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viernes, 5 de mayo de 2017

REMEMORANDO CON LOS SENTIDOS: EL OÍDO Y EL TACTO.

El oído

El oído es un sentido poco íntimo. Es el sentido de la información por excelencia, que nos sirve para recibir mensajes del exterior, y por su tamiz van a pasar un sinfín de estímulos sonoros, muchos de los cuales lo harán de forma desapercibida, otros se vivirán de forma consciente, y unos pocos se acompañaran de una reacción afectiva. Es un sentido que está funcionando y dándonos información durante todo el tiempo que estamos en estado vigil. Es importante en el desarrollo de la inteligencia, y necesario para la palabra; de hecho, para aprender a hablar necesitamos escuchar nuestra propia voz.
Las palabras, expresiones, tonos, incluso el silencio, tienen una fuerte carga afectiva, pero difíciles de rememorar; sí recordamos el significado de frases concretas que nos impactaron. Sin embargo, es más fácil cuando el sonido es una melodía musical. La música es capaz de cambiarnos el estado de ánimo y de transportarnos a situaciones imaginarias de paz, de intensa emoción, y también de provocarnos desasosiego y melancolía si la melodía rememora tiempos pasados felices que ya no van a ser. La música nos estimula a bailar y a movernos al son de un ritmo determinado. Es una sensación muy primigenia que  aparece en todas las tribus por primitivas que sean.
El oído en el reino animal es el sentido de la comunicación, a través de el se reconocen los sonidos como conocidos o no, como familiares o como peligrosos. Es un sentido fundamental para la supervivencia de muchas especies.
Aunque objetivamente junto con la vista es el sentido por excelencia para comunicarnos por medio de la palabra, no es el más fiable, pues con una mirada, una sonrisa, con los gestos de nuestro cuerpo, podemos comunicar mensajes que incluso pueden estar en contradicción con lo que literalmente estamos oyendo.

El tacto
El tacto es un sentido inmediato; es un sentido que presiento que trasmite algo más que lo que simplemente tocamos. Las manos extendidas son como un radar y, en sus palmas, podemos experimentar las más variadas sensaciones; de hecho, diversas religiones y  técnicas de relajación basan parte de su liturgia en el tacto, así, es frecuente adoptar determinadas posiciones con las palmas de las manos extendidas como intentando transmitir o percibir sensaciones extra-sensoriales.
A través de ellas podemos trasmitir las vivencias más íntimas. Hay tactos de mano con mano, que nos trasmiten sensaciones agradables, de proximidad, de sintonía y otras lo contrario. También, estrechar la mano de otra persona nos hace percibir la actitud de esa persona para con nosotros, incluso nos informa sobre facetas de su personalidad (si es enérgica, afectiva, fría etc.). Sin embargo, son percepciones inmediatas y únicas que es muy difícil volver a revivir, aunque quedarán gravadas en el recuerdo de forma más o menos intensa.

