Mostrando entradas con la etiqueta poder. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poder. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de junio de 2020

EL ATRACCIÓN DEL PODER

EL IMÁN DEL PODER http://angelcornago.es/

 

Cuando era niño asociaba, con lógica, la estatura con el poder. Los niños mayores dominaban a los más pequeños y si teníamos un hermano, primo o amigo mayor que nosotros nos sentíamos protegidos. Esa sensación de protección era mucho mayor si estábamos bajo la tutela de un adulto.

            Se dice que en la niñez se gravan las sensaciones y muchas formas de comportamiento que van a regir durante toda nuestra vida. Recuerdo de entonces que aquellos niños mayores, que hacían gala de su poderío físico ante los que éramos más pequeños, con los que la lucha era desigual, producían en mí sensación de repulsa; esto no les sucedía a todos pues algunos eran mucho más prácticos e intentaban hacerse sus amigos a toda costa para, de alguna forma, ser partícipes de su poder o al menos no tenerlos en contra.

            Estos comportamientos, más o menos, se irán reproduciendo en la edad adulta, donde pululan en todos los ámbitos oportunistas que se arriman al poder de turno y están dispuestos a medrar a costa de lo que sea. A muchos se les veía venir ya desde niños. Puedo corroborarlo después de mucha vida vivida. Con muchos de aquellos compartí en mi juventud inquietudes y reivindicaciones. Algunos, llegó su hora y aprovecharon el tren de medrar, de figurar, y se auparon a ámbitos de poder maquillados con sus ideales, con escusas de servir a la sociedad. Otros se retiraron a sus cuarteles de invierno. También, hubo alguno que, en aquel tiempo, los ideales los debía llevar muy ocultos, porque “ni estaba, ni se le esperaba”, pero hábil, se subió al tren en marcha y ya no volvió a trabajar en su vida; sí a figurar y a beber de la mamandurria del poder.

            Era muy niño, tenía diez años, y en el colegio de Jesuitas un chico de cuarto de los desarrollados, no sé por qué motivo le estaba pegando una paliza soberana a un compañero de clase amigo mío; me estaba produciendo pavor aquella tortura que estábamos presenciando, como yo, otros amigos, y en un gesto que pensé iba a ser secundado por los demás, pretendí liberar a mi compañero de aquella situación y me lancé por detrás a colgarme del cuello de aquel energúmeno. El resultado no pudo ser peor para mí, porque el susodicho soltó al otro para defenderse de mi ataque, momento que este aprovechó para salir corriendo junto con los que estaban presenciando la pelea. No recuerdo la paliza que me dio, aunque me lo puedo figurar, pero se me quedó grabado aquel acto de insolidaridad que me dolió mucho más que los golpes, y que sigo recordando cuando viene a cuento.

            Sí que aprendí a distinguir a los oportunistas, aunque, siempre me quedé corto; son una pléyade.


domingo, 5 de abril de 2020

EQUIDISTANCIA


EQUIDISTANCIA


Hay determinados “personajes”, que cuando se manifiestan, lo hacen sobre minucias; no se pronuncian nunca sobre temas sociales de cierta importancia, no sea que vayan a enfadar al poder de turno, y, desde luego, no son críticos con los gerifaltes próximos de los que están mamando. Están en todos los saraos y con todos cohabitan, y son frecuentes junto a todos los poderes y en todos los ámbitos.
A veces, motivados por seguir en la pomada más que por denunciar algo de cierta importancia, hacen alguna declaración, desde luego no demasiado ácida, criticando al poder establecido, y para compensar y que no les pueda dañar, ponen también otra crítica al contrario, para así “nadar y guardar la ropa”.
No es de recibo no manifestarse nunca por beber de las ubres del poder, y cuando lo hacen, hacerlo de forma equidistante, dándole una badana suave a ambos, por si cambian las tornas. En general son personajes hábiles, astutos y poco de fiar a pesar de sus sonrisas y maneras correctas, que suelen ser la norma en su proceder.
La equidistancia habitual es un fraude, es quedar bien con todos y, además, aparecer como crítico con el poder y contrapoder, que a ambos se puede criticar, pero no a la vez, y mandar el mensaje perverso de que: “todos son iguales”. Probablemente es cierto, pero ese planteamiento lleva a la inacción y al desánimo. Siempre hay que controlar y criticar si lo merece al poder de turno, sin estar sujetos a servidumbres ideológicas. Las ideologías son un eslabón superior que se pueden discutir en momentos determinados. Pero en la praxis, en la gestión de los problemas de la sociedad, el ser de uno u otro partido no debería eximir de la crítica; lo mínimo que se les puede exigir es profesionalidad, honradez y competencia. Huele a casposo, a subdesarrollo intelectual, a conciencia adormecida y a inmoralidad, atacar sin piedad y sin razón al adversario, y justificar todo a los de su cuerda.
La equidistancia suele llevar a la inacción, a lo entreverado, al equilibro, a ni blanco ni negro sino todo lo contrario, a ni galgo ni conejero, a la sonrisa a diestro y siniestro, al saludo formal y ceremonioso, aunque solo saludan a los repujados.
Distinto es, denunciar comportamientos sin nombrar a unos o a otros, y que cada cual, aplicando su reflexión, su conciencia, su libertad de pensamiento y su honradez intelectual, los aplique a quien considere. Es respetar al ciudadano como persona responsable, aunque a veces, hay que mojarse y “no guardar la ropa”.
Ángel Cornago Sánchez.  Derechos reservados
Fotografía: Santa María de Huerta


lunes, 14 de octubre de 2019

DEMOCRACIA Y PODER


DEMOCRACIA  Y PODER

El ser humano como grupo no encontrará nunca un sistema social estable, donde la justicia sea la regla, no haya competencia despiadada, y la guía de actuación sea la defensa de valores, el bien de la mayoría y también de las minorías. Es la antítesis de lo que somos. Somos competencia. Pero, además, en nuestra vida diaria, somos envidiosos, egoístas, avariciosos, y, unos pocos, con ansia de poder, de dominio.
En general, -aunque no todos-, los que se acercan al poder, son los más egoístas; los que utilizan los ideales como consigna sin creer verdaderamente en ellos ni tenerlos asumidos, aunque, a veces, ni ellos mismos lo saben, y lo disfrazan de bien para la mayoría; algunos incluso, se sienten redentores. Estos suelen ser los más despiadados; la historia ha mostrado y presenta suficientes ejemplos.
Para conseguir el poder, fundamentalmente utilizan la “estrategia”, prometiendo y haciendo afirmaciones sin importarles que no las vayan a cumplir, o que, al cumplirlos, el bien de la mayoría quede relegado al bien propio o de grupo.
La motivación por ideales puros, sin otros componentes, es la antítesis de lo que son. Ha habido, y, seguro que hay, personas que se mueven fundamentalmente por ideales y que son capaces de dar lo mejor de sí en defenderlos y conseguirlos. El mundo ha progresado mucho y ha sido gracias a esos hombres y mujeres que han trabajado y luchado para que así sea.
La democracia es un sistema justo, pero enseguida es contaminado por los diversos poderes para utilizarla en su provecho. Se apoderan de medios de comunicación, corrompen con planteamientos fraudulentos a personajes fácilmente manejables para ocupar los puestos. Para eso utilizan a esas personas cegadas por el medro, por figurar. La política está plagada de mindundis con poco que aportar; solo ser obedientes y meros transmisores.
Pero, indudablemente, la democracia es el mejor de los sistemas para el gobierno de los pueblos. Pero hay que estar ojo avizor, y ser críticos, porque hay poderes económicos o ideológicos, que están preparados para intentar manejarla en su beneficio, sin ningún miramiento.

