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sábado, 14 de marzo de 2020

NAVEGAR


         NAVEGAR

      Es difícil vivir. Es difícil vivir en toda su dimensión, siendo consciente de tu entorno, es decir, de esa marabunta de noticias y sucesos, de opiniones de los que mandan, de los cómplices de los que mandan que emborronan todo de mierda para que no se vea la verdad. De los acólitos, que son remeros del poder esperando sus óbolos cuando lleguen a puerto. De los aspirantes a mandar sudando sangre y meándose de esfuerzo de tanto hacer la pelota y llevar el bien va al poder de turno. En general, siempre tiene razón el que está contra el poder, sea el que sea. El poder tiende a corromperse, y determinados poderes son muy peligrosos, porque quieren el poder para imponer su verdad y para eternizarse. Es lo realmente peligroso.
     Con toda esta farándula de corazones infectados por odios, rencores, y malas intenciones, hoy, el río esta sucio, el agua está contaminada por los lapos que echan los remeros, por los detritus repugnantes, por las iras, por las avaricias. Por los cadáveres que tiran por la borda cuando ya no los necesitan. Las aguas están contaminadas y repugnantes.
     Los ciudadanos de bien, que somos la mayoría, observamos desde la orilla la farragosa y sucia contienda. A veces, para entretenernos, para darnos todo mascado, para que no pensemos, nos hacen desde el agua guiños y teatrillos mientras ocultan en sus bodegas las verdaderas intenciones; nos lanzan fuegos fatuos, incluso cantos de sirena. En esos teatrillos que nos hacen a la luz de la luna desde el puente de mando, a veces, con poses circunspectas, estiradas, elegantes, al hacer un escorzo coqueto para embridarnos, se les descosen las costuras de su indumentaria casposa y enseñan sus vergüenzas.
     A los espectadores de la orilla nos queda un consuelo. Son torpes, avariciosos, inmorales, y tarde o temprano, embarrancarán, o se hundirán en la sima de los necios y los inmorales. Y un consuelo: no son inmortales, también morirán algún día, como todos; eso no lo saben o, no parecen saberlo, y pasarán a la historia como miserables.
Ángel Cornago Sánchez

Fotografía: Finisterre.

miércoles, 19 de julio de 2017

LOS PEQUEÑOS PODERES

Los poderositos.

El poder cambia al ser humano. No sé qué autor dijo que, para conocer realmente como es una persona, hay que analizarla cuando ostenta poder.
El poder es perseguido por muchas personas, y basta tener pequeñas cotas para que salga la catadura ética, moral y humana que cada uno lleva dentro. No es preciso que objetivamente sea muy importante, incluso se observa frecuentemente en los ámbitos pequeños; este tipo de sujetos, intentan sentirse grandes en sus pequeñas parcelas; todos conocemos a guardias municipales y a otras personas con uniforme (el uniforme, los botones dorados imprimen carácter), a funcionarios de ventanilla, profesores, médicos, directores de empresas, jueces, etc. y, hasta padres de familia, que se comportan de forma altiva y soberbia, y están demostrando permanentemente sus pequeñas o grandes cotas de decisión sobre otros.
Todos estos son los “imbéciles poderositos”, que además suelen ser malas personas, pues esas pequeñas cotas las viven como algo propio, utilizando a los demás para magnificarse.
La sociedad está plagada de estos individuos, porque todavía persisten las ideas trasnochadas en algunas empresas, que a los subordinados, hay que tenerlos controlados, mejor dicho sometidos, y utilizan mandos condicionados por el servilismo; y, así va todo, porque en general se trata de gente mediocre al servicio de otros poderosos más inteligentes pero de la misma calaña.
A estos imbéciles poderosos es a los que me refiero: a los que en las empresas o en el trabajo, en sus profesiones, se comportan con prepotencia y despotismo con las personas sobre las que tienen poder de decisión; suele ser gente miserable que se rodea de gente manejable pero interesada, para tener controlados al resto. También me refiero a esos imbéciles poderosos que en el momento que consiguen esa cota de poder, renuncian a sus orígenes, a sus raíces, y se comportan socialmente como clase dominante.


Ángel Cornago Sánchez.