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jueves, 14 de junio de 2018

RECONOCIMIENTO DE CONFORMIDAD Y DE DISTINCIÓN


RECONOCIMIENTO DE CONFORMIDAD Y DE DISTINCIÓN

    Todorov, escribe sobre el reconocimiento y lo divide en reconocimiento de conformidad y el de distinción: “o bien quiero ser percibido semejante a los otros, o diferente, distinto, peculiar”[1]. El de conformidad obtiene su reconocimiento del hecho de conformarse lo más escrupulosamente posible con los usos y normas que considera apropiados para todos los miembros del grupo; “se siente reconocido y aceptado”. El reconocimiento de distinción es un reconocimiento especial, positivo, “por encima de los demás”. No cabe duda que para la felicidad es una garantía el reconocimiento de conformidad, porque es estable ya que el de distinción puede desaparecer, y, esencialmente suele ser temporal.
      El que nos va a llevar a reconocernos en los demás, es el de conformidad. Para obtenerlo “no necesito continuamente la mirada de los otros, ya la tengo interiorizada; no aspiro a ser excepcional, sino normal”. Puede ser que en momentos puntuales tengamos reconocimientos de distinción para volver después al reconocimiento de conformidad. Las personas instaladas en el de distinción, tarde o temprano caen en la indiferencia y deben estar preparadas para integrarse en el reconocimiento de conformidad.
      Por tanto, precisamos el reconocimiento, pero como mero reflejo de que existimos. Si existe una necesidad excesiva más allá de la confirmación de que “somos”, se convierte en dependencia, lo cual es negativo.
       En la sociedad actual es frecuente que no nos conformemos con el mero reconocimiento de conformidad y solemos perseguir el reconocimiento de distinción, porque en el medio en que vivimos, para ocupar un lugar donde el mensaje de vuelta nos haga sentirnos importantes, que es lo que exige el medio, se tiene que luchar para conseguirlo: puede ser haciendo dinero, un trabajo de prestigio, o vivir de forma extravagante, por ejemplo, pero esta sociedad nos invita a buscar nuestra singularidad en el grupo, y claro, hay mucha competencia. Es una dependencia que lleva a la infelicidad…
    Reconocimiento precisamos todos durante la vida. En el reconocimiento de una u otra manera, de forma no consciente, y también con reflexión, vamos conformando nuestro yo. Llega un momento, o debe llegar un momento, que el reconocimiento externo, sea de menos importancia para seguir creciendo en nuestra evolución, antes al contrario, debe ser cada vez menos importante, porque ese mensaje lo recibimos de nuestro propio yo, desarrollado y maduro, con principios, independiente. El no estar mediatizados por el entorno es una vía importante para alcanzar la felicidad.             
Conforme va creciendo la individualización debe ir decreciendo la importancia del reconocimiento, aunque siempre lo vamos a precisar como seres sociales que somos.

De mi libro “Salud y felicidad”. Edt. SalTerrae
Fografía: catedral de León. Ángel Cornago


[1] Tzvetan Todorov. La vida en común. Taurus. Madrid 1995. P, 129

lunes, 29 de enero de 2018

PROCESO DE INDIVIDUALIZACIÓN (Resumen)

Después del nacimiento formamos un núcleo con la familia, indivisible, por la dependencia absoluta que tenemos de los padres. Conforme cumplimos años, y ya desde la infancia, necesitamos encontrar nuestro yo diferenciado del de nuestros progenitores. Va a ser un proceso, hasta que en la adolescencia y primera juventud, sintamos la necesidad de autonomía en todo su poder.
La individualización es fundamental en el desarrollo para buscar cada cual su proyecto vital y, por ende, su búsqueda de felicidad. Es compatible con estar integrado en la sociedad. Somos animales sociales y, para bien y para mal, el entorno va a influir en nosotros. Es necesario tener en cuenta que en las sociedades van a existir movimientos de grupos para intentar dominarla y manejarla para sus fines, que pueden ser religiosos, económicos, pero, en definitiva, de poder. Una sociedad perfecta estaría en continua evolución por la aportación de sus hombres y mujeres libres intelectualmente, y honrados.
Ser independiente requiere un proceso intelectual que no tiene por qué ser traumático, aunque habrá desapegos y conflictos más o menos graves, porque los grupos a los que pertenecemos, dígase familia, grupo político, trabajo, etc., van a intentar que no despeguemos demasiado. Las opiniones sociales dominantes tienden a conservar lo establecido.
Es importante compartir inquietudes, sobre todo con personas que tengan la misma actitud de libertad ante la vida. El proceso de individualización y su aportación es progreso. Este es necesario para alcanzar la felicidad. Implica romper con las dependencias, lo que no quiere decir aislamiento, ni renunciar a la sociabilidad, necesaria para el propio desarrollo. Como dice J. A. Marina:
El hombre necesita conocer la realidad y entenderse con los demás, para lo cual tiene que abandonar el seno cómodo y protector de las evidencias privadas. Sopesar las evidencias ajenas, criticar todas, las propias y las extrañas, abre el camino a una búsqueda siempre abierta de una verdad y de unos valores más firmes, claros y mejor justificados.[1]
Si queremos progresar no debemos estar anclados en nuestras verdades y postulados. La búsqueda debe ser permanente.
De mi libro "Salud y felicidad". Edt. SalTerrae