Ángel Cornago Sánchez
Fotografía: propia. Ávila



las democracias están pervertidas por los diversos poderes

lunes, 22 de octubre de 2018

MUJERES Y HOMBRES BUENOS"


MUJERES Y HOMBRES BUENOS

Pienso, que las mujeres y hombre "buenos", independiente del partido al que pertenezcan, todos perseguirán, si no lo mismo, al menos: justicia, distribución justa de la riqueza, valorar el esfuerzo, igualdad de oportunidades, asegurar a todos sanidad y una subsistencia digna... También creo, que estas mujeres y hombres buenos, con sus discrepancias ideológicas, serán capaces de entenderse y llegar a acuerdos adaptándose al momento que se vive, persiguiendo el bien común.
Es preciso que además de buenos sean "capaces". Es más peligrosa una persona tonta y engreída en un puesto de responsabilidad, que una persona mala.
En la vida política, no solo en este momento, también en los anteriores, hay mucho incapaz, y sobre todo mucho personaje aspirando a tener poder, pero no como servicio, sino como finalidad para llenar su ego y su ambición. Hay estudios que lo avalan. Vuelvo a aconsejar la lectura del libro "Cerebro y poder" de Adolf Tobeña" catedrático de psicología y psiquiatría de la universidad de Barcelona.
En la estrategia es donde se tuercen, donde se desvían por motivos espurios, corrupción, personalismos, etc.
La transición fue un momento clave, en que todos se pusieron de acuerdo, independientemente de ideologías. Se trataba de un momento histórico, en el que todos tuvieron grandeza de miras y responsabilidad. Se trataba de cambiar el sistema sin lucha, sin derramamiento de sangre. Al poder, después, se llegaría con elecciones limpias; el resto en la oposición, y todos tratando de gobernar y mejorar el país.
Ahora se lucha por el poder puro y duro, y en casos, exclusivamente personal, desnudo de ideales y convicciones nobles.
Ángel Cornago Sánchez
Fotografía. Córdoba. Palacio de VianaTRANSICIÓN

miércoles, 19 de septiembre de 2018

LOS MINDUNDI


Los mindundi

No hace mucho tiempo, leí el calificativo que dedicaba una persona se supone que culta e instruida, a intelectuales no conocidos, o a personas que cultivan y trabajan el pensamiento, aunque no están en los podios de la fama, o ni siquiera son conocidos. Los etiquetaba de “mindundi”, en general, para denostar sus opiniones. Mindundi, quiere decir “don nadie”; persona de escasa importancia.
Por supuesto, no estoy de acuerdo. Yo creo que casi nadie es “mindundi”, excepto los “faroleros”, los petulantes, que piensan que por su posición o por su título tiene ganada la acreditación de sus opiniones. También, somos testigos con frecuencia, de ídolos de cartón piedra, de papel couché, de tertulianos de muy dudoso nivel, de deportistas, etc. que se permiten, fundamentalmente en las televisiones, opinar sobre los más diversos temas, desde los púlpitos que le proporcionan los medios de comunicación, en un enfoque generalmente frívolo.
En mi ya larga vida, he escuchado opiniones agudas, certeras y de análisis inteligente de situaciones, a personas sin formación académica, y he sido testigo de opiniones vacuas y frívolas de personas con títulos académicos.
El respeto a las opiniones de cada cual hay que ganárselo, no depende de los títulos. De hecho, estamos asistiendo en el momento histórico que vivimos a personas de bajísimo nivel intelectual ostentando puestos de responsabilidad, que piensan que están ahí para sacarnos de la ignorancia y para regir nuestros destinos. Creo que nunca ha habido tanto “mindundis” en este país. Y lo grave es que, como no podría ser de otra manera, no se saben ignorantes y se creen con derecho a impartir magisterio, e incluso a dirigir nuestras vidas. Suelen tener un tufo totalitario y escasito en valores. Para mí, estos son los verdaderos “mindundis” que tenemos que soportar.

Ángel Cornago Sánchez. Derechos reservados, 2016



martes, 26 de junio de 2018

DESILUSIÓN. LOS QUE YA TENEMOS AÑOS.



