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miércoles, 22 de enero de 2020

GLOBALIZACIÓN


GLOBALIZACIÓN

Vivimos en un mundo globalizado. Fundamentalmente debido a los medios de comunicación, hoy tenemos acceso a la información de forma casi inmediata, de todo el mundo. Podemos conocer la forma de vestir, de trabajar, los gustos, los sucesos, de casi todos los países. Además, viajar y conocerlos in situ, hoy está al alcance de mucha gente, algo prohibitivo hace unos lustros. Todo ello hace que cada vez seamos menos diferentes. Es un proceso.
La globalización es positiva para compartir avances científicos, cultura, pareceres, filosofías, arte, para viajar, para aprender, pero manteniendo la individualidad y la idiosincrasia de los grupos nacionales.
Es negativa por lo que se desprende de la situación: los consumos son muy similares, lo que permite que los grandes fabricantes, puedan multiplicar su producción y en consecuencia sus ganancias. Permite influir de forma muy poderosa en los estados de opinión, en las ideologías y, en el manejo político, por parte de poderes supranacionales, interesados en implantar ideologías detrás de las cuales hay motivos económicos y de dominio. Las elecciones son manipuladas por poderes supranacionales.
El manejo de los ciudadanos en consumos, ideologías, opiniones se ha globalizado, y los grandes grupos de poder son más poderosos, y los ciudadanos menos libres.
La globalización va anulando la diversidad, la individualidad, la tribu, las peculiaridades regionales, nacionales, las referencias personales arraigadas. “Ser individual” en este mundo globalizado, es cada vez más difícil. Tendemos a  imitar, sobre todo a los países más influyentes. Identificamos progreso con vivir de determinada manera, generalmente frívola y basada en la superficialidad y el consumo, que no nos ayuda a ser más felices. Siempre lo han intentado, hoy existen medios para lograrlo mucho más sibilinamente.
Es el provenir. Los nacionalismos pueden ser una reacción ante la globalización, aunque, enseguida son contaminados; pero ese es tema de otro artículo.

Ángel Cornago Sánchez


viernes, 26 de julio de 2019

LA EDUCACIÓN Y SU PERVERSIÓN


LA EDUCACIÓN Y SU PERVERSIÓN


Estoy convencido, que educar, es una de las profesiones cuyo ejercicio lleva aparejada una gran carga responsabilidad; si no la mayor.
Educar no es enseñar conocimientos, que también; es, fundamentalmente, formar en valores de justicia, respeto, esfuerzo, solidaridad, tolerancia, humanismo. Ayudar a formar el entramado psicológico e intelectual, con el que los alumnos se van a manejar a lo largo de su vida, de lo que va a depender, sus comportamientos, decisiones, lo que ellos van a aportar a sus hijos y, también, al medio social en el que se desenvuelven.
Un profesor está impartiendo enseñanza desde que entra por la puerta de su clase, con su actitud, con su manejo de las situaciones individuales y colectivas, no siempre fáciles. Es un espejo en el que los alumnos se miran, sobre todo si el docente se ha prestigiado a los ojos de sus alumnos. Los educadores junto al medio familiar, tienen una importancia capital en el futuro de los seres humanos, incluso, yo diría que algunos educadores más que los propios padres, con los que suele haber frecuentemente artefactos que distorsionan la comunicación.
Conocedores de esta verdad, partidos políticos totalitarios, nacionalistas, grupos religiosos fundamentalistas, diversos poderes, tratan de sembrar en los educandos, desde el púlpito de autoridad moral y académica que se les presume y no se les discute, teorías y conocimientos, dirigidos a que en el futuro sean militantes de las ideas que ellos tratan de propagar. Muchos, incluso, tergiversan la historia y la acompañan de soflamas,  de emoción, para así aumentar su eficacia.
Me parece de una gravedad palmaria intentar manipular las mentes infantiles para provechos doctrinales políticos o religiosos. Es la perversión de lo que debe ser la educación. Tenemos ejemplos sobrados en el mundo; también próximos.
El momento que vivimos es de miseria humana: corrupción, obsesión por el poder como primer objetivo, y de líderes carismáticos muy peligrosos.
La mayoría silenciosa, cobardemente callada.

Ángel Cornago Sánchez. Derechos reservados.
Fotografía: propia. Burgos.


miércoles, 27 de marzo de 2019

LA CONCIENCIA


“LA CONCIENCIA”


¡Cuántas veces suena el pinganillo! A lo largo de nuestra vida, con frecuencia, recibimos llamadas de atención de nuestra conciencia que nos lanza una señal de que estamos ante situaciones en que debemos tomar partido, y cuya elección supone o no un quebranto de principios.
Desde que tenemos uso de razón, desde que tomamos conciencia de valores, vamos formando una serie de códigos que son los que van a regir nuestros comportamientos. No estoy hablando de religiones, que al adoctrinarnos incluyen principios, algunos coincidentes con valores universales, pero otros creados por la propia religión y que, en no pocas ocasiones, entorpecen el desarrollo del individuo e incluso le atormentan y manipulan.
También suponen llamadas los intereses, las ambiciones, los instintos, las pasiones. Entre unos y otros nos pasamos la vida, ponderando qué camino hemos de seguir, o qué decisión debemos tomar, pero nunca debe desparecer “la conciencia”. El quebrantar ocasionalmente principios, ceder a los instintos, a las pasiones, no cumplir siempre con el deber, cae dentro de lo humano, y creo que todos hemos transgredido en ocasiones la forma de mejor proceder. Pero cuando esto sucede hemos sentido un regusto amargo, o al menos hemos tenido conciencia de que no hemos obrado bien.
Hoy existe una perversión de principios. En nombre de palabras rimbombantes, como “justicia social, libertad, democracia, el bien de la mayoría, progreso…”, muchos de nuestros dirigentes de uno y otro signo, son capaces de transgredir los principios con toda naturalidad, sin tener sensación de mala conciencia e incluso disfrazándolo de hacer el bien a los ciudadanos. Se han instalado en la mentira, en la ineficacia, cuando no en la corrupción, con el fin de mantener o conseguir poder y de gozar de suculentos sueldos y prebendas.
A algunos, ya, ni les suena el pinganillo de la conciencia.

