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domingo, 10 de marzo de 2019

VEJEZ Y CRECER


VEJEZ Y CRECER

Tengo la sensación, de que sigo creciendo. En realidad, siempre he estado creciendo, con los baches lógicos producidos por las crisis en las que te embarras y tienes dificultad para salir del charco. Lo que nunca pueden faltar son las ganas de luchar, de salir de la situación. Se consigue salir además con enseñanzas, que servirán para el próximo tropiezo.
En la vejez se sigue creciendo en el juicio ponderado de todo. Todo se relativiza, aunque no quiere decir que se acomode en los problemas, sino que el enfoque es más reposado, pero la conclusión no tiene por qué ser más conservadora.
Es una etapa rica, reflexiva, sabia, si se ha pasado por la vida con los ojos abiertos, asumiendo los fallos; si se tiene la sensación de que se sigue estando “vivo”, con todo lo que implica: proyectos, responsabilidad como ciudadano, aceptación de lo que el futuro depare de irremediable; con conformidad, serenidad, capacidad de observar, de sintonizar con la naturaleza y con todos los seres vivos.
También nos queda, a mí al menos, la sensación de mirar con indulgencia, a veces después del cabreo que sentimos, a la serie de cretinos que pululan alrededor de los poderes políticos de turno. Aunque a veces puede más el cabreo que la indulgencia, porque su torpeza, prepotencia y avaricia, influyen en la vida de mucha gente.

Ángel Cornago Sánchez.Derechos reservados.



jueves, 23 de agosto de 2018

EL BUENISMO, CAUSA DE GRAVES ERRORES


EL BUENISMO, CAUSA DE GRAVES ERRORES

“Buenismo” es una manifestación positiva sobre un tema; una actuación, basada, no en el juicio analítico del problema en cuestión, sino más bien en el “deseo” y, más frecuentemente, para ajustarse a “lo políticamente correcto” en ese momento. Suelen ser temas sensibles, en los que expresar una opinión disidente puede provocar escándalo social en determinados círculos, aunque muchos y muchas la comparten, pero no se atreven a manifestarla.
El buenismo, en general, no se adapta a lo que realmente opina el individuo que emite el juicio, o al menos no lo considera, sino que intenta mimetizarse en la “teórica” opinión “guay”, no reflexionada y aceptada sin debate, o con un debate superficial y simplista que trata de justificar el juicio más que analizarlo. Si se discrepa da lugar a escándalo en el coro de hipócritas de turno, muchos de los cuales, en el fondo, tampoco piensan lo que manifiestan.
Los buenismos, aunque sean con buena voluntad, impiden el juicio ponderado de los temas y las situaciones, lo cual solo conduce a errores y a no solucionar los temas en cuestión, o a solucionarlos mal.
El juicio es fundamental; se deben afrontar los temas de frente, con todas sus implicaciones. Después se adopta la solución que se considere, aunque sea la formalmente más popular, pero al menos con los pies en el suelo y programando las soluciones posteriores, y siendo conscientes de todas las consecuencias.
El buenismo se utiliza con temas sensibles en los que se asume un postulado teóricamente justo sin el análisis correspondiente de las consecuencias.
El buenismo lo utilizan la pléyade de inútiles que pululan por los pasillos de la vida pública y de la vida política. Estos ni se paran a pensar, y muchas veces tampoco tienen capacidad para hacerlo, manifestando lo que sus electores, o “su tropa” quiere escuchar, en un ejercicio de incapacidad, inmoralidad e inconsecuencia.
Ángel Cornago Sánchez