LOS QUE YA TENEMOS AÑOS

Algunos de los que ya vamos entrando en la vejez, tenemos tendencia a la “crítica”, a veces acalorada, incluso desabrida, tal vez por la sensación de que en los últimos años que nos quedan, desde la decepción, debemos ser consecuentes con lo que pensamos y opinamos, en este mundo en general dominado, no por los más honrados, más capaces, y más justos, sino por líderes mediocres, cuando no corruptos, y grupos de poder de uno u otro signo que nos utilizan y nos maniatan a su antojo.
Es un pequeño grano de arena lo que podemos aportar, pero queda la sensación del deber cumplido, de independencia, y de cierta tranquilidad de conciencia, dentro del desasosiego que produce la situación. Nuestro pasar por el mundo, asumiendo los fallos que hayamos podido tener, y desde la honradez intelectual y la humildad, es un ejercicio de responsabilidad intentar aportar algo positivo para contribuir a que sea cada vez un poco mejor. Es una obligación moral como ciudadanos.
Nos impela, no dejarlo todo en manos de fuerzas organizadas de uno u otro signo, que intentan imponer su verdad, con la descalificación, y a veces la amenaza al discrepante. Las redes son la prueba más fehaciente de la miseria moral que nos envuelve, donde no pocos sectarios son capaces de las mayores injurias, insultos e incluso amenazas. Con frecuencia están organizados. En parte consiguen sus objetivos, porque mucha gente de bien, calla por miedo. Es muy grave vivir en una sociedad democrática, con miedo al descalificativo, al insulto y a la amenaza. Los calificativos de “izquierda” y “derecha”, están obsoletos. Detrás de esas siglas se esconden verdaderos tahúres y oportunistas, para revestirse de ideologías teóricamente justas. Por supuesto, también son espacios habitados por personas honestas y responsables, aunque no suelen ser los que dominan en los cargos ni en los medios de comunicación.
Creo que vivimos un momento de severa crisis moral por la falta de valores, por la perversión del significado de palabras sagradas a las que se las mancilla con la mayor frivolidad, como “justicia social”, “democracia”, “altruismo”, “bien común”, “igualdad”…, detrás de las cuales hay fines utilitaristas para el manejo de los ciudadanos desde los púlpitos de los diversos partidos, por parte de líderes y lidercitos que en su praxis ejercen precisamente lo contrario de lo que predican.
Este mundo globalizado está dominado por poderes económicos, que utilizan a partidos políticos que se dejan comprar para conseguir sus intereses. Los medios de comunicación al servicio de los diversos y a veces de los mismos poderes, nos mandan digeridos y frecuentemente tergiversadas según la ideología que los sustenta, las noticias e ideas que quieren que consumamos diariamente. Desaparece, o al menos se ve muy dañada, la individualidad de criterio, el sentido crítico y el librepensamiento.
Los que ya somos abuelos, abominamos el franquismo en que nos tocó nacer y crecer; muchos, como era nuestro deber, idealizamos, nos ilusionamos y luchamos para la llegada de la democracia. En su todavía corta vida, hemos sido testigo de su degradación por la corrupción generalizada, fundamentalmente en los dos grandes partidos, la perversión de valores, y por la llegada de líderes cuya premisa es el poder como finalidad y no como servicio. Considero que estamos en un momento de severa crisis moral y de líderes.
Ángel Cornago Sánchez. Derechos reservados.


jueves, 17 de mayo de 2018

SUPREMACISTA PALABRA DE MODA



“Supremacistas”, son aquellas personas que se sienten por encima del resto, en una vivencia subjetiva que se otorgan, basándose en títulos, ideologías, creencias, atributos, poderes, clase social, raza, nacionalidad, sexo, etc.
Los seres humanos, en dignidad, todos somos iguales: mujeres, hombres, raza, nacionalidad, clase social, etc. El tener una formación especial, una ideología, e incluso ser experto en algo, es para compartirlo con los otros, no para dominarlos. Es sólo un aspecto de nuestra personalidad. Los otros lo asumirán o no desde su libertad. Somos autónomos y como tal nos debemos respeto. Lo que más nos iguala además de la dignidad que se nos reconoce simplemente por ser seres humanos, es la “vulnerabilidad”; basta ser consciente de este concepto para bajar de la “nube”.
Los que se sienten superiores, les falta un punto de reflexión, de madurez, entre otras cosas. Se sienten aupados en podios por encima del resto; su desprecio suele ser más solapado y más selectivo hacia determinados grupos. Suelen ser personas también con otras carencias: prepotentes, sectarios, primitivos, a veces agresivos; no son rigurosos, ni honrados intelectualmente y generalmente poco inteligentes.
Los hay en muy diversos ámbitos, aunque su estructura psicológica suele ser similar: Los de clase social. Los de “pedigrí” de familia. Los de poder económico. Los de “poder”: pueden ser cargos políticos, jefes, etc. ¡Los de uniforme! (cuanto imbécil hay con uniforme, aunque hay que reconocer que cada vez menos). Los raciales. Los de determinadas nacionalidades. ¡Qué miserable es sentirse superior por el color de la piel, o por haber nacido en un lugar determinado! Los culturales. Los morales, etc.
Digo de antemano que, en general, me producen repulsa y algunos claramente desprecio, sobre todo los supremacistas de raza, nacionalidad, y los morales. Algunos, intentan imponer sus tesis sintiéndose “elegidos” y son capaces de las mayores tropelías. En nombre supremacía moral de religiones, ideologías de extrema derecha, de extrema izquierda, razas, nacionalismos extremos, se ha vertido mucha sangre. La historia es terca.
 Nadie somos más que nadie. Todos merecemos respeto, independientemente de raza, sexo, nacionalidad, clase social, religión, no creencias, etc.
 La consideración a nuestras opiniones, a la calidad de nuestro trabajo etc., nos las tenemos que ganar individualmente; en ese aspecto lógicamente no todos somos iguales, nos tenemos que ganar la consideración de los demás por nuestro comportamiento. Es un ámbito individual. Pero a nadie se puede despreciar, ni negar su dignidad como persona.

Ángel Cornago Sánchez. Derechos reservados
Fotografía. Ángel Cornago. Castillo de Loarre.

martes, 27 de febrero de 2018

LAS GUERRAS, INTERESES O LOCURA.

LAS GUERRAS

Son espeluznantes y dolorosas, las imágenes que nos trasmiten los telediarios de las guerras que se libran en el mundo, sobre todo, actualmente, en Oriente Medio, con gran número de muertos civiles, y entre ellos muchos niños. En dichas zonas muchos de sus habitantes, los que han logrado sobrevivir, no conocen otra forma de vida que el escabullirse con suerte del horror de la guerra que ocurre cada día.
¿Por qué hay guerras? Creo que, fundamentalmente, por conseguir poder y el control de determinadas zonas, unas veces por motivos económicos, otras religiosos fundamentalistas, otras poder político; la mayoría de las veces detrás está el poder económico. Y estas decisiones las toman un número reducido de personas, líderes carismáticos que han conseguido auparse a puestos dirigentes, que les permiten dar rienda suelta a sus ambiciones y a su egolatría.
No olvidemos que los dirigentes, líderes en general, no son siempre, ni habitualmente, los mejor preparados, ni los más honrados, los que con ideales deberían buscar el bien para los ciudadanos, sino todo lo contrario. Basten las citas de Adolf Tobeña de su libro “Cerebro y poder” (La esfera de los libros), donde hace un estudio admirable sobre la personalidad de las personas que ostentan poder y de las que están tratando de
conseguirlo.
Citas:
La biología humana impone que en el trayecto para alcanzar cotas altas de poder político, resulten primados quienes reúnen condiciones para el bandidaje parasitario y embriagador. Los individuos astutos, dominantes, crueles, persuasivos, falsos, manipuladores y audaces son óptimos candidatos, para situarse en posiciones de ventaja en la lucha por el poder.[1]
Y continúa en otro párrafo:
Entre los políticos de relumbrón, y también entre los de segunda y tercera fila, hay una desmesurada proporción de delincuentes y para delincuentes estupendamente disfrazados de servidores de la comunidad.[2]
[…]
El juego del poder selecciona a sujetos que ya llevan, de por sí, unos rasgos que les predisponen a servirse del esfuerzo y entusiasmo ajenos en provecho propio…Por eso, es tan importante ir creando mecanismos, en democracia, que atenúen la tendencia natural a la fagocitación del gobierno, por parte de diversos tahúres de distinto pelaje y sus compinches.[3]