Ángel Cornago Sánchez. Derechos reservados

domingo, 13 de enero de 2019

LA GENTE "GUAY"


LA GENTE “GUAY”

En mi niñez, adolescencia y juventud, tuve que sufrir a la “gente guay” de entonces. Eran los ricos, los ricos venidos a menos pero que con las apariencias intentaban mantener su estatus, los políticastros locales encumbrados en la España de Franco, la policía, la guardia civil, y al clero en sus diversas modalidades: curas, profesores, etc. Muchos de ellos, con frecuencia, se comportaban con altanería y prepotencia, sobre todo, con los que precedíamos de familias humildes.
Estas circunstancias, modelaron a muchos de nuestra generación. Unos antes, otros después, y no pocos nunca, nos implicamos en que había que cambiar la sociedad a un sistema democrático justo, racional, humano, donde la ciudadanía pudiera expresar sus opiniones con libertad, elegir a sus gobernantes, respirar hondo y sentirse no manejados ni oprimidos. Muchos, contribuimos con nuestras convicciones, y también con nuestra praxis y actitud comprometida a que se produjera el cambio.
Con la muerte de Franco, la transición fue un momento muy importante por el sentido de responsabilidad de los líderes de todos los partidos implicados. Desde entonces, ha habido unos años de democracia que ha permitido a este país desarrollarse y crecer. Aunque también, la corrupción ha asolado y pervertido la vida política, hasta hacerla irrespirable.
Ahora hay una nueva “élite” que debemos soportar; otra gente “guay” que, como aquellos dictadores, se pavonean; en este caso se sienten supremacistas morales; se creen en posesión de unas verdades que deben imponer: sus ideas, su cultura y, en algunos casos, incluso su lengua; algunos, como método, no dudan en denostar, descalificar, amedrentar, coaccionar. Estos supremacistas, sin ningún rubor, tratan de fascistas a quien discrepa.
Nuestra democracia está en peligro por la corrupción, pero también por determinados grupos que se sienten “elegidos”; tratan de “salvarnos”, de imponer sus ideas falseando su forma de proceder. Eso también es dictadura. Son, los “guay” de ahora, con otro pelaje.

Ángel Cornago Sánchez

Derechos reservados.




jueves, 4 de octubre de 2018

VIDA, INCERTIDUMBRE Y CREENCIAS


VIDA, INCERTIDUMBRE, CREENCIAS


Vivir es complicado. Nuestra existencia se compone de momentos felices, de rutina, y también de momentos de preocupaciones, angustias, miedos, sufrimiento. Esos momentos negativos suelen ser consecuencia de incertidumbres, ya sea por preocupaciones de salud nuestra o de nuestros seres queridos, del porvenir, de seguridad, de necesidades económicas, de carencias, de afectos, sociales, etc. Yo diría que la vida está compuesta fundamentalmente de rutina, sin darle a la palabra un sentido necesariamente peyorativo, pues puede ser una rutina llevadera, a veces agradable, aunque también puede ser tediosa.

Hasta hace menos de cien años, la incertidumbre era mayor, sobre todo en el caso de la salud, pues enfermedades que hoy se curan con facilidad, llevaban a la muerte a numerosos niños con sufrimiento terrible para sus padres, y, enfermedades hoy banales, como una apendicitis o una neumonía y muchas más, amenazaban la vida y provocaban la muerte a muchos ciudadanos. Por tanto, se convivía con la “incertidumbre”.religiones
Hoy en día con los logros de la medicina, en muchos lugares del mundo la esperanza de vida ha aumentado exponencialmente; los adelantos técnicos dan una imagen de que podemos controlar casi todo.
No es cierto; sigue existiendo la enfermedad y la muerte, los reveses de fortuna, las carencias materiales, las preocupaciones familiares, los problemas afectivos, y en no pocos lugares el hambre, la miseria, incluso la inseguridad.
Para esos momentos negativos, frecuentes en todas las vidas en algún momento y, a veces, en muchos momentos, cumplen un papel importante las creencias. Para afrontar tanta inseguridad, tanta desgracia, tanto miedo al futuro, el ser humano, desde que está en la tierra, en todas las culturas, en todas las razas, en todos los pueblos, ha adorado a sus divinidades, intentando que estas le protegieran, cambiaran su suerte, y buscando consuelo ante las adversidades. Es un mecanismo psicológico positivo que ha servido y sigue sirviendo, sin entrar a afirmar o negar si hay vida después de la muerte.
Pienso que todas las religiones, descalificando por aberrantes los fundamentalismos que han existido y existen, han jugado y juegan un papel de consuelo, para ese proceso tan duro y complicado a veces que es vivir. También, suelen defender códigos éticos (no digo dogmas ni creencias concretas), que si se cumplen, hacen la convivencia más justa y llevadera. Las religiones durante la historia, se han utilizado de forma perversa como instrumento de poder, para dominar a la población. En este caso no se diferencia en nada del poder político teóricamente justo, con frecuencia ocupado por tahúres e incluso desalmados.
Cualquier religión, o creencia merece respeto siempre que se ciña al ámbito individual del ser humano. Los estados deben ser laicos y respetar las creencias de cada cual.
Ángel Cornago Sánchez

