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jueves, 16 de abril de 2020

IDEALES Y PRAXIS


IDEALES Y PRAXIS

Vivir con y por ideales, es dar sentido a la vida, llenarla de contenido. Tener la sensación de que merece la pena vivir a pesar de los contratiempos que siempre nos vamos a encontrar en el camino. Pero con ideales, es más fácil sobrellevar todo, aunque también tiene sus costes a pesar de sublimar lo negativo.
Los ideales no necesariamente tienen que ser con mayúsculas; se pueden reducir a la vida que a cada cual nos toca vivir, en el ámbito que nos toca vivir. Pero los ideales merecen trascender del ámbito individual, para que, en nuestro paso por el mundo hayamos contribuido, aunque solo sea con un grano de arena, a que este mundo sea un poco mejor. Habrá personas que buscarán una influencia mayor y que, por tanto, tendrán más repercusión social, y también, mayor responsabilidad. Son los que han sido capaces de dar un marchamo a este mundo y por los que el género humano se dignifica y ha ido progresando en valores, a pesar de los tiburones que solo se mueven por intereses. Algunos, incluso han dado su vida por ideales.
Ideales, son “ideas”, en este caso sociales, que llevándolas a la práctica tratan de mejorar la sociedad. Mejorar la sociedad con justicia, para que todos los ciudadanos, o una gran mayoría posible, puedan vivir una “vida buena”. Una vida en la que no falte lo necesario, entendiendo por tal lo preciso para vivir con dignidad; tener libertades, y en la que se pueda disfrutar de algo más que valores meramente materiales, como la amistad, el amor, la pareja, la realización en un trabajo bien hecho, la naturaleza, el arte, la sensación de pertenecer a grupos cohesionados, de no estar sometidos a poderes y amenazas, defender valores humanistas. Realmente en eso se basa la felicidad buena.
Cuando hablamos de vivir con ideales, estoy intentando trasmitir que deben guiar nuestra praxis, no como un planteamiento moral que en cada momento haya que dilucidar. Deben formar parte de nosotros, de nuestra rutina, no como un acto de voluntad
Ideales no quiere decir que no vaya a haber contratiempos. Es la esencia del vivir, que también cohabita con incertidumbres de salud y con la muerte. Todo lo demás, en una sociedad ideal lo podríamos controlar; la enfermedad y la muerte no, aunque sí una asistencia sanitaria digna. Debemos tener en cuenta que no somos inmortales y, aceptar que la enfermedad y la muerte, forma parte de vivir una vida consciente. No aceptarlo es causa de sufrimiento.
El mayor peligro para la sociedad, son los “salvadores”, los totalitarios, que se consideran a sí mismos en posesión de una “supremacía moral” que les permite justificar y defender actitudes y conceptos éticamente deplorables, pero que ellos sí los pueden poner en práctica en aras a conseguir una sociedad idílica. Así, no dudan en coartar libertades, manejar los medios de comunicación, comportamientos corruptos, a veces justificar la violencia, incluso el asesinato. Tratan de imponer sus postulados, acotando libertades e imponiendo sus verdades. Sin embargo, los “salvadores”, en dichas sociedades, aunque no todos, consideran que se merecen premio: suelen ocupar las cúspides de la opulencia y viven como lo han hecho los poderosos de todos los tiempos. Los sufridores siempre los ciudadanos. La historia es terca.

Ángel Cornago Sánchez  Derechos reservados
Fofografía: Camino de Loarre.


jueves, 22 de junio de 2017

BREVES REFLEXIONES SOBRE LA TOLERANCIA

         TOLERANCIA

Tolerancia, es una actitud, una obligación moral que, como ciudadanos de un mundo plural, debemos tener con las personas que piensan de forma distinta, tienen distintas costumbres, distinta cultura, lengua, religión, etc. Cuando hablamos de tolerancia, estamos dando por hecho, que es algo que aceptamos voluntariamente, que lo hacemos como un acto positivo, voluntario, aunque sujeto al imperativo moral de respeto a la diversidad.
Obligación no es lo mismo que tolerancia, aunque a veces coinciden. De las obligaciones no nos podemos evadir; como son el respeto a la vida de los otros, a su intimidad, etc. Las recogen las leyes.
La tolerancia es fundamental para vivir en cualquier situación. Nace de la necesidad que tenemos como seres individuales, y al mismo tiempo sociales que precisamos convivir en paz, sobre todo en este mundo globalizado donde las idiosincrasias son tan diversas. La tolerancia siempre es imprescindible para convivir, ya sea en la familia, en un grupo social, en el trabajo, etc.Tolerancia Debe ser una actitud en la vida, reflexiva, razonada, que no está reñida con tener convicciones firmes y defenderlas. No hay que razonar mucho para entender que todos los seres humanos independientemente de su raza, lengua, color de su piel, etc. merecemos el mismo respeto; conceptualmente nadie es más que nadie. Puede que la opinión social dominante no lo haga y se deje llevar por vericuetos perversos, pero es algo que la gente de bien debemos defender.
¿Dónde están los límites de la tolerancia? Considero que, en no aceptar a los intolerantes, a los que no respetan la pluralidad, a los que quieren manejarnos para sus fines. A los que no respetan las reglas tácitas de convivencia, a los que no respetan las leyes que nos hemos dado. Ese clima de tolerancia, sana psicológicamente, humanamente, socialmente, hay que defenderla con uñas y dientes contra los que tratan de romperla para imponernos sus opiniones, sus leyes, sus costumbres. Estas actitudes son conceptualmente fascistas, se tiñan con el color que se tiñan.
También, hay métodos solapados de manejo de opiniones, de imposición de ideas y de criterios, de decisiones, cuyo fondo es igualmente totalitario. Este tipo de poderes, no las imponen por la fuerza, porque las reglas de juego democrático se lo impiden. Con este tipo de gente, ni un paso atrás. En este tiempo, hay muchos totalitarios disfrazados de “corderos”.

Ángel Cornago Sánchez



jueves, 3 de marzo de 2016

PREOCUPACIÓN



    PREOCUPACIÓN

    Los totalitarios, siempre intentan imponer sus ideas por la fuerza. Se sienten "salvadores", legitimados y apoyándose en el axioma de Maquiavelo "el fin justifica los medios", son capaces de las mayores barbaridades. La historia es terca en demostrarlo. La estructura psicológica de las personas de extrema izquierda y de extrema derecha es muy similar. La ética solo la utilizan como envoltorio, o cuando les conviene.

    Creo que la política precisa de personas honradas, con madurez intelectual, preparadas, conscientes de la gran responsabilidad que asumen, sin sectarismos, sin rencores; conscientes de que deben gobernar para todos. Impidiendo el manejo por los grandes poderes económicos; teniendo como objetivo el desarrollo, necesario para la buena marcha del país, y una distribución justa de la riqueza, comprometiéndose con los más desfavorecidos. También, impulsando una sociedad basada en valores.

    Este momento es preocupante. El perfil de muchos políticos de todos los partidos deja mucho que desear, y algunos son realmente peligrosos por su sectarismo.