Solo basta echar la vista a algunos de los líderes más importantes del mundo y con mayor poder de destrucción, para cerciorarnos en manos de quien estamos. En ámbito menor, de decisiones políticas más o menos próximas, en el mundo, analicen el comportamientos de muchos líderes y de personas con responsabilidades.
A esta escalada de sinrazón en la mayoría de las guerras, nos llevan un grupo de líderes alucinados, ambiciosos, que se creen elegidos, que son los que tienen la capacidad de decidir. Algunos, no dudan en utilizar armas químicas, matando indiscriminadamente a la población civil.
Yubal Noah Harari, en su magnífico libro “Homo Deus” (Debate), defiende que el progreso de la ciencia, con el tiempo, va a permitir que el ser humano no muera, llegue a ser inmortal. Yo creo que en el momento de crisis de valores que vivimos y la capacidad potencial de destrucción en el mundo, en manos seres insensatos, es más probable que lleguemos a destruirlo, al menos gran parte de él, antes de que se puedan cumplir los vaticinios de Yubal Noah Harari.

Ángel Cornago Sánchez. Derechos reservados.





[1] TOBEÑA, Adolf, Cerebro y poder, Madrid, La Esfera de los Libros, p. 247
[2] Ibidem, p. 248
[3] Ibidem, p. 249

viernes, 15 de septiembre de 2017

LA AMBICIÓN DE PODER EN POLÍTICA, NO SUELE SER ALTRUISTA

AMBICIÓN DE PODER

Nuestro paso por la vida, no debe estar motivado exclusivamente por nuestros intereses y los de nuestra familia; incluso ni sólo por nuestra profesión. Somos ciudadanos de un mundo que otros se encargan de gestionar, a los que elegimos periódicamente. Pero no debemos contentarnos con ese voto que ponemos en las urnas cada cuatro años. La mayoría no tenemos interés en acceder a cargos políticos, lo que no quiere decir que haya que “dejarlos hacer” a su antojo. Tienen una gran responsabilidad. Es importante que sean honrados, y, no lo olvidemos, también capaces. Gestionar cualquier ayuntamiento supone manejar grandes presupuestos que requieren responsabilidad, honradez y preparación.
Estamos en un momento de indigencia intelectual y moral de no pocos de los dirigentes políticos que debemos soportar. Está demostrado que muchas, no son personas capaces ni honradas. Adolf Tobeña, en su libro “Cerebro y poder” escribe: “entre los políticos de relumbrón, y también entre los de segunda y tercera fila, hay una desmesurada proporción de delincuentes y paradelincuentes estupendamente disfrazados de servidores de la comunidad”. Prosigue: “El juego del poder selecciona a sujetos que ya llevan de por sí unos rasgos que les predisponen a servirse del esfuerzo y entusiasmo ajenos en provecho propio…Por eso es tan importante ir creando mecanismos, en democracia, que atenúen la tendencia natural a la fagocitación del gobierno por parte de diversos tahúres de distinto pelaje y sus compinches”.
El momento actual es un momento muy crítico, por una parte por la corrupción que ha asolado a los dos grandes partidos que se inició con la aquiescencia de ambos en el inicio de la democracia, y por otra, por la pléyade de incompetentes que han llegado a la política de la mano de los populismos, muchos de ellos con los rasgos que describe Adolf Tobeña.
Los ciudadanos debemos controlar y estar enterados de sus posiciones y denunciar sus manipulaciones.
Ängel Cornago Sánchez
De mi libro “Salud y felicidad” Edt. Salterrae






jueves, 27 de abril de 2017

TERRORISMO POLÍTICO

TERRORISMO POLÍTICO

Terrorismo es una forma violenta, no encuadrada en las relaciones civilizadas y honestas, para intentar imponer unas ideas y un sistema por la fuerza, sin importarles utilizar la violencia. Es un método conceptualmente fascista. Se legitiman y justifican sintiéndose en posesión de una supremacía moral; se sienten salvadores, incluso “héroes”. El terrorismo no utiliza el argumento de la razón, ni la negociación, solo desea imponer sus argumentos por la fuerza, por la intimidación, por el chantaje. No respeta las reglas de juego democráticas. A veces es violento y llega a justificar el asesinato. Tenemos sobrados ejemplos en el mundo, y también próximos.
El terrorismo político es un terrorismo “light”. No utiliza la violencia cruda, pero no está dispuesto a moverse de sus postulados, y no admite las reglas democráticas del juego político. Solo las admite para infiltrarse, para luego intentar dinamitar las instituciones, ponerles piedras en el camino, agitar la confrontación que es donde se sienten como pez en el agua. También se sienten salvadores. No les importa la razón ni los argumentos de los otros, sino los suyos; imponer lo que persiguen. Suelen tener líderes mesiánicos, rodeados de una corte de acólitos que mama del líder que ostenta autoridad absoluta, al que obedecen ciegamente. Pueden utilizar la violencia callejera, la intimidación, la coacción.
Demasiado viejo, demasiado experimentado, demasiado dolor, demasiada sangre, demasiada incapacidad. La libertad para ellos no existe. El sistema psicológicamente es perverso, pero siempre es el mismo; cuando están instalados en el terrorismo político, que es el sucedáneo que utilizan, llegan a justificar la coacción, incluso, en su deriva pueden llegar a justificar la violencia cruda.

Realmente, los sistemas políticos que dominan el mundo y que llamamos democráticos, dejan mucho que desear, muchos de ellos son corruptos y están dominados por poderes económicos en la sombra. Tampoco son la solución, sino el problema. Es un sistema de dominio también perverso. Debe aparecer una nueva generación de hombres y mujeres armados de valores. Es la solución, aunque la perspectiva es pesimista. 

