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viernes, 9 de noviembre de 2018

RISA Y FELICIDAD



La risa es una explosión de alegría, pero tiene un matiz distinto, aunque suele acompañar a la alegría. Es una emoción, a veces, incontrolable, como suelen ser las emociones, y va acompañada de sensación de cierta felicidad y de olvido, aunque sea durante unos minutos, de los problemas cotidianos.
 Cuando hemos pasado unas horas en que nos hemos reído, se puede decir que hemos sido felices, aunque no necesariamente de felicidad de alto rango. Ese tiempo puede ser una laguna, un receso en una fase de tristeza y preocupaciones, que vuelven a resurgir inmediatamente después de que desaparezcan las circunstancias que han provocado la risa. Por ejemplo: cuando se van los amigos que han venido a visitarme, con los que he pasado unas horas divertido, en realidad me ha hecho olvidar durante un tiempo mi realidad. De hecho, es conveniente fomentar las reuniones con personas con las que se pueda compartir confidencias y momentos lúdicos.
Los motivos que provocan la risa suelen ser fugaces, banales y de poca entidad, por eso la risa suele ser una emoción efímera. De hecho, se puede pasar de la risa al llanto con facilidad. La sonrisa es más sofisticada y, generalmente, provocada por sensaciones psicológicas más sutiles y profundas. Suele ser más prolongada.
La risa es contagiosa, lo hemos experimentado alguna vez. Personas risueñas, que ríen con frecuencia, que tienen buen humor, están expresando que se encuentran bien, que son más o menos felices en ese momento. Es un indicador: la risa frecuente no produce felicidad, pero puede ser indicativo de que se es, al menos, medianamente feliz.
Ángel Cornago Sánchez
De mi libro, "Salud y felicidad". Edt. SalTerrae

lunes, 19 de febrero de 2018

LO PSICOLÓGICO EN LA ENFERMEDAD

           Dentro de las causas que provocan enfermedad, unas son muy concretas, otras, aunque desconocidas, nadie duda de que el paciente está enfermo por los síntomas y lesiones que presenta, pero existen otras, en las que ni los síntomas tienen entidad clínica, ni se acompañan de alteraciones demostrables. Me parece importante resaltar esta forma de enfermar. En la práctica clínica nos encontramos, con frecuencia, después de diversos y a veces numerosos estudios, con el diagnóstico de enfermedad psicosomática.

          Tienen como características: a) El ser de difícil diagnóstico, al que generalmente se llega por exclusión de un trastorno orgánico después de múltiples exploraciones. b) El ser consideradas por los médicos como de poca entidad, a pesar de que hacen sufrir mucho a los pacientes. c) Éstos a su vez, a menudo, las identifican con “no tener nada”, tal vez por falta de las adecuadas explicaciones; en consecuencia, se sienten incomprendidos al no encontrar justificación a sus síntomas. d) Además, son de tratamiento difícil.

Existen discrepancias sobre el concepto de enfermedad psicosomática: desde los que consideran que enfermedades psicosomáticas son todas, ya que cuando el ser humano enferma lo hace de forma unitaria, sufriendo su psique y su soma, hasta los que consideran, en mi opinión erróneamente, que estas enfermedades son imaginarias. Habitualmente entendemos por tales, aquellas que se manifiestan por síntomas que son vividos como físicos pero cuya causa es psicológica. Esta situación, mantenida, según muchos autores puede llegar a ocasionar lesiones orgánicas.

Otras características importantes: 1) Son muy frecuentes. 2) Se manifiestan por síntomas físicos sin poder demostrar una alteración estructural o bioquímica que los justifique. 3) Se acompañan de trastornos psicológicos a veces muy difíciles de verificar. 4) Generalmente el paciente no es consciente de que padece un problema psicológico sino físico, por lo que acude al especialista organicista correspondiente.

 Los propios pacientes se niegan frecuentemente a admitir una causa psicológica, pues la somatización, al fin y al cabo, es un mecanismo de defensa. Produce menos sufrimiento presentar un dolor pseudorgánico, que enfrentarse a un conflicto psicológico de difícil solución.

Debemos dejar claro que el trastorno psicosomático “se siente”: el paciente no se imagina los síntomas, sino que los percibe del mismo modo que los orgánicos. Las lesiones de las estructuras son las que diagnosticamos con cierta facilidad, teniendo muchos más problemas para diagnosticar las enfermedades psicosomáticas.

También es cierto que, a veces, enfermedades graves se pueden manifestar al principio por síntomas psicosomáticos. En la práctica clínica es muy importante hacer una muy buena medicina orgánica, con buena preparación de los profesionales, utilizando los medios diagnósticos necesarios, teniendo en cuenta las vivencias psicológicas del paciente y teniendo empatía y comprensión con sus vivencias y sus temores. En toda enfermedad, aunque sea fundamentalmente orgánica, hay un componente psicológico que los sanitarios no debemos dejar de valorar y tratar.



Ángel Cornago Sánchez. De mi libro “Para comprender al enfermo”