[1] MARINA, J.A., Ética para náufragos, Anagrama, 1996, p. 133.

martes, 23 de enero de 2018

INDIVIDUALIZACIÓN Y FELICIDAD

INDIVIDUALIZACIÓN Y FELICIDAD
Es necesario pasar de la dependencia absoluta que experimentamos en la infancia, en la que estamos sometidos a los adultos, sobre todo a los padres, a la máxima individualización, sabiendo que nunca va a ser total, fundamentalmente porque somos seres sociales.
Refiriéndonos a la dependencia social, necesitamos de los otros para la procreación, que dará lugar al primer grupo, el núcleo familiar formado por la pareja y los hijos. Precisaremos de las otras familias, de los otros pequeños grupos sociales elementales, para asegurar nuestra subsistencia con la producción de alimentos, para la defensa, para ayudarnos en la adversidad. Así se formaron los primeros poblados. Desde ese momento, ya fueron necesarias normas, que obligaran a todos, para organizar y regular la convivencia, y resolver los conflictos. Se erigieron los primeros líderes para la coordinar, interpretar y hacer cumplir las normas y leyes que se habían dado. Así, en sentido ascendente, se formaron los pueblos, las ciudades, las regiones, las naciones, las organizaciones supranacionales, etc.
También somos sociales porque precisamos de los otros para reconocernos. Precisamos ser valorados, ser admitidos en el grupo social; también, ser queridos. Algunos, en una deriva patológica, aunque frecuente en la especie humana, precisan ser temidos; pero aun en las valoraciones negativas nos reconocemos; no podemos vivir si somos invisibles para los demás. De ahí, en una interpretación subjetiva, que a veces no coincide con la objetiva, extraemos datos para conformar nuestra autoestima.
El ser seres sociales, necesario para la procreación, para la organización comunitaria, lleva consigo la necesidad de dependencias. Algunas son el tributo que debemos pagar para organizarnos y permitirnos vivir con determinadas ventajas (defensa, comercio, sanidad, educación, leyes, etc.); otras nos las imponemos de forma consciente o inconscientemente. Las dependencias van a ser lastres que nos van a dificultar volar hacia la individualización teórica, y, en definitiva, van a influir positiva y negativamente en la felicidad subjetiva.
Las vicisitudes positivas y negativas en el trabajo, en la salud y en otros aspectos importantes, son irremediables; también con las personas que tratamos, con las que queremos. Van a ocasionar luces y sombras, y en consecuencia sensaciones positivas y negativas. En este sentido es imposible el proceso de individualización, hasta el punto de que no influyan. Llevado al extremo nos abocaría a una vida sin sentimientos, lo cual sería negativo. Es uno de los artefactos de la felicidad. No necesariamente el afecto debe ser correspondido en la misma medida.
Pero la individualización es un proceso necesario, aunque difícil. Todo va a tender a que seamos dependientes, a que no seamos libres. Los padres educan en valores, pero, en general, sin ser conscientes, tratan de proteger en exceso, a veces, de domesticar, a los hijos para que sean compatibles con la corriente que toca vivir. Que no sean conflictivos. Que se adapten a la sociedad para que no tengan problemas. En general, no educan para ser hombres y mujeres libres. Es una grave equivocación. Se debe educar en librepensamiento, precisamente para evitar la dependencia; potenciando las cualidades; inculcando valores; mirando hacia nuevos horizontes si así lo desean; formando individuos reflexivos, pero autónomos.
Es una formación no convencional que puede salirse de lo establecido y puede ocasionar problemas, pero también muchos beneficios. Los hombres y mujeres grandes en el mundo, que lo han cambiado o han ayudado a hacerlo mejor, han sido personas que no se han movido dentro de las líneas culturales, profesionales e, incluso, sociales de lo establecido. El mismo defecto, con frecuencia, cometen los educadores en los colegios, cuando su finalidad debería ser formar personas que utilicen sus potencialidades para buscar su proyecto de vida personal, y para influir en la sociedad en la que vive y mejorarla.
En la sociedad actual, se ponen trabas para la individualización, porque interesan personas manejables, que sigan el dictado y las corrientes pautadas por las clases dominantes, y también por los poderes en la sombra.
(Continuará)


De mi libro "Salud y felicidad". Edt. SalTerrae