Ángel Cornago Sánchez

viernes, 7 de abril de 2017

LA PERVERSIÓN DE LA EDUCACIÓN

LA EDUCACIÓN Y SU PERVERSIÓN

Ángel Cornago Sánchez

Estoy convencido, de que educar, es una de las profesiones cuyo ejercicio lleva aparejada una gran carga responsabilidad; si no la mayor.
Educar no es enseñar conocimientos, que también; es, fundamentalmente, formar en valores de justicia, respeto, esfuerzo, solidaridad, tolerancia, humanismo. Ayudar a formar el entramado psicológico e intelectual, con el que los alumnos se van a manejar a lo largo de su vida, de lo que va a depender, sus comportamientos, decisiones; lo que ellos van a aportar a sus hijos y, también, al medio social en el que se desenvuelven.
Un profesor está impartiendo enseñanza desde que entra por la puerta de su clase, con su actitud, con su manejo de las situaciones individuales y colectivas no siempre fáciles. Es un espejo en el que los alumnos se miran, sobre todo si el docente se ha prestigiado a los ojos de sus alumnos. Los educadores junto al medio familiar, tienen una importancia capital en el futuro de los seres humanos, incluso, yo diría que algunos educadores más que los propios padres, con los que suele haber frecuentemente artefactos que distorsionan la comunicación.
Conocedores de esta verdad, partidos políticos totalitarios, nacionalistas, grupos religiosos fundamentalistas, diversos poderes, tratan de sembrar en los educandos, desde el púlpito de autoridad moral y académica que se les presume y no se les discute, teorías y conocimientos, dirigidos a que en el futuro sean militantes de las ideas que ellos tratan de propagar. Muchos, incluso, tergiversan la historia y la acompañan de soflamas,  de emoción, para así aumentar su eficacia.
Me parece de una gravedad palmaria intentar manipular las mentes infantiles para provechos doctrinales políticos o religiosos. Es la perversión de lo que debe ser la educación. Tenemos ejemplos sobrados en el mundo; también próximos.
El momento que vivimos es de miseria humana: corrupción, obsesión por el poder como primer objetivo, y de líderes carismáticos muy peligrosos.
La mayoría silenciosa, cobardemente callada.

Ángel Cornago Sánchez




sábado, 4 de marzo de 2017

ASÍ NOS EDUCARON


ASÍ NOS EDUCARON

Estaba roto, harto de corregir el gesto, de mostrar en el rostro sensaciones que no se correspondían con el momento que en realidad estaba viviendo.
Con códigos inconscientes, nos habían educado para ser amables, educados, correctos, cariñosos y…, sumisos con el poderoso; había que dar una imagen de afabilidad, discreción, docilidad, nunca de competencia; al poderoso no le gustan las personas seguras de sí mismas, con criterios propios, las perciben como amenazantes para su estatus.
Al mismo tiempo nos habían educado para ser agresivos, audaces, seguros, altivos, soberbios..., con el débil. Con el débil había que dar una imagen de seguridad, de suficiencia, de poder, aunque todo ello, eso sí, impregnado en un halo de moralina paternalista. La relación con el débil es muy importante porque nos confirma nuestro propio valer; es la referencia que nos permite reafirmarnos en nuestro estatus de superiores. Si el débil osaba contradecirme, sentía una sensación de rabia contenida y contestaba con una agresividad desproporcionada. !Estaría bueno¡
No había más estatus. Nos habían educado a tener la sensación que en los intercambios relacionales, a las personas había que colocarlas por encima o por debajo, sólo había que mantenerlas a nivel el tiempo justo de medirlas.
Era una lucha sin cuartel de actitudes vacías, sumisas o altivas. Mientras, yo, sin mirarme en el espejo, sin dibujar mis contornos, sin matizar mi silueta, desorientado, con el regusto amargo de estar vacío, crispaba y adaptaba el gesto adecuándolo al momento que parecía estaba viviendo.
Un buen día en que el sol brillaba con más fuerza, di un corte de mangas a la “fábrica de códigos”, y con las manos en los bolsillos, despeinado, la figura descompuesta, saltando de forma descoordinada, emitiendo gritos de placer e impregnado de una gozosa sensación de libertad, di la espalda al pasado y, respirando hondo, me fui por la senda que lleva al horizonte blanco y azul.
Y..., aquí estoy. Actualmente dudo, río, lloro, pero me miro en el espejo y me percibo, toco mi silueta y sé que soy yo, hablo con la gente y sé que son iguales... Muchas veces, me siento en el suelo para sentir en las posaderas mi propio peso, mientras con las palmas de mis manos trato de percibir el latido de la tierra.
Y este latido, me dice cada día que sigo vivo, porque me enervo por las injusticias, por la utilización perversa de los poderes, por los razonamientos sectarios, y…, por otras muchas cosas más, a las que espero no acomodarme nunca.

Ángel Cornago Sánchez. De mi libro “Arraigos, melindres y acedías”.


sábado, 25 de febrero de 2017

LA CULTURA ES LIBERTAD

CULTURA

Cultura, es muchas cosas. Es el análisis de todo lo que forma parte del ser humano, de su historia, de su creatividad, de su relación con el entorno, de sus comportamientos, también de la ciencia,
etc. Pero hoy aquí, me quiero referir a la “cultura con mayúsculas”, a la cultura próxima, no a la universal, sino a la que está adherida a nuestra piel, a nuestro tuétano, a lo que nos moviliza; a la que nos provoca como ciudadanos, la que nos hace preguntar y preguntarnos cada día por nuestra existencia y por nuestro papel en los decorados donde nos desenvolvemos.
Cultura, en este caso, no es conocimientos, que también; es algo mucho más creativo y para cada cual diferente, en lo que podemos coincidir o discrepar civilizadamente o no. Es una cadena de razonamientos subjetivos, de los que extraemos conclusiones nuevas de bases a las que habíamos llegado por el método del esfuerzo y la reflexión madurados. Es una búsqueda permanente y meditada, honrada intelectualmente, sin intereses espurios.
Cultura pervertida o anticultura, suele ser la oficial, la subvencionada, la interesada en mandar mensajes ya cocinados, la que emana de los voceros que siempre están al lado de los que mandan; la baboseada con los gerifaltes de turno, la que se cubre las espaldas por “un por si acaso la tortilla cambia”, “la plana”, la del “toer er mundo es güeno”; “ni blanco, ni negro sino todo lo contrario”; “ni carne ni pescado”, etc.
Es una cultura perversa porque no aporta nada al desarrollo, solo las dosis justas paniaguadas y formales, el buenismo interesado dado para el consumo por el poder correspondiente. Es perniciosa para la sociedad porque es una rémora, un obstáculo premeditado, barrera para el desarrollo de otras formas y de otras opiniones.
Es la cultura oficial que no muere ni desfallece, con otros protagonistas, con los mismos cómplices, que mutan y se transforman dependiendo de quien manda. Son las más dañinas porque impiden el paso a otra gente, a otras ideas, a otras opiniones más frescas y presumiblemente divergentes. Porque el progreso, no hay ninguna duda, nace de divergir con lo establecido, aunque luego precise de sucesivos ajustes.
La cultura debe ser libre, no encorsetada ni controlada, creativa. Es lo que permite el desarrollo y, al ser humano, crecer y volar. Los pseudointelectuales, mercedarios de poderes sucesivos: incombustibles.