sábado, 26 de mayo de 2018

LA EDUCACIÓN COMO CAMINO HACIA LA FELICIDAD, BREVES CONSIDERACIONES,


     1.     LA EDUCACIÓN COMO CAMINO HACIA LA FELICIDAD, BREVES CONSIDERACIONES

La educación. Proporciona formación que no siempre identificamos con conocimientos; aunque se puede ser casi un analfabeto funcional en muchos aspectos a pesar de tener formación universitaria. Me refiero con ello a las herramientas para desarrollar la reflexión, el pensamiento crítico, el goce por el conocimiento, el disfrute de las artes, los valores de honradez, solidaridad, justicia social, esfuerzo… en definitiva, los recursos para formar personas con valores y con amor por la cultura humanista.
Este tipo de formación proporciona mecanismos para poder gozar de momentos y estados de felicidad, dando por sentado que los individuos no van a ser inmunes a los contratiempos de la vida, pero se van a defender mejor. Este debería ser el objetivo de los centros educativos y de los educadores: formar hombres y mujeres libres con capacidad para deliberar, para buscar su destino, con criterios propios.
También debería ser el objetivo de las familias que, aunque no puedan impartir conocimientos a sus hijos, sí pueden inculcar valores, cuya impronta, para bien y para mal, es muy importante.
Asimismo, es necesario potenciar sus habilidades y valorarlas, pues les van a ser de mucha utilidad a lo largo de sus vidas. Los educadores y la familia deben estar al tanto de las aptitudes de los educandos, para potenciarlas y conducirlas. A veces, ni están al tanto ni las potencian. La familia, con frecuencia, las ignora y reconduce sus pasos a otras actividades que considera de más porvenir económico o social; lo cual suele llevar, si no al fracaso, sí a no alcanzar cotas que probablemente hubiera conseguido desarrollando sus aptitudes...
El ambiente social es difícil de controlar, porque está sujeto a la inercia, a intereses políticos y económicos; pero la educación depende de personas comprometidas con la trascendencia que tiene educar. Considero que es una de las profesiones de más influencia en el futuro de los seres humanos. Buenos maestros y maestras, buenos catedráticos, buenos colegios y universidades, con fines claros y asumidos, son de una importancia capital. Suelen dejar huella de agradecimiento para toda la vida. Los padres deben buscar este contenido, no el estatus social.

Es una aberración, en realidad, la antítesis de lo que debe ser, educar desde la infancia en intereses políticos, ideológicos, religiosos, fundamentalistas, para inculcar en los educandos determinadas ideas o valores interesados, incluso, falseando la realidad...
Abundando en lo dicho, mención especial requiere cuando se utilizan la educación y el ambiente social, no ya con fines económicos, que pueden estar latentes, sino para inculcar intereses de grupos de poder, fundándose en supuestos valores religiosos o políticos. Es una perversión de una gravedad extrema intoxicar a niños y niñas, bajo el paraguas de «formación», con temas que interesan a determinados grupos. En una sociedad libre y justa debería estar penado; pero es una utopía, porque a los que hacen las leyes no les interesan personas que deliberen y tomen sus decisiones con responsabilidad.
De mi libro. Salud y felicidad. Edt. SalTerae.



jueves, 27 de abril de 2017

TERRORISMO POLÍTICO

TERRORISMO POLÍTICO

Terrorismo es una forma violenta, no encuadrada en las relaciones civilizadas y honestas, para intentar imponer unas ideas y un sistema por la fuerza, sin importarles utilizar la violencia. Es un método conceptualmente fascista. Se legitiman y justifican sintiéndose en posesión de una supremacía moral; se sienten salvadores, incluso “héroes”. El terrorismo no utiliza el argumento de la razón, ni la negociación, solo desea imponer sus argumentos por la fuerza, por la intimidación, por el chantaje. No respeta las reglas de juego democráticas. A veces es violento y llega a justificar el asesinato. Tenemos sobrados ejemplos en el mundo, y también próximos.
El terrorismo político es un terrorismo “light”. No utiliza la violencia cruda, pero no está dispuesto a moverse de sus postulados, y no admite las reglas democráticas del juego político. Solo las admite para infiltrarse, para luego intentar dinamitar las instituciones, ponerles piedras en el camino, agitar la confrontación que es donde se sienten como pez en el agua. También se sienten salvadores. No les importa la razón ni los argumentos de los otros, sino los suyos; imponer lo que persiguen. Suelen tener líderes mesiánicos, rodeados de una corte de acólitos que mama del líder que ostenta autoridad absoluta, al que obedecen ciegamente. Pueden utilizar la violencia callejera, la intimidación, la coacción.
Demasiado viejo, demasiado experimentado, demasiado dolor, demasiada sangre, demasiada incapacidad. La libertad para ellos no existe. El sistema psicológicamente es perverso, pero siempre es el mismo; cuando están instalados en el terrorismo político, que es el sucedáneo que utilizan, llegan a justificar la coacción, incluso, en su deriva pueden llegar a justificar la violencia cruda.