miércoles, 31 de mayo de 2017

"BUENISMO". TAN FALSO Y TAN SOCORRIDO

BUENISMO

“Buenismo” es una manifestación positiva sobre un tema, una actuación, basada, no en el juicio analítico del tema en cuestión, sino más bien en el “deseo” y, más frecuentemente, para ajustarse a “lo políticamente correcto” en ese momento. Suelen ser temas sensibles, en los que expresar una opinión disidente puede provocar escándalo social, o en determinados círculos, aunque muchos y muchas la piensan pero no se atreven a manifestarla.
El buenismo, en general, no se adapta a lo que realmente opina el individuo que emite el juicio, o al menos no lo considera, sino que intenta mimetizarse en la “teórica” opinión dominante, no reflexionada y aceptada sin debate, o con un debate superficial y simplista que trata de justificar el juicio más que analizarlo. Si se discrepa daría lugar a escándalo en el coro de hipócritas de turno, muchos de los cuales, en el fondo, tampoco piensan lo que manifiestan.
Los buenismos, aunque sean con buena voluntad, impiden el juicio ponderado de los temas y las situaciones, lo cual solo conduce a errores y a no solucionar los temas en cuestión o a solucionarlos mal.
El juicio es fundamental; se deben afrontar los temas de frente, con todas sus implicaciones. Después se adopta la solución que se considere, aunque sea la formalmente más popular, pero al menos con los pies en el suelo y programando las soluciones posteriores, y siendo conscientes de todas las consecuencias.
El buenismo se utiliza con temas sensibles en las que se asume un postulado teóricamente justo sin análisis de las consecuencias.
El buenismo lo utilizan la pléyade de inútiles que pululan por los pasillos de la vida pública y de la vida política. Estos ni se paran a pensar, y muchas veces tampoco tienen capacidad para hacerlo, manifestando lo que sus electores o su tropa quiere escuchar, en un ejercicio de incapacidad, inmoralidad e inconsecuencia.

Ángel Cornago Sánchez

sábado, 26 de noviembre de 2016

OTRAS FORMAS DE CORRUPCIÓN

OTRAS FORMAS DE CORRUPCIÓN
Ángel Cornago Sánchez

La corrupción económica entre los políticos, lleva ocupando las portadas de los periódicos desde hace unos años. Bienvenida sea la denuncia. Era un tema que la democracia tenía pendiente y que había que atajar en una lucha sin cuartel para moralizar la vida pública. Debe ser una actitud de “no retorno” y de continua vigilancia, porque es fácil volver a las andadas.
Hay otras corrupciones, tan graves como las económicas y que se dan a diario sin que tengan eco en la opinión pública, adormecida por tanto dislate que con ella se utiliza:
Los políticos con frecuencia esgrimen medias verdades, y a veces incluso mentiras, para denostar al adversario o para sacar rédito electoral. El “todo vale” para manejar a la opinión, es habitual en el discurso de muchos. A veces, los argumentos son tan simples y groseros que no se mantienen, y se vislumbra claramente que son sesgados. Intentar engañarnos para utilizarnos; eso, también es “corrupción”.
Algunos jueces, dependiendo qué partido les ha votado para formar parte del Consejo del Poder Judicial, o de sus preferencias ideológicas, deciden sus imputaciones e incluso sentencias, llevados por su ideología dependiendo a quien juzguen. Es la perversión de su trascendente función. Este proceder es “corrupción”, tal vez la más grave porque socava los cimientos del derecho de los ciudadanos a una justicia imparcial.
Algunos periodistas, sesgan las noticias, cuando no, ponderan con entrevistas preparadas a determinados políticos, intentando ridiculizar, y a veces hasta envilecer, al adversario. En vez de hacer información para que el ciudadano decida, utilizan informaciones sesgadas, incluso manipuladas, junto a frases o axiomas, unidos a carga emocional para que sean más eficaces. Eso es “corrupción”.
En las redes sociales están aflorando un número no despreciable de personas, cuyos juicios y aportaciones a los debates rayan en la idiocia, en el mejor de los casos, cuando no, en la maldad más pura y dura. Es un segmento de población desconocido hasta ahora, que hace dudar de su nivel intelectual, cuando no de su salud mental por las barbaridades que son capaces de publicar. Tratan de intoxicar, de vomitar su odio.
Necesitamos moralizar la vida pública, y la privada cada cual en su ámbito. No debemos permitir que los grandes poderes económicos nos exploten; debemos defender una distribución justa de los recursos, justicia social, derechos, pero, en la lucha política e ideológica no vale todo. Hay que ser riguroso, buscar la verdad. Precisamos mujeres y hombres libres, no sectarios y corruptos intelectualmente para manipular a los ciudadanos; fundados en valores.