viernes, 17 de marzo de 2017

LA SOLEDAD. UNA FORMA DE SUFRIMIENTO

La soledad


Tal vez la soledad es una de las mayores circunstancias de sufrimiento. Soledad es una sensación psicológica, en la que la persona se siente desconectada del mundo que le rodea, y su ámbito psicológico se mueve en su propio mundo. La soledad se puede buscar y, en ese caso, suele ser positiva, incluso, es psicológicamente saludable buscar de vez en cuando el estar solos, para ayudarnos a poner en orden nuestro mundo interior. En todo caso son soledades durante un lapso de tiempo, en general, no muy dilatado. En otras ocasiones, las soledades se padecen. Habitualmente se deben a incapacidad psicológica para comunicarse con el entorno, lo cual constituye una enfermedad, o porque las circunstancias sociales o familiares lleven al aislamiento, que es el caso de muchas personas.
Se puede estar rodeado de gente y estar solo, incluso conviviendo con la pareja y con los hijos. De hecho, es frecuente que, en la convivencia entre personas, la comunicación se reduzca a frases estereotipadas, incluso a silencios más o menos intencionados; es una forma de vivir en soledad. La soledad aparece cuando no te puedes comunicar con las personas que te rodean a un nivel más íntimo, a un nivel más profundo, de tal forma que puedas compartir tus preocupaciones, tus miedos, tus angustias, mostrar tus debilidades... Es la característica fundamental. Ocurre en muchas parejas que, aunque no discutan ni tengan enfrentamientos, tampoco se comunican a un nivel profundo. Algo se puede paliar con los afectos, pero al fin y al cabo el afecto es una forma importante de comunicación. Aunque, incluso la comunicación intrascendente, es mejor que la falta de comunicación, pues detrás de las palabras, existen consideraciones, afectos, respeto... que de alguna forma es percibido de forma positiva. Aunque detrás de los silencios también puede haber desprecio e incluso agresividad. En definitiva, el requisito importante y básico para no estar solos, es comunicarnos.
Es frecuente que personas que viven solas tengan una mascota con la que hablan y trasmiten afectos que, de alguna forma, viene a paliar, a veces de forma importante, su soledad; las mascotas en algunos casos llegan a representar algo simbólico, dándoles tanta importancia o más que a los seres humanos.
El anciano padece con frecuencia sensación de soledad. Por una parte porque en realidad viven solos y sus posibilidades de comunicación y transmisión de afectos están muy limitadas. Por otra parte, el anciano en la sociedad actual carece de interés para los que les rodean: representa lo caduco, lo débil, lo enfermo, incluso se siente rechazado desde lo físico. En definitiva, representa la muerte y la próxima finitud de la vida, y eso la sociedad actual no lo digiere.
La soledad ocasiona ensimismamiento en el propio mundo, sobre todo pasado, melancolía, tristeza, depresión, sufrimiento. También es un factor de riesgo para padecer dolencias físicas, al mismo nivel que la hipercolesterolemia, la obesidad o la hipertensión arterial como publicó la revista Science. La socióloga Mª Teresa Bazo[i] en un trabajo muy interesante, descubre que la variable fundamental para determinar el grado de salud percibida, es el sentimiento de soledad. De los resultados obtenidos se desprende, que varones y mujeres se sienten en mejor estado de salud cuando no experimentan soledad, y las personas de menor edad pero solitarias, se sienten tan enfermas como las de mayor edad.

De mi libro "Para comprender al enfermo". Edt. Sal Terrae.





[i] Citado por Bayes. Psicología del sufrimiento y de la muerte. Martinez Roca. Barcelona 2001. p: 100 

jueves, 28 de julio de 2016

SILENCIO: PAZ O DESOLACIÓN

¿SILENCIO ES LA NADA?

¿El silencio es la nada?
Melodías aladas resuenan en el alma…
o hielo y amargura encubren la mirada…

Cosmos envolvente.
Cuerpo hecho en ovillo.

No existe.
Inmensidad cerrada.
Plano infinito.

Felicidad o lágrima.


De mi poemario: "El mundo en el que habito". Eds. Trabe.


domingo, 21 de febrero de 2016

EL SILENCIO

SILENCIO


¿El silencio no es nada?
Es la forma de aplacar
nuestra conciencia
cuando está sobresaltada y aturdida.
Como tantas veces,
los ruidos y artefactos del vivir
alborotan las entrañas
formando sobresaltos angustiosos.
Busco el silencio, la soledad,
línea plana sin fin,
respirar hondo,
músculos y facciones relajados.
Búsqueda del cosmos.
En el silencio reposa
nuestra calma
y aparece de nuevo la paz,
que poco a poco apaga
los ruidos que profanan
la conciencia.

Ángel Cornago Sánchez.
De mi poemario "El mundo en el que habito". Eds. Trabe.

sábado, 14 de noviembre de 2015

LA INVASIÓN SILENCIOSA HA PASADO A LA SIGUIENTE FASE.

