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viernes, 21 de mayo de 2021

IDEALES Y PODER

 

IDEALES  Y PODER

La mayoría creemos en ideales, pero discrepamos en la forma de llevarlos a cabo, de liderarlos, incluso en matices. La competencia es la regla. Pero además somos envidiosos, egoístas, avariciosos, con ansia de poder, de dominio. En general, -aunque no siempre-, los que se acercan al poder son los más egoístas; también hay idealistas, pero suelen durar poco en la competencia porque no suelen soportar el navajeo habitual.

La mayoría acuden con intención de dominio y protagonismo. Utilizan los ideales como consigna, sin creer realmente en ellos ni tenerlos asumidos, aunque a veces, ni ellos mismos lo saben y los disfrazan de bien para la mayoría; algunos, incluso se sienten redentores; suelen ser los más despiadados y algunos llegan a defender la violencia; la historia ha mostrado y presenta suficientes ejemplos.

En muchos casos, el poder y los podercitos, están copados por personas incapaces, con pocos escrúpulos, que se valen de que la mayoría de los ciudadanos no estamos dispuestos a movernos en esas aguas turbulentas y contaminadas, no por incapacidad, sino porque no aceptamos el regate en corto, la mentira sistemática, decir y propalar slogans con el único fin de utilizarlos para sus fines de poder.

  En muchos momentos, y en muchos lugares, han dominado las personas más despiadadas y egoístas. La democracia es un sistema justo, pero enseguida es contaminada por tiburones para utilizarla en su provecho. Se apoderan de medios de comunicación y corrompen con planteamientos fraudulentos a personajes fácilmente manejables para ocupar los puestos. Para lo cual utilizan “mindundis”, personas de bajo nivel intelectual y moral, pero cegadas por el medro.

Hay mujeres y hombres con ideales que pueden ser utilizados circunstancialmente, pero, si no se dejan manejar, los descalifican y los apartan de la manera que sea, a veces incluso violenta.

Lo mejor de la sociedad son sus ciudadanos de a pie, la mayoría silenciosa, muchos de los cuales somos conscientes del juego, y, otros, se dejan engañar por las técnicas de marketing de los poderosos.

En las dictaduras es fácil identificar el objetivo a derrocar. En las democracias manipuladas es mucho más difícil. Todas lo están en más o menos medida. La nuestra es el prototipo de democracia muy manipulada, basada en gestos, estrategias de comunicación, intentos de copar todos los órganos de poder, medios de comunicación a su servicio, etc. El momento es grave

Ángel Cornago Sánchez

Fotografía propia.


 

 

 

domingo, 11 de abril de 2021

EL PODER Y LOS ATAJOS

 EL PODER POLITICO Y LOS ATAJOS

 

 
El poder cambia al ser humano. No sé qué autor dijo que, para saber cómo es realmente una persona, hay que analizarla “ostentando poder”.

Es sabido que el poder se persigue y, es muy difícil, yo diría que imposible, que alguien llegue a tener cotas de poder importante y no las haya buscado de una u otra manera. Es lícito, siempre que el fin no sea el provecho material propio, sino los objetivos para los que ha sido creado ese poder y, siempre que, para conseguirlo, se respeten las normas éticas y democráticas correspondientes.

Quien opte y busque poder político, debe tener asumido que el poder sobre los ciudadanos es, fundamentalmente, una “función de servicio”, para buscar el mayor bien para todos, no solo para la mayoría. Debe tener un fuerte componente idealista. Ese mayor bien, en democracia, es el que los gobernados han decidido democráticamente y sin manipulaciones.

En las dictaduras ese bien lo decide el dictador y su grupo que, en una actitud de omnipotencia, se sienten “salvadores” y consideran que deben aplicar sus postulados a toda la población, por supuesto, estando ellos en la cúpula privilegiada y reprimiendo con métodos a veces violentos a quien discrepa. Son los dictadores de derechas y de izquierdas que, en un ejercicio de engañosa y patológica sublimación, se permiten todo, desde mentiras, manipulación, coacción, violencia, incluso el asesinato, con la excusa de que lo hacen por un bien supremo de sus gobernados. Ellos se colocan en la cúspide con su pequeño círculo de opresores que, a su vez, en sistema piramidal descendente crean una red clientelar para tener a la sociedad espiada y controlada.

También, hay partidos políticos en democracias que se creen ungidos de razón, de ética, de supremacía moral y, sintiéndose salvadores, se escudan para su praxis en el axioma de Maquiavelo: el fin justifica los medios. Fundándose en él, pasan por encima de principios, comenten injusticias, incluso llega un momento que caen en la “miseria moral”, en el “todo vale” para conseguir sus fines. Algunos van más allá y en una deriva de descomposición moral, recurren al engaño y a la manipulación grosera. Incluso grupos, apoyándose en psicópatas, han justificado y justifican la violencia. Intentan infiltrarse en sociedades democráticas de forma engañosa, pervirtiendo el lenguaje y las apariencias, incluso llamando a su sistema dictatorial, “democracia”, comprando medios de comunicación, y basando su discurso en estrategias de comunicación para engañar, literalmente, a los ciudadanos.

Estos movimientos aparecen a veces en sociedades explotadas por sistemas capitalistas salvajes, que son caldo de cultivo para caer en manos de dictadores, que vuelven a someterlos de manera distinta.

La democracia parlamentaria es el sistema más justo, con todos sus defectos y, por supuesto, con sus órganos de control independientes. Debe ser trasparente, con igualdad de oportunidades, con estímulo al mérito y a la iniciativa y con un importante componente social; no se puede dejar a nadie por el camino.

Los poderosos y aspirantes a tales sin principios, son el cáncer de las sociedades libres. El otro cáncer son los corruptos, los explotadores, los que utilizan la política para su propio beneficio.

Los ciudadanos somos los sufridores en manos de unos y de otros. No lo debemos permitir.

Ángel Cornago Sánchez. Derechos reservados

 Fotografía propia. Castillo de Calatrava la vieja