Ángel Cornago Sánchez

sábado, 5 de noviembre de 2016

MANIPULACIÓN Y PERVERSIÓN DE CONCEPTOS POR PARTE DE LOS POLITICOS

Manipulación

Vivimos una época en la que se están mancillando palabras y conceptos altruistas, nobles, fundados en valores. Con el mayor descaro se utilizan las palabras democracia, libertad, liberación, progreso, justicia, etc., no en aras de hacer énfasis en su significado para conseguir los fines que representan en la sociedad, sino para, bajo su lema, bajo su paraguas, solapar fines particulares o de grupo, interesados y muchas veces corruptos, con objeto de revestirse de algo noble para conseguir sus fines engañando a la colectividad.
No hay nada tan ruin como utilizar este sistema: amparados en ideas aceptadas y apoyadas por la mayoría de los ciudadanos, nuestros próceres y políticos de turno, engolan la voz al pronunciarlas con firmeza, y las utilizan como argumento básico, cuando debajo se esconden otras muy aviesas intenciones. Ni se sonrojan. Considero que muchos tienen un perfil intelectual tan bajo, que piensan que los ciudadanos “nos tragamos” cualquier argumento zafio que nos venden.
Cuando estos mecanismos los utiliza “el poder de turno”, las posibilidades de escapar a estos argumentos de muchas personas es difícil; unos porque los utilizan sus correligionarios a los que les permiten todo, y otros porque realmente no tienen capacidad crítica. Frecuentemente se vende con unas siglas o un concepto teóricamente justo y de valor, para bajo su sombra realizar o solapar los mayores desmanes.
Los ciudadanos nos estamos cansando de estar en manos de tanto desaprensivo, por utilizar un calificativo suave; es como si estuviéramos viviendo la época dorada de este tipo de gente; los tenemos muy extendidos en grandes y pequeños ámbitos de poder.
Es un síntoma clave de la descomposición de nuestra sociedad. Me pregunto, si con los medios de comunicación en manos de los distintos poderes, esto tendrá alguna solución, o iremos cayendo los ciudadanos de una en otra mano pseudo-ideológica diseñada en los despachos y manejada por el grupo ideológico correspondiente. Tal vez sea el destino del ser humano. Esto es una selva, pero los depredadores, probablemente, nunca habían sido tan peligrosos y la posibilidad de defenderse de ellos tan difícil.
La única solución es educar en valores; hombres y mujeres capaces, honrados, con sentido desarrollado de la justicia social, son más importantes que las siglas que representen; con estas premisas serían fácil llegar a acuerdos. Considero que el sistema actual está gastado.
Ángel Cornago Sánchez