Realmente, los sistemas políticos que dominan el mundo y que llamamos democráticos, dejan mucho que desear, muchos de ellos son corruptos y están dominados por poderes económicos en la sombra. Tampoco son la solución, sino el problema. Es un sistema de dominio también perverso. Debe aparecer una nueva generación de hombres y mujeres armados de valores. Es la solución, aunque la perspectiva es pesimista. 

Ángel Cornago Sánchez

viernes, 7 de abril de 2017

LA PERVERSIÓN DE LA EDUCACIÓN

LA EDUCACIÓN Y SU PERVERSIÓN

Ángel Cornago Sánchez

Estoy convencido, de que educar, es una de las profesiones cuyo ejercicio lleva aparejada una gran carga responsabilidad; si no la mayor.
Educar no es enseñar conocimientos, que también; es, fundamentalmente, formar en valores de justicia, respeto, esfuerzo, solidaridad, tolerancia, humanismo. Ayudar a formar el entramado psicológico e intelectual, con el que los alumnos se van a manejar a lo largo de su vida, de lo que va a depender, sus comportamientos, decisiones; lo que ellos van a aportar a sus hijos y, también, al medio social en el que se desenvuelven.
Un profesor está impartiendo enseñanza desde que entra por la puerta de su clase, con su actitud, con su manejo de las situaciones individuales y colectivas no siempre fáciles. Es un espejo en el que los alumnos se miran, sobre todo si el docente se ha prestigiado a los ojos de sus alumnos. Los educadores junto al medio familiar, tienen una importancia capital en el futuro de los seres humanos, incluso, yo diría que algunos educadores más que los propios padres, con los que suele haber frecuentemente artefactos que distorsionan la comunicación.
Conocedores de esta verdad, partidos políticos totalitarios, nacionalistas, grupos religiosos fundamentalistas, diversos poderes, tratan de sembrar en los educandos, desde el púlpito de autoridad moral y académica que se les presume y no se les discute, teorías y conocimientos, dirigidos a que en el futuro sean militantes de las ideas que ellos tratan de propagar. Muchos, incluso, tergiversan la historia y la acompañan de soflamas,  de emoción, para así aumentar su eficacia.
Me parece de una gravedad palmaria intentar manipular las mentes infantiles para provechos doctrinales políticos o religiosos. Es la perversión de lo que debe ser la educación. Tenemos ejemplos sobrados en el mundo; también próximos.
El momento que vivimos es de miseria humana: corrupción, obsesión por el poder como primer objetivo, y de líderes carismáticos muy peligrosos.
La mayoría silenciosa, cobardemente callada.

Ángel Cornago Sánchez




sábado, 25 de febrero de 2017

LA CULTURA ES LIBERTAD

CULTURA

Cultura, es muchas cosas. Es el análisis de todo lo que forma parte del ser humano, de su historia, de su creatividad, de su relación con el entorno, de sus comportamientos, también de la ciencia,
etc. Pero hoy aquí, me quiero referir a la “cultura con mayúsculas”, a la cultura próxima, no a la universal, sino a la que está adherida a nuestra piel, a nuestro tuétano, a lo que nos moviliza; a la que nos provoca como ciudadanos, la que nos hace preguntar y preguntarnos cada día por nuestra existencia y por nuestro papel en los decorados donde nos desenvolvemos.
Cultura, en este caso, no es conocimientos, que también; es algo mucho más creativo y para cada cual diferente, en lo que podemos coincidir o discrepar civilizadamente o no. Es una cadena de razonamientos subjetivos, de los que extraemos conclusiones nuevas de bases a las que habíamos llegado por el método del esfuerzo y la reflexión madurados. Es una búsqueda permanente y meditada, honrada intelectualmente, sin intereses espurios.
Cultura pervertida o anticultura, suele ser la oficial, la subvencionada, la interesada en mandar mensajes ya cocinados, la que emana de los voceros que siempre están al lado de los que mandan; la baboseada con los gerifaltes de turno, la que se cubre las espaldas por “un por si acaso la tortilla cambia”, “la plana”, la del “toer er mundo es güeno”; “ni blanco, ni negro sino todo lo contrario”; “ni carne ni pescado”, etc.
Es una cultura perversa porque no aporta nada al desarrollo, solo las dosis justas paniaguadas y formales, el buenismo interesado dado para el consumo por el poder correspondiente. Es perniciosa para la sociedad porque es una rémora, un obstáculo premeditado, barrera para el desarrollo de otras formas y de otras opiniones.
Es la cultura oficial que no muere ni desfallece, con otros protagonistas, con los mismos cómplices, que mutan y se transforman dependiendo de quien manda. Son las más dañinas porque impiden el paso a otra gente, a otras ideas, a otras opiniones más frescas y presumiblemente divergentes. Porque el progreso, no hay ninguna duda, nace de divergir con lo establecido, aunque luego precise de sucesivos ajustes.
La cultura debe ser libre, no encorsetada ni controlada, creativa. Es lo que permite el desarrollo y, al ser humano, crecer y volar. Los pseudointelectuales, mercedarios de poderes sucesivos: incombustibles.

