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viernes, 14 de febrero de 2020

NACIONALISMOS


NACIONALISMOS

Los nacionalismos tienen aspectos positivos, que pueden ser asumidos con gusto por la población, el principal, el no verse engullidos por la globalización en la que todos estamos inmersos, en cuanto a consumos, ideas políticas y manejo.
Estamos manipulados por diversos suprapoderes económicos e ideológicos. Los medios de comunicación, principal fuente de información, son propiedad de dichos poderes. Intentan hacer adeptos con programas frívolos, para después lanzarnos los mensajes que les interesa. No les interesa personas con criterio, quieren analfabetos funcionales para manejarnos mejor. No es nada nuevo, el poder siempre ha utilizado métodos para tener sometida a la población. Los señores feudales y las dictaduras de izquierdas y de derechas utilizaban la fuerza. Esta forma de dominio, es más sibilina. Estamos, en una democracia maniatada.
Teóricamente, el nacionalismo sería refugio y defensa contra estos males. La identidad nacional, la tribu, en contraposición a la globalización que tiende a convertirnos en manada, es sugerente. El nacionalismo pondera conservar costumbres, folklore, cultura, valores, en definitiva, conservar las raíces y, en teoría, vivir una vida más humana.
No hay que olvidar que la globalización también es progreso. Gracias a ella los saberes se han universalizado, la cultura, los avances científicos. Algo a lo que no se puede renunciar.
Pero, un nacionalismo así, es soñar. Sería un estado ideal, pero difícilmente se puede llevar a la práctica. Los “tiburones”, se encargarían de conseguir poder para manipular a la tribu. Los dictadores de izquierdas y de derechas intentarían, de forma sibilina o a la fuerza manejarnos. Los idealistas, casi siempre se quedan por el camino en la lucha por el poder. Los que llegan no son los mejores. Suelen ser los más avariciosos, crueles, los de menos escrúpulos, a veces incluso psicópatas. Hay estudios suficientes que lo avalan. Hay excepciones.
El nacionalismo sería remedio ante la globalización, regidos por sistemas fundados en valores y, realmente democráticos, asumiendo los avances de la globalización. Este es un ideal tal vez imposible de alcanzar. Abundaré sobre el tema.
Fotografía, Motilla de Daimiel
Ángel Cornago Sánchez



miércoles, 22 de enero de 2020

GLOBALIZACIÓN


GLOBALIZACIÓN

Vivimos en un mundo globalizado. Fundamentalmente debido a los medios de comunicación, hoy tenemos acceso a la información de forma casi inmediata, de todo el mundo. Podemos conocer la forma de vestir, de trabajar, los gustos, los sucesos, de casi todos los países. Además, viajar y conocerlos in situ, hoy está al alcance de mucha gente, algo prohibitivo hace unos lustros. Todo ello hace que cada vez seamos menos diferentes. Es un proceso.
La globalización es positiva para compartir avances científicos, cultura, pareceres, filosofías, arte, para viajar, para aprender, pero manteniendo la individualidad y la idiosincrasia de los grupos nacionales.
Es negativa por lo que se desprende de la situación: los consumos son muy similares, lo que permite que los grandes fabricantes, puedan multiplicar su producción y en consecuencia sus ganancias. Permite influir de forma muy poderosa en los estados de opinión, en las ideologías y, en el manejo político, por parte de poderes supranacionales, interesados en implantar ideologías detrás de las cuales hay motivos económicos y de dominio. Las elecciones son manipuladas por poderes supranacionales.
El manejo de los ciudadanos en consumos, ideologías, opiniones se ha globalizado, y los grandes grupos de poder son más poderosos, y los ciudadanos menos libres.
La globalización va anulando la diversidad, la individualidad, la tribu, las peculiaridades regionales, nacionales, las referencias personales arraigadas. “Ser individual” en este mundo globalizado, es cada vez más difícil. Tendemos a  imitar, sobre todo a los países más influyentes. Identificamos progreso con vivir de determinada manera, generalmente frívola y basada en la superficialidad y el consumo, que no nos ayuda a ser más felices. Siempre lo han intentado, hoy existen medios para lograrlo mucho más sibilinamente.
Es el provenir. Los nacionalismos pueden ser una reacción ante la globalización, aunque, enseguida son contaminados; pero ese es tema de otro artículo.

Ángel Cornago Sánchez


viernes, 27 de octubre de 2017

ADIOS CATALUÑA?

            ADIOS CATALUÑA?

Todo el proceso reciente del separatismo catalán ha sido un esperpento, desde el referéndum, sin las mínimas garantías de cualquier proceso electoral democrático, hasta estos últimos días que han sido realmente de delirio de personajes, la mayoría incompetentes, trileros y mesiánicos.
Los gobiernos, desde hace años, abdicaron de su responsabilidad y dejaron crecer la hidra, haciendo dejación de su deber. La educación perversa y tergiversada es la más grave, inmoral y flagrante consecuencia porque se hace en niños en proceso de formación.
Dicho esto, los nacionalismos, una vez que tienen asegurada su lengua, sus costumbres, su folklore, su territorio, incluso su autogobierno, deben tener otros motivos para conseguir sus fines. Uno de ellos, que piensen que sus ciudadanos pueden ser más ricos que los demás por los propios recursos de su país. Este motivo lo entendería; pero si se les hubiera tratado igual que a todos. Cataluña ha recibido mucho más de los diversos gobiernos que el resto de las provincias y autonomías españolas, a cambio de unos pocos votos para poder gobernar. Sucede lo mismo con el país vasco. Un voto de un ciudadano vasco o catalán, vale mucho más que el de cualquier región de España.
Pero hay otros aspectos que me repugnan. Los nacionalismos tienen un tufo racista, que puede ser inconsciente, pero real si todos los otros aspectos están descartados. Se sienten diferentes, desde luego no inferiores, ni siquiera iguales, sino superiores. La mayoría lo hemos vivido alguna vez. Los nacionalistas extremistas, en sus métodos para alcanzar sus fines y mantenerlos, con frecuencia son fascistas: intentan dominar los órganos de poder, de opinión, la educación, incluso si pueden la policía y el poder judicial. Así lo atestigua muchos ejemplos en la historia reciente del mundo.
Suele haber detrás de estos movimientos, grupos de poder económico, o político, que por uno u otro motivo alimentan e incluso manejan el proceso para obtener beneficios, ya sean económicos o electorales.
Vivo y he nacido en el “sur” de Navarra, he vivido en León, en Asturias, estoy muy ligado a Aragón, y prácticamente conozco todo el país. Me siento identificado como ciudadano español, amante de mi tierra, de Navarra, especialmente de la Ribera. No miro a nadie por encima del hombro, pero me cabrea que nadie se sienta más que yo por su raza o lugar de nacimiento.
Manteniendo limpias las reglas de juego, que no se cumplen en este momento, en un futuro, en un referéndum limpio, si una mayoría clara quisiera ser independiente, no pondría ningún inconveniente. Yo tampoco me siento identificado, ni quiero ir al lado, de quien no me quiere como compañero de viaje.
Ángel Cornago Sánchez. Reservados derechos