Ángel Cornago Sánchez.      Derechos reservados.

domingo, 19 de febrero de 2017

LA INFORMACIÓN ES UN PODER Y COMO TAL HAY QUE ANALIZARLO


El poder de la información

Ángel Cornago Sánchez

Hoy más que nunca, tenemos a nuestro alcance la posibilidad de acceder y adquirir información de los temas más variados. Estamos en la época del conocimiento. Hasta hace unos años, el único vehículo después de los estudios que cada cual tuviera, eran los libros más o menos especializados, la prensa, algo la televisión, la radio, y poco más. Hoy en día el acceso a la “red” nos permite conocer, además de los temas de enjundia que nos interesan, otros de lo más variados que pueden atraer puntualmente nuestra atención. El desarrollo de internet es una herramienta de un valor incuestionable.
Pero no es oro todo lo que reluce. En la red hay conocimientos de calidad a los que se puede acceder, pero también muchos que no cumplen ningún rigor. Para publicar algo en la red, que se puede leer desde cualquier lugar del mundo, no se exige un mínimo de calidad en el contenido, ni siquiera veracidad; cuando no, son informaciones sesgadas por intereses. Por todo lo cual, es muy importante elegir las fuentes a las que se acude; que sean de garantía, como son las sociedades científicas, grupos o autores de prestigio o fiables por su trayectoria, etc. El exceso de información puede dar lugar a cierto desconcierto, y exige elegir bien las fuentes. En las redes sociales, hay muchos datos sesgados e interesados, que hay que analizar con independencia, y la mente abierta y crítica. Mucho cuidado con las afirmaciones o noticias en las redes sociales (Facebook, twiter, etc.,) muchas de ellas son interesadas y no están contrastadas, y algunas de ellas son claramente falsas.
La televisión es otro poderoso medio. Generalmente los programas sobre temas concretos suelen ser de calidad y fiables, aunque a veces expresan opiniones que hay que tamizar y contrastar. Si son de temas políticos, son sesgados, a veces hasta límites que rayan la inmoralidad, y ponen en entredicho la profesionalidad de los periodistas y reporteros, que están al servicio de las ideologías de las cadenas que les pagan, que a su vez, pueden estar pagadas con favores o dinero por los poderes correspondientes; nos venden adoctrinamiento bajo el epíteto de información.
Otro aspecto a analizar son los anuncios que se presentan en televisión y en las emisoras de radio como información sobre diversos productos y temas; objeto frecuente de estos anuncios suele ser la salud. Muchos aportan datos claramente falsos, o que no está contrastados, con el único fin de vender tal o cual producto. Es inmoral, y la comisión que revisa los anuncios, no cumple con su obligación de controlar que lo que trasmiten sea veraz. La finalidad es que el ciudadano compre, pero nos engañan sobre las propiedades del producto en cuestión con una puesta en escena dirigida, no a informarnos verazmente del producto, sino a que lo consumamos. Es otra de tantas corrupciones.
Considero debemos ser críticos con lo que tratan de vendernos, sean ideas políticas o productos. Internet, las redes sociales, los medios de comunicación, tienen un poder incuestionable, que se pueden utilizar y se utilizan para manejar al ciudadano.
Ángel Cornago Sánchez

lunes, 30 de enero de 2017

EXPERTOS. MUCHOS NO SON TALES. OTROS ESTÁN COMPRADOS.

EXPERTOS

La opinión de teóricos “expertos”, es una forma ladina de utilizar al ciudadano para influir en nuestras opiniones con fines diversos, ideológicos, o económicos dirigidos al consumo para enriquecer a grupos económicos determinados.
Los expertos, en teoría, son personas con conocimientos muy por encima de la media sobre sobre determinada materia.
Su “autoridad” emerge de ese saber especial, y su magisterio, sienta cátedra. Dicho magisterio, o el pronunciamiento del experto, si se le da publicidad en los ambientes del área de influencia, crea estado de opinión en los ciudadanos, y tiene repercusiones sobre sus decisiones ideológicas, económicas, o sobre el consumo.
Si los expertos lo son realmente y, además son honrados, es un excelente medio para hacernos partícipes de su sabiduría, para abrirnos perspectivas sobre las materias en cuestión, y que así tomemos las decisiones más adecuadas a la hora de asumir una idea o decidir un consumo, pero, en no pocas ocasiones, los expertos dependen directa o indirectamente, de los propulsores de ideologías o de grupos económicos que les interesa lanzar tal o cual sustancia para el consumo, o tal o cual idea a la opinión pública. Incluso algunas investigaciones están sesgadas por intereses. Es otra de tantas perversiones que se da en la sociedad actual para utilización de los ciudadanos.
Hay muchos expertos honrados trabajando, y muchos de ellos investigando en silencio, y gracias a su trabajo, las ciencias, la medicina y la tecnología, ha avanzado en los últimos lustros. En general tienen poco reconocimiento social ni económico, porque los ídolos sociales, en este momento histórico que estamos viviendo son de cartón-piedra. Muchos voceros de los medios de comunicación, con muy discutible preparación, disfrazados de expertos, propalan opiniones desde el púlpito de las televisiones, bajo las directrices de quien les paga.  No es la verdad lo que buscan para que el ciudadano tenga una idea madura sobre qué quiere votar sino mangonear su opinión y su voto; los mecanismos suelen ir unidos a provocar emoción más que a la inteligencia, para que sean más eficaces.
Considero que debemos ser críticos con todo lo que vamos a asumir como nuestro. Hay que beber en diversas fuentes.
Ángel Cornago Sánchez    Reservados derechos





