la propia religión y que, en no pocas ocasiones, entorpecen el desarrollo del individuo e incluso le atormentan y manipulan.
También suponen llamadas los intereses, las ambiciones, los instintos, las pasiones. Entre unos y otros nos pasamos la vida, ponderando qué camino hemos de seguir, o qué decisión debemos tomar, pero nunca debe desparecer “la conciencia”. El quebrantar ocasionalmente principios, ceder a los instintos, a las pasiones, no cumplir siempre con el deber, cae dentro de lo humano, y creo que todos hemos transgredido en ocasiones la forma de mejor proceder. Pero cuando esto sucede hemos sentido un regusto amargo, o al menos hemos tenido conciencia de que no hemos obrado bien.
Hoy existe una perversión de principios. En nombre de palabras rimbombantes, como “justicia social, libertad, democracia, el bien de la mayoría, progreso…”, muchos de nuestros dirigentes de uno y otro signo, son capaces de transgredir los principios con toda naturalidad, sin tener sensación de mala conciencia e incluso disfrazándolo de hacer el bien a los ciudadanos. Se han instalado en la mentira, en la ineficacia, cuando no en la corrupción, con el fin de mantener o conseguir poder y de gozar de suculentos sueldos y prebendas.
A algunos, ya, ni les suena el pinganillo de la conciencia.

Ángel Cornago Sánchez. Derechos reservados

sábado, 9 de diciembre de 2017

ESCRIBIR DUELE

ESCRIBIR DUELE

Ante tanta vorágine de opiniones desabridas, cargadas de odio contenido, otras de odio y rencor no disimulado, de sectarismo, de jaurías organizadas para atacar al discrepante, opinar, o escribir opinando, intentando ser justo en el contenido, de acuerdo con los propios valores, independiente de poderes, taimado en las formas, es un ejercicio que no es fácil; duele. Da la impresión de estar en un campo de batalla, en un campo de nadie, donde se puede recibir fuego de todos los bandos. Los contendientes te exigen que, o estás con ellos, o estás contra ellos; o estás en esa zona en que te ignoran, o te conviertes en enemigo de todos y en amigo de nadie.
Intentar escribir con independencia, con honradez intelectual, no quiere decir que las opiniones no sean discutibles, ni que sean las verdaderas, ni que coincidan con la opinión de algunos, quiere decir que el autor expresa sus opiniones razonadas, sin depender de ninguna organización, grupo o personas; solo depende de su honradez intelectual que puede o no coincidir con unos o con otros, y que, además, puede coincidir en un tema, pero no en otros. En mi caso, suelo defender conceptos, sobre todo si están en crisis y me parecen básicos para la convivencia y derechos de todos. Considero que en ocasiones es un deber moral “mojarse”, pero siempre con respeto, y a veces sin paños calientes que desvirtúen temas fundamentales. Creo que nuestro paso por el mundo debe ser con el compromiso de hacerlo un poco mejor, por eso considero que hay que defender valores y denunciar abusos.
El pensar diferente es un derecho; el opinar diferente es un derecho. El contaminar la opinión con odio, con rencor, con agresiones verbales, hace sospechar que no se quiere deliberar, que se quiere imponer, que la solución se tiene tomada de antemano, que solo se está dispuesto a aceptar las verdades propias y a no analizar las del contrario. Suelen utilizar la descalificación, incluso la mentira clara y flagrante para confundir y engañar al ciudadano.
En el momento actual, existen tantas fuerzas encontradas, como partidos políticos, medios de comunicación cuya función no es informar, sino en muchos casos manipular según la ideología que los sustentan. Leer o escuchar a líderes políticos en medios de comunicación produce desazón ante la maraña de opiniones contaminadas por intereses. En las redes sociales hay jaurías, unas organizadas, otras individuales, cuyas descalificaciones verbales al discrepante denotan agresividad sectaria, incluso a veces peligrosa.
Al ir por libre, se tiene la sensación de ser un francotirador de opiniones, sin bando, en una batalla en que los contendientes van a pasar por encima. A los que no pertenecemos a sus grupos, ni nos miran, nos ignoran, nos ningunean; solo “beben” con los de su “cuadra”, y si consideran que llegamos a ser incómodos, o molestos para su causa, se encargaran de eliminarnos con la descalificación organizada.
Pero hay una parte de esa mayoría silenciosa, respetuosa, que sí nos lee, puede estar o no de acuerdo con nuestras opiniones, con los conceptos, con los valores que defendemos, por los que merece la pena el esfuerzo de escribir, con el intento de aportar temas de reflexión para que cada cual encuentre su propia verdad, y para que entre todos formemos una sociedad más honrada intelectualmente, más humana, más justa, menos sectaria, menos crispada. Basada en valores.
Ángel Cornago Sánchez