            LA INVASIÓN SILENCIOSA

            Ángel Cornago Sánchez

Roma fue el imperio más grande e importante del mundo civilizado en los últimos siglos previos a nuestra era, hasta el siglo IV. A principio del siglo V, después de muchos años de prosperidad y desarrollo, sufrieron invasiones de los  bárbaros (bárbaros llamaban a los que no eran romanos, fundamentalmente a los pueblos del norte de Europa), y el año 476 la ciudad de Roma es invadida, lo que supuso la caída del Imperio. Entre las causas, además de la invasión, la deriva social: desde hacía muchos años la corrupción había hecho mella en aquella sociedad desarrollada, y la moral, la ética y las costumbres degradadas, habían arraigado profundamente en sus dirigentes y en la población. Además, en sus ejércitos, muchos de los soldados provenían de los pueblos conquistados, probablemente alistados con este objetivo. Se produjo la irremediable caída del Imperio.
En este momento, en el mundo occidental civilizado se están produciendo unas condiciones similares. Occidente, somos el ejemplo de sociedad desarrollada, pero en este momento decadente, corrupta, donde prima el dinero, la individualidad, sin valores sólidos; no nos movemos por ideales, lo hacemos por alcanzar bienes materiales superfluos, por la vida fácil, la explotación de los demás… En España, muchos dirigentes de uno y otro signo, dejan mucho que desear; no tienen sentido de Estado, que es su primera obligación; se mueven por intereses partidistas; intervienen en foros, en medios de comunicación, tratando temas de enjundia, con una frivolidad, sesgo y falta de responsabilidad que raya en lo inmoral, con el fin, no de aportar su visión para mejorar situaciones, sino simplemente de arañar algún voto al adversario. Hay ciudadanos que no son mucho mejores; basta observar en los foros sociales, intervenciones claramente incendiarias, con el único fin de desestabilizar la situación, sin intención de aportar su visión personal, constructiva, razonada por muy discrepante que sea.
Somos una sociedad vulnerable por la decadencia de valores, y por la división interna. Es preciso con urgencia un rearme moral, que es la columna vertebral que sostiene a los pueblos como tales, liderada de momento por los gobernantes ejerciendo su acción, no con los sistemas caducos y que huelen a naftalina de conseguir o mantener el poder con leyes y procedimientos partidistas, sino con el designio de crear otro basado en la moralidad y la ética, con liderazgo que nos aúne, en busca de una sociedad distinta, dispuesta a conservar sus valores y a defenderse de los bárbaros que nos están invadiendo.
Los bárbaros del siglo XXI están ya aquí. Están, estratégicamente preparados, muchos de ellos viviendo en nuestras ciudades, en una invasión silenciosa, donde se han infiltrado elementos belicosos. No tienen límites éticos, para ellos vale todo, aprovechándose de una sociedad que tiene como bandera el respeto a las libertades, algo que debe ser irrenunciable, pero que nos hace más vulnerables. Intentan dominarnos para imponernos sus costumbres, su religión interpretada de forma perversa, privarnos de la libertad, y todo ello con la fuerza que da el fanatismo de saberse ungidos por una deidad que les va a llevar a su paraíso.
El tema es muy grave. Esta sociedad tiene muchos fallos, defectos graves, pero lo que nos quieren imponer es mucho peor, es una atrocidad, y los medios son salvajes. Debemos estar preparados para hacerles frente. Debemos estar unidos.
Mi más considerado respeto, al islam, como a cualquier otra religión, a las personas que lo profesan y están integradas en nuestra sociedad, ellos también están siendo víctimas de la situación, y merecen nuestro apoyo, pero debemos defendernos de esta invasión.
La invasión silenciosa ha pasado a la fase de la acción.

Ángel Cornago Sánchez.