viernes, 17 de julio de 2015

PERVERSIÓN DE LA DEMOCRACIA

PERVERSIÓN DE LA DEMOCRACIA

Ángel Cornago Sánchez

El momento actual, realmente produce desánimo y frustración. Para valorar a las personas, a los grupos, no basta hacerlo en la vida diaria, que también, sino cuando suceden, se enfrentan, o se pronuncian sobre hechos importantes que afectan o trascienden a la comunidad.
En nuestro medio, creo que muchos compartimos, que los políticos de cualquier signo, de cualquier ideología, se merecen respeto y tienen derecho a defender sus postulados para llegar a gobernar, siempre que respeten las reglas del juego democrático. 
Suele suceder, que hay personas, que según sea el partido o la ideología del que ha cometido una infracción, el juicio es más benévolo, incluso lo justifican si es  de “su cuerda”, o son muy remisos en condenarlos. Considero que no son ciudadanos de fiar, pues si tuvieran poder, cabe suponer que sus actuaciones tampoco serían fiables en aras a conseguir lo que ellos defienden.
Por otra parte, hay hechos, como actos violentos, incluso atentados, que movilizan a personas de determinadas ideologías, justificando los hechos. Algunas intervenciones en las redes sociales son alarmantes, por agresivas y sectarias. Es de una gravedad palmaria. Se dicen a sí mismos que, “el fin justifica los medios”, y es de suponer que si los justifican, serían capaces, si no de realizarlos, al menos de fomentarlos. Hay concejales o cargos públicos recientemente llegados a diversos poderes, cuyas manifestaciones son aberrantes, incluso abogan por la violencia y el asesinato de determinadas personas, aunque sea de forma figurada. Me pregunto si un día llegaran a gobernar el país, qué serían capaces de hacer. Independientemente de ideologías, esas personas sobran en la vida pública, y los partidos democráticos no deben permitir que tengan ninguna responsabilidad; además, cabe pensar que su bagaje intelectual es ínfimo como para tener ninguna responsabilidad. Sus propios partidos son responsables de apartarlos de la vida pública.
Debemos construir las sociedades y los países, no con actuaciones inmorales, justificándolas, porque a la larga sería más de lo mismo que tenemos, tal vez peor. Esta sociedad necesita moralizar la vida pública, y la privada cada uno en su ámbito. No debemos permitir que los grandes poderes económicos nos exploten, debemos defender una distribución justa de los recursos, justicia social, defender derechos, pero, en la lucha política o ideológica, tampoco vale todo. Hay que ser riguroso, buscar la verdad, buscar soluciones ponderadas y justas, intentando construir país, no desestabilizarlo.
Tampoco cualquier grupo o partido, puede arrogarse el papel de salvador, o auto-arrogarse una legitimidad moral que sólo la basan en sus postulados, permitiéndose transgredir las reglas de juego, con la consabida justificación de que, “el fin justifica los medios”; tienen un código moral de conveniencia para sus fines. Premisa muy peligrosa que ha dado lugar  a las mayores atrocidades. Se sienten “elegidos” para salvar a los demás, pero no tienen ningún reparo en transgredir reglas, principios, incluso justificar la violencia. Los salvadores de uno y otro signo, son muy peligrosos; siempre han resultado dictadores y han ocasionado mucho dolor.
Fundamental: “rigor y honradez intelectual” en el ámbito individual a la hora de analizar los hechos y enjuiciar las situaciones. Sobran personas sectarias que sólo aportan odio y resentimiento. Sobran salvadores. Es preciso un rearme moral de la sociedad. La voz de la mayoría silenciosa, honesta y ejerciendo su honradez intelectual, se debe hacer escuchar.
Ángel Cornago Sánchez