viernes, 13 de enero de 2017

PRÍNCIPES Y PRINCESAS

Príncipes y princesas.-
Hace muchos años, íbamos a celebrar una cena los compañeros de trabajo y, una de las chicas nos preguntó: ¿vais a traer a las princesas? En un primer momento los que allí estábamos nos quedamos un tanto extrañados; ella, al ver nuestras caras de extrañeza aclaró: “sí hombre, a vuestras mujeres”. Me hizo gracia la expresión y, sabiendo la forma de ser de aquella joven chica, capté perfectamente lo que quería decir. Ella estaba lejos de lo que representaban las mujeres de muchos de los que allí estaban, en general mujeres condicionadas por un status social determinado, mediatizadas por el vestir y el enjoyarse de determinada manera, en general petulantes, vacías y afectadas; desde entonces, de vez en cuando, suelo utilizar esa palabra porque creo que define con bastante exactitud cierto tipo de mujer que en una determinada época abundó, en general como consorte, y yo diría que todavía se ve aunque con menor frecuencia. A los hombres nos tocó hacer otro papel imbécil, el de supermanes, machitos, arrogantes,
pero ese es otro tema.
En tiempos de la dictadura las “princesitas” eran las niñas de papá, hijas de familias pudientes, o de pudientes venidas a menos pero que trataban de conservar a toda costa su status social. Se relacionaban entre ellas y se las distinguía fácilmente por su forma de vestir. Entonces las diferencias eran mucho más llamativas que las de hoy y, la ropa de calidad, sólo se la podían permitir las familias acomodadas; el resto si teníamos algo que estrenar lo hacíamos en días señalados. Heredábamos ropa de padres y hermanos, y nuestras madres eran verdaderas artesanas en el arte de zurcir pantalones, y sobre todo calcetines con aquel huevo de madera que con frecuencia servía de  objeto de nuestros juegos.
Aquellas niñas de mi infancia me parecían fascinantes, con sus caras lustrosas, siempre bien peinadas, sus trajes y zapatos a juego, sus lazos en la cintura y en las trenzas, su perfume, sus ostentosos juguetes. Creo que aquello me marcó desde muy niño y me dejó claro la clase social a la que pertenecía, a la que nunca he querido renunciar y en la que me siento cómodo. Me fascinaban en aquella edad por lo que tenían de belleza y, sobre todo, probablemente, por el aspecto de limpieza que transmitían. En mi casa no hubo bañera ni ducha hasta que fui muy mayor, creo que hasta bien entrada la adolescencia, y el aseo, que era semanal, lo hacía en invierno en un balde con agua que había calentado mi madre, y en verano bañándome en el Ebro.
 Muchas de estas chicas, conforme crecieron, se fueron reconvirtiendo y, a pesar de sus familias, tomaron una actitud normal; otras quedaron en ese limbo de supuesto privilegio e idiocia para siempre; fueron las princesas adultas, madres a su vez de futuras princesitas.
Pero llegó la democracia y subieron al poder los partidos democráticos, y aquí sí que aparecieron, de repente y de forma sorpresiva para mí, una nueva cohorte de princesas y príncipes. En general, ellas eran princesas consortes de sus más o menos influyentes maridos, aunque también había alguna protagonista que levitaba sola. Empezaron a pulular por la ciudad, generalmente en grupo, y a ocupar los mismos lugares, los mismos restaurantes, las mismas zonas de privilegio que habían ocupado los que antes ellos llamaban, con razón, reaccionarios. Era todo un espectáculo verlos dando la sensación de que habían superado muchas barreras, enseñarse, pavonearse en los lugares de moda y, relacionarse, además, con los reaccionarios, con los ricos de toda la vida, o con los nuevos ricos.
Realmente fue un espectáculo bochornoso que nos enseñó, nos hizo reflexionar y, por lo menos a mí llegar a la conclusión, de que las siglas de los partidos sirven de muy poco de cara a enjuiciar a las personas; que lo importante es valorarlas individualmente sin ideas preconcebidas, y que a veces, detrás de los partidos se esconden, con frecuencia, cuadrillas de necios, e incluso de desalmados, que cuando llegan al poder se creen con derecho a todo y muestran su verdadera catadura moral. Se suele decir que para valorar a una persona y ver de lo que realmente es capaz, hay que hacerlo cuando ostenta poder. También se suele decir que todo se acaba y que el tiempo coloca a cada cual en su lugar; esto no es del todo cierto, hay muchos que se mimetizan con la ideología del poder correspondiente con tal de seguir en la pomada.
Estos son los príncipes y princesas a los que me refiero en estas líneas,  los necios y las necias que se creen importantes porque tienen dinero o poder; los que piensan que el mundo es de ellos escondidos detrás de las siglas de los partidos; los que se creen con derecho a todo por su posición; los que necesitan a los demás sólo para ser punto de referencia de su singularidad y de su importancia; los que entienden de caridad pero no de justicia social, o los que dicen que entienden de justicia social y en su nombre son capaces de las mayores bellaquerías.
Ángel Cornago Sánchez



miércoles, 22 de junio de 2016

EN EL CAMINO POR LA VIDA, NADA HAY PURO COMO LA NIEVE (Reflexión)

Nada hay puro como la nieve.

Ángel Cornago Sánchez

No me gusta el mar cuando me abraza, cuando formo parte de su paisaje, ya sea nadando (es un decir), en una barquichuela o, aunque sea en un gran trasatlántico. Creo que en mis anteriores reencarnaciones y en la cadena de la evolución, nunca fui pez; tal vez pájaro, aunque también siento vértigo en los pisos altos y, en los aviones, me agarro a los asientos en una actitud irracional e idiota.

Seguramente, antes fui gusano. Me gustan los espacios reducidos, con muchos pies en el suelo, incluso con las manos. Me siento cobijado y absorto por sensaciones sublimes de felicidad, cuando estoy en una de esas pequeñas casetas en el monte en medio de una tormenta. En esos momentos, entiendo mi pequeñez, mi intimidad.

Me gusta el calor, aunque sea intenso; me siento reforzado en energía. El frío helador me produce desolación, pero también impulsa mi fortaleza; el viento huracanado expectación indolente; con la lluvia persistente siento cierta tristeza sin visos de futuro. La nieve me inspira pureza, pero una pureza que no comprendo, porque no existe; me gusta contemplarla ensimismado.

Los grandes espacios me apartan de mi mundo. Los espacios reducidos, por arcaicos y humildes que sean, me producen regusto en mi individualidad, aunque fuera el mundo se derrumbe. El fuego, una llama encendida en el suelo o en un hogar, además de calor, me provoca bienestar y sensación de seguridad.

En el lujo me siento intruso, incómodo y zarrapastroso, aunque tampoco soporto a los que por su clase social o por sus puestos de relumbrón me miran por encima del hombro, algo que sufrí con frecuencia cuando era niño. Hay mucho imbécil de cuna, y muchos entre los que renuncian a sus orígenes. Me siento cómodo en la clase social en la que nací, con mi gente de siempre.

No sé nadar, ni volar; tampoco levitar. Prefiero pasar desapercibido cuando no tengo nada importante que decir. A veces siento el impulso, el deber de hablar y, tal vez con compulsión hiero en el tono, y digo lo que pienso como un imperativo e ineludible deber. A veces me traiciono y me callo y, luego, me siento mal o me pongo excusas en las que no creo.

Me hastían los voceros de turno de tal o cual partido político, faltándonos al respeto; nos tratan como a ineptos lanzándonos consignas, frases, palabras, slogans, como si fueran marcas de detergentes, para que compremos su producto, en vez de explicarnos clara, seria y honradamente sus ideas y proyectos. Sus puestas en escena, sus gestos, sus poses, ofenden a la inteligencia.