Ángel Cornago Sánchez.      Derechos reservados.

sábado, 5 de noviembre de 2016

MANIPULACIÓN Y PERVERSIÓN DE CONCEPTOS POR PARTE DE LOS POLITICOS

Manipulación

Vivimos una época en la que se están mancillando palabras y conceptos altruistas, nobles, fundados en valores. Con el mayor descaro se utilizan las palabras democracia, libertad, liberación, progreso, justicia, etc., no en aras de hacer énfasis en su significado para conseguir los fines que representan en la sociedad, sino para, bajo su lema, bajo su paraguas, solapar fines particulares o de grupo, interesados y muchas veces corruptos, con objeto de revestirse de algo noble para conseguir sus fines engañando a la colectividad.
No hay nada tan ruin como utilizar este sistema: amparados en ideas aceptadas y apoyadas por la mayoría de los ciudadanos, nuestros próceres y políticos de turno, engolan la voz al pronunciarlas con firmeza, y las utilizan como argumento básico, cuando debajo se esconden otras muy aviesas intenciones. Ni se sonrojan. Considero que muchos tienen un perfil intelectual tan bajo, que piensan que los ciudadanos “nos tragamos” cualquier argumento zafio que nos venden.
Cuando estos mecanismos los utiliza “el poder de turno”, las posibilidades de escapar a estos argumentos de muchas personas es difícil; unos porque los utilizan sus correligionarios a los que les permiten todo, y otros porque realmente no tienen capacidad crítica. Frecuentemente se vende con unas siglas o un concepto teóricamente justo y de valor, para bajo su sombra realizar o solapar los mayores desmanes.
Los ciudadanos nos estamos cansando de estar en manos de tanto desaprensivo, por utilizar un calificativo suave; es como si estuviéramos viviendo la época dorada de este tipo de gente; los tenemos muy extendidos en grandes y pequeños ámbitos de poder.
Es un síntoma clave de la descomposición de nuestra sociedad. Me pregunto, si con los medios de comunicación en manos de los distintos poderes, esto tendrá alguna solución, o iremos cayendo los ciudadanos de una en otra mano pseudo-ideológica diseñada en los despachos y manejada por el grupo ideológico correspondiente. Tal vez sea el destino del ser humano. Esto es una selva, pero los depredadores, probablemente, nunca habían sido tan peligrosos y la posibilidad de defenderse de ellos tan difícil.
La única solución es educar en valores; hombres y mujeres capaces, honrados, con sentido desarrollado de la justicia social, son más importantes que las siglas que representen; con estas premisas serían fácil llegar a acuerdos. Considero que el sistema actual está gastado.
Ángel Cornago Sánchez



jueves, 6 de octubre de 2016

CRISIS DE VALORES Y EDUCACIÓN. BREVE REFLEXIÓN

IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN

Estoy convencido de que educar, es una de las profesiones cuyo ejercicio lleva aparejada una gran carga responsabilidad; si no la mayor.
Educar no es enseñar conocimientos, que también; es, fundamentalmente, formar en valores de justicia, respeto, esfuerzo, solidaridad, tolerancia, humanismo... Ayudar a formar el entramado psicológico e intelectual, con el que los alumnos se van a manejar a lo largo de su vida, de lo que va a depender sus comportamientos, decisiones, lo que ellos van a aportar a sus hijos y, también, al medio social en el que se desenvuelven.
Un profesor está impartiendo enseñanza desde que entra por la puerta de su clase, con su actitud, con su manejo de las situaciones individuales y colectivas, no siempre fáciles. Es un espejo en el que los educandos se miran, sobre todo si el docente se ha prestigiado a los ojos de sus alumnos. Los educadores junto al medio familiar, tienen una importancia capital en el futuro de los seres humanos, incluso, yo diría que algunos educadores más que los propios padres, con los que suele haber frecuentemente artefactos que distorsionan la comunicación.
Conocedores de esta verdad, partidos políticos totalitarios, nacionalistas, grupos religiosos fundamentalistas, diversos poderes, tratan de sembrar en los educandos, desde el púlpito de autoridad moral y académica que se les presume y no se les discute, teorías y conocimientos, dirigidos a que en el futuro sean militantes de las ideas que ellos tratan de propagar. Muchos, incluso, tergiversan la historia y la acompañan de soflamas, de emoción, para así aumentar su eficacia.
Me parece de una gravedad palmaria intentar manipular las mentes infantiles para provechos doctrinales políticos o religiosos. Es la perversión de lo que debe ser la educación. Tenemos ejemplos sobrados en el mundo; también próximos.
El momento que vivimos es de grave decadencia en valores, que repercute en casi todos los ámbitos, con gran repercusión en los de responsabilidad sobre los ciudadanos: corrupción; obsesión por el poder como primer objetivo; líderes carismáticos muy peligrosos... Creo que, en puestos de cierta responsabilidad política, también en algunas empresas, hay muchas personas mediocres, cuyo mérito fundamental es ser amigo de un clan determinado, y su función, ser meros transmisores de órdenes superiores, cuando no, a falta de otras aptitudes, utilizar la represión y la amenaza sobre los subordinados. Las consecuencias las estamos sufriendo los ciudadanos de forma continuada.
Es preciso de forma urgente un rearme moral de la sociedad. La educación tiene un papel fundamental. Considero que el más importante junto con la familia.