viernes, 10 de julio de 2015

LA APARIENCIA PERSONAL

Apariencia y realidad
Ángel Cornago Sánchez
Es algo consustancial al ser humano revestirnos de artefactos, adoptar formas, poses y actitudes que tienen por finalidad trasmitir una imagen determinada a las personas de nuestro entorno y, en definitiva, comunicar una serie de características de nuestra personalidad reales o no, que el sujeto en cuestión pretende que sean conocidas por los demás. Es una forma de comunicación no verbal que ocupa un lugar preeminente dentro de las formas de comunicarnos.
Esta forma de relacionarnos ha existido siempre, e incluso la utilizan también los animales. Algunos de ellos, como el gato y el jabalí, erizan su pelo cuando están en actitud agresiva, el pavo real extiende su cola para atraer a la hembra, el camaleón cambia de color cuando se siente en peligro, el león ruge para hacer notar su  poderío, etc. Los pueblos primitivos se sirven de adornos y de pinturas para distinguir al jefe, al hechicero o a los guerreros. En la sociedad actual existen una serie de profesiones que matizan sus funciones y sus rangos por medio de signos; como más representativos, los militares con el uniforme, los jueces con la toga, y los miembros de las religiones  con los hábitos y ornamentos. En definitiva, existen en el ser humano y en los animales una serie de mecanismos de comportamiento que tienen por finalidad mostrar su rango, u otras más concretas como la defensa del territorio, de la vida o el mantenimiento de la especie.
El objeto de este revestimiento en las personas, es arrogarse unas características determinadas que pretenden que los demás le reconozcan que, en general, son de dominio, de poder, de status social privilegiado, de belleza, de juventud, aunque existen también individuos que les interesa pasar desapercibidos y no se revisten de nada, en definitiva este no revestirse, también es una forma de comunicar que, al menos externamente, desean pasar inadvertidos.
Estas actitudes, en los animales se corresponden con lo que en realidad son, o sólo las adoptan en momentos determinados para fines concretos. Algunas personas tratan de mostrar aspectos de su personalidad que no se corresponden con lo real. Mantener un estatus determinado basado en conseguir signos externos valorados socialmente, puede ser la finalidad básica de muchas familias que llegan a sacrificar aspectos importantes. Para determinadas personas, el tener un abrigo de visón o un coche ostentoso, en el ambiente que frecuentan, puede ser muy importante y utilizan todas sus energías para conseguir esos fines, incluso si su economía no está en relación con esas necesidades sacrifican otras más básicas para obtener dichos fines. Mostrar un aspecto físico elegante, impecable se convierte a veces en una forma de vivir obsesiva, lo mismo que no aceptar el proceso de envejecimiento e intentar por medio de intervenciones más o menos agresivas, paliar el proceso natural.
Esto lleva a que haya una discrepancia entre lo que se es y lo que se quiere aparentar; se convierte en una actitud crónica por motivos vacíos que pueden no tener ninguna recompensa. Viven una existencia superficial condicionada por uno y mil factores sin contenido de los que llegan a sentirse esclavos. Esta forma de vida esta llena de insatisfacciones y es fuente de frustración y hastío.
Aunque el refranero español es sabio y dice que “el hábito no hace al monje”, en la sociedad actual parece que impera la creencia de que el hábito sí que hace al monje. Esto lo saben muy bien las empresas de consumo, que intentan vendernos sus productos basando su publicidad en lo accesorio y no en lo fundamental, casi no nos hablan del producto en cuestión, pero nos lo presentan asociado a mujeres bellas y jóvenes, coches ostentosos, marcos paradisíacos o personas valoradas socialmente
Respecto a las vivencias personales, el que exista una disociación traumática entre lo que se es y lo que nos gustaría ser,REALIDAD lleva a una permanente frustración y, por tanto, a una permanente infelicidad.
Aceptarnos como somos y llenar de contenido nuestra vida, es algo imprescindible para conseguir cotas de felicidad.
Ángel Cornago Sánchez. De mi libro “Arraigos, melindres y acedías” Ed. Trabe.



sábado, 13 de junio de 2015

EL PINGANILLO DE LA CONCIENCIA

 “EL PINGANILLO”

Ángel Cornago Sánchez


¡Cuantas veces suena el pinganillo! A lo largo de nuestra vida, con frecuencia, recibimos llamadas de atención de nuestra conciencia que nos lanza una señal de que estamos ante situaciones en que debemos tomar partido, y cuya elección, supone o no, un quebrantamiento de principios. Desde que tenemos uso de razón, desde que tomamos conciencia de valores,  vamos formando una serie de códigos que son los que van a controlar nuestros comportamientos. No me refiero a las religiones que, al adoctrinarnos, incluyen principios, algunos coincidentes con valores universales, pero  otros creados por la propia religión, y que, en no pocas ocasiones, entorpecen el desarrollo del individuo e incluso le atormentan y manipulan.
También suponen llamadas los intereses, las ambiciones, las pasiones, las debilidades. Entre unos y otros nos pasamos la vida ponderando qué camino seguir o qué decisión debemos tomar, aunque nunca debe desparecer la consciencia de la actuación que hemos decidido. El quebrantar ocasionalmente principios, ceder a las debilidades, a las pasiones, no cumplir siempre con el deber, cae dentro de lo humano, y creo que todos hemos transgredido alguna vez la forma del mejor proceder. Pero cuando esto nos sucede, ha sonado “el pinganillo”, y hemos sentido un regusto amargo, o al menos hemos tenido conciencia de que no hemos obrado bien.
Hoy existe una perversión de principios. En nombre de palabras rimbombantes como justicia social, libertad, democracia, el bien de la mayoría, progreso…, muchos de nuestros dirigentes, “de uno y otro signo”, son capaces de transgredir los principios con toda naturalidad, sin tener sensación de mala conciencia, e incluso disfrazándolo de hacer el bien a los ciudadanos. Se han instalado en la mentira, en la ineficacia, cuando no en la corrupción, con el fin de mantener o conseguir poder y de gozar de suculentos sueldos y prebendas. Primero desconectaron el pinganillo, después, se acostumbraron a no escucharlo, y luego lo perdieron.
En el ámbito de lo privado, mientras no se hace daño a terceros, las pasiones, los instintos, los fallos, si son ocasionales, son perdonables, pero a los que viven de nuestro trabajo y administran nuestros impuestos, no se les puede perdonar, no solo la corrupción, sino el disfrutar de esos sueldos y prebendas desproporcionados, la ineficacia, y el no tener responsabilidad a la hora de gestionar y administrar nuestro dinero.
Ya no les suena el pinganillo de la conciencia. Otros se consideran salvadores.
Ángel Cornago Sánchez