 Hay muchos imbéciles aupados a los púlpitos de poder, y de podercitos, que se sienten ungidos y con derecho a impartir magisterio sobre los más diversos temas, aunque sean frívolos e incluso analfabetos funcionales. Su mérito: estar en “la pomada”, “el destino”, o más bien su “baboseo” con los diversos mandamases.

Todavía me parece más grave y despreciable la actitud de los intelectuales vendidos, domesticados, o los que con la habilidad del camaleón se adaptan a todas las circunstancias de los poderes de turno por muy divergentes que sean, para seguir parasitando en pos de sus intereses. En ocasiones, además de mediocres, son miserables.

Por eso, como he dicho, no sé nadar, volar, ni levitar; intento andar por el suelo, por la tierra, descalzo para percibir sus latidos, y marchar siempre recto si es posible, para jalonar mi vida de cordura y honradez, aunque, es difícil, porque nada hay puro como la nieve.

Ángel Cornago Sánchez. Derechos reservados.


viernes, 27 de mayo de 2016

LOS PODEROSITOS




Los poderositos.

El poder cambia al ser humano. No sé qué autor dijo que, para conocer realmente como es una persona hay que analizarla ostentando poder.
Es sabido que el poder se persigue, y es muy difícil, yo diría que imposible, que alguien llegue a tener una cota de poder importante y no la haya buscado de una u otra manera. Es lícito, siempre que el fin no sea el propio provecho, sino los objetivos para los que ha sido creado dicho poder, y siempre que para conseguirlo se respeten las normas éticas. Hay profesiones que lo llevan implícito.
También es cierto que el poder tiene sus servidumbres, una de ellas, tal vez la más importante, que hay que renunciar con frecuencia a determinadas convicciones en pos de mantener o conseguir el poder. Es la perversión del objetivo del poder en política, que debería ser servicio a los ciudadanos y no el poder en sí. El eterno problema de: “el fin justifica los medios”. Muy peligroso, porque se han hecho barbaridades fundándose en tal axioma, incluso grupos, apoyándose en psicópatas, se justifican para matar; tenemos ejemplos cerca. Los gobiernos tienen sus “cloacas del estado” donde también rige tal axioma. Estos poderosos o aspirantes a tales, son el cáncer de una sociedad libre.
El poder es perseguido por muchas personas, y basta tener pequeñas cotas para que salga la catadura ética, moral y humana que cada uno lleva dentro. No es preciso que objetivamente sea muy importante, incluso se observa más en los ámbitos pequeños; este tipo de sujetos, intentan sentirse grandes en sus pequeñas parcelas; todos conocemos a guardias municipales y a otras personas con uniforme, a funcionarios de ventanilla, profesores, médicos, directores de empresas, jueces, etc. y, hasta padres de familia, que se comportan de forma altiva y soberbia, y están demostrando permanentemente sus pequeñas o grandes cotas de decisión sobre sus subordinados; cuando la posibilidad de decisión es más influyente y visible, como en el caso de algunos políticos, lo hacen notar; en realidad se diferencian muy poco de los anteriores, sólo en el grado y el disimulo. Todos estos son los “imbéciles poderositos”, que además suelen ser malas personas, pues esas pequeñas cotas las viven como algo propio, utilizando a los demás para magnificarse.
La sociedad está plagada de estos individuos, porque todavía persisten las ideas trasnochadas, en algunas empresas, de que a los subordinados, hay que tenerlos controlados, mejor dicho sometidos, y utilizan mandos condicionados por el servilismo; y, así va todo, porque en general se trata de gente mediocre al servicio de otros poderosos más inteligentes pero de la misma calaña.
A estos imbéciles poderosos, que en las empresas, o en el trabajo, en sus profesiones, se comportan con prepotencia y despotismo con las personas sobre las que tienen poder de decisión, es a los que me refiero; suele ser gente miserable que se rodea de gente manejable pero interesada, para tener controlados al resto. También me refiero a esos imbéciles poderosos que en el momento que consiguen esa cota de poder, renuncian a sus  orígenes, a sus raíces, y se comportan socialmente como clase dominante.
Por supuesto que hay empresarios, políticos, personas con uniforme, honrados y respetuosos, y que la mayoría de los jueces son independientes. 
En otra ocasión trataré de los parásitos, oportunistas, chaqueteros, intelectuales vendidos, etc. que se mueven alrededor del poder.


Ángel Cornago Sánchez.
De mi libro "Arraigos, melindres y acedías". Eds. Trabe.
 

domingo, 9 de febrero de 2014

Los altos

Los altos.-

Cuando era niño, asociaba con lógica, la estatura y el poder. Los niños mayores dominaban a los más pequeños y, si teníamos un hermano, primo o amigo mayor que nosotros, nos sentíamos protegidos. Esa sensación de protección era mucho mayor si estábamos bajo la tutela de un adulto.
Se dice que en la niñez se graban las sensaciones y muchas formas de comportamiento que van a regir durante nuestra vida. Recuerdo de entonces, que aquellos niños mayores que hacían gala de su poderío físico ante los que éramos más pequeños, con los que la lucha era desigual, producían en mí sensación de repulsa; esto no les sucedía a todos, pues algunos eran mucho más prácticos e intentaban hacerse sus amigos a toda costa, para de alguna forma, ser partícipes de su poder o al menos no tenerlos en su contra. Estos comportamientos más o menos, se irán reproduciendo en la edad adulta, donde pululan en todos los ambientes los oportunistas que se arriman al poder de turno y están dispuestos a medrar a costa de lo que sea. A muchos se les veía venir ya desde pequeños.
Era muy niño, tenía diez años, y en el colegio de jesuitas un chico de cuarto, de los desarrollados, no sé por qué motivo le estaba pegando una paliza soberana a un compañero de clase amigo mío; estaba sintiendo pavor por aquella tortura que estábamos presenciando, como yo, otros amigos, y en un gesto que pensé iba a ser secundado por los demás, pretendí liberar a mi compañero de aquella situación y me lancé por detrás a colgarme del cuello de aquel energúmeno. El resultado no pudo ser peor para mí, porque el susodicho, enfurecido, soltó al otro para defenderse de mi ataque, momento que éste aprovechó para salir corriendo junto con los que estaban presenciando la pelea. No recuerdo la paliza que me dio, aunque me lo puedo figurar, pero sí sé me quedó grabado aquel acto de insolidaridad, casi de traición, que me dolió mucho más que los golpes, y que sigo recordando cuando viene a cuento.

Ángel Cornago Sánchez. De: "Arraigos, melindres y acedías"