viernes, 27 de mayo de 2016

LOS PODEROSITOS




Los poderositos.

El poder cambia al ser humano. No sé qué autor dijo que, para conocer realmente como es una persona hay que analizarla ostentando poder.
Es sabido que el poder se persigue, y es muy difícil, yo diría que imposible, que alguien llegue a tener una cota de poder importante y no la haya buscado de una u otra manera. Es lícito, siempre que el fin no sea el propio provecho, sino los objetivos para los que ha sido creado dicho poder, y siempre que para conseguirlo se respeten las normas éticas. Hay profesiones que lo llevan implícito.
También es cierto que el poder tiene sus servidumbres, una de ellas, tal vez la más importante, que hay que renunciar con frecuencia a determinadas convicciones en pos de mantener o conseguir el poder. Es la perversión del objetivo del poder en política, que debería ser servicio a los ciudadanos y no el poder en sí. El eterno problema de: “el fin justifica los medios”. Muy peligroso, porque se han hecho barbaridades fundándose en tal axioma, incluso grupos, apoyándose en psicópatas, se justifican para matar; tenemos ejemplos cerca. Los gobiernos tienen sus “cloacas del estado” donde también rige tal axioma. Estos poderosos o aspirantes a tales, son el cáncer de una sociedad libre.
El poder es perseguido por muchas personas, y basta tener pequeñas cotas para que salga la catadura ética, moral y humana que cada uno lleva dentro. No es preciso que objetivamente sea muy importante, incluso se observa más en los ámbitos pequeños; este tipo de sujetos, intentan sentirse grandes en sus pequeñas parcelas; todos conocemos a guardias municipales y a otras personas con uniforme, a funcionarios de ventanilla, profesores, médicos, directores de empresas, jueces, etc. y, hasta padres de familia, que se comportan de forma altiva y soberbia, y están demostrando permanentemente sus pequeñas o grandes cotas de decisión sobre sus subordinados; cuando la posibilidad de decisión es más influyente y visible, como en el caso de algunos políticos, lo hacen notar; en realidad se diferencian muy poco de los anteriores, sólo en el grado y el disimulo. Todos estos son los “imbéciles poderositos”, que además suelen ser malas personas, pues esas pequeñas cotas las viven como algo propio, utilizando a los demás para magnificarse.
La sociedad está plagada de estos individuos, porque todavía persisten las ideas trasnochadas, en algunas empresas, de que a los subordinados, hay que tenerlos controlados, mejor dicho sometidos, y utilizan mandos condicionados por el servilismo; y, así va todo, porque en general se trata de gente mediocre al servicio de otros poderosos más inteligentes pero de la misma calaña.
A estos imbéciles poderosos, que en las empresas, o en el trabajo, en sus profesiones, se comportan con prepotencia y despotismo con las personas sobre las que tienen poder de decisión, es a los que me refiero; suele ser gente miserable que se rodea de gente manejable pero interesada, para tener controlados al resto. También me refiero a esos imbéciles poderosos que en el momento que consiguen esa cota de poder, renuncian a sus  orígenes, a sus raíces, y se comportan socialmente como clase dominante.
Por supuesto que hay empresarios, políticos, personas con uniforme, honrados y respetuosos, y que la mayoría de los jueces son independientes. 
En otra ocasión trataré de los parásitos, oportunistas, chaqueteros, intelectuales vendidos, etc. que se mueven alrededor del poder.


Ángel Cornago Sánchez.
De mi libro "Arraigos, melindres y acedías". Eds. Trabe.