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viernes, 18 de diciembre de 2020

DEMOCRACIAS MANIPULADAS

 DEMOCRACIAS MANIPULADAS

 
Las palabras “demócrata”, “democracia”, “progreso”, “progresista”, son aceptadas por todos. Presuponen que los actos y decisiones de los gobernantes van a ser justos, asentados en las opiniones de los ciudadanos libremente expresadas, con la mirada puesta en un futuro de progreso asentado en estos principios.  Son la antítesis de las dictaduras, en las que las decisiones las toma el dictador que a su vez decide qué es lo mejor para la ciudadanía, y lo impone por la fuerza.

Vivir en una “democracia” es una afirmación aceptada por la mayoría. Tal es así que, incluso los partidos y líderes claramente totalitarios, utilizan la palabra “democracia”, “progresista”, como costumbre y sin ningún pudor, para revestirse de legitimidad, aunque su praxis, sea exactamente la contraria, hasta el punto que defienden sistemas totalitarios que intentan aplicar.

En su fuero interno, se sienten “redentores”, y se arrogan una supremacía moral que les justifica imponer de forma subrepticia, frecuentemente con mentiras, y si no es posible a veces con la fuerza, su particular religión política para instaurar un sistema teóricamente igualitario, en cuya cúspide, como clase dominante y privilegiada, están ellos y ellas, rodeados de su aparato represor. Constituyen la “casta” con privilegios similares a las “castas” de siempre. El resto es masa unificada, manada, a la que hay que aleccionar y controlar, para lo cual se rodean de estrategas de ingeniería social, se compran medios de comunicación fundamentalmente cadenas de televisión y redes sociales, para que sean la propaganda que inunde la los gobernados.

Detrás, suele haber importantes podres económicos en la sombra, que son otra “casta” superior, el motor que alimenta a los “actores”, mediocres pero sibilinos, desnudos de ideales, que están en primera fila.

Desde hace años, el mundo vive de forma cada vez más manifiesta, en democracias manipuladas. Las democracias se han ido degradando contaminadas por los poderes económicos que están detrás de los partidos. También, por el bajo perfil intelectual y moral de la mayoría de los políticos que nos está tocando vivir, muchos de los cuales no han trabajado nunca en otra actividad que no sea la política, y su ascenso se debe fundamentalmente a la sumisión a los poderes establecidos, más que a sus propios méritos. Por esta razón pululan en la vida pública una pléyade de personajes mediocres, que están rigiendo ayuntamientos, comunidades, incluso el país entero. El tema es muy grave. Son personajes de muy poca capacidad técnica y ética, tal vez astutos, cuyo fin es mantenerse en el poder, no con afán de servicio, sino para acomodarse y disfrutar de él.

Hoy, es más fácil defenderse de la fuerza de las dictaduras, en las que se tiene claro el enemigo a derrocar, que de las democracias manipuladas, fundadas en el engaño sistemático asentado en estrategias y medios de comunicación a su servicio para manipular. Muchos ciudadanos no son conscientes del engaño.

Ángel Cornago Sánchez

 


 

martes, 1 de septiembre de 2020

UTILITARISMO

 

UTILITARISMO

 

En el extremo opuesto a los idealistas, están los que guían su vida exclusivamente por el principio de utilidad. Es el principio que persigue el propio beneficio, para lo cual, si se emplea en su máxima expresión, quiere decir que, prácticamente el resto de las motivaciones no existen. Se pasa por encima de valores, afectos, derechos, etc. El principal obstáculo que tienen los que así proceden, es que, en ocasiones, dicho proceder tiene sus consecuencias, a veces legales, a veces de pérdida de credibilidad en las relaciones personales, comerciales, sociales. Los más astutos miden dichas consecuencias, antes de seguir el principio de utilidad. Son los utilitaristas inteligentes, que son capaces de valorar sus actos, y, también es utilidad, esquivar lo que les va a ocasionar más problemas que beneficios, aunque en un primer momento brille lo positivo como un cebo perverso.

Son personas que aportan poco a la sociedad en la que se desenvuelven. Suelen ser malos amigos, malos compañeros de trabajo, de cualquier fin que se proponga en grupo, aunque con frecuencia lo disimulan. Intentaran copar los puestos que les interesa, traicionando a los demás, utilizando métodos poco edificantes si así lo precisan para sus fines. Suelen ser astutos, o al menos lo pretenden. Son frecuentes en los líderes políticos, en empresas grandes y pequeñas, y en cualquier órgano de poder. En la vida política son muy frecuentes como demuestran diversos estudios que refieren que en el poder y alrededor de los diversos poderes, hay auténticos psicópatas, con el agravante de que disfrazan de ideales y de bien para la comunidad sus propios intereses. Son los tiburones que no se detienen ante nada con su nadar pausado y calculador.

Sin embargo, el utilitarista tiene algún área de sus valores en la que puede ser leal, como sus afectos más cercanos, e incluso algún símbolo que tal vez objetivamente no sea valorable, pero que convierten en fetiche.

El utilitarismo se justifica, si es para conseguir fines basados en ideales para la mayoría, aunque es un terreno resbaladizo porque hay que ponderar consecuencias negativas; no todo vale. Es otro tema para analizar con más profundidad. Además, en estos casos también hay no pocos protagonistas entre los políticos que identifican el bien de la mayoría con sus propios intereses.

La historia es terca.


