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sábado, 12 de diciembre de 2020

MONARQUÍA HOY


 

MONARQUÍA HOY

 

La monarquía, no es un sistema de gobierno “conceptualmente” lógico. No es racional que una de las mayores figuras representativas de un país sea hereditaria, es decir, se trasmita de padres a hijos, y así de forma indefinida. Parece algo anacrónico. Además, los reyes y reinas, pueden ser competentes, como parece ser el hoy Felipe VI, rey de España, pero por el sistema, bien podrían ser lo contrario.

Dicho esto, nuestra monarquía, ni ninguna de las existentes en los distintos gobiernos de Europa, tienen las atribuciones que en siglos pasados tenían las monarquías. No tienen ningún poder decisorio que dependa de su exclusiva voluntad. Son como un icono que intenta dar realce al país y a las instituciones nacionales jugando un papel representativo, y a veces mediador entre el “poder” y los partidos. En dichos países, el verdadero poder lo ostentan los partidos representados en el Parlamento y en el Congreso. De hecho, está a al alcance de estas instituciones abolir la monarquía si se ponen de acuerdo.

Sin embargo, dicho papel moderador y mediador es interesante, incluso necesario en la batalla política entre los diversos partidos, con frecuencia crispada y de bajo nivel, no solo estético, sino incluso ético; de hecho, esta figura mediadora, la han adoptado varios países no monárquicos, como figura con similares atribuciones, pero laica e independiente.

 Un sistema de gobierno lógico, es una república con un presidente elegido por los diversos partidos. Pero una república no es sinónimo de izquierdas ni de derechas, en ella están representados todos, y así lo asumen, tanto los partidos de derechas como de izquierdas, con el compromiso de respetar las normas del debate político y de los resultados. Las reglas democráticas las deben respetar todos. No todo vale.

En este momento convulso de la política española, la figura que representa Felipe VI, considero que, de forma competente y honrada, no se debería tocar, y probablemente tampoco la de su hija si los partidos llegan a un acuerdo porque en su momento la consideren competente. El día que se decida cambiar, tal vez habrá que crear la figura que hoy representa el Rey: una persona que sea elegida entre personajes honrados e ilustres con una trayectoria imparcial impecable, para realizar ese papel mediador y moderador. Pero habrá que cuidar mucho porque habrá partidos que intentaran corromperla, para utilizarla en su propio beneficio; es el manejo sucio de la política que con frecuencia nos toca vivir en este país, y que esta figura podría evitar si se le respeta y se dota dicho papel de prestigio.

Termino como he comenzado. El “reinado” en un país democrático es conceptualmente ilógico y está llamado a desaparecer tarde o temprano. En este momento convulso y, probablemente, mientras quienes representan dicho papel moderador lo hagan de forma rigurosa, no se debe cambiar, sería añadir innecesariamente otro asunto de división y odio entre ciudadanos, aunque a algunos les interese la confrontación.

Copio unas palabras de Felipe IV que tienen mucho sentido:

“La independencia de la Corona, su neutralidad política y su vocación integradora ante las diferentes opciones ideológicas, le permiten contribuir a la estabilidad de nuestro sistema político, facilitar el equilibrio con los demás órganos constitucionales y territoriales, favorecer el ordenado funcionamiento del Estado y ser cauce para la cohesión entre los españoles”.

(S.M. el Rey Don Felipe VI Madrid, 19.6.2014)

Mientras la monarquía cumpla estas funciones de forma exquisita sin dejarse manipular por unos ni por otros, estará dando un gran servicio al país. Y, desde luego, no son los mejores garantes del cambio los que hoy intentan derogarla, motivo añadido para no tocarla.

Ángel Cornago Sánchez

 Fografía: propia. Alcázar de Segovia.