Ángel Cornago Sánchez

Pupitre en el que enseñó Antonio Machado en Baeza

miércoles, 7 de septiembre de 2016

RIGOR INTELECTUAL, SIEMPRE NECESARIO, ESPECIALMENTE EN EL MOMENTO ACTUAL.

RIGOR INTELECTUAL


En el momento histórico que estamos viviendo, tal vez más que nunca, en un ejercicio de responsabilidad, es preciso que influyamos en el entorno social que nos toca vivir, cada uno en su ámbito, pero desde una actitud de honradez y rigor intelectual a la hora de enjuiciar las situaciones y expresar las opiniones. No podemos ser esclavos de ideas preconcebidas ni de consignas emanadas por asociaciones, religiones, o partidos políticos, aunque a la postre podamos coincidir con ellas después de reflexionar y valorar sus posturas.
Hoy, los ciudadanos, hastiados ya, contemplamos el espectáculo bochornoso de la lucha irracional, y, a veces, barriobajera entre partidos, utilizando como armas arrojadizas las propuestas del contrario, aunque puedan ser razonables, incluso adecuadas para la mayoría. Han pervertido sus fines. No es el bien de los ciudadanos origen de sus cargos lo que persiguen, sino, unos conservar el poder, y los otros arrebatárselo. En definitiva, el poder por el poder. En esta lucha vale todo. Ni se sonrojan con sus zafios razonamientos. No valoran nuestra capacidad intelectual; piensan que nos engañan con sus actitudes y burdos argumentos. Están jugando con fuego. Algunos, no cumplen los requisitos mínimos deseables para ostentar el cargo de responsabilidad y de decisión que ostentan.
 Mientras, los ciudadanos asistimos decepcionados a ese perverso olvido por parte de las clases políticas que nos dominan. Pienso que el sistema está gastado. La “derecha”, “la izquierda”, tal como las utilizan los protagonistas, no sirven, aunque, probablemente los que no sirven son dichos protagonistas. Sería preciso que la mayoría de esos dirigentes desaparecieran de la escena y fueran sustituidos por otros nuevos, honrados, y con la idea clara de que su objetivo somos los ciudadanos, no conservar o llegar al poder.
Nosotros, también somos responsables. Los dogmatismos del signo que sea nos esclavizan. De hecho, un tanto por ciento nada despreciable de los votos emitidos en las elecciones, son de personas que siempre votan al mismo partido, por ideas preconcebidas. Gracias a que hay otro tanto por ciento que es capaz de otorgar su voto dependiendo del juicio sobre sus actuaciones, los países progresan, por que, la alternancia, el pluripartidismo, el consenso entre los diferentes partidos, es progreso.
El librepensamiento es la base de la vida intelectual. Es preciso no estar sujetos a  dogmatismos en ningún ámbito. El discurso de los partidos huele a naftalina, por caduco, por sesgado, por poco riguroso, por poco respetuoso con la inteligencia de los ciudadanos. Debemos ser capaces del análisis despojado de ideas preconcebidas, lo contrario es una rémora para el progreso y para llegar a posiciones más avanzadas.
El juicio es un ejercicio intelectual que debe ser libre de dogmas políticos y religiosos. La religión es respetable; incluso, si se quiere, adecuada en el ámbito privado, pero no como doctrina en el análisis del quehacer político y social. La militancia política, la simpatía por un partido, también lo es, pero sin sometimiento a sus consignas y a sus líderes si no lo hacen bien y no permiten el debate; antes al contrario, los simpatizantes y militantes, tienen más responsabilidad que los demás para intentar reconducir su deriva y mantenerlos siempre vivos. Esta actitud, los dirigentes respectivos no lo van a consentir; no les interesa militantes con criterio propio, sino personas que acaten las consignas que emergen de la cúpula sin discutirlas: son los militantes que medran, los que van en las listas, pero el suicidio de los partidos, situación a la que ya hemos llegado.
El momento actual en España, es especialmente grave. Nuestros políticos nos están enseñando sus lados más oscuros. Unos más que otros.

            Ángel Cornago Sánchez
           



viernes, 27 de mayo de 2016

LOS PODEROSITOS




Los poderositos.