lunes, 6 de enero de 2014

Los poderositos


Los poderositos.

 

El poder cambia al ser humano. No sé qué autor dijo que, para saber cómo es una persona hay que analizarla ostentando poder.

Es sabido que el poder se persigue y es muy difícil, yo diría que imposible, que alguien llegue a tener una cota de poder importante y no la haya buscado de una u otra manera. Es lícito, siempre que el fin no sea el propio provecho, sino los objetivos para los que ha sido creado dicho poder, y siempre que para conseguirlo se respeten las normas éticas. Hay profesiones que lo llevan implícito.

También es cierto que el poder tiene sus servidumbres, una de ellas, tal vez la más importante, que hay que renunciar con frecuencia a determinadas convicciones en pos de mantener o conseguir el poder. Es la perversión del objetivo del poder en política, que debería ser servicio a los ciudadanos y no el poder en sí. El eterno problema de: “el fin justifica los medios”. Peligrosísimo, por que se han hecho barbaridades fundándose en tal axioma, incluso grupos, apoyándose en psicópatas, se justifican para matar; tenemos ejemplos cerca. Los gobiernos tienen sus “cloacas del estado” donde también rige tal axioma. Estos poderosos o aspirantes a tales, son el cáncer de una sociedad libre.

El poder es perseguido por muchas personas, y basta tener pequeñas cotas de poder para que salga la catadura ética, moral y humana que cada uno lleva dentro. No es preciso que el poder objetivamente sea muy importante, incluso se observa más en los ámbitos pequeños donde no suelen existir mecanismos de control; este tipo de sujetos, intentan sentirse grandes en sus pequeñas parcelas; todos conocemos a guardias municipales y a otras personas con uniforme, a funcionarios de ventanilla, profesores, médicos, directores de empresas, jueces, etc. y, hasta padres de familia, que se comportan de forma altiva y soberbia, y están demostrando permanentemente sus pequeñas o grandes cotas de decisión sobre sus subordinados; cuando la posibilidad de decisión es más influyente y visible, como en el caso de algunos políticos, lo hacen notar; en realidad se diferencian muy poco de los anteriores, sólo en el grado y el disimulo. Todos estos son los “imbéciles poderositos”, que además suelen ser malas personas, pues esas pequeñas cotas las viven como algo propio, utilizando a los demás para magnificar su poderío.

La sociedad está plagada de estos individuos, porque todavía persisten las ideas trasnochadas, en algunas empresas, de que a los subordinados, hay que tenerlos controlados, mejor dicho sometidos, y utilizan mandos condicionados por el servilismo y, así va todo, porque en general se trata de gente mediocre al servicio de otros poderosos más inteligentes, a veces de la misma calaña.

A estos imbéciles poderosos, que en las empresas, o en el trabajo, en sus profesiones, se comportan con prepotencia y despotismo con las personas sobre las que tienen poder de decisión, es a los que me refiero; suele ser gente miserable que se rodea de gente manejable pero interesada, para tener controlados al resto. También me refiero a esos imbéciles poderosos que en el momento que consiguen esa cota de poder, renuncian a sus  orígenes, a sus raíces, y se comportan socialmente como clase dominante.

Por supuesto que hay empresarios, políticos, personas con uniforme, honrados y respetuosos, y que la mayoría de los jueces son independientes. Todos ellos junto con los intelectuales, no esclavos de ideologías, tienen mucho que decir para iluminar el futuro.

 Ángel Cornago. De mi libro: "Arraigos, melindres y acedías".