Ángel Cornago Sánchez

 

lunes, 6 de agosto de 2018

NUNCA COMO AHORA HEMOS ESTADO TAN EXPUESTOS


Nunca como ahora.
Breves reflexiones que considero importantes sobre el periodo que nos toca vivir. No supone diferencias manifiestas respecto a otras épocas históricas en cuanto a la esencia del comportamiento humano; su afán de avaricia, de poder, de dominio, siempre ha sido así, pero en el momento actual sus repercusiones y consecuencias son mucho mayores; están magnificadas por la globalización, el desarrollo científico, industrial, tecnológico, la comunicación, que tienen como consecuencia el manejo del mundo por un reducido número de grupos de poder. La posibilidad de dominio en el último siglo y en el actual ha ido aumentando de forma progresiva con el control de los descubrimientos científicos, de la tecnología, de las fuentes de energía, de la comunicación, apoyada en ejércitos con capacidad para destruir el planeta. Nunca como ahora la especie humana ha estado tan en peligro de autodestruirse.

Nunca como ahora:
La población mundial como grupo social, incluida la de los países llamados civilizados, ha estado tan sometida al albur de las decisiones de grandes poderes que, infiltrados en las instituciones, en la política, incluso en los poderes legislativos, dominando los medios de comunicación, manipulando el discurrir de la economía mundial, los vaivenes de las bolsas, las guerras en determinados lugares del planeta dependiendo de sus intereses, se puede decir que manejan el mundo, incluyendo las sociedades llamadas democráticas. También, manipulando en muchos casos la cultura y las corrientes de opinión, a veces apoyándose en pseudointelectuales, y sobre todo en los medios de comunicación a su servicio. Adolf Tobeña dice en la introducción de su libro “que la persecución del poder ofrece numerosos resquicios para el bandidaje. Para burlar normas, para saltar por encima de la ley o para forzar sus recovecos e insuficiencias en provecho propio. Por esa razón hay tantos vínculos y promiscuidades entre bandidos y políticos”[1]. Los ciudadanos, realmente podemos influir mucho menos de lo que nos parece, incluso en nuestro medio, únicamente en las elecciones que suelen estar contaminadas por lo anteriormente referido.
 En este mundo de logros indudables e irrenunciables, estamos manipulados. La solución a esta situación es el cambio del capitalismo salvaje y corrupto, a un sistema más social y humano, basado en valores, y en el desarrollo integral de la persona. Como propugna la Carta de la tierra[2]: “Debemos darnos cuenta de que, una vez satisfechas las necesidades básicas, el desarrollo humano se refiere primordialmente a “ser más, no a tener más”. Todo ello requiere con urgencia la aparición en escena de la sociedad civil liderada por intelectuales honrados.
Tengo serias dudas y temores sobre la naturaleza del ser humano para conformarse con lo necesario, e incluso con un poco de lo superfluo, y a su afán de poder, de dominar, y aunque temporalmente se vayan consiguiendo logros, la ambición de algunos puede llevar a nuevos fracasos, que deberán ser controlados; pero es el camino. El avance es lento, aunque progresivamente se van consiguiendo logros. Somos insolidarios, agresivos cuando luchamos por lo estrictamente básico para la supervivencia, sobre todo de la familia; casi al unísono, una vez satisfechas, en segundo plano podemos ser solidarios con los que nos rodean. El problema surge cuando lo básico está asegurado y existe posibilidad de luchar por bienes que nos diferencian de los demás. En el medio rural de la España de hace varios lustros, casi nadie podía hacerse rico, y todos luchaban por una economía de subsistencia; no era una situación idílica, y existían las rencillas propias de la especie humana, pero se compartían y se intercambiaban alimentos y enseres. Creo que el problema surge cuando se supera esta etapa de tener cubierto lo necesario, y aparecen otras, que generalmente son creadas y mucho menos precisas. La evolución de nuestra especie debería ser hacia una sociedad regida por valores, aunque el camino actual es hacia nuevos cataclismos, mayores que los vividos en anteriores ciclos históricos, ya que la capacidad de destrucción actual es mucho mayor. Tal vez es lo que puede frenar el proceso, pero todos sabemos que existen líderes en el mundo que son auténticos psicópatas, con poder para tomar decisiones que ocasionen grandes desastres. Como dice Adolf Tobeña, “detrás de los movimientos doctrinales con una gran capacidad de arrastre colectivo, no falta jamás un líder mesiánico…Son individuos en los que anida la convicción de ser un instrumento elegido por la Providencia para alcanzar una meta…Pero si el guía cabalga sobre la doctrina global del grupo en un momento de tensiones (territoriales, demográficas, religiosas, etc.) el peligro de que acabe protagonizando empresas bélicas exitosas (si es prudente y sagaz o de autodestrucción si es prudente), es seguro”[3]. Los líderes que se sienten “salvadores”, son muy peligrosos.
Algunos de los grupos políticos emergentes tampoco son fiables; no están cimentados en valores sólidos, sino fundamentalmente motivados para llegar al poder e imponer sus ideologías, antiguas, rancias, y sobradamente conocidas por experiencias previas; no en un desarrollo integral del ser humano con el cambio de enfoque y de sistema que sin duda requiere la situación actual. Considero que son más de lo mismo sintiéndose salvadores, lo cual es muy peligroso. También hay grupos políticos que propugnan nuevas formas de gobernar, imprescindible en el momento actual, no sólo en España, sino en el mundo. Son la esperanza de futuro para un progreso sin convulsiones.
...
De mi libro "Salud y felicidad". Edt. SalTerrae. 2017




[1] Adolf Tobeña. Cerebro y poder. La esfera de los libros 2008. p 18
[2] UNESCO, asumida en 2003. Elaborada desde 1992 al 2000.
[3] Adolf Tobeña. Cerebro y poder. La esfera de los libros 2008. P, 179