El poder cambia al ser humano. No sé qué autor dijo que, para conocer realmente como es una persona hay que analizarla ostentando poder.
Es sabido que el poder se persigue, y es muy difícil, yo diría que imposible, que alguien llegue a tener una cota de poder importante y no la haya buscado de una u otra manera. Es lícito, siempre que el fin no sea el propio provecho, sino los objetivos para los que ha sido creado dicho poder, y siempre que para conseguirlo se respeten las normas éticas. Hay profesiones que lo llevan implícito.
También es cierto que el poder tiene sus servidumbres, una de ellas, tal vez la más importante, que hay que renunciar con frecuencia a determinadas convicciones en pos de mantener o conseguir el poder. Es la perversión del objetivo del poder en política, que debería ser servicio a los ciudadanos y no el poder en sí. El eterno problema de: “el fin justifica los medios”. Muy peligroso, porque se han hecho barbaridades fundándose en tal axioma, incluso grupos, apoyándose en psicópatas, se justifican para matar; tenemos ejemplos cerca. Los gobiernos tienen sus “cloacas del estado” donde también rige tal axioma. Estos poderosos o aspirantes a tales, son el cáncer de una sociedad libre.
El poder es perseguido por muchas personas, y basta tener pequeñas cotas para que salga la catadura ética, moral y humana que cada uno lleva dentro. No es preciso que objetivamente sea muy importante, incluso se observa más en los ámbitos pequeños; este tipo de sujetos, intentan sentirse grandes en sus pequeñas parcelas; todos conocemos a guardias municipales y a otras personas con uniforme, a funcionarios de ventanilla, profesores, médicos, directores de empresas, jueces, etc. y, hasta padres de familia, que se comportan de forma altiva y soberbia, y están demostrando permanentemente sus pequeñas o grandes cotas de decisión sobre sus subordinados; cuando la posibilidad de decisión es más influyente y visible, como en el caso de algunos políticos, lo hacen notar; en realidad se diferencian muy poco de los anteriores, sólo en el grado y el disimulo. Todos estos son los “imbéciles poderositos”, que además suelen ser malas personas, pues esas pequeñas cotas las viven como algo propio, utilizando a los demás para magnificarse.
La sociedad está plagada de estos individuos, porque todavía persisten las ideas trasnochadas, en algunas empresas, de que a los subordinados, hay que tenerlos controlados, mejor dicho sometidos, y utilizan mandos condicionados por el servilismo; y, así va todo, porque en general se trata de gente mediocre al servicio de otros poderosos más inteligentes pero de la misma calaña.
A estos imbéciles poderosos, que en las empresas, o en el trabajo, en sus profesiones, se comportan con prepotencia y despotismo con las personas sobre las que tienen poder de decisión, es a los que me refiero; suele ser gente miserable que se rodea de gente manejable pero interesada, para tener controlados al resto. También me refiero a esos imbéciles poderosos que en el momento que consiguen esa cota de poder, renuncian a sus  orígenes, a sus raíces, y se comportan socialmente como clase dominante.
Por supuesto que hay empresarios, políticos, personas con uniforme, honrados y respetuosos, y que la mayoría de los jueces son independientes. 
En otra ocasión trataré de los parásitos, oportunistas, chaqueteros, intelectuales vendidos, etc. que se mueven alrededor del poder.


Ángel Cornago Sánchez.
De mi libro "Arraigos, melindres y acedías". Eds. Trabe.
 

lunes, 21 de marzo de 2016

LA EDUCACIÓN Y SU PERVERSIÓN

IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN.

Ángel Cornago Sánchezeducación

Estoy convencido, de que educar, es una de las profesiones cuyo ejercicio lleva aparejada una gran carga responsabilidad; si no la mayor.
Educar no es enseñar conocimientos, que también; es, fundamentalmente, formar en valores de justicia, respeto, esfuerzo, solidaridad, tolerancia, humanismo. Ayudar a formar el entramado psicológico e intelectual, con el que los alumnos se van a manejar a lo largo de su vida, de lo que va a depender, sus comportamientos, decisiones; lo que ellos van a aportar a sus hijos y, también, al medio social en el que se desenvuelven.
Un profesor está impartiendo enseñanza desde que entra por la puerta de su clase, con su actitud, con su manejo de las situaciones individuales y colectivas no siempre fáciles. Es un espejo en el que los alumnos se miran, sobre todo si el docente se ha prestigiado a los ojos de sus alumnos. Los educadores junto al medio familiar, tienen una importancia capital en el futuro de los seres humanos, incluso, yo diría que algunos educadores más que los propios padres, con los que suele haber frecuentemente artefactos que distorsionan la comunicación.

Conocedores de esta verdad, partidos políticos totalitarios, nacionalistas, grupos religiosos fundamentalistas, diversos poderes, tratan de sembrar en los educandos, desde el púlpito de autoridad moral y académica que se les presume y no se les discute, teorías y conocimientos, dirigidos a que en el futuro sean militantes de las ideas que ellos tratan de propagar. Muchos, incluso, tergiversan la historia y la acompañan de soflamas,  de emoción, para así aumentar su eficacia.
Me parece de una gravedad palmaria intentar manipular las mentes infantiles para provechos doctrinales políticos o religiosos. Es la perversión de lo que debe ser la educación. Tenemos ejemplos sobrados en el mundo; también próximos.
El momento que vivimos es de miseria humana: corrupción, obsesión por el poder como primer objetivo, y de líderes carismáticos muy peligrosos.
La mayoría silenciosa, cobardemente callada.


Ángel Cornago Sánchez

viernes, 17 de julio de 2015

PERVERSIÓN DE LA DEMOCRACIA

PERVERSIÓN DE LA DEMOCRACIA

Ángel Cornago Sánchez

El momento actual, realmente produce desánimo y frustración. Para valorar a las personas, a los grupos, no basta hacerlo en la vida diaria, que también, sino cuando suceden, se enfrentan, o se pronuncian sobre hechos importantes que afectan o trascienden a la comunidad.
En nuestro medio, creo que muchos compartimos, que los políticos de cualquier signo, de cualquier ideología, se merecen respeto y tienen derecho a defender sus postulados para llegar a gobernar, siempre que respeten las reglas del juego democrático. 
Suele suceder, que hay personas, que según sea el partido o la ideología del que ha cometido una infracción, el juicio es más benévolo, incluso lo justifican si es  de “su cuerda”, o son muy remisos en condenarlos. Considero que no son ciudadanos de fiar, pues si tuvieran poder, cabe suponer que sus actuaciones tampoco serían fiables en aras a conseguir lo que ellos defienden.
Por otra parte, hay hechos, como actos violentos, incluso atentados, que movilizan a personas de determinadas ideologías, justificando los hechos. Algunas intervenciones en las redes sociales son alarmantes, por agresivas y sectarias. Es de una gravedad palmaria. Se dicen a sí mismos que, “el fin justifica los medios”, y es de suponer que si los justifican, serían capaces, si no de realizarlos, al menos de fomentarlos. Hay concejales o cargos públicos recientemente llegados a diversos poderes, cuyas manifestaciones son aberrantes, incluso abogan por la violencia y el asesinato de determinadas personas, aunque sea de forma figurada. Me pregunto si un día llegaran a gobernar el país, qué serían capaces de hacer. Independientemente de ideologías, esas personas sobran en la vida pública, y los partidos democráticos no deben permitir que tengan ninguna responsabilidad; además, cabe pensar que su bagaje intelectual es ínfimo como para tener ninguna responsabilidad. Sus propios partidos son responsables de apartarlos de la vida pública.
Debemos construir las sociedades y los países, no con actuaciones inmorales, justificándolas, porque a la larga sería más de lo mismo que tenemos, tal vez peor. Esta sociedad necesita moralizar la vida pública, y la privada cada uno en su ámbito. No debemos permitir que los grandes poderes económicos nos exploten, debemos defender una distribución justa de los recursos, justicia social, defender derechos, pero, en la lucha política o ideológica, tampoco vale todo. Hay que ser riguroso, buscar la verdad, buscar soluciones ponderadas y justas, intentando construir país, no desestabilizarlo.
Tampoco cualquier grupo o partido, puede arrogarse el papel de salvador, o auto-arrogarse una legitimidad moral que sólo la basan en sus postulados, permitiéndose transgredir las reglas de juego, con la consabida justificación de que, “el fin justifica los medios”; tienen un código moral de conveniencia para sus fines. Premisa muy peligrosa que ha dado lugar  a las mayores atrocidades. Se sienten “elegidos” para salvar a los demás, pero no tienen ningún reparo en transgredir reglas, principios, incluso justificar la violencia. Los salvadores de uno y otro signo, son muy peligrosos; siempre han resultado dictadores y han ocasionado mucho dolor.
Fundamental: “rigor y honradez intelectual” en el ámbito individual a la hora de analizar los hechos y enjuiciar las situaciones. Sobran personas sectarias que sólo aportan odio y resentimiento. Sobran salvadores. Es preciso un rearme moral de la sociedad. La voz de la mayoría silenciosa, honesta y ejerciendo su honradez intelectual, se debe hacer escuchar.
Ángel Cornago Sánchez


viernes, 10 de octubre de 2014

Despertar la consciencia.

Despertar  la consciencia.conscienciadespertar

Estaba roto, harto de corregir el gesto, de mostrar en econsciencial rostro sensaciones que no se correspondían con el momento que en realidad estaba viviendo.
Con códigos inconscientes, nos habían educado para ser amables, educados, correctos, cariñosos y…, sumisos con el poderoso; había que dar una imagen de afabilidad, discreción, docilidad, nunca de competencia; al poderoso no le gustan las personas seguras de sí mismas, con criterios propios, las perciben como amenazantes para su status.
Al mismo tiempo nos habían educado para ser agresivos, audaces, seguros, altivos, soberbios..., con el débil. Con el débil había que dar una imagen de seguridad, de suficiencia, de poder, aunque todo ello, eso sí, impregnado en un halo de moralina paternalista. La relación con el débil es muy importante porque nos confirma nuestro propio valer; es la referencia que nos permite reafirmarnos en nuestro estatus de superiores. Si el débil osaba contradecirme, sentía una sensación de rabia contenida y contestaba con una agresividad desproporcionada. !Estaría bueno¡
No había más status. Nos habían educado para tener la sensación de que en los intercambios relacionales, a las personas había que colocarlas por encima o por debajo, sólo había que mantenerlas a nivel el tiempo justo de medirlas.
Era una lucha sin cuartel de actitudes vacías, sumisas o altivas. Mientras, yo, sin mirarme en el espejo, sin dibujar mis contornos, sin matizar mi silueta, desorientado, con el regusto amargo de estar vacío, crispaba y adaptaba el gesto adecuándolo al momento que parecía estaba viviendo.
Un buen día en que el sol brillaba con más fuerza, di un corte de mangas a la “fábrica de códigos”, y con las manos en los bolsillos, despeinado, la figura descompuesta, saltando de forma descoordinada, emitiendo gritos de placer e impregnado de una gozosa sensación de libertad, di la espalda al pasado y, respirando hondo, me fui por la senda que lleva al horizonte blanco y azul.
Y... aquí estoy. Actualmente dudo, río, lloro, pero me miro en el espejo y me percibo, toco mi silueta y sé que soy yo, hablo con la gente y sé que son personas... Muchas veces me siento en el suelo para sentir en las posaderas mi propio peso, mientras con las palmas de mis manos trato de percibir el latido de la tierra.
Y este latido, me dice cada día que sigo vivo, porque me enervo por las injusticias, por la utilización perversa de los poderes, por los razonamiento sectarios, y…, por otras muchas cosas más, a las que espero no acomodarme nunca
Ángel Cornago Sánchez. De mi libro “Arraigos